Abril de esperanza / Discurso republicano 2009 / Pedro A. García Bilbao

Publicado en 2010/04/15

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Vientos de abril de nuevo. Mas fuertes que nunca, cruzan España en todas direcciones: Desde el norte, desde el sur, sea en las tierras del cantábrico y el atlántico , en el levante mediterráneo o en la llanura castellana. Flamea la tricolor en los corazones. Son muchos, muchos los corazones que comparten el sueño de la República.

Ondea la tricolor alegre en Cataluña, en Euskadi, en Galiza, en Castilla, en Canarias, en Andalucia, en Asturias, donde Memoria y República se unen marcando la vanguardia de la lucha republicana; ondea al viento del pueblo, de los trabajadores, pese a las nubes de confusión y olvido que algunos desean perpetuar. Las naciones aprenden de su pasado y saben que una República del pueblo, al servicio del pueblo, es la única esperanza. Partidos, organizaciones, instituciones, transiciones y demás zarandajas caen por su peso, por sus errores, en ocasiones por sus traiciones a este pueblo que supo luchar y que fue condenado al olvido de su identidad. Pero la batalla de la memoria se libra con denuedo y fiereza en 2009, no hemos sido vencidos, ni cautivos ni desarmados, la lucha sigue. Hemos aprendido del pasado, queremos construir el futuro. La realidad presente de partidos y sindicatos institucionalizados es patética. ¿Para qué dar nombres o poner ejemplos? Están en la mente de todos.

En medio de la peor crisis vivida en décadas, con visos de ser definitiva, estructural, de fin de milenio, cuando las oligarquías preparan sus feudos del futuro y ejercen implacables la lucha de clases contra los trabajadores, nos dicen los jerarcas sindicales que no hay motivos para una Huelga General. Es para reír si no fuera tan dramático. Los partidos que supuestamente están a la izquierda son el principal soporte del régimen. Ni un gesto, un una ley, ni una medida que ayude a superar la crisis apoyando a las clases populares, a los trabajadores, en defensa de lo público, de la sanidad, de la educación, de la ciencia, de nada que no sea el puro interés miserable de los poderosos.

En Galicia -permitidme un ejemplo que clarifique un poco las cosas-, un gobierno de izquierda es derrotado en las elecciones por escaso margen, pero lo terrible ha sido comprobar su praxis política como tal gobierno y su desempeño en la propia campaña. Ante ellos un candidato de la derecha, del PP, un tal Feijoo, que habiendo sido nada menos que el hombre que destruyó Correos, que privatizó el Servicio Postal y lo ha convertido en un despojo, el mismo sujeto que inició la destrucción de la sanidad pública en su etapa al frente del INSERSO, ha escapado incólume a la campaña y ha logrado ganar el nuevo gobierno autonómico. Ni una palabra se dijo en alto para denunciarle ante el pueblo como lo que es, un instrumento al servicio de los poderosos con la tarea de saquear al estado, a la democracia y al pueblo de lo que es suyo.

Ocurre igual en Madrid, donde la derecha neoliberal más cerril del continente procede implacable a destruir el estado y los derechos económicos y sociales mientras el PSOE y eso que llaman IU callan, incapaces o cómplices. En Catalunya la situación es, si cabe, más sangrante, pues la izquierda plural, multicolor, rojiverde, -con claro dominio del amarillo, no obstante-, gobierna y lo hace encantada de sí misma pero haciendo suyos los objetivos y programas de la derecha, sin luchar contra el paro, sin defender lo público, sin combatir a la derecha, apoyando la reforma educativa más reaccionaria de los últimos tiempos, y sin dudar en acudir a la violencia policial contra los estudiantes y trabajadores.

Se caen a pedazos las máscaras de estos partidos de la izquierda del régimen. Ya no ocultan sus rostros deformes. Se pudo contener a la caverna del PP en las últimas elecciones, pero el PSOE realmente existente y sus aspirantes a muletas de la única IU-ICV que hace política de poder, la de los Saura, Herrera, Llamazares, Pérez, Aguilar, practican políticas contrarias a los intereses de los trabajadores, del pueblo, de la mayoría, del bien común. La derecha practica la lucha de clases, a la ofensiva, duramente, en los púlpitos, en los medios, en el parlamento, en el BOE, en la calle, pero la izquierda oficial traga, transige, acepta, y lo que es peor, combate a las fuerzas que mantienen la lucha a su izquierda.

No retrocede la izquierda en Europa, sólo se hunde la izquierda del sistema, abandonada por sus electores hartos, desilusionados. Ha pasado en Italia, en Francia, en Alemania, en todas partes. Y si así ocurre, no pasa nada, dicen algunos, si la situación se pone difícil, si algún pueblo responde con desobediencia, o si se organiza resistencia política o sindical al margen de los partidos oficiales de la izquierda «mayoritaria», entonces siempre queda la «Gross Koalition», como en Alemania, donde la derecha forma gobierno con el apoyo de los socialistas. En España acabamos de comprobar cómo, dado el caso, el PSOE no tiene problemas en gobernar con el apoyo del PP, ahora en Euskadi por motivos «específicos», dicen, mañana en toda España «si la ocasión lo requiere». De la misma forma que ya hoy se consiente campear a sus anchas a la extrema derecha de Esperanza Aguirre en Madrid, o al neoliberal Feijoo en Galicia, sin que se les oponga ningún discurso efectivo que les ponga en su sitio y combata las políticas de derecha. Es muy probable que una parte del electorado de izquierda se mantenga crítico y Rodríguez Zapatero pierda las próximas elecciones, así será si desciende el miedo al PP y se desata el asco.

En toda esta farsa el papel jugado por Izquierda Unida ronda lo grotesco. Todavía no son lo bastante de derechas, lo bastante responsables, no han abandonado el radicalismo suficientemente , cuando sean tan de derechas como el PP serán alternativa de gobierno. Al fin y al cabo los excomunistas llegaron al gobierno de la mano de Aznar. ¿O no hubo 7 ministros excomunistas con el PP? Uno se pregunta donde se formó aquella gente, o qué demonios pasaba en ese partido suyo de entonces que pactó con los franquistas la transición y desde entonces sólo ha sabido traer la confusión a la izquierda o mantener monstruos como los que anidaron en Izquierda Unida. Digo monstruos y digo bien: recordemos a los Curiel, Sartorius, López Garrido, Almeida, Carnero, Tamames… no sigamos por ese camino. Estos ya se fueron, ya no engañan a nadie, el peligro son ahora los que quedan, los que todavía no se han ido, porque entienden que sus «carreras» dependen de su control de lo que queda de Izquierda Unida, una Izquierda Unida que puede subsistir con el impulso de este honrado militante, Cayo Lara. El efecto Cayo Lara quizá le de vida al cadáver. Un militante honrado, de izquierda, buen alcalde, rojo incluso, que se lo cree, ¿no podría acaso devolver la ilusión a los votantes? Cayo Lara no logró meterle mano al aparato de Izquierda Unida y del PCE en Castilla-La Mancha, ¡difícilmente lo logrará en el ámbito estatal! Depende en sus apoyos de los mismos que debería purgar. Cirugía de hierro es lo que necesita la izquierda. Hablar claro, Valor. Y ser capaces de soñar que es posible reconstruir la izquierda en la única clave posible, en clave republicana. Anguita que le ponga la lírica a la lucha por la república, pero la organización es otro tema. Para reconstruir la izquierda en clave republicana hay que actuar con contundencia, de otra forma, partiendo de lo que hay, de los miles y miles y miles de personas, de militantes, de jóvenes, de veteranos, de mujeres, de hombres, de trabajadores, de parados, de sindicalistas honrados -que alguno habrá digo yo-, de todos esos millones de ciudadanas y ciudadanos que mantienen su esperanza blindada en sus corazones y que no se han rendido.

No es cuestión de entrar a luchas de aparato o partido, de regates en pasillos y dagas en la oscuridad, es hora de actuar a la luz, claramente, desde el compromiso individual, colectivp, uniendo en red a los cientos de organizaciones republicanas de todo tipo que se están construyendo sobre las ruinas de este campo. Asociaciones, Ateneos, Foros, locales, comarcales, autonómicos, donde estén, que lo están por todas partes, miles de personas de variadas procedencias pero con algunas ideas claras: nunca más confusión, nunca más engaños, ideas claras…, república, república, república. Y esta vez será imparable.

Anguita y Cayo Lara deben saber si quieren seguir maquillando cadáveres o si desean sumarse a la lucha republicana. Si desean luchar por la República hay tarea de sobra para todos. Es hora de saltar, Hic Rodas Anguita: Desautoriza públicamente a los que en las instituciones, en las Cortes y Ayuntamientos combaten contra la reconstrucción republicana de la izquierda y son lastres de un pasado de confusión.

Reconstruir la izquierda exige poner al frente a los que luchan ya en la vanguardia: en la memoria, en el trabajo, en los temas sociales, en la lucha antiBolonia, entre las mujeres, los jóvenes. Es necesario organizarse de otra manera, para rescatar las viejas formas de lucha, las que trajeron triunfos e hicieron avanzar a los trabajadores, las que trajeron la república en 1931 después de años de construcción de un imponente tejido social, asociativo, sindical, que ganó la hegemonía social y política para la República en aquel abril de hace tantos años.

Y es que desacreditados partidos y sindicatos mayoritarios, más desarbolados los trabajadores y el pueblo que nunca, pero todavía a flote, insumergibles, las ilusiones, de millones de personas, llenos de rabia por tantos años de engaños y discursos vacíos, un clamor recorre España en este abril de 2009. ¡República, república, república! Necesitamos la república, para construir el futuro, para construir una democracia avanzada, para salvar lo público, la educación, la sanidad, los servicios públicos, para lograr una sociedad fraterna y solidaria, donde los intereses del pueblo sean el objetivo de cada día. Necesitamos la República Ya, ahora.

Entre otras cosas porque luchar por la República es una tarea permanente. No vendrá, hay que traerla, salir a su encuentro cada día. En nuestras vidas, en nuestros trabajos, en nuestra vida ciudadana, social, íntima, porque vivir la República es ejercer la virtud, esto es, la coherencia entre los valores y la conducta.

Necesitamos de la virtud republicana en todo momento, en la política más, porque el cinismo que esparce esta sociedad neoliberal/capitalista que sufrimos es la muerte de la democracia, de la solidaridad, de todo lo que nos hace humanos. Son muchos años de combatir el cinismo de la política real, de los valores confusos, de la hipocresía de la religión, de tantos años de noche y niebla que quieren hacernos olvidar que este pueblo supo luchar hasta el final y que merece ser dueño de sus destinos. No vamos a ceder ahora.

El camino no es fácil, pero conocemos la ruta. Pasa por la educación, por los valores, por la lucha, por el ejemplo, por las políticas públicas, por ejercer la libertad y el espíritu crítico, por la igualdad, por la fraternidad sin la cual la solidaridad es sólo una palabra. Pasa por convertir la lucha política en las instituciones en un ejercicio de claridad y dignidad. Necesitamos una red republicana, de miles y miles de hombres y mujeres, de cientos de asociaciones, foros, ateneos, de manos, capaz de construir un espacio republicano en el que vivir y en el que poder crecer hasta convertirnos en un contrapoder social capaz de imponer la república.

He dicho Imponer la república, y digo bien. Tendremos que imponerla, porque sus enemigos van a seguir combatiéndola. Pero nuestro deseo es que haya un nuevo abril, un nuevo día en el que el pueblo salga a la calle y su alegría y su ilusión lo desborde todo.

Ocurre, ciudadanos, que los que hicieron la transición pretendieron ponerle puertas al campo y frenar lo inevitable, pero aquella presa que quisieron pantano en el que quisieron ahogar el espíritu de abril, lo único que ha logrado es que la esperanza republicana se acumulase día a día, alimentada por el descrédito de los muñidores de la democrácia postfranquista que padecemos. Esta presa se resquebraja, el día que reviente, una ola republicana lo inundará todo y barrera todo lo que haya que barrer. No podrán pararla. Y será una República del pueblo, por y para el pueblo. Y el pueblo sabrá poner a cada uno en su sitio.

En abril de 2009, la esperanza de la República está venciendo a la nostalgia. Es un hecho, la República es sentida íntimamente como parte de la solución a una crisis profunda que se adueña ya del país y amenaza con el hundimiento de los escasos logros sociales y democráticos que todavía subsisten. Para intentar maquillar los cadáveres infectos de los partidos de la izquierda institucional, no faltan los voluntarios. Dejadles, su descrédito es creciente, inapelable. La solución pasa por la república, todos lo sentimos así.  Hasta tal punto es cierto, que muy posiblemente la lucha sea por el tipo de República que vendrá. La monarquía es una fuerza por si misma sólo de manera limitada. Se mantiene porque es funcional al sistema vigente. Si mañana la subsistencia de la Monarquía amenaza con desestabilizar el sistema de dominación vigente, no os quepa duda que se intentará desde el poder cualquier cambio para que todo siga igual.

Es hora de construir república, entrando en contacto, hablando claro, exigiendo coherencia, coordinando tantas voluntades, tantas ilusiones, tanto valor y tanta rebeldía como la que hay en millones de corazones.

Memoria y República van juntas. Por eso las combaten. Por eso las defendemos. Por eso venceremos en esta lucha. Porque las voces que piden VERDAD, REPARACIÓN y JUSTICIA aterrorizan a los defensores de esta transición basada en la impunidad del franquismo. La lucha por la república y por la reconstrucción de la izquierda pasa por esta batalla. Los fuerzas reaccionarias y los oportunistas que gestionan el régimen de la transición son completamente incapaces de quitarse de encima la losa de la impunidad franquista, verdadera clave de bóveda de todo el tinglado monárquico actual.

He empleado varias veces en este discurso, ciudadanos y ciudadanas, la expresión «república y gobierno del pueblo para el pueblo». Dejadme acabar explicando el origen y la oportunidad de esa expresión. Se la debemos al presidente Abraham Lincoln. La empleó en su discurso ante las tumbas de los soldados muertos en Gettysburgh, en una batalla de una guerra civil atroz en la que la causa de la libertad fue atacada con saña por los defensores de la esclavitud. Dejadme, os pido, rescatar el espíritu de aquel discurso que es el de todos los españoles que soñamos una República republicana. Sean también mis palabras un homenaje también al gran poeta norteamericano Walt Whitman que escribió un poema de homenaje a la Iª República española.

Hace más de 70 años nuestros abuelos construyeron una República concebida en libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Una criminal sublevación apoyada por el nazifascismo destruyó aquella esperanza y para ello tuvo que anegar en sangre el país entero, pues el pueblo con sus manos desnudas y su pecho generoso salió a las calles a defender sus libertades.

Hasta tal punto fue cruel aquel conflicto y triste su desenlace de entonces que se llegó a dudar si la nación y su república podrían algún día brillar de nuevo, así consagradas a la causa de la libertad, la igualdad y la fraternidad que lucieron aquel 14 de abril

Hoy estamos aquí reunidos en emocionado recuerdo de aquellas esperanzas, pero sobre todo de aquellos españoles y españolas que dieron sus vidas en un ejemplo de entrega, de sacrifico y de dignidad que todavía asombra al mundo. Nos hemos citado aquí, para honrar su memoria y preservar su recuerdo, para buscar en él ejemplo y fuerzas para el futuro. En esta España de abril de 2009, este sentimiento lleva a miles de españoles a actos como este ante tumbas y fosas donde descansan aquellos luchadores cuyo ejemplo honramos. Es correcto y apropiado que tal cosa hagamos, pero en un sentido más amplio, quiero deciros, que en cierta forma no podemos hacerlo, no nos corresponde a nosotros honrarles. Fueron ellos los que honraron con su sacrificio la República. Nunca podremos lograr darles tanto honor como el que ellos alcanzaron con su sacrificio generoso por las libertades de este pueblo. Poco podemos nosotros añadir o sumar a tal entrega de tantos valientes.

Somos más bien, nosotros, los vivos, las generaciones actuales y futuras los que debemos aquí y ahora, en este 14 de abril y en los que vendrán, consagrarnos a la tarea inconclusa que emprendieron aquellos que supieron luchar entonces e hicieron avanzar tanto y tan noblemente.

Nosotros, en este nuevo abril, en el que brilla de nuevo la esperanza,  asumimos con devoción vuestro ejemplo, y resolvemos firme e íntimamente luchar por la república, porque no caísteis en vano y algún día habrá un nuevo abril de libertad en el que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo prevalecerá sobre la tierra de España.

Viva el 14 de Abril

Viva la República

*El discurso fue presentado finalmente en el acto del 16 de abril en la Universidad Complutense de Madrid.