Entrevista con Humberto Ríos. Transición energética y agricultura en Cuba

Posted on 2012/05/10

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Sobre este tema, véase igualmente un documental. Ver documental.

Esta es una entrevista excepcional. Dice mucho de la situación en que se encuentra la universidad y la ciencia en España, el que aportaciones como las del profesor Humberto Ríos apenas tengan espacio para exponerse y difundirse. Ríos es biólogo y especialista en producción agraria. Su país natal, Cuba, sufrió en el inicio de los años 90 una brutal crisis energética que casi colapsó todo el sistema de producción y distribución de alimentos; las causas fueron la brusca interrupción de las importaciones de petroleo y del régimen de intercambios con la extinta URSS. Al no poder conseguir combustible suficiente, y tampoco repuestos de maquinaria, tractores, etc, y reducirse los fertilizantes químicos al mínimo, la situación que se vivió fue dramática. Se conoció esa época como “periodo especial”. Cuba logró salir adelante, contaban con personas muy preparadas y con un objetivo claro: la población debe sobrevivir. Humberto Ríos explica por sí mismo como lograron cambiar la estructura del campo cubano en una muy particular revolución agraria,  la del paso de una agricultura industrializada a una sostenible. En España, como en todo el mundo desarrollado, el sistema energético está en rumbo de colisión con la realidad y nuestro sistema de producción agraria está amenazado. Falta saber que podamos sobrevivir a nuestro futuro “periodo especial”. Lean la entrevista con Humberto Ríos. No tiene desperdicio.  II Sociología CríticaII

Fuente: EL PAJARITO II

En principio, Cuba y Humberto no tienen mucho que ver con Murcia, excepto que este cubano de 49 años nacido en La Habana está casado con una murciana y pasa algunas temporadas en nuestra tierra. Sin embargo, rascando un poco en su historia y las realidades que le tocó vivir y las que nos está tocando vivir a nosotros ahora, parece que su presencia en la vega del Segura es más que una casualidad.

Con la caída del bloque soviético, la gasolina en Cuba multiplicó su precio hasta niveles incosteables que paralizaron al país en el apogeo de su industrialización. En este ambiente de supervivencia se formó Humberto Ríos Labrada. En España la crisis no es tan agresiva, aunque a la hora de buscar salida y no encontrarla el desánimo es general.

P.: ¿Se quedaría usted en Murcia?
R.: Hay una crisis tremenda y realmente es retador, pero para mí el reto está en otros países. Creo que es atractivo para los murcianos porque están a tiempo de crear un proyecto muy interesante.

P.: ¿Ha sembrado en Murcia?
R.:
Sí, y he comido. Nunca me imaginé que existieran tantas tierras fértiles aquí. A veces me da pena que tanta tierra fértil haya sido urbanizada. Como los campos de Espinardo o Puente Tocinos. Ha faltado esa percepción de cómo hacer un modelo urbanista donde puedan convivir con la producción de alimentos. Y Murcia ya ha empezado a pagar eso. Para mí ha sido una metedura de pata. La huerta murciana en los libros de geografía era un ejemplo para el mundo. Y lo han ido borrando, la producción primaria se ha desplazado a una agricultura muy extensiva, donde la sostenibilidad es dudosa.

P.: ¿Cual sería la Murcia que imagina?
R.: Dicen que agua pasada no mueve molino, pero si Murcia hubiese conservado sus raíces rurales en el proceso de modernización, habría sido muy atractivo y un tremendo negocio para los murcianos. Rodeada del mercado europeo, habría sido muy interesante desde el punto de vista turístico, alimenticio, de intercambio cultural… Pero bueno, agua pasada.

P.: Usamos muchos agroquímicos en Murcia.
R.: Todos los agricultores que tienen entre 40 y 50 años desarrollaron su vida en el mar de los agroquímicos. Las cosas buenas están asociadas a ese estilo de agricultura. Para la gente, los químicos forman parte del placer y están asociados a la época de triunfos, de las vacas gordas. Pero hay una nueva generación que se está dando cuenta de que hay otros caminos.

P.: ¿Cómo reducimos el uso de agroquímicos?
R.: Nosotros nunca hablamos de agricultura orgánica. Le damos alternativas a la gente ante determinados problemas hasta que llega un momento en que se dan cuenta que usar los químicos es absurdo. Yo creo que la cuestión está en trabajar no solo con productores orgánicos sino con quien quiere hacerlo diferente. Y para eso tienes que trabajar con quienes usan químicos. Yo no soy cura. Aquí cada uno saca sus conclusiones y nosotros damos alternativas. Si impones la agricultura orgánica te la van a rechazar. A la gente no le gusta nada impuesto. Ni el oro. Porque los humanos somos así.

P.: Parece que las certificaciones en agricultura orgánica son un impedimento para muchos agricultores que quieren trabajar diferente.
R.: Mi percepción con la certificación es que no puede haber un solo estándar. Hay que diversificar. No puede haber una fórmula única donde llega un inspector al que pagas, te evalúa y se va. Hay otros métodos mucho más participativos para mercados locales, que dan a la gente ciertas garantías de lo que están comiendo. En la medida que los ciudadanos formen parte de ese control, eso se va a sostener. Yo le digo a la gente que un sistema perfecto es poner a las señoras chismosas del barrio a que certifiquen. Si aplicas químicos, al día siguiente nadie se va a quedar sin saber que los aplicaste. La certificación actual está pensada para un mercado de élite. Hay que pensar cómo bajarla a la gente. No tiene que ser todo púramente orgánico.

P.: ¿Estamos a tiempo de rescatar nuestra huerta?
R.: Es como una partida de dominó que está atrancada, hay que darle brío. Todo cambiará en la medida que la crisis aumente, no porque quiera la gente, sino porque no haya alternativa. He visto muchachos que han pasado del discurso a la acción. A la acción de generar beneficios a partir de su iniciativa en producciones ecológicas y organizando la comercialización de manera diferente. Yo creo que eso son ejemplos importantes, y para mí es lo que sociedad murciana tiene que apoyar. El dominó está un poco atrancado, y eso son luces.

P.: ¿Conoce Biosegura o Biomurcia?
R.: Sí, por ahí, por ahí. Esas son las vías alternativas con el reto de convertirse en parte de las corrientes principales. Y de hecho se están convirtiendo porque cada día van teniendo más repercusión, tienen más clientes. He visto alternativas donde venden productos de muchísima calidad y a un precio asequible por la gente. El asunto de agricultura orgánica no está al alcance de la mayoría de la gente, pero con productos no certificados pero limpios, sanos, entonces sí puedes llegar a la gente con precios asequibles.
Humberto cuenta que ha pasado una temporada de seis meses conociendo la ciudad y sus alrededores. Durante su estancia, se ha prestado a colaborar con todas las organizaciones que han pedido su consejo y su visión de la realidad agrícola. El pasado 24 de abril, Humberto ofreció una charla en la Marina de Cope para la Asociación de Turismo Activo Marina de Cope, que está buscando alternativas al proyecto que pretenden llevar a cabo gobierno e inversores.

En sus años de estudio, Humberto Ríos Labrada iba encaminado a ser un científico de la Cuba que basaba su economía en la estrecha relación que mantenía con la Unión Soviética. En el campo, la mecanización y el monocultivo heredados de las colonias estaban en su máximo esplendor. La caña de azúcar era casi una bandera. Pero al caer el muro de Berlín, como fichas de dominó fueron derrumbándose cientos de paradigmas que la revolución cubana tenía asumidos. Humberto vio morir el campo porque la gasolina ya no era costeable.

Como dice parte de la descripción de Humberto Ríos en la página web del Premio Goldman para el medio ambiente: “Al visitar granjas que no habían adoptado el modelo de monocultivo de la caña de azúcar, Ríos observó cómo los campesinos se valían de técnicas preindustriales, rotando cultivos y experimentando con la diversidad de semillas. (…) Observó que el método aplicado se basaba en prácticas sostenibles y ecológicas. Reconoció (…) posibles soluciones a la crisis agrícola y alimenticia de Cuba, y asumió el compromiso de extender la agricultura sostenible (…)”.

Ante una situación de crisis aguda, Humberto salió de los laboratorios y dejó atrás las técnicas industriales que requerían costes inalcanzables. Se puso a trabajar codo con codo con los agricultores y consiguió abrir los bancos de semillas para que todos tuvieran acceso a la diversidad. “Cuando pones a un agricultor frente a la diversidad genética, es como si llevaras a un crío a una juguetería. Le brillan los ojos y empieza a tartamudear. Es tan atractivo porque esa diversidad puede convertirse en una manera de vivir más decorosa. Y el secreto está en facilitar el acceso a las semillas, que no se queden en las instituciones. La gente enloquece. En México algunos agricultores lloraban. Trajimos unas 150 variedades de maíz y la gente empezaba a recordar que este u otro maíz lo había sembrado su abuelo y ellos lo habían perdido”.

Una vez que Humberto y muchos agricultores cubanos descubrieron que lejos de necesitar agroquímicos y carburantes estaban produciendo más y mejor, desarrollaron los mercados de semillas donde acudían cientos de agricultores para compartir sus creaciones y obtener las de sus colegas. A partir de entonces, no hubo marcha atrás. La experiencia de Humberto Ríos le ha llevado a reconocimientos extraordinarios y dentro de pocos meses estará trabajando con agricultores bolivianos para encender la chispa de la diversidad en el país sudamericano.

Por su impacto en el mundo del desarrollo sostenible, Humberto Ríos ha incorporado a su trabajo la labor de divulgar la experiencia acumulada. A través de sus charlas, donde da a conocer a su querido Chencho, o de la música, que conquista con su ritmo y el mensaje ecológico y esperanzador de sus letras, este cubano es una especie de trovador de vivencias que hacen realistas las alternativas a un modelo agrícola en declive.

P: ¿Quién es Chencho?

R: Es un personaje que hemos creado para explicar nuestra historia a diferentes públicos que no han vivido el proceso. Yo soy parte de Chencho, pero los agricultores también son parte de Chencho. Nos hemos dado cuenta de que si lo explicamos de manera científica solo lo entienden los científicos. Y hacer ciencia para científicos es un poco absurdo. La ciencia es para la gente. Cuando hacemos nuestras presentaciones ponemos personajes y les damos vida.

P: ¿Qué siente un científico al convertirse en campesino?

R: Es aterrizar. Es aprender mucho más y convertirte en un profesional mucho más integral. Llega un punto que dices: “yo tengo que tener mi experiencia”, porque si no, no tiene sentido. Muchos científicos honestos que no han tocado el campo, cuando van se preguntan: “¿qué le puedo enseñar yo a esta gente, si me he criado en una caja de cristal?” Yo me fui de la ciudad al campo porque era increíble coordinar un proyecto sin tener experiencia en la tierra. En Cuba decimos que para saber cómo ronca Cheo, hay que dormir con Cheo.

El asunto es que la universidad es muy disciplinar. Nos enseñan a dictar órdenes o recetas, a  ser los dueños de la solución a los problemas que tiene la gente. Y no aprendemos a coinnovar, que es simplemente formar parte de un equipo donde el conocimiento campesino tiene tanto valor como el conocimiento científico. No entendemos que los dueños de los problemas son los campesinos y que el rol del científico es catalizar para que ellos mismos encuentren una solución sostenible. Tienes que tener la capacidad intelectual con diferentes disciplinas para construir el conocimiento. Los últimos 10-15 años de mi vida he invertido mucho tiempo en este tipo de acción donde todos hemos aprendido cómo podemos mejorar las cosas.

P: ¿Qué siente un campesino al convertirse en científico?

R: Primero se empoderan. Revalorizan todas sus prácticas, que tienen mucho valor pero como los modelos convencionales los han aplastado se han creído que son brutos, que no sirven para nada. Nosotros hemos trabajado con viejitos que te dicen “qué lástima que sea ya tan viejito que ya no pueda disfrutar más años de todo esto”. Y te das cuenta de que ellos solo estaban pidiendo un reconocimiento. No ya el dinero, sino simplemente que sientan que lo que han hecho toda su vida tiene un valor. Se sienten orgullosos. Hemos tenido casos que vienen agricultores que empiezan a guardarse las semillas a escondidas, a metérselas en los bolsillos. Y les dices que cojan, que son suyas. La deformación ha sido tal que los agricultores piensan que solo pueden acceder a ellas robando. Pero ellos son los creadores. Ningún científico ha creado un gen. Los genes los han creado los campesinos con la domesticación continua, la prueba y error a lo largo de diez mil años. Por eso es importante, por eso se vuelven locos de contentos, porque son los creadores.

P: ¿Dónde queda el mercado en este modelo?

R: Yo no conozco un productor que no esté interesado en el mercado. Si trabajas en la agricultura, el factor mercado es importantísimo. Cuando comenzó la agricultura orgánica, empezaron con las certificaciones y de repente hay compañías que tienen la certificación orgánica y se han hecho con un monopolio. Controlan muchas áreas, mucha gente, y se han convertido en un elemento de poder importante. Así que con muy buenas intenciones puedes construir el camino al infierno. Entramos entonces en la cuestión de la escala. Cuando ofreces este tipo de metodología debes saber a qué escala quieres llegar. Es muy importante desarrollar estos tipos de mercados y la escala la tiene que descubrir la gente y los productores, porque un negocio en Nueva York no es lo mismo que uno aquí. Entonces no puedes violar los contextos y adaptarte a ellos y su generación de beneficios. Lo importante es enfocar el mercado a la diversidad y explotar la innovación, y no será lo mismo en Pekín que en le resto de China, que en Bulgaria o Murcia.

P: ¿Cómo podemos dejar de depender del combustible?

R: El combustible y el transporte son relaciones de poder, y todo eso va a ir disminuyendo en la medida que la energía se vaya encareciendo. Te puedes dar el lujo de ir con una mercancía de Malasia a Inglaterra porque alguien está pagando ese costo energético, pero cuando ya no salga rentable, esos precios se dispararán si no existe subsidio. La gente cambia no porque quiere, sino porque no tienen otra opción. Cuba pasó de ser el el mayor consumidor de agroquímicos por hectárea de Latinoamérica a gran experimento de agricultura orgánica no porque quiso ni por inteligente o revolucionario ni socialista, eso son cuentos, sino porque no había combustible. No cuando el agua estaba hasta el cuello, sino cuando ya se estaban ahogando. El cambio está muy asociado con la urgencia