Grecia: el fin de Europa / Bostjian Videmsek

Publicado en 2012/05/11

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 [ Bostjian Videmsek 8/05/2012] Grecia está siendo transformado en un clásico país tercermundista: el desempleo entre los jóvenes ha llegado al 50 por ciento y el salario mínimo mensual bajó de 800 a 568 euros.

Uno de cada once residentes de Atenas tiene que acudir a los comedores públicos de las ONG

“Somos las primeras víctimas de la guerra mundial financiera (…) La única pregunta es quén será el siguiente”, vaticina Yannis Michalopoulos, propietario de una tienda de muebles

Un manifestante encara a integrantes de la policía antidisturbios durante los enfrentamientos tras una protesta en el exterior del parlamento griego en Atenas, Grecia, 2012. (AP Photo / Thanassis Stavrakis)

El miércoles 4 de abril, a las 9 de la mañana, un hombre de 77 años gritaba en medio de una abarrotada plaza Sintagma, el centro emocional de las protestas griegas contra la dictadura impuesta por las instituciones monetarias internacionales. El anciano gritaba hacia el edificio del parlamento, y su voz se convertía en una furiosa denuncia del hecho de que tendrán que ser sus hijos y sus nietos los que paguen su deuda. Acto seguido se apoyó contra un árbol, sacó una pistola del bolsillo y se pegó un disparo en la cabeza.

El suicidio de este desesperado pensionista griego tiene una fuerte carga simbólica. Evoca el espíritu del patriota checo Jan Pallach que, con 21 años, se prendió fuego como protesta contra la ocupación soviética de Checoslovaquia el 16 de enero de 1969. También recuerda a la inmolación de Mouhammed al Bouazizi, el vendedor tunecino que desató la Primavera Árabe.

Somos las primeras víctimas de la guerra mundial financiera. Hemos sido ocupados por los mercados europeos y las instituciones financieras internacionales, que buscan desmantelar lo que queda del Estado del bienestar y convertirnos a todos en esclavos. Lo que vemos hoy es sólo el principio de una gran agitación. No sólo nos están quitando la vida, también nos están robando la dignidad. La única pregunta es quién será el siguiente”. Esto me dijo un empresario de 60 años llamado Yannis Michalopoulos. Hablaba con él en su tienda de muebles situada bajo la Acrópolis, una hora después del trágico suicidio en la plaza Sintagma.

Michalopoulos continuó con un largo monólogo sobre la desaparición de la civilización, la falta de esperanza para las generaciones más jóvenes, el sufrimiento de los inmigrantes tanto legales como ilegales, y lo obvio del hecho de que todo esto había sido cuidadosamente planeado. La crisis, opinaba, dura ya demasiado cómo para seguir llamándose crisis. Las grandes empresas aplican constantemente y con mucho éxito la doctrina del shock, sólo que ya no necesitan limitarse a exportarla a lugares como Irak, Afganistán o Chile.

Bienvenidos al Tercer Mundo

Efectivamente, Grecia está siendo transformado en un clásico país tercermundista. En marzo, eldesempleo entre los jóvenes llegó al 50 por ciento. El Estado del bienestar se desvanece a un ritmo sorprendente. En los últimos meses, las instituciones europeas han obligado a los políticos griegos a recortar las pensiones 200 euros de media. El salario mínimo mensual bajó de 800 a 568 euros. Unos 15.000 empleados públicos perderán su empleo sólo durante este año. Se está reduciendo el Estado a todos los niveles posibles, y la salud y la educación se están llevando la peor parte.

Un cartel electoral reflejado en un escaparate en Atenas, 2012 (Thanassis Stavrakis / AP)

Sin embargo, el sector privado está aún peor. Ya nadie hace caso a las quejas de los sindicatos, antes poderosos. Los dueños y los gerentes han acogido la crisis como una coartada hecha a medida para recortar todo tipo de gastos. Las calles de Atenas están llenas de mendigos y de los nuevos sin hogar. Hace un año, muchos de ellos vivían confortablemente. Ahora, de un día para otro, se han visto despojados de todo lo que tenían. Grecia se está convirtiendo en un protectorado alemán y en experimento de la “nueva economía”, una doctrina de pesadilla que toma lo peor del neoliberalismo americano y del capital-comunismo chino.

Un tercio de los jóvenes sin empleo son titulados universitarios. En Grecia sólo aquellos que tienen cobertura médica pueden acceder a la asistencia social  y ya que la mayoría de jóvenes sólo han tenido empleos temporales sin prestaciones, los cheques de asistencia no son más que un sueño. No es de extrañar que muchos estén dejando el país en masa, de forma muy similar a lo que ocurrió durante los años sesenta y setenta bajo la dictadura militar. No hace falta ser un genio para ver el futuro que aguarda a la cuna de la democracia: el 85% de los jóvenes que estudian fuera no planean volver a su país de origen. En Grecia, la fuga de cerebros es una realidad cotidiana, y sólo va a ir a peor.

Incluso las oficinas de empleo están cerrando una a una. Esto no se debe tanto a que, como las instituciones gubernamentales, se hayan quedado sin dinero. Es porque simplemente no tienen nada que ofrecer a los que buscan trabajo, ni siquiera buenos consejos.

Lo mismo pasa con las organizaciones humanitarias. George Protopapas, director de la ONG Aldeas Infantiles SOS, que da asistencia a niños abandonados, asegura que ahora mismo son las organizaciones humanitarias las que proporcionan la mitad de los servicios sociales de los que debería encargarse el Estado. Sin embargo, incluso la mayoría de estas están a punto de cerrar. Ellas también se enfrentan a la suspensión de pagos. En este momento, casi la mitad de todas las compañías privadas griegas están en la misma situación, por lo que no sorprende que los ingresos fiscales disminuyan de forma dramática y que innumerables trabajadores estén siendo despedidos.

Todo esto supone una mezcla explosiva que estallará antes o después. Por otro lado, Grecia sigue siendo uno de los mayores importadores de armas de Europa. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Grecia ha sido el país que más armas ha importado entre 2007 y 2011. También ha sido el mejor cliente de la industria militar alemana. El año pasado, a pesar de la crisis, el gobierno griego compró el 13% de todas las exportaciones de armas de Alemania, y el 10% de las de Francia.

Gases lacrimógenos durante una manifestación en Atenas, (AP Photo)

Comprensiblemente, las calles de Atenas están siendo testigo de la intensificación de la violencia policial. Los refugiados y los inmigrantes se llevan la peor parte.

En una Grecia cada vez más xenófoba, su situación es manifiestamente peor que en ningún otro lugar de la Unión Europea. La mayoría está aquí peor que en sus lugares de origen, donde al menos no son objetivo de bandas organizadas de extremistas. Casi todas operan dentro del movimiento del Amanecer Dorado, que ha accedido al Parlamento en las elecciones generales. Los miembros de este movimiento utilizan el saludo nazi, y la esvástica se discierne fácilmente en su emblema.

Recientemente las autoridades griegas (siguiendo órdenes directas de Bruselas y con dinero de la UE) comenzaron a construir treinta nuevos “centros de detención”, que en realidad son prisiones. Su fin es alojar y enviar de vuelta lo antes posible a todos los inmigrantes ilegales, la mayoría de los cuales actualmente no tienen trabajo ni futuro y viven en las calles cada vez más peligrosas de las principales ciudades.

La rapidez del declive del país es más visible en el centro de la capital griega. Atenas recuerda cada día más a El Cairo o a la visión apocalíptica de Paul Auster en El país de las últimas cosas.

Hell(as)

La plaza Omonia, por ejemplo, a tan solo un kilómetro de algunas de las principales atracciones turísticas, se convierte por la noche en un salvaje espectáculo de supervivencia, donde se ven cosas realmente espantosas. Las estrechas callejuelas están llenas de toxicómanos en las últimas –cadáveres andantes semidesnudos pinchándose sus dosis en el cuello o en los muslos–. Perros callejeros y prostitutas, algunas claramente menores de edad, se pasean entre ellos. Mendigos sin techo duermen delante de las tiendas de todo a 1 euro, patrullas de la policía persiguen inmigrantes, que desde hace tiempo son mayoría en esta parte abandonada de la ciudad. Los gritos de terror son ya parte de la banda sonora cotidiana. Hasta veinticinco inmigrantes se llegan a hacinar en un decrépito apartamento. Muchos alojamientos llevan en venta dos años, pero no hay compradores. Las paredes están cubiertas de posters que proclaman la supremacía de la raza blanca y exhortan a la población griega a recuperar su tierra. Al lado, propaganda del Partido Comunista griego (KKE), que nunca llegó a distanciarse del todo de la escuela soviética y cuyos miembros más jóvenes pueden ser vistos a menudo con camisetas de Stalin.

Es imposible quitarse la impresión de que lo que se ve en Grecia es lo que está por llegar. Un futuro salvaje y nefasto se precipita hacia nosotros, los blandos y privilegiados europeos, viene hacia nosotros implacablemente como aquel planeta azul en la Melancholia de Lars von Trier.

Un hombre sin hogar duerme en una calle de Atenas (AP Photo)

“Lo que tenemos aquí es una feroz lucha por la supervivencia. La policía persigue a los inmigrantes. Los neonazis están encantados de atacarles. Los que vinieron buscando una vida mejor han llegado directos al infierno. La mayoría de los inmigrantes están peor aquí de lo que estaban en casa. Lo digo con seguridad, ya que he trabajado en varias zonas de guerra. Y la situación aquí en Grecia no va a hacer más que empeorar. Tenemos las condiciones ideales para que prosperen movimientos extremistas. Los neonazis se hacen cada vez más fuertes. La crisis financiera es el caldo de cultivo perfecto para todo tipo de fascismo.Los inmigrantes son los judíos de nuestro tiempo. Tienen la culpa de todo. Son diferentes, por lo que pueden ser fácilmente reconocidos y acusados de cualquier cosa. Y entonces deben demostrar su inocencia. No tienen derechos de ningún tipo. Estoy viendo aquí en Atenas imágenes que sólo había visto en esas zonas de guerra que he mencionado antes. No, no hay ninguna esperanza real de que las cosas se calmen. Las autoridades están construyendo los llamados “centros de detención”. Eso me recuerda a una época completamente distinta”, decía el doctor Nikitas Kanakis, director de la rama griega de Médicos del Mundo. El Dr. Kanakis ha estado destinado en Ruanda, Afganistán e Irak, por lo que claramente sabe de lo que habla.

Las protestas que nada cambian

La pacífica y digna protesta para conmemorar al hombre de 77 años que se disparó en la cabeza comenzó con un silencio casi absoluto, pero degeneró rápidamente en lo que ya es una escena típica en las calles griegas.

Miembros de las unidades especiales de la Policía, que se burlaban de los manifestantes con insolencia e impunidad, recibieron una lluvia de piedras y unos pocos cócteles molotov. El viento trajo una nube de gases lacrimógenos que habían sido lanzados por la Policía antes incluso de que comenzara la manifestación ante el parlamento griego. Gente de todas las edades y condiciones sociales lloraba, estornudaba y maldecía como si no hubiera mañana. Mientras sus vidas van rápida e irreversiblemente a peor, ellos participan en debates sin fin tratando de buscar la fórmula mágica de la resistencia viable. Las protestas ante el Parlamento llevan celebrándose –con varias pausas y paradas- tres años y medio, pero no han cambiado nada. Cada vez aparece menos gente en las manifestaciones. Cientos de miles de ellos se ven obligados a dedicar toda su energía a la más básica supervivencia.

¿Banco de Grecia o Banco de Berlín? Atenas, (Petros Giannakouris / AP Photo)

“Estoy harto. Esto se pone peor cada día. Nos están desgastando poco a poco, nos empujan constantemente para ver nuestros límites. Pero nuestra única opción es mantenernos en la calle y seguir luchando por nuestros derechos. Llegados a este punto, realmente no nos queda mucho que perder. Nos hemos convertido en una colonia alemana y en prisioneros de las instituciones monetarias internacionales. Estamos perdiendo nuestra independencia. Nuestro país está dirigido por bancos extranjeros. Incluso nuestro primer ministro es un banquero”, decía Bill Papadoupoulos, al que conocí durante una huelga de personal médico del sector privado.

Bill es enfermero en una clínica privada, pero no había cobrado en los últimos cinco meses. Muchos de sus compañeros están aún peor, algunos llevaban trece meses sin cobrar. “Esta huelga se lleva a cabo para obligar a nuestros empleadores a renovar el contrato con nuestro sindicato”, dijo. “La mayoría de empresarios han hecho un pacto con la aprobación de la Unión Europea para convertirnos a todos en esclavos asalariados. Nos quitaron los gastos de desplazamiento y comida. Ni siquiera pagan ya nuestras cotizaciones sociales. Sobre el papel, recortan todos los sueldos al salario mínimo independientemente del rendimiento o la educación del trabajador. Pero realmente no importa, ya que dejaron de pagarnos hace mucho. Hemos acabado con casi todos nuestros ahorros, sólo nos ayudan nuestros padres. No podemos aguantar mucho tiempo más”, explicaba este valiente enfermero.

Policías patrullan por Atenas Febrero, 13, 2012. (AP Photo / Thanassis Stavrakis)

A la vez que el personal médico, los arqueólogos también hicieron huelga. Grecia ha paralizado completamente todas las excavaciones y ha cortado así simbólicamente los lazos con su glorioso pasado. Ante el banco nacional griego protesta un grupo de pensionistas financieramente agotados. Todos repiten la historia de cómo otro pensionista se ha suicidado en su nombre, pero muchos aseguran que realmente ha sido un asesinato, cometido por los políticos y por diversos depredadores monetarios. Este era también uno de los mensajes dejados en el ya siniestro árbol de la plaza Sintagma: “Esto no fue un suicidio. Esto fue un asesinato”.

Ocupación 2.0

Alexis Cipra, a quien entrevistamos en Periodismo Humano, estimaba que “en dos años, tras un doloroso fracaso de los programas de estabilización, habremos sido llevados a un punto en el que nuestro país habrá sido tan saqueado que estaremos en bancarrota. En la práctica, esto significa vidas perdidas, dignidad perdida y futuro perdido”. Cipra, de 38 años, es el presidente del partido SYRZIA, una coalición de movimientos políticos de izquierda. Un joven político convencido de que se está llevando a cabo un brutal experimento con el pretexto de la crisis de la deuda. En su opinión, los grandes capitales y las instituciones clave de la UE están experimentando con la capacidad de una sociedad para funcionar sin salarios, sin justicia social, sin riqueza pública. “Si el experimento tiene éxito, intentaran imponer este proyecto en el resto de Europa. Pero ya se están dando cuenta de que el pueblo griego no puede mantener la calma mucho más tiempo. Los partidos que consintieron este proyecto se están hundiendo, la sociedad está agitada. Ahora más aún, al extenderse la crisis a todo el sur de Europa, amenazándola en su conjunto. Desde luego el plan es dejar a Grecia sin recursos productivos ni riqueza pública. El plan es que la gente ‘autóctona’ trabaje a cambio de sueldos miserables y sin leyes que los protejan”, explicaba Cipra.

Alexis Tsipras, líder de la coalición de izquierdas SYRIZA (AP Photo/Evi Fylaktou)

No tenía ninguna duda sobre el origen de la crisis: “Sin duda es un plan ideado por el capital internacional, pero que también ha sido aceptado sin reservas por nuestros capitalistas nacionales. Por suerte, parece que han fracasado. La crisis de un país que representa el 2% del PIB de la Eurozona amenaza ahora con derribar toda la construcción europea. La codicia de las grandes empresas ha excedido todos los límites y ha tomado dimensiones autodestructivas. El pueblo se dio cuenta muy rápido, parece que los capitalistas serán los últimos en verlo. La única esperanza es la resistencia que nace de la sociedad. Sólo prevalecerán o los mercados o el pueblo”.

El joven líder de los griegos de izquierdas asegura que salir de la eurozona no es la solución. Para empezar, sólo beneficiaría a aquellos que ya han acumulado riqueza. Además, al hacer eso los griegos estarían huyendo y se convertirían en enemigos de personas que hoy son sus aliados. “Lo que realmente hace falta es cambiar las tornas del poder, acabar con el dogma neoliberal y abrir un nuevo camino para una Europa democrática y del bienestar”.

Hambre

Desde primera hora de la mañana una larga fila de gente cansada y humillada se extiende a lo largo de la calle Sappfho, donde la organización Médicos del Mundo reparte comida y medicamentos. Tanto los griegos –que son la mayoría- como los inmigrantes esperan pacientemente mientras policías con chalecos antibalas suben y bajan la calle. Algo está muy mal en esta escena.

Grecia se está convirtiendo rápidamente en un punto de crisis. Hace unas semanas, el filósofo alemán Hans Magnus Enzensberger dijo que en Europa sólo pasan hambre las chicas anoréxicas. Fue de una arrogancia que sobrepasa lo excusable. Enzensberger no sólo se olvidó de cientos de miles de inmigrantes; también de las colas que se ven en la calle Sappfho. En la capital griega hay como mínimo una docena de estos comedores públicos. Uno de cada once residentes de esta ciudad ahora acude a ellos. Hace tan sólo un año, la mayoría de los que esperaban tales colas eran inmigrantes. Hoy los datos aportados por Médicos sin Fronteras (MSF) muestran que al menos el 70% de los que acuden son griegos. No es de extrañar que una pintada en un muro cerca del centro de la ciudad diga: “No subestiméis al hambre”.

Discusión por unas patatas donadas por agricultores durante un protesta, 2012 (AP Photo)

Los comedores públicos no están equipados para las crecientes necesidades de personas que han sido lanzadas al otro lado del umbral de pobreza como bolsas de basura. Lo mismo ocurre con las llamadas “clínicas solidarias”, donde médicos ofrecen servicios y atención gratis a los pobres sin cobertura médica. En este momento, un tercio de la población griega vive bajo el umbral oficial de pobreza. Según innumerables predicciones, una de cada dos familias griegas será pobre en aproximadamente un año.

Pregunté al autor y poeta Anastassis Vistonisitis, uno de los escritores más reputados de Grecia, si su país tenía alguna posibilidad. “Bueno”, contestó, “antes teníamos un enorme crecimiento e innumerables inversores extranjeros. Éramos las estrellas, el centro del universo. El dinero era muy barato. Comprábamos coches y apartamentos, y lanzamos compañías nuevas. Nadie ahorraba, era muy divertido. Días felices, ¿no? Teníamos el euro, los juegos olímpicos, crecimos muy rápido. Y luego cayó el martillo, de un día para otro. Al principio no lo podíamos creer. Después se nos empezó a pasar la borrachera.

La primera ola de recortes se puso en marcha, y después la segunda y la tercera. Las instituciones financieras internacionales nos arrinconaron. Cuando llegaron a Atenas los primeros representantes del Fondo Monetario Internacional, supe que estábamos jodidos. A cada lugar al que van, sólo llevan penuria y destrucción. Pero nosotros, los griegos, somos un pueblo orgulloso. No se nos va a humillar, nos volveremos a levantar, siempre lo hemos hecho. Nuestra Historia es una sucesión de subidas y bajadas, eso es lo que me hace ser optimista”.

Conocí a Vistonistis por primera vez en junio de 2004, dos meses antes del comienzo de los Juegos Olímpicos. Había sido director del equipo encargado de redactar la propuesta de la candidatura griega. Hace ocho años, le recuerdo como un hombre de un buen humor excepcional. Eran los días más emocionantes de la Grecia moderna. Recuerdo al arquitecto español Santiago Calatrava sonriendo mientras supervisaba los últimos detalles del futurista estadio olímpico. La economía griega crecía entre un 6 y un 7% cada año. El desempleo llegó a su punto más bajo, el comercio florecía. Además, el equipo nacional de futbol ganó el campeonato europeo. Toda Atenas explotaba de felicidad. Los griegos estaban viviendo sus antiguos mitos.

Protesta en Atenas (AP Photo)

Podredumbre orgánica

Ocho años después, Grecia se pudre aunque técnicamente siga viva. Esos recuerdos olímpicos parecen ahora tan lejanos como la época de la Ilíada. “No tenemos la culpa de la situación a la que nos enfrentamos. Prácticamente el mundo entero está endeudado, y nosotros no somos el peor caso ni mucho menos, así que veo muy injusto que seamos los únicos que estén pagando por ello. Otros países europeos serán los siguientes: Irlanda, Portugal, España, incluso Francia. Cuando estos Estados más grandes también empiecen a ser golpeados, se tambalearán los cimientos de toda Europa. Nos han jodido a todos con esos préstamos, no eran un alivio, eran pura extorsión. ¡Nuestros políticos son los responsables de la deuda, no el pueblo! Los políticos han seguido ciegamente las órdenes de Bruselas y Berlín. Europa debería agradecernos haber aceptado sus reglas, que sólo favorecen a las élites financieras. Deberían estar agradecidos, en vez de humillarnos e insultarnos. ¡Podríamos haber pedido ayuda a China en cualquier momento, y no lo hicimos! Sabéis que los chinos no habrían dudado ni un momento, están ansiosos por hacerse con puertos europeos importantes. Eso les permitiría dominar el comercio europeo en muy poco tiempo. Imagínate lo que supondría para la economía europea, y para Estados Unidos también. La alianza con China es el arma estratégica que podemos utilizar en cualquier momento”, explicaba Vistonistis, que siente que todo el mundo occidental está en crisis. Según él, hemos destrozado todo y hemos desperdiciado nuestro futuro.

Una mujer pide limosna en una calle de Atenas, 2012 (AP Photo)

“Las cosas no pueden seguir así. Todos estaremos obligados a hacer algunos sacrificios, como debe ser, pero las élites europeas nos quieren convertir en esclavos que trabajen por doscientos euros. Nos quieren convertir en Bulgaria o Rumanía, y no lo permitiremos. Tenemos demasiado orgullo y somos demasiado conscientes. Somos un país mediterráneo que siempre ha sido bastante autosuficiente. Tomaremos el futuro en nuestras manos. Tenemos comida, agua y mar de sobra. Ahora, a través de la conexión con Chipre, también tenemos gas natural de sobra. Nos negamos a ser esclavizados por las instituciones financieras. ¡Sobreviviremos!”. Así habló el escritor en la plaza Monastiraki, en el corazón de Atenas. Su país, aseguró, está siendo demolido y su pueblo está muy tenso. “¡Ya basta! Si siguen empujándonos hacia la pobreza y la desesperación, tomaremos las riendas de la situación. Ese momento se acerca rápidamente. ¿Significa esto salir de la Unión Europea y de la eurozona? Ya veremos, pero tengo la sensación de que la gente no va a seguir aguantando que la extorsionen de esta forma. Si Europa decide que debemos perecer, ella perecerá con nosotros”.