La Memoria histórica, Viento del Pueblo / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2010/01/11

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Publicado en Rebelión, 29/12/2003

España está viviendo en los últimos tiempos un sorprendente debate. Amparados por medios de prensa, cadenas de radio y hasta cadenas de televisión pública, se exponen análisis de corte neofascista que revisan nuestra historia reciente y calumnian a la República Española de 1931 e infaman a quienes lucharon en defensa de las libertades durante la guerra civil o fueron asesinados durante la dictadura posterior. No hay tal debate en realidad, pues no pretenden discutir nada, sólo extender su intoxicación entre una masa de población inerme y sin anticuerpos culturales o formativos tras una Transición Política deficiente y patética desde un punto de vista democrático.

No es fácil combatir estas actividades. Entre otras cosas porque los medios que propalan el revisionismo son impermeables al discurso democrático que incluya referencias a la Memoria Histórica. Ocurre también que explicar las cosas que son o resultan obvias para cualquiera mínimamente bien informado es algo que puede resultar agotador y quizás por ello muchos que debieran, saben o pueden -unos más que otros- callan las más de las veces; tampoco hay medios de comunicación proclives a incluir estos debates. Se puede intentar, no obstante, pero ello exige buena intención por una y otra parte o al menos cierta capacidad de superar prejuicios y estereotipos. No parece que sobre de esto en los medios neofranquistas como la Cadena COPE o en el diario La Razón,. Particularmente dolorosa está siendo la actuación de la Cadena COPE (ligada a medios católicos), prácticamente tomada por verdaderos mensajeros del odio; toma dolorosa para quienes sufren viendo en manos del neofranquismo más crudo, el principal medio de comunicación de la Iglesia en España, algo que no se corresponde -creemos- con el sentir de la mayoría de los católicos españoles.

Autotitulados como «liberales», nuestros flamantes neofranquistas (Jimenez Losantos, Cesar Vidal, Pío Moa y algunos otros dioses menores) parecen estar obsesionados con lo ocurrido allende el Vístula en 1917 y todo parecen juzgarlo en función de eso; parecen funcionar con prejuicios muy asentados y no resulta fácil entablar con ellos una conversación racional. El comunismo aparece así como la gran excusa para todo lo sucedido en la GCE y la dictadura. Se empieza por decir que la República cometió errores y crímenes, que no era tan democrática, que los republicanos se llevaban mal entre ellos y que la izquierda era izquierda y no republicana para acabar denunciando el peligro «comunista». que acechaba en aquella época. Pero este «peligro comunista» omnipresente en sus discursos de hoy, es de recurso más tardío, es hijo de la Guerra Fría. Históricamente, la movilización reaccionaria contra la República se debió tanto por un rechazo a las diferentes manifestaciones de la izquierda (de anarquistas a comunistas) como sobre todo al peligro que suponía la consolidación de la República de 1931 como estado democrático. Hubo más de rechazo antiliberal y antilaicista que anticomunismo; de hecho se asimiló todo en una curiosa amalgama reaccionaria y asesina que con la colaboración de Hitler y Mussolini y la inacción de Francia e Inglaterra logró vencer a la República. La parte de ataque al liberalismo político y al sistema democrático en sí mismo es abandonada en la actualidad y se rescata solamente la faceta «anticomunista».

Uno de los temas recurrentes en la ofensiva neofranquista es combatir ciertos hechos históricos, como por ejemplo el retroceso cultural sufrido por España con la guerra civil española (GCE). Y no es una cuestión abordada con método o rigor. De ninguna forma; es la voz misma de la propaganda fascista de hace 50 años la que volvemos a oír. Para hablar de la suerte de la cultura española tras la guerra civil española y valorar el impacto de la GCE y del franquismo en ella, se recurre de forma constante a la comparación con la URSS. «Comparen la riqueza cultural de España en 1975 con la desastrosa situación de la URSS en 1990», nos dicen. Nos preguntamos: ¿Pero qué tiene que ver la URSS con nosotros como país y nuestros últimos doscientos años de historia? Con todas nuestras deficiencias y retrasos históricos nuestra historia en ese periodo es mucho más parecida a la de las naciones de nuestro entorno occidental que a la de la Rusia histórica. La experiencia del liberalismo (las Cortes de Cádiz en nuestro caso), la tensión entre absolutistas y liberales, la lucha entre los integristas y los laicos por el papel de la Iglesia en la sociedad (los procesos de secularización), la aparición del movimiento obrero, la industrialización y sus tensiones políticas y territoriales, la batalla por la construcción de un estado y un sistema económico moderno, las luchas agrarias por la emancipación, el ascenso de la burguesía y su lucha por participar y controlar el estado y construirlo según sus necesidades, la aparición de un sistema de opinión pública y la necesaria libertad de expresión para ello, el camino hacia el sufragio universal, podríamos seguir enumerando factores de cambio y tensión en la modernización de las estructuras sociales que afectan al reparto del poder pero con estos puede bastar. Pues en todos esos factores la experiencia española es mucho más cercana a la italiana, la francesa o la alemana de lo que nunca ha estado de la rusa. No son experiencias históricas -la rusa con la española- que podamos asimilar tan fácilmente una con otra.

La debacle de la cultura española con la GCE con quien debe compararse es con experiencias parecidas y de su mismo orden. El caso alemán, por ejemplo. El italiano. La emigración forzosa de intelectuales alemanes desde la llegada de Hitler al poder sí es comparable a la de los españoles antifranquistas. Supuso un verdadero horror, la expulsión y persecución de disidentes «culturales» en la Alemania de Hitler. Judíos y no judíos; los EE.UU e Inglaterra dieron acogida a toda una generación de intelectuales y científicos que escapaban de los nazis. Pero en proporción España perdió mucha más gente preparada -por la vía del exilio-, entre otras cosas porque en Alemania el número de disidentes fue menor.

Los rectores de todas las universidades españolas se exiliaron. Con ellos más de 6.000 profesores de universidad se exiliaron o dejaron sus puestos. ¿Saben ustedes lo que es para una Nación perder de golpe 6.000 profesores de universidad? Y no entremos al detalle de cuantos fueron asesinados, encarcelados o expulsados de sus cátedras.

La cultura es en primer lugar la reproducción del conocimiento. Liquide usted el subsistema social de reproducción del conocimiento y tardará usted generaciones en recuperar el nivel. No es sólo un problema de saber hasta donde hemos avanzado hoy, sino de saber donde estaríamos si no se hubiera producido la debacle. La trayectoria cultural ascendente de España desde la Restauración, pese a todo, se truncó de forma dramática. Fue patente en la universidad…. ¿Y en la Escuela?

¡¡La escuela!! La persecución contra los maestros-as nacionales permitiría solo con eso hablar ya de genocidio. En Aragón, por citar datos recientes y comprobados, hubo 190 maestros fusilados durante la GCE; miles y miles de maestros de toda España asesinados, encarcelados o expulsados. Fue un plan deliberado de llevar la destrucción a ese colectivo y aniquilar su recuerdo y su influencia. Si el daño en la universidad resultó espantoso, el sufrido por la educación primaria y básica no fue menor. Retroceso en los contenidos, en la calidad de los docentes, dirigismo y manipulación, integrismo religioso, un nacionalismo antidemocrático atroz, una falsificación de la historia hasta límites grotescos, un predominio de la propaganda y el adoctrinamiento, fin de la libertad de cátedra, los primeros veinte años del franquismo resultaron abominables y explican en gran parte las taras formativas de buena parte de los adultos actuales. Discutir sobre si individuos concretos vivieron en España o marcharon, sobre si la novela tuvo más o menos auge (ese Cela, ese Delibes, todas esas glorias de la novela de postguerra) es intrascendente. Los adultos de los años 40 y 50 ¡¡¡se formaron en los años de la República o de la Restauración!! no olviden eso.

Lo cierto es que el sistema de reproducción cultural se dinamitó y se reconstruyó sobre otras bases que ideológicamente nos aislaban y retrasaban respecto de lo que metodológica y conceptualmente se desarrollaba en la Europa posterior a 1945. Porque es con los países de nuestro entorno directo, con los que convivimos e interactuamos desde hace siglos, con los que debemos compararnos. Cualquier alemán comprende el valor simbólico de la quema de libros de la Institución Libre de Enseñanza llevada a cabo en Madrid tras su caída en 1939; le recordará de forma inmediata las quemas públicas que llevaron los nazis a cabo.

Pero no, a nuestros defensores del franquismo lo que les preocupa es el «comunismo». Ese rechazo suyo a los comunistas no se debe a que estén en contra del totalitarismo o de los crímenes de estado, pues con naturalidad los neofranquistas comprenden y hasta justifican los crímenes y el totalitarismo franquista. Para poder criticar con credibilidad los crímenes cometidos por el stalinismo -pongamos por caso- debemos empezar por casa, por aquí cerca. Algunos lo hacemos, pero ocurre que no solamente criticamos y denunciamos los crímenes que pudieran cometerse bajo el nombre de Stalin, también los de Hitler -empezando por su brutal guerra de exterminio y aniquilación en la que participaron como voluntarios algunos miles de españoles orgullosos todavía hoy de participar en aquello con el uniforme de los verdugos- y, por supuesto, los de Franco. Pero en cualquier caso no olvidamos que se ha matado o se han cometido crímenes en nombre de casi todo lo bueno y hermoso que los seres humanos hemos soñado, empezando por el cristianismo; algunos además de criticar o denunciar  los excesos que pudiera haber habido en algunos casos, mantenemos abiertamente que no se puede ni debe caer en la trampa montada por la guerra fría intentando igualar al comunismo y al nazismo, pues son radicalmente opuestos: no es lo mismo partir de una idea universal de fraternidad e igualdad entre los seres humanos aunque se cometan graves errores en su desarrollo, que predicar desde el inicio su división entre personas y ganado como fue el caso del nazismo. Pero si allgunos ciertamente estamos dispuestos a mirar de cara y condenar cualquier situación que se demuestre como un crimen… ¿Cuál es la postura de los neofranquistas? ¿Quienes son ellos para criticar nada de lo que pueda haber hecho Stalin si en realidad practican la misma idea de que los crímenes a veces son necesarios? Eso es algo que podemos hacer los que calificamos de crimen lo que es crimen con independencia de quien lo realice. Y no es su caso.

Ah, claro, los neofranquistas no consideran crímenes ni el promover el golpe del 36, ni arrastrarnos a una GC, ni el terrorismo a gran escala practicado por los verdugos de la Falange o por el franquismo en los años 40 y 50 para consolidarse en el poder aniquilando a una generación entera, diezmando a la nación. ¿Qué les molesta del comunismo entonces? Sería un interesante tema de discusión. Pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que estos «demócratas» combaten la memoria democrática de la República y que si estudiamos los discursos de la época había tantos ataques al liberalismo político como al comunismo entre los enemigos de la república. Curiosa ideología la de estos actuales neofranquistas.

Podríamos ampliar esta idea, debatirla, atacarla, defenderla, lo que fuera, pero ocurre que el propósito que anima estas líneas no es analizar tal o cual ideología política, sino exponer brevemente la relación entre franquismo y cultura. La línea expuesta defiende que el franquismo supuso un retroceso cultural brutal en la vida española por dos vías: la debacle humana producida por la guerra y la dictadura posterior y la voladura de todo el sistema social de reproducción cultural (cultural y de valores democráticos) que España había creado desde un siglo atrás. Expuestas estas ideas, el revisionismo neofranquista contraataca con la necesidad de combatir en aquellas fechas el peligro «comunista» y negando tal retroceso.

Pero lo sucedido en la GCE no se explica por la existencia del comunismo como fuerza política. ¿No me creen? Pues miren -les diríamos-, a Riego no le asesinaron en 1823 los esbirros de Fernando VII por ser comunista ¿Saben? Fue por ser liberal. La IIª República, por el simple hecho de ser un proyecto democrático, laico y con un contenido de libertades y solidaridad concitaba entre la reacción y el integrismo católico un rechazo visceral. No necesitan ustedes acudir al fantasma del comunismo para justificar nada; entonces no lo hicieron, hoy es un recurso de atrezzo o simple fruto de su ignorancia e inanidad intelectual.

En la IIª República el PCE existió como un partido más -y no de los más fuertes- de los encuadrados en su época en la Internacional, pero el golpe fascista contra la República situó a los comunistas españoles en primera línea en la heroica lucha del pueblo español contra esa agresión a sus libertades y esperanzas de emancipación social bajo el régimen republicano. No tiene nada de raro, es algo que tiene que ver con el enorme caudal de sacrificio, humanidad y solidaridad y de respeto por la dignidad humana que caracteriza a la mayoría de la militancia comunista. Los comunistas españoles combatieron en las filas republicanas y su entrega y disciplina ayudó enormemente a organizar la resistencia contra la variante hispana del fascismo que en los años 30 sofocaba a media Europa y sólo encontró resistencia en España. También en la IIª Guerra Mundial comunistas y aliados occidentales combatieron juntos a los nazi-fascistas. La unidad de acción militar y política de la Guerra Mundial contra el Eje tuvo su primera manifestación en España con protagonistas españoles. No se atreven todavía nuestros neofranquistas a criticar a los aliados abiertamente y la experiencia histórica de la Guerra Mundial; hacerlo sería mostrar que su análisis básico coincide con el hitleriano y su estrategia principal pasa pretenderse «demócratas y liberales» anticomunistas, eso sí. Tampoco lo necesitan, añadimos, pues mucha gente está tan acostumbrada a pensar que la historia propia funciona en circuito cerrado y que lo ocurrido durante la GCE es algo al margen de la corriente general de la historia que las intoxicaciones a veces logran prender.

Recordar que la GCE fue en el ámbito español un antecedente de a alianza entre democracias occidentales y la URSS durante la Guerra Mundial implica que inmediatamente el neofranquista de guardia nos recuerda el Pacto Germano Soviético, tema interesante sin duda. ¡La URSS pactó con la Alemania nazi! nos gritan… Pero olvidan o desconocen la historia; la diplomacia soviética intentó lograr una alianza con Londres y Paris en los años 35 al 38 sin éxito; asistieron, ¿con sorpresa?, a la entrega de las democracias española y checoslovaca a los chacales fascistas por parte de Londres y un atribulado París. Después de aquello Moscú actuó en consecuencia, la guerra será inevitable, los occidentales pretenden orientar a la Alemania nazi contra nosotros ¡debemos ganar tiempo! Lo hicieron. Pero lo cierto es que al poco de atacar Hitler a la URSS, Winston Churchill en persona voló a Moscú para consolidar la alianza con los soviéticos. Le comprendemos; afortunadamente lo hizo y salió bien. Eso es lo que cuenta, que el nazismo fuera derrotado. No se interpreten estas palabras como reconocimiento a Stalin de alguna forma; nada más lejos de nuestra intención. Stalin entre otros crímenes contra la humanidad ¡apoyó a Franco! al no declararle la guerra cuando el envío de la División Azul al frente ruso, facilitando así su supervivencia política tras la derrota del Eje. Si hay algo que nunca se le podrá perdonar a Stalin es no haberle declarado la guerra a Franco.

Para orientarse respecto de la GCE sólo se necesita responder a una preguntar: ¿En que bando luchaban los nazis? Respuesta: en el de los enemigos de la República, de la democracia y de la libertad; y del comunismo también, claro, añadiríamos. Pues entonces es fácil: los demócratas no pueden luchar al lado de los nazis ¿O sí pueden? Curiosamente lo que si pueden es hacerlo al lado de los comunistas. Es más, dificilmente los aliados hubieran vencido a Hitler sin el inmenso sacrificio llevado a cabo por la Unión Sovietica y su heroico pueblo. Pese a Stalin y sus excesos, los soviéticos lograron aniquilar a la mayoría de las divisiones del ejército nazi, un detalle histórico de gran importancia.

Es curiosa esta aversión al comunismo pero no lo es tanto si reparamos en que esa es la forma actual en la que la reacción ha modernizado su rechazo visceral al sistema liberal. Lo mismo que dicen del comunismo se decía de los jacobinos, primero, y de los liberales de Cádiz, después. Con ese rechazo de un enemigo al que se tilda de diabólico lo que se logra es anular el debate. ¿Quiénes planearon un golpe de estado contra la república y emplearon el terror y el asesinato sistemático para implantar sus fines? Los fascistas de julio del 36. ¿Quienes lograron traer a la Península a un ejercito colonial mercenario e iniciar con ello una espantosa guerra civil? Los fascistas. ¿Quién les ayudó de forma decisiva en esa tarea y en fecha tan temprana como el julio del 36? Hitler en persona tomó la decisión de ayudarles. ¿Alguien necesita saber alguna otra cosa para orientarse?

Lo diré de otra forma. Cada piloto nazi derribado sobre el cielo de Madrid entre 1936 y 1939 fue un enemigo menos en la Batalla de Inglaterra en 1940.

Los hechos son los que son. La IIª República fue destruida por quienes estaban preocupados por su condición de estado democrático, capaz de socavar las bases físicas e ideológicas de la dominación tradicional en España; fue un movimiento reaccionario, contra la fracción democrática y laica de la burguesia, y en paralelo contra el movimiento obrero organizado. Ese discurso de que todo fue porque la República tuvo sus deficiencias como estado democrático es falaz. En la República de Weimar en Alemania hubo inestabilidad, terrorismo, conflictos callejeros, milicias de los partidos obreros luchando en las calles con los matones nazis, diferencias entre la clase política, paro y otras situaciones de ese tipo… ¿Significa eso que la toma del poder por Hitler estaba justificada o era algo deseable? La respuesta de todo demócrata es clara ¡¡de ningún modo!! Pues en España, con una conflictividad entonces mucho menor, los neofranquistas hoy se dedican a enumerar las dificultades por las que la República atravesó para desprestigiarla y abrir así paso insidioso a la idea de que la GCE «fue necesaria». Por el contrario, la República contó con un importante apoyo social y buena prueba de ello la encontramos en el aplastamiento electoral del falangismo, humillado en las elecciones de Febrero de 1936 y que situó en la marginalidad a este movimiento. Su rápida y vocacional deriva hacia el terrorismo contra la izquierda y las instituciones republicanas fue rápida y de forma repugnante se incluye en el debe de la república. ¡Había terrorismo! Nos dicen. Claro, terrorismo fascista, que deseaba destruir la estabilidad republicana.

Otro tema favorito del revisionismo es Octubre del 34. Los hechos son conocidos. La deriva fascista del partido mayoritario de la derecha, en el gobierno en coalición, alerta a todo el bloque social republicano, pero sobre todo al movimiento obrero. España no es la Italia de 1921 que asistió a la marcha sobre Roma y a la toma del poder de Mussolini sin reaccionar colectivamente; tampoco es la Alemania de Hitler, donde desde dentro de las instituciones republicanas el nazismo logró hacerse con el poder sin apenas oposición. En Febrero de 1934, los sindicatos austriacos tomaron las calles de Viena para intentar derrotar el ascenso del nazismo en su país; esa acción estaba penada por la Ley de la república austriaca, es cierto… ¿Pero puede condenarles moralmente un demócrata? Cuando se manifiesta el fascismo y está a punto de tomar el poder ¿Hay que estarse quieto? ¿Esperar al Hitler de turno en casa? En absoluto. Equivocados o no, los obreros austriacos de febrero del 34 lucharon heroicamente contra el destino fatal que se imponía a su país; les aplastaron a cañonazos, pero su sacrificio es un ejemplo para todos los pueblos de Europa en la lucha por la dignidad humana frente a la amenaza fascista. España será Austria en octubre del 34; se declara una Huelga general Revolucionaria que deriva hacia una insurrección en Asturias. La República envía al ejército y tras duros combates se aplasta la insurrección, pero el gobierno reaccionario amparará una posterior represión absolutamente brutal y perderá la batalla de la opinión pública, pues pronto el clamor popular para lograr la amnistía de los miles de presos de Octubre es inmenso. ¿Estuvo justificado Octubre del 34? La respuesta es que no, no lo estuvo; fue esa la percepción subjetiva de muchos entonces, pues incluso en aquellos días buena parte de la izquierda y los republicanos, de los cuadros y militantes y de la opinión pública estuvieron en contra. Hoy el análisis que se hace en la izquierda también lo considera un error, explicable pero un error. Lo repugnante es que quienes critican a octubre del 34 para legitimar el golpe y la GCE hablan de los crímenes del 34, ¡pero comprendiendo y legitimando los del alzamiento fascista! Es claro que no critican el 34 por los crímenes que pudieron cometerse, sino por lo que tuvo esa insurrección de acción defensiva de la clase obrera frente al peligro fascista. Un demócrata puro verdadero diría que la obligación del estado republicano hubiera sido combatir el 34, como se hizo, y también el golpe de julio del 36, como se hizo. Pero quienes emplean el 34 para condenar a la república no son demócratas de ese tipo, son fascistas.

La República vino en el 31 sin revueltas ni cambios bruscos, traída por la esperanza y la ilusión de la mayoría; el temor a la involución fascista provocó el 34, la perdida total de credibilidad del gobierno conservador les acarrea la pérdida de las elecciones en Febrero del 36 y la llegada al gobierno de una amplia coalición que fue desde los republicanos hasta los anarquistas pasando por socialistas y comunistas. El bloque republicano fue muy plural, pero hubo unidad en una cosa, no habría vuelta atrás, la República como régimen democrático unió su destino al del pueblo español. Solo una guerra y una brutal intervención extranjera logró doblegar esa alianza.

Ese recuerdo histórico de la unión entre pueblo y república es la que hoy el neofranquismo desea combatir. Lo hacen vestidos de liberales. Riego y Arguelles se deben estar revolviendo en su tumba. Es indudable que aquel periodo sigue levantando pasiones. Los mensajeros del odio siguen ahí, con voz renovada en los medios de comunicación en esta España en la que el gobierno del Partido Popular se niega a dar un homenaje en el día de la Constitución a quienes lucharon contra la dictadura. Parece increible, pero es así. El PSOE se sorprende de la fortaleza de la derecha y de su deriva extrema, no debieran, pues en los años en que gobernaron destruyeron los restos de la Memoria Histórica democrática e impidieron la articulación de un bloque social y cultural de izquierda. Si estamos como estamos, es entre otras cosas por la forma de proceder del PSOE en los últimos años. Izquierda Unida sigue sin lograr quitarse de encima la sombra del carrillismo que propició la Transición que nos dejó un Rey escogido por Franco y tras la salida de su dirección de Julio Anguita se percibe con claridad su satelitización por el PSOE. La batalla por la memoria histórica en cambio, une de forma transversal a personas y organizaciones de izquierda o independientes que están hartos de la losa de silencio de la Transición y desean llamar a las cosas por su nombre y están orgullosas de nuestra tradición democrática y antifascista. Cada vez más aislados de su base social militante, las direcciones del PSOE y de IU asisten estupefactos al ascenso del neofranquismo del Partido Popular que ellos mismo han propiciado. En esta batalla cultural y política en la que estamos inmersos, la Memoria Histórica de la República Española es elemento clave para lograr la necesaria regeneración democrática y la estamos llevando a cabo pese a los partidos mayoritarios y sus aparatos, pese a los medios de comunicación hostiles y a un gobierno involucionista. Pero no podrán pararla, la Memoria Histórica es un Viento del Pueblo, como dijera Miguel Hernández. Por eso la combaten…