La Teoría del Control Patronal: Balance de una discusión / Claudio Katz

Posted on 2010/04/19

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Katz, Claudio, «La Teoría del Control Patronal: Balance de una discusión», III Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo, 17-20 mayo 2000, Buenos Aires.

Claudio Katz realiza en este artículo una novedosa lectura de la obra de Braverman y explicita la conexión entre su análisis y la teoría del control patronal.

De la introducción (…) Las evidencias de continuidad del taylorismo en las actividades más precarizadas pueden interpretarse como confirmatorias de la teoría del control patronal.

Transcurridos más de veinticinco años de la publicación de “Trabajo y capital monopolista”, las evidencias de continuidad del taylorismo en las actividades más precarizadas pueden interpretarse como confirmatorias de la teoría del control patronal. Sin embargo, este enfoque resulta insuficiente para interpretar la novedosa diversificaciòn, intelectualizaciòn y dualizaciòn de trabajo.

Frente a la caracterización neoclásica del trabajo como una “libre opción” y en oposiciòn al  ̈enfoque organizacional  ̈ que postula la existencia de una “amplia variedad de modelos laborales”, la teoría del control patronal resalta correctamente el proceso expropiatorio que predomina en la actividad laboral. Se ha objetado que ignora la subjetividad del trabajador sin comprender que la enfoca desde un plano colectivo, privilegiando la problemática de la resistencia al análisis del consentimiento. Pero es cierto que desconecta el estudio de los métodos de gestiòn gerencial de su recepciòn entre los trabajadores. Asigna una equivocada primacía al análisis del proceso de trabajo en desmedro del proceso de valorización y omite las contradicciones que enfrenta la aplicación del taylorismo en el trabajo complejo contemporáneo.

El “criterio social“ que propuso Braverman para evaluar las calificaciones, tomando como base el grado de dominio que tiene el trabajador de la tarea que realiza continúa resultando muy útil, frente a las ingénuas simplificaciones de la “teoría del capital humano”. Subraya correctamente que ni el cambio tecnológico, ni el aumento del nivel educativo generan recalificaciones espontáneas de la mano de obra. Pero, en cambio, resulta incorrecto deducir de esta visión, la existencia de un proceso descalificatorio absoluto. La tendencia predominante hacia la polarización de las calificaciones incluye la coexistencia de formas degradadas con modalidades de mayor involucramiento y comprensión de las tareas realizadas. Si el embrutecimiento fuera el signo dominante, la clase trabajadora quedaría anulada como protagonista de cualquier transformación social.

En comparación con el estudio totalizador encarado por Braverman, la tendencia actual a reducir el análisis laboral a una contraposición de “modelos” constituye una involución. Revalorizar su obra sirve hoy para resaltar la centralidad y no el fin del trabajo, permite comprender el trasfondo confiscatorio de la “flexibilización” en curso e induce a continuar buscando horizontes emancipatorios del trabajo.