Grecia: Europa, Europa / Daniel Guerra

Posted on 2010/05/12

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Un economista y dirigente del PS madrileño, Antonio Miguel Cardona, ha llegado en un artículo reciente (*) a la siguiente conclusión: “Europa no existe”. Sin duda, los ataques de los especuladores son denunciables, pero me pregunto ¿por qué España?, ¿por qué Europa?

En el caso de España, los especuladores perciben no sólo la debilidad económica del país, sino también la política: un gobierno en minoría, sin socios estables y desbordado por la situación, frente a una oposición también en minoría, que no puede presentar una moción de censura y con problemas serios de corrupción. Como dijo Álvaro Pombo, un “empate a cero”.

En el caso de Europa, a río revuelto ganancia de pescadores. Las élites políticas llevan sesenta años mareando la perdiz para no hacer lo que hay que hacer: un Estado Federal Europeo, como los EE.UU. Eso implica que los estados nacionales deberían ceder su soberanía en un auténtico proceso constituyente, pero no quieren. Mientras tanto, consejos, cumbres, reuniones y más reuniones, tratados y más tratados, para acabar en un totum revolutum con cuatro presidentes. Como dijo Krugman, Grecia no es Florida: si Florida entra en crisis, hay un Gobierno Federal que debe comprometerse. Si Grecia entra en crisis, ¿quién se compromete? Veintisiete gobiernos que se deben poner de acuerdo. Sencillamente: esto no funciona, y Alemania empieza a estar harta de ser la paganini de turno.

El ataque al euro no es el ataque a una moneda única, sino a todo lo que no es único en Europa: un gobierno, un Parlamento soberano, un banco público controlado por dicho Parlamento, una ciudadanía, una fiscalidad común, una política social homogénea, una legislación laboral…No hay nada de eso, excepto algunas directivas, materias comunes y buenas intenciones. Europa no existe, y muchos se preguntan si los tan cacareados Tratados sólo sirven para justificar las enomes burocracias de Bruselas y Estrasburgo. O, dicho de otra manera, dar vueltas y más vueltas para no acometer la constitución del Estado Federal.

Finalmente: estamos ante una ofensiva del neoliberalismo que aprovecha el vacío ideológico dejado por la socialdemocracia. La socialdemocracia aguantó a la bestia desde la 2GM hasta 1980, cuando Reagan y Thatcher pasaron del capitalismo industrial al capitalismo popular, es decir, a un capitalismo financiero en el que a los demás nos iba a tocar la pedrea. Los neoliberales convirtieron a los obreros en accionistas y a los ciudadanos en pequeños capitalistas. Durante este tiempo, obligaron a los gobiernos socialdemócratas a hacer tres cuartos de lo que ellos mismos hacían, sobre todo tras el fiasco del Programa Común francés de 1981: privatizar, modificar las relaciones laborales, abaratar el despido y encarecer las pensiones prolongando la edad de cotización. Si no la derecha oficial directamente, la derecha real usaba a una socialdemocracia complaciente para ejecutar su programa. Esto ha supuesto su desaparición como referente político alternativo, por más que algunos partidos socialistas europeos aguantarán durante un tiempo, durante el tiempo que quieran los otros y siempre que hagan lo que se les diga. Pero los electorados se conformarán con algunas reformas políticas o nuevas formas de vida personal y dirigirán su mirada hacia partidos liberales o ecologistas, simplemente porque proponen cosas distintas y porque la dialéctica convencional “derecha-izquierda” ya es cansina, sobre todo cuando la izquierda ha dejado de serlo. Votarán por una nueva ley electoral o por las energías renovables, porque el Estado del Bienestar a ver cómo se aguanta y de eso ya no se atreven a decir nada. Eso en el caso de electorados conscientes: los inconscientes simplemente rechazarán al que llega, al que dicen que les quita el puesto de trabajo y estropea sus barrios y votarán a partidos xenófobos.

El problema es que, culturalmente, el capitalismo no tiene alternativa: la socialdemocracia ya no lo es y ni siquiera sirve como instrumento útil del propio capitalismo. Eliminada del horizonte político, el neoliberalismo tiene la pista libre para atacar directamente, sin tapujos, a los gobiernos de unos Estados pequeños y cada vez más inviables. Lo que tiene que hacer Grecia es lo que tendrán que hacer los demás: España, Francia, Gran Bretaña, Portugal, etc, si quieren sobrevivir con el permiso de los que mandan: más liberalismo, más capitalismo, despidos más baratos, contratos más ligeros, pensiones más bajas… Y, sobre todo, menos déficit público y menos deuda pública, es decir, menos gasto público. Frente a ello, los cantos socialdemócratas al keynesianismo y la regulación se quedan en candorosas e impotentes banderas que tapan su clamorosa falta de ideas. La respuesta será una ciudadanía pasiva que se adaptará a lo que venga o una ciudadanía inconformista que luchará contra la resignación, como las de Atenas. En cualquier caso, una ciudadanía sin un referente político alternativo.

No nos engañemos, mandan los que mandan, no los que los ciudadanos elegimos. No mandan los que tienen los votos, sino los que tienen los cuartos, que son los que les dicen qué deben hacer a los que tienen los votos. La democracia no es poder elegir, sino poder controlar al elegido, y eso sólo se da en ayuntamientos pequeños porque al alcalde te lo puedes encontrar en el parque y cantarle las cuarenta. La democracia, hoy, es una quimera.

El programa de rescate de Grecia es un canto de cisne: Grecia ya no puede pagar la deuda porque no tiene economía propia, no tiene inputs. Necesitará más deuda para pagar la que ya tiene. Cualquier hedge found tiene más dinero que Hungría. Europa tiene unos cuantos Estados pequeños e inviables, y no se decide a convertirse en un Estado único. De esa debilidad, y de esa ceguera, se aprovechan los especuladores. Podemos criticarles, pero la culpa es nuestra.

Daniel Guerra, politólogo.

Figueras, Ría del Eo.

(*) Carmona, A.M., El análisis. Los especuladores se forraron el martes lanzando bulos. Alguien tiene que acabar en la cárcel y no es difícil saber quién está detrás de los ataques a la deuda española, El Plural.com, 5.5.2010.

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