Si EE.UU. quiere paz en Corea del Norte, debe cumplir su palabra / Mike Whitney

Posted on 2010/12/05

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El 29 de enero de 2002, el ex presidente George W. Bush nombró a Corea del Norte como una de tres naciones del “eje del mal”. Bush dejó claro que esos países eran enemigos de EE.UU. y que serían objetivos de futura agresión estadounidense. Poco después del Discurso sobre el Estado de la Unión de Bush, el gobierno hizo pública su Estrategia Nacional de Defensa que reivindicaba el derecho a atacar preventivamente a países que consideraba como amenazas para la hegemonía de EE.UU. Naturalmente, Corea del Norte tomó en serio esos hechos y preparó una estrategia para defenderse de un ataque estadounidense.

Menos de un año después del discurso de Bush, Corea del Norte se retiró del Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN). Y, seis años después de eso, el 25 de mayo de 2009, Corea del Norte realizó un ensayo de armas nucleares en un área remota en el noreste del país, que provocó un terremoto de una magnitud de 4,7. Los expertos creen ahora que Corea del Norte posee un arsenal de entre 6 y 9 armas nucleares.

Los dirigentes norcoreanos fueron obligados a desarrollar un arsenal nuclear para defenderse de la agresión de EE.UU. Fue una respuesta razonable a la belicosidad de Bush.

El 30 de noviembre de 2010, Corea del Norte anunció que había abierto su primera planta de enriquecimiento de uranio. Según el Christian Scientist Monitor: “Por primera vez, Corea del Norte presentó el martes constancia escrita su programa de enriquecimiento de uranio con la orgullosa afirmación en el principal periódico del país de que hay una instalación moderna que ya está en funcionamiento…”

Esa revelación… marca otro paso hacia la emergencia de Corea del Norte como poder nuclear. El “plan moderno de enriquecimiento de uranio” de Corea del Norte estaba todavía en construcción pero ya estaba “equipado de varios miles de centrifugadoras”, según el periódico. En los últimos años Pyongyang ya ha hecho estallar dos artefactos nucleares con núcleo de plutonio.” (“Es oficial: Corea del Norte dice que una planta nuclear ‘moderna’ está en operación”. Christian Scientist Monitor)

Así, Corea del Norte tiene bombas nucleares y por lo tanto se ha ahorrado una suerte similar a la de Iraq. Sin duda, los dirigentes de Teherán miran con envidia.

Virtualmente todos los medios occidentales han condenado el reciente bombardeo de Yeongpyeong por Corea del Norte, que mató a varios civiles inocentes. Pero los medios olvidan importantes detalles que ayudan a explicar por qué el Norte actuó como lo hizo. El corresponsal en Corea del Sur Gene Matthews, desglosa el incidente como sigue en The Progressive:

“Corea del Norte siempre se ha sentido amenazada por los ejercicios militares conjuntos de EE.UU. y Corea del Sur, y siempre ha protestado en contra”, dice. “Esta vez, Corea del Norte declaró que los ejercicios tenían lugar en territorio norcoreano y que si se realizaban disparos durante el ejercicio, tomaría represalias. Hubo disparos (no contra el Norte, hay que señalar, sino hacia el océano) y el Norte tomó represalias.” (“Manteniendo la perspectiva respecto a Corea del Norte”, The Progressive.)

De modo que podemos ver que, por insensato que haya sido, no fue un acto de agresión por parte del Norte, sino de defensa. Los ejercicios militares de EE.UU. y Corea del Sur fueron intencionalmente provocadores. El Norte simplemente hizo lo que pensó que debía hacer para enviar un mensaje de que defenderá sus fronteras. Los ciudadanos de EE.UU. no esperarían nada menos si Rusia y China realizaran maniobras militares en la frontera canadiense o frente a la costa de San Diego.

Barack Obama sigue los pasos de los comienzos del gobierno de Bush. Bush terminó por aprender que la hostilidad no tiene éxito con Corea del Norte, de modo que echó marcha atrás. Después de seis años de beligerancia, Bush cedió ante casi todas las demandas de Corea del Norte y no obtuvo nada a cambio. La agencia de control nuclear de la ONU, el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés), no obtuvo acceso al arsenal nuclear de Kim Jong-il o a su archivo de “Máximo Secreto” sobre los programas de armas. Tampoco se permitió que los inspectores del IAEA realizaran inspecciones sorpresivas para “ir adonde sea, ver lo que sea”. No se logró ninguno de los objetivos principales de Bush. De hecho, el ex presidente incluso hizo que Corea del Norte fuera borrada de la lista de “apoyos del terrorismo” del Departamento de Estado. Al mismo tiempo, el Norte siguió desarrollando su sistema de lanzamiento de misiles balísticos de largo alcance, el Taepodong 2, que finalmente será capaz de alcanzar ciudades de EE.UU.

La política de Bush resultó ser un desastre y fue enconadamente criticada por antiguos partidarios en la derecha. Claudia Rosett, de The Rosett Report (un favorito del Weekly Standardy del Instituto de la Empresa Estadounidense) dijo entonces:

“La lección hasta la fecha es que EE.UU., enfrentado al chantaje nuclear, bajará la cerviz, dignificará y fortalecerá a tiranos, entregará el botín y celebrará el proceso como victoria de la diplomacia. Si Corea del Norte detonara una bomba mañana sobre Los Angeles, comienzo a preguntarme si Condi Rice y Chris Hill describirían el cataclismo como “inquietante” y luego lo reacuñarían como un añadido firme e informativo a la declaración prometida de Corea del Norte de su programa nuclear.”

Y un eructo del neoconservador John Bolton:

“La única buena noticia es que queda poca oportunidad para que el gobierno de Bush haga nuevas concesiones en sus últimos días en el puesto. Pero para muchos antiguos partidarios del gobierno es un momento de auténtico patetismo político. Nada puede borrar la inefable tristeza de una presidencia estadounidense, como ésta, en un colapso intelectual total.”

Ahora Obama quiere reanudar las hostilidades con el Norte y espera un resultado diferente al de Bush: sanciones más duras, más ejercicios militares, más presión de los aliados y una negativa obstinada a realizar negociaciones bilaterales. Es una locura. No ha habido cambio alguno en la actitud. En todo caso, Obama ha adoptado una línea más dura que Bush.

¿Y quiere guerra el Norte?

El Norte quiere lo que siempre ha querido. Quiere que EE.UU. cumpla sus obligaciones bajo el Acuerdo-Marco Convenido de 1994. Eso es. Todo lo que Obama tiene que hacer para acabar con el actual impasse, es cumplir su parte del acuerdo. Jimmy Carter lo resumió como sigue en un artículo de opinión en el Washington Post (24 de noviembre de 2010):

“…En septiembre de 2005, un acuerdo… reafirmó las premisas básicas del acuerdo de 1994. (El Acuerdo-Marco Convenido) Su texto incluía la desnuclearización de la Península Coreana, un compromiso de no agresión de EE.UU. y pasos para desarrollar un acuerdo permanente de paz para reemplazar el alto el fuego estadounidense-norcoreano-chino que ha estado en vigor desde julio de 1953. Desgraciadamente no se ha hecho ningún progreso sustancial desde 2005…

“En julio pasado fui invitado a volver a Pyongyang para obtener la liberación de un estadounidense, Aijalon Gomes, con la condición de que mi visita duraría lo suficiente para tener conversaciones sustanciales con altos responsables norcoreanos. Especificaron en detalle su deseo de desarrollar una Península Coreana desnuclearizada y un alto el fuego permanente basado en los acuerdos de 1994 y los términos adoptados por las seis potencias en septiembre de 2005…

“Los responsables norcoreanos han presentado el mismo mensaje a otros visitantes estadounidenses recientes y han permitido el acceso de expertos nucleares a una instalación avanzada de purificación de uranio. Los mismos funcionarios me habían aclarado que esa serie de centrifugadoras estaría ‘sobre la mesa’ para discusiones con EE.UU., aunque la purificación de uranio –un proceso muy lento– no etaba prevista en los acuerdos de 1994.

“Pyongyang ha enviado un mensaje constante de que en las conversaciones directas con EE.UU. está dispuesta a concluir un acuerdo para poner fin a sus programas nucleares, colocarlos todos bajo la inspección del IAEA y concluir un tratado de paz permanente para reemplazar el alto el fuego ‘temporal’ de 1953. Deberíamos considerar una respuesta a esa oferta. La alternativa desafortunada es que los norcoreanos emprendan las acciones que consideren necesarias para defenderse contra lo que según ellos temen más: un ataque militar apoyado por EE.UU., junto con esfuerzos por cambiar el régimen político.” “El mensaje constante de Corea del Norte a EE.UU.”, presidente Jimmy Carter, Washington Post)

Ahí lo tenemos, en negro sobre blanco. EE.UU. puede acabar con el conflicto hoy mismo simplemente si cumple con su palabra. Por desgracia EE.UU. nunca tuvo ninguna intención de cumplir sus obligaciones según los términos del Acuerdo-Marco Convenido o de resolver el problema nuclear sobre la Península Coreana. Desde el comienzo, EE.UU. se anduvo con rodeos respecto a su promesa de construir dos reactores de agua ligera para satisfacer las necesidades de electricidad del Norte. Ninguno de los componentes esenciales –turbinas o generadores– fue entregado. Se construyó un cimiento para uno de los reactores, pero nada más.

EE.UU. también estuvo de acuerdo en organizar un consorcio internacional para asegurar el financiamiento de los reactores, pero nunca pasó nada. EE.UU. nunca hizo ningún esfuerzo por cumplir su parte del acuerdo. De modo que (sin entusiasmo) el Norte se retiró del TNP y construyó 9 reactores nucleares. Por cierto, nada de esto aparece en los medios estadounidenses, ya que podría interrumpir el flujo diario de propaganda contra Corea del Norte.

El resultado: La razón por la cual no hay paz en Corea es porque Washington no quiere la paz. Así de simple.

Mike Whitney vive en el Estado Washington. Para contactos, escriba a fergiewhitney@msn.com

Fuente: http://www.counterpunch.org/whitney12022010.html

 

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