Y Fukushima no resistió/ Yuri Gagarin

Posted on 2011/03/17

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A estas alturas, ya no se puede decir honestamente –y yo lo dije– que la central nuclear de Fukushima I haya aguantado bien el terremoto y el tsunami del pasado viernes. No, es evidente que no lo ha hecho. Todos los sistemas de refrigeración del núcleo, incluso los de emergencia, se fueron al infierno a la vez provocando LOCA instantáneos de la máxima gravedad. Como consecuencia, se ha producido ya un triple meltdown (fusión del núcleo), cuatro explosiones y varios incendios radiológicos que han diseminado una pequeña cantidad de radiación al exterior del perímetro. Se ha informado de al menos un muerto, hay heridos y se pelea a la desesperada para enfriar lo que queda de los reactores con agua de mar. Cuatro accidentes nucleares en uno. Esto no es aguantar bien y decir lo contrario sería mentir. Todas las unidades que estaban trabajando en el momento que llegó la ola cascaron a la vez y a lo largo de las siguientes horas se desparramaron por completo. Buena parte del complejo está perdida sin remisión. Fukushima no resistió.

¿Qué pasa en Fukushima?

Pues qué va a pasar. Que se ha liado parda. Mucho.

Recopilemos. Con la información disponible en este momento, aparentemente el tsunami cerró por completo todos los sistemas de refrigeración del núcleo, incluyendo los de emergencia. Como quiera que a una central nuclear no se le puede “cortar el gas”, sino que el combustible ya está dentro y sigue reaccionando por sí solo, este fracaso de los sistemas de refrigeración condujo a la pérdida de control sobre la reacción. La gravedad de esto no puede disculparse ni pasarse por alto. Sí, el terremoto fue terrible y el tsunami más. Pero no es aceptable de ningún modo que todos los sistemas de refrigeración de una central nuclear queden desactivados a la vez, por muy grave que sea la agresión sufrida. En una región conocida por sus terremotos y tsunamis de naturaleza extrema, evidentemente los estudios sísmicos estaban subestimados, como ya pasó en Kashiwazaki-Kariwa y otras instalaciones. Lo peor de todo es que se sabía y fue objeto de editoriales y protestas en Japón a lo largo de años, un debate que nos fue ocultado aquí.

El terremoto y sobre todo el tsunami provocaron tres LOCA, pero LOCAzos del todo, con fracaso total de los sistemas de refrigeración de los reactores, pérdida de control sobre la reacción, hidrólisis a gran escala, explosiones de la contención exterior, fusiones del núcleo, incendios radiológicos y el personal luchando ahora mismo para enfriar lo que quede con agua de mar. En total, cuatro accidentes nucleares por el momento, todos y cada uno de ellos ya más graves que Three Mile Island. Parece ser que laAgencia de Seguridad Nuclear e Industrial del Japón sigue aferrándose a la idea de que estamos ante un accidente de nivel INES 4. No tiene sentido a estas alturas. Los franceses de la Autoridad de Seguridad Nuclear llevan más razón cuando dicen que se trata de un sólido INES 6. Esto es mucho más gordo que Three Mile Island, y Three Mile Island fue un 5.

Tratar de minimizar semejante desparramo es absurdo y manipulador, quizá bueno para la propaganda pero malo para todo lo demás, desde la seguridad nuclear hasta la correcta educación del público en esta materia. Estamos ante un accidente nuclear múltiple muy severo, relevante e histórico. En román paladino, un cisco del copón de la baraja.

Pero tampoco se debe maximizarlo irresponsablemente. Dio tiempo a llevar los reactores a potencia mínima antes de perder el control. De todas las monumentales mentiras que se han escuchado estos días (también) sobre Chernóbyl, sólo hay una cosa que sea cierta: las grandes explosiones radiológicas de Chernóbyl únicamente fueron posibles porque el reactor estaba acelerado a la máxima energía cuando sucedieron sin apenas previo aviso. Los reactores de Fukushima, en principio, deben encontrarse a un nivel mínimo de energía en estos momentos. No descarto que puedan ocurrir más explosiones u otros fenómenos que provoquen diseminación radioactiva al medio ambiente, pues en Fukushima se han caído todos los palos del sombrajo nuclear, pero si fuera el caso no deberían ser tan potentes como las sucedidas en la central soviética. Eso significa menos diseminación de sustancias radioactivas y menos alcance de las mismas. Suponiendo que no nos encontremos con alguna otra sorpresa.

Racionalizando el desastre.

A estas alturas, el lobby nuclear y los “expertos” que se han llenado la boca con garantías que iban desplomándose apenas acababan de pronunciarlas han perdido la credibilidad de la mayoría del público. Y con razón. Me pregunto si el tsunami, además de desactivar los sistemas de refrigeración de Fukushima, les desconectó también el encéfalo superior. O si siempre fueron así, especialitos, sólo que aparentaban muy bien.

Hubo un momento en que, de tan absurdos, parecían gafes: bastaba que dijesen que algo no podía ocurrir para que sucediera en las siguientes horas. Hay que ser necio para no pensar que estábamos ante una situación extraordinaria que no se había producido antes, sobre la que no existían antecedentes y que quizás, sólo quizás, algo podía haberse roto a pesar de las primeras declaraciones. Apenas sabían lo mismo que tú y que yo sobre lo que pasaba y sin embargo se dedicaron a engañarse a sí mismos y a los demás una y otra vez hasta que ya nadie les escuchó. Me pregunto dónde quedó su prudencia, su sensatez y su sentido crítico. Si yo fuera el gran archimandrita del lobby nuclear, ahora mismo estarían en la cola del paro. Todos ellos. Y ellas. La energía nuclear no necesita defensores así.

No obstante, que el lobby nuclear y los “expertos” de pastel se hayan ahorcado con su propia lengua no es razón para sacar las cosas de quicio. Esto es muy grave pero no el apocalipsis que se podría deducir viendo la portada de algunos medios y las opiniones de algunos antinucleares. Según hablan unos y otros, parece como si Godzilla fuera a salir del mar por Puerto Banús en breves minutos para comerse los higadillos de un señor de Albacete. O, dicho de otra manera, que vamos a empezar a caer todos como chinches en una fritanga radiológica que se extenderá durante generaciones incontables. Y no es así.

El alcance de lo peor de Fukushima va a ser, fundamentalmente, japonés y quizá de algunas zonas periféricas; igual que el alcance de lo peor de Chernóbyl fue, fundamentalmente, ruso, bielorruso y ucranio. Hay aquí algunas leyes físicas en juego, y una de ellas afirma que la concentración tiende a disminuir con la distancia. Otra de ellas, que los daños de la radioactividad a la materia –incluyendo la materia viva– son extremadamente dependientes de la dosis y del tiempo de exposición. La pura verdad es que en la historia ha habido enormes diseminaciones de radiación a la atmósfera, como los cientos de pruebas nucleares durante la Guerra Fría, y aquí seguimos.

Es más. Aunque ahora mismo no se puede poner la mano en el fuego por nada, las dosis de radiación medidas fuera del perímetro de seguridad hasta el momento son en total tan cancerígenas y teratogénicas como un paquete de cigarrillos. Si la situación actual se mantiene mínimamente, no vamos a ver gente enfermando y muriendo a gran escala. Y que dure.

Algunas consideraciones adicionales.

Es una simpleza decir eso de que “aquí no hay tsunamis ni terremotos así”. Las instalaciones nucleares se construyen según unos estudios sísmicos (entre otros), que varían dependiendo del lugar donde se plantan. No son todas iguales. Los estudios sísmicos o cualesquiera otrostambién podrían estar subestimados en cualquier otro lugar, para las características de ese lugar. No parece irracional, por tanto, revisarlos. También cabe preguntar sensatamente de qué otras maneras podría producirse una detención simultánea de todos los sistemas de refrigeración, pues ahora resulta evidente que era posible.

Pero que los estudios podrían estar subestimados en otros lugares para las características de esos otros lugares no quiere decir que lo estén. Es razonable revisarlos y hacer muchas preguntas al respecto, pero no tanto proponer la clausura inmediata de todas las centrales nucleares del mundo como están haciendo algunos. A fin de cuentas, ha hecho falta un fenómeno de naturaleza muy excepcional para provocar el desastre de Fukushima. El resto de instalaciones del planeta no plantean necesariamente un peligro inminente.

Sin duda, en Fukushima se han caído un montón de mitos nucleares. Los sistemas de seguridad pueden fallar por completo y de golpe. Se puede perder el control sobre la reacción. Puede escapar radiación al medio ambiente a pesar de todas las defensas. Pero eso no quiere decir que suceda alegremente. Hay motivos para poner en tela de juicio una montaña de cosas, y para hacer un millón de preguntas incómodas, pero precisamente por eso reitero lo que he dicho mil veces en este blog y en otros lugares: la política energética y el debate nuclear son extremadamente delicados y llenas de matices y puntos de equilibrio, por lo que deben basarse en criterios racionales, no en proclamas propagandísticas de unos y de otros. Debe ser un verdadero debate, donde todas las voces se oigan por igual, no sustentado en campañas publicitarias mediáticas ni tampoco en titulares apocalípticos. Una vez más, digo que esto no es –no debe ser– un partido Madrid-Barça ni una típica diatriba PSOE-PP. La energía nuclear vive siempre en un equilibrio muy delicado. Hay países perfectamente razonables que han optado por renunciar a ella, y otros igualmente razonables que han optado por apostar por ella. Precisamente porque está tan cerca de “fiel de la balanza”, ambas posiciones pueden ser correctas dependiendo de las circunstancias. Del contexto. El contexto es siempre lo más relevante.

Es también indudable que va a haber un antes y un después de Fukushima. Que Fukushima ha desplazado y va a seguir desplazando ese “fiel de la balanza”. Esto no se olvidará fácilmente, ni debe hacerse.

Quisiera recordar, en todo caso, que por el momento la verdadera catástrofe es la que ha sufrido el pueblo japonés a causa del terremoto y el tsunami. Hay miles de muertos, cientos de miles de desplazados, comarcas enteras borradas del mapa. También quisiera recordar que hay otros pueblos que siguen sufriendo, como Haití. Toda esa gente son hermanos y hermanas nuestros, que han padecido desgracias enormes. Por ello, apelo a vuestra compasión, vuestro humanismo y vuestra solidaridad.

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