Big Bill y los wobblies / Mike Davis

Posted on 2012/01/08

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En el centenario de la constitución de los IWW, Industrial Workers of the World  –los wobblies— en los Estados Unidos.

 SIN PERMISO 2005 /  Hace cien años fue fundada la organización IWW, Industrial Workers of the World(Trabajadores Industriales del Mundo) –los wobblies—, y los patronos en los Estados Unidos temblaron de miedo.

     Brand Hall, Chicago, 27 de junio de 1905: Big Bill Haywood golpeó con el martillo sobre la mesa y abrió la reunión de la junta fundacional de la IWW: “Este es el Congreso Continental de la clase obrera. Estamos aquí para confederar a los trabajadores de este país en un movimiento de trabajadores, cuyo objetivo es la liberación de la clase obrera del vasallaje capitalista”. La sala rompió en aplausos.

Junto al propio sindicato de Haywood, el WFM, Western Federation of Miners(Federación de Mineros del Oeste), asistieron como delegados mineros de Kansas, sastres de San Francisco, tipógrafos de Schenectady, conserjes de Chicago, estibadores de Detroit y Hoboken, herreros de Pullman, empleados de fábricas de cerveza de Milwaukee y peleteros de Montreal. Entre los principales ponentes se hallaban los dos socialistas revolucionarios más ilustres de Norteamérica: Eugene Debs y su viejo y sectario adversario, Daniel de León. Otros célebres miembros fueron la Madre Jones, del sindicato de los mineros, y A.M. Simons, director de la International Socialist Review.

Sin compromisos

La convocatoria del Congreso surgió de la WFM. Como Haywood recordó a sus compañeros, los mineros habían estado librando desde 1892 una lucha laboral brutal en las Montañas Rocosas: “No hubo ninguna huelga de la WFM en la que no nos hubiésemos enfrentado con la milicia. A diferencia de la AFL, American Federation of Labor (Federación Americana del Trabajo), bajo Samuel Gompers, en la WFM no se hicieron almuerzos de compadreo con los Robber Barons,(*) no se apoyó el imperialismo de los Estados Unidos, ni se le pidió al presidente Roosvelt que actuase como mediador. En caso de necesidad, sus miembros sabían también cómo se tenía que sortear el peligroso final de un Winchester 30-30. La consecuencia fue, como percibió Haywood, que “….la clase capitalista de este país teme más a la WFM que al conjunto de las restantes organizaciones de trabajadores.”

De modo que los mineros del oeste llegaron al este para colaborar en la fundación de una nueva organización obrera “que sea lo suficientemente amplia como para acoger a la totalidad de la clase trabajadora”. Una organización, insistía Haywood, formada, basada y fundada en las luchas de clase, sin perspectiovas de compromisos ni renuncias. La AFL, argüía Haywood, no era una organización de trabajadores, sino un cártel basado que representaba a una elite blanca de trabajadores calificados nativos. “Lo que nosotros queremos crear ahora es una organización de trabajadores que abra sus puertas a cualquier hombre [sic] que se gane el sustento o bien con sus músculos o bien con su cerebro.”

 

Banderas rojas sobre Moscú

En el más elocuente de los discursos que tuvieron lugar en la reunión, Lucy Parsons aclaró que la nueva solidaridad tenía que abarcar también a las mujeres trabajadoras, a “las esclavas de los esclavos”. La propia Parsons, antigua “esclava”, y viuda de Albert Parsons, uno de los radicales de Chicago que habían sido ajusticiados en la plaza de Haymarket a causa del asesinato de un policía, era una de las figuras más extraordinarias de la izquierda norteamericana. Ella fue quien obligó a los delegados a dirigir sus miradas “hacia la lejana Rusia” y a “generar valor y confianza a partir de la conducta de quienes allí encabezan la lucha, las banderas rojas desplegadas por los cuales han provocado el mayor terror que la clase capitalista ha experimentado en el mundo entero”.

Efectivamente, las noticias de las huelgas acaecidas en Moscú y de los amotinamientos en Odessa electrizaron el recinto en el que se celebraba la reunión. Durante el año posterior a estos acontecimientos, la solidaridad con la revolución desarrollada en Rusia tenía que ser una de las prioridades de la nueva organización. Cuando, el 22 de enero de 1906, la Segunda Internacional invocó la acción internacional para apoyar a los rusos, los IWW se preocuparon por organizar reuniones masivas. Más adelante, los IWW prestaron su apoyo a una elogiada gira para recolectar donaciones emprendida por el escritor ruso Máximo Gorki, quien fue bautizado además como “un típico sindicalista industrial”. Cuando Gorki recibió la noticia de que Bill Haywood y el Presidente de la WFM, Charles Moyer, habían sido detenidos en Idaho por el supuesto asesinato de un ex-gobernador que había sofocado una huelga, les envió un telegrama de inmediato: “Saludos, mis hermanos socialistas. ¡Tened confianza! A un paso de nosotros está el día de la justicia y la recompensa para los oprimidos.” Desde sus celdas de la prisión, Haywood y Moyer le respondieron: “¡Hermano! La lucha internacional de clases, la cual en América no difiere de la de Rusia, nos convierte efectivamente en hermanos. Transmítales nuestros mejores deseos a los trabajadores de su patria.”

1909-1913: Ola de huelgas

Como ha señalado el historiador del movimiento obrero Philip Foner, la solidaridad apasionada de los wobblies con la sublevación en Rusia les aseguró el apoyo de los trabajadores inmigrantes en las poblaciones fabriles del este, hecho que allanó el camino para que los IWW desempeñaran un papel central durante la ola duradera de huelgas que tuvo lugar entre los años 1909-1913. Además, la afluencia de rusos, polacos, finlandeses y judíos revolucionarios expulsados al exilio, que se contaban por cientos, incrementó las filas de los IWW sustancialmente. Contrariamente al estereotipo generalizado de los wobblies como vagabundos anarquistas románticos, los IWW eran, en realidad, un crisol extraordinario de las tradiciones revolucionarias internacionales.

Durante la huelga de 1909, que fue el comienzo de incesantes sublevaciones de la clase trabajadora inmigrante durante cuatro años, se vió una confirmación espectacular de eso. En la mal afamada Pressed Steel Car Company en MwKees Rocks, Pennsylvania, cada día fallecía un trabajador por término medio, en un accidente de trabajo. En la fábrica trabajaban personas de dieciséis nacionalidades distintas, y para sostener una soga en el cuello del movimiento sindical, la dirección contaba con la mojigatería de los artesanos oriundos de la región, confrontándolos con los inmigrantes “Hunkies”. Cuando estalló una huelga espontánea en julio, tanto los directivos de la empresa como los funcionarios de la AFL esperaban que en uno o dos días se desmoronara. En cambio, las fuerzas surgidas más allá de las fronteras combatieron durante 45 días bajo la dirección de los IWW contra los esquiroles, la policía del carbón y del hierro y la gendarmería local. Trece huelguistas perecieron, pero los trabajadores lograron imponer sus reivindicaciones. Fue una victoria impresionante de quien se suponía que era un “campesinado europeo ignorante”: De hecho, como exponía un artículo en la International Socialist Review, el comité de huelga interno era una Internacional revolucionaria en miniatura. Entre sus filas se hallaban anarquistas y socialistas italianos, un socialdemócrata ruso, varios supervivientes de la masacre del “domingo sangriento” de San Petersburgo, sindicalistas suizos y húngaros, apuntados en la lista negra, igual que una cuadrilla de veteranos obreros metalúrgicos alemanes. Poco después, los IWW se tuvieron que involucrar de lleno en otra revolución de la época, en la revolución de México.

No resulta sorprendente que durante la Primera Guerra Mundial, los wobbliesfueran el principal objeto de la represión del gobierno y de las fuerzas de orden patrióticas. Después de todo, ellos sí fueron realmente peligrosos. En la historia de los EEUU de América, ninguna organización de trabajadores fue menos patriótica ni tuvo un carácter más gloriosamente internacionalista.

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