Nos vais a encontrar de frente / Gabriel Alcolea

Posted on 2012/06/27

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Da auténtica pena oír, ver y leer a los comentaristas, tertulianos, sociólogos, economistas, escritores, pensadores y otros especímenes propios de cualquier foro de actualidad.

Al más puro estilo goebbelsiano, se han tragado todas las falaces mentiras del gobierno Zapatero y de Rajoy. El “no hay dinero”. El “no tenemos más remedio que recortar”. El “las circunstancias obligan a realizar estos ajustes”, etc.etc. han calado tan profundo en las conciencias, -cuando no por el simple hecho de que sus intereses sean los mismos que lo que pretenden estos políticos- de estos “profesionales” que ya no se limitan a ponderar la tesis de que sí hay otras salidas, de que sí hay otras alternativas, de que sí hay otras medidas y políticas que pueden sacarnos de esta “estudiada y meditada” crisis; sino que sólo se limitan, como corderos camino del matadero, a buscar ventajas o inconvenientes a las actitudes nefastas del gobierno Rajoy, dando por hecho que no existe otra ponderación acorde a la realidad.

Aun sabiendo de antemano que todos los datos facilitados por los estamentos gubernamentales, como los que facilitan las instituciones financieras oficiales, las propias entidades bancarias y cualquier otro órgano relacionado con el mundo financiero, son datos preparados y falsificados en la justa medida que corresponde al bien de sus intereses, estos señores que, diariamente, inundan las mentes de los españoles en los medios de comunicación, son incapaces de facilitar al español común una sola verdad, un sólo atisbo de realidad, una sola argumentación positiva, de, primero, la verdad del por qué hemos llegado a esta situación y, segundo, de qué forma podríamos salir de ella, sin suspender un solo derecho adquirido por las clases trabajadoras.

Remedios y soluciones los hay a miles. Y todos ellos están en la misma dirección que todos estamos mirando: los ricos y los poderosos. Sí. Ahí está todo lo necesario para salvar a España de esta mentira en que nos quieren enfangar por el tiempo suficiente y necesario como para poder privatizar todo lo que ahora aún es público. Ahí están los medios necesarios para salir de esta corrupta podredumbre humana a la que ya estamos llegando. Pero, claro ¿quién tiene el valor suficiente para tomar el timón y encauzar el rumbo que conviene a la mayoría de los ciudadanos?. ¡Ese es el problema!, aunque personalmente, lo tengo clarísimo: la República. Un verdadero sistema republicano de trabajadores (¿quién leñe no es un trabajador, salvo cuatro personajes de cuento..?)

Nosotros, los trabajadores y las clases “pasivas”, no somos los culpables de esta hecatombe. Nosotros no somos quienes hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades”. Nosotros, por desgracia, cuál cordero inocente, nos hemos limitado a poner un papel cada equis tiempo en una urna. ¡¡Algunos ni eso tan siquiera!!. Del resto, os habéis ocupado vosotros, los políticos actuales, los gendarmes represores de los poderosos que habéis hecho el papelón para vuestros capos. No os valen las excusas. El pueblo, los ciudadanos de a pie, ya lo saben. Sólo necesitan el primer empujón serio y que de verdad les una.

Tenéis la fuerza. Tenéis el dinero. Tenéis el poder…Y, nosotros,…nosotros sólo tenemos miedo. Miedo a todo. A perder el trabajo. A perder nuestra casa. A que golpeéis a nuestros hijos, a nosotros mismos. A perder nuestros derechos, nuestra educación, nuestra sanidad, el cuidado de nuestros ancianos. Tenemos miedo a perderlo todo y volver a los años cincuenta o sesenta, esos atroces años que, desgraciadamente, sólo hemos vivido una parte de los españoles y que, por haberlo vivido, no queremos que vuelva.

Pero, cuidado. No creáis que todo lo tenéis hecho. Podéis haber convencido a mucho resignado. Podéis haber dejado ciegos totalmente a los tuertos. Podéis haber aunado conciencias poco limpias. Podéis haber logrado que los ricos y los poderosos lo sean ahora más que nunca y los pobres más pobres que nunca…Pero esto no ha acabado. La gente decente suele morir de pie. No pone la otra mejilla cuando ya ha notado el agrio sabor del bandidaje. Avisados estáis. Seréis, de nuevo, los culpables de lo que pueda pasar.

Aunque seamos pocos y, algunos viejos, nos vais a encontrar de frente. No consentiremos que nuestros hijos se mueran de hambre, o, lo que es peor, de indignidad y de miedo.