¿Por qué el gobierno de Turquía hace la guerra sucia a Siria? / EGA

Posted on 2012/12/11

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Si, es el gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo, según mandato de EEUU, la Unión Europea y la connivencia y posible financiamiento de las petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo, quien actúa como uno de los principales factores que promueve la guerra sucia contra el gobierno de Damasco, a pesar de la oposición mayoritaria del pueblo turco, que recientes encuestas hechas por instituciones serias, como el periódico Hurriyet, dice oponerse, con razón, a esta política aventurera.

El gobierno del AKP, como se conoce a este partido, es religioso como los Hermanos Musulmanes en Egipto, Jordania y otros países de la región, aunque no puede proclamarlo, pues la constitución vigente en Turquía no lo permite. Precisamente por esta razón ─su carácter islámico─, ha enfrentado intentos de ilegalización en varias oportunidades. Su antecesor, el Partido de la Felicidad, del cual el AKP es heredero, fue ilegalizado por esta causa a finales de los años 90.

La república fundada por Mustafá Kemal Ataturk ─Padre de la Patria─, en 1923, hace justamente en estos días 89 años, enfatizó en el carácter laico del estado moderno que se empeñó en construir, alejado del oscurantismo y el atraso en que lo habían sumido hasta entonces los sultanes que dirigían el Imperio Otomano, considerados a la vez, en su condición de “califas”, como máximos dirigentes del mundo musulmán.

Hoy Turquía es, sin dudas, un gran país con casi 75 millones de habitantes; un extenso territorio situado estratégicamente entre Europa y Asia, conectado con los Balcanes, el Caúcaso y el Medio Oriente y el control de las comunicaciones marítimas entre el mar Negro y el Mediterráneo. Es el único miembro musulmán de la OTAN y su ejército es considerado, por su número, el segundo más grande de esa organización. Su economía, acogida a principios neoliberales y situada en el lugar 17 según el valor de su PIB, ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años, manteniéndose por el momento al margen de la crisis que sacude a Europa. Padece, sin embargo, de males endémicos como un alto desempleo que según cifras no oficiales, se sitúa alrededor del 20%, e importante déficit en el balance comercial y financiero, factores estos que comprometen su futuro. Desde el punto de vista económico y social, existen dos Turquía, la occidental con grandes ciudades que muestran un nivel de desarrollo similar al europeo, y la del este, comparable por sus carencias, a países subdesarrollados.

Tiene además la debilidad de depender del suministro de energía ajena, la cual le llega en casi su totalidad, a través de oleoductos y gasoductos desde países fronterizos, con los que en la actualidad tiene serias diferencias políticas debido a su actuación contra Siria: Rusia, Iraq e Irán. Sin embargo es importante ruta de tránsito de estos energéticos en su camino hacia Europa Occidental.

Por otra parte, Turquía es un país muy dividido. La primera y más amplia división, posiblemente sea entre los que apoyan el carácter secular o laico del estado, continuando la línea de Ataturk, y aquellos que propician una mayor influencia religiosa sobre el mismo, en cuya vanguardia se encuentra el partido AKP, a quien algunos en la oposición acusan de mantener una agenda secreta para imponer, paulatinamente, normas y leyes religiosas. Se estima que el 98% de la población turca es islámica, pero alrededor de un 20% de esta, unos 15 millones, es seguidora de la secta alevi o alevita, una derivación del chiismo [1] quienes tienen prácticas religiosas muy flexibles, contrarias a los sunitas, a quienes acusan de promover principios falsos. Se oponen a la política del AKP y son partidarios del carácter laico del estado; se consideran discriminados al no ofrecérseles las necesarias facilidades para practicar su culto y en varias ocasiones se han rebelado en protesta contra una política oficial, que piensan está dirigida a forzarlos a convertirse en sunitas.

Otra importante división interna es provocada por la demanda del pueblo kurdo, estimado en unos 12 millones de habitantes (algunos consideran una cifra mayor), para que le sean reconocidos sus derechos nacionales, poder utilizar su propia lengua y tener educación en ella; que se les permita al menos una autonomía (como en la práctica ya existe en tres provincias fronterizas del norte de Iraq); o incluso la posibilidad de celebrar, según preveía el Tratado de Sevres de 1920, un referéndum que les dé la oportunidad de pronunciarse en torno a la independencia. Esta contradicción ha sumido al país en una larga guerra de baja intensidad con guerrillas kurdas, que desde principios de los años 80, mantienen acciones militares en el sureste fronterizo con Iraq e Irán, dirigidos por el Partido del Trabajo del Kurdistán (PKK), inicialmente marxista. Se estiman en unos 40 mil los muertos por este conflicto, y tendencias nacionalistas muy fuertes en Turquía, se oponen a hacerles cualquier tipo de concesión.

Los kurdos turcos, están representados en el parlamento por el Partido de la Paz y la Democracia, frecuentemente hostilizado y amenazado de ser ilegalizado, ya que también está prohibida la existencia de organizaciones políticas sobre bases étnicas. En las elecciones del 2007 eligieron 20 diputados y obtuvieron la alcaldía en 54 municipios.

Ahora, la situación tiende a complicarse aún más, producto de que los aproximadamente dos millones que habitan en Siria ─bajo la influencia del Partido de la Unión Democrática (PDY)─, han aprovechado la guerra sucia lanzada contra el gobierno de Damasco, para lograr casi una autonomía en su región, una franja de territorio de unos 19 mil kilómetros cuadrados a lo largo de la frontera turca. El gobierno sirio, como parte de las reformas aplicadas en el último año, otorgó la ciudadanía a más de 200 mil kurdos que carecían de ella y se afirma que han facilitado armas a las milicias del PDY, para que pasaran a combatir las bandas terroristas infiltradas desde Turquía, especialmente en la zona de Alepo. Es conocido que el PDY, es aliado del PKK turco y también mantiene relaciones con los kurdos iraquíes, todo lo cual eleva la preocupación del gobierno de Ankara, que teme enfrentar la intensificación del conflicto en su propio territorio.

La posibilidad de la unión de los kurdos en una entidad independiente, no es desagradable para Occidente e incluso para Israel, quienes verían con buenos ojos el surgimiento de un estado no árabe, en una posición geográfica estratégica. Han trascendido planes o escenarios creados por EEUU y la OTAN, de dividir la región en estados confesionales o étnicos, para reducir la importancia de estos países y debilitarlos con continuos enfrentamientos.

En general, el pueblo turco se mantiene en primer lugar en cuanto al rechazo de la política de EE.UU. e Israel ─según encuestas hechas por organismos occidentales.

El gobierno del AKP estuvo practicando, hasta hace unos dos años, lo que su canciller Ahmet Davatoglu calificara como política de “cero conflictos con sus vecinos”, y en este marco habían estrechado las relaciones con Siria e Irán, hasta niveles que provocaron la pública preocupación de Estados Unidos, en cuya prensa conservadora comenzaron a salir artículos y análisis donde se cuestionaban hasta la permanencia de Turquía en la OTAN. El mismo Bashar al Assad a quien ahora hacen la guerra, era recibido con gran entusiasmo por los dirigentes turcos. Varios incidentes provocaron que las relaciones con Israel, tradicionalmente buenas, entraran en crisis, lo cual atrajo las simpatías de los pueblos árabes y acrecentó la popularidad interna del gobierno.

Sin embargo, la oposición turca alertó de que esta actitud del AKP, obedecía a un plan concertado con Washington, para convertir a Turquía ─para ellos modelo de gobierno islámico moderno y moderado─, en una especie de caballo de Troya de la OTAN, que una vez introducido y aceptado por los países del Medio Oriente, jugara un papel más activo a favor de sus intereses, a cambio de reconocerla como potencia regional predominante, en lo que calificaron como “neo-otomanismo”.

Fuera esto cierto o no, el cambio de política turca en los últimos dos años ha sido notable. En medio de la vorágine de la mal llamada “primavera árabe”, el gobierno del AKP incrementó sus relaciones y su colaboración con los partidos de los Hermanos Musulmanes u otros con similar afiliación política-religiosa que han venido accediendo al gobierno en Egipto, Túnez, Marruecos y Libia. Pasó a coordinar sus acciones con Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, las potencias occidentales más activas en la región, cuyos servicios especiales han establecido bases operativas en territorio turco para desarrollar la guerra sucia contra Siria. Ha establecido, igualmente, una coalición sectaria sunita con las petromonarquías del Golfo, enfiladas a tratar de romper y liquidar el “corredor de predominio chiita” que desde Irán, pasa por Iraq y Siria, para llegar al Líbano, donde la fuerza de Hizbulá es prácticamente el poder.

Una de las primeras demandas que hizo el primer ministro turco Erdogán a los sirios cuando comenzaron los enfrentamientos, fue permitir la creación de un partido sunita, teniendo en cuenta que la mayor parte de la población siria pertenece a esta secta.

El factor energético, especialmente el gas y el control de sus yacimientos y vías de exportación, que está pasando a ser el combustible más importante en las próximas décadas, es el centro de todo este rejuego estratégico político y militar. El desenlace de lo que está ocurriendo en Siria, que se extiende e influye en los países de su entorno, puede decidir muchas cosas.

Por el momento, parece que Turquía, ella sola, no está en condiciones de lanzarse a una guerra abierta invadiendo a Siria. Incluso existen dudas de que sus fuerzas armadas, cuya cúpula ha sido duramente golpeada por el actual gobierno, encarcelando y enjuiciando a decenas de altos oficiales, las que se sienten humilladas y reducidas en su tradicional poder, estén en disposición de obedecer si el gobierno les ordenara esto. Pero una guerra sucia como la que están patrocinando hasta ahora, pudiera prolongarse para tratar de desgastar la resistencia de Damasco y provocar su caída.

Pero el gobierno del AKP también está sufriendo un desgaste interno y las cosas en el Kurdistán pueden complicársele. Tanto el gobierno chiita de Bagdad, como el de Teherán, deben haber hecho llegar a Ankara mensajes de preocupación y alertarlo de que desde sus fronteras, podrían responder a acciones que consideran dirigidas contra sus intereses.

Rusia y China se mantienen firmes en busca de una solución política y en contra de la intervención militar exterior, conscientes de que un cerco contra sus territorios y sus intereses, parece estar promoviéndose y de que es necesario detener no solo las acciones hegemonistas de Occidente, sino también la utilización irresponsable del terrorismo y fanatismo religioso, especie de cáncer que tiende a hacer metástasis sin respetar fronteras.

Algunos analistas opinan que si no se impone la negociación, se respeta el multilateralismo y los principios de la legalidad internacional, podríamos estar en presencia del inicio de una tercera guerra mundial, aunque de nuevo tipo. Ojalá se imponga la cordura.

Notas:

1.- Los musulmanes se dividen en dos grandes ramas: los sunitas, que son mayoritarios y los chiitas. Para tener una comprensión elemental del problema, se podría comparar con la división que existe en el cristianismo entre católicos y protestantes. Aunque la comparación no es exacta, los chiitas tal vez podrían verse como los protestantes quienes están subdivididos en diferentes sectas: bautistas, metodistas, presbiterianos, etc. Los alevitas turcos, aunque cercanos en prácticas y conceptos a los alawíes sirios, no constituyen la misma secta.

Ernesto Gómez Abascal es exembajador en varios países del Cercano Oriente, analista, periodista y escritor especializado en la región.