Un alegato republicano por la Renta Básica / Daniel Raventós · Julie Wark

Posted on 2013/05/27

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[ Fuente: Sin permiso ]El republicanismo ofrece una persuasiva orientación para la configuración política de los mercados. Una renta básica podría ser la base para una economía republicana y democrática que liberase a todos los ciudadanos y ciudadanas de la mercantilización del trabajo y aumentase el poder de negociación de los trabajadores.

No existe tal cosa como “la economía de mercado libre”. Los mercados se presentan de muchas y diversas maneras, y su naturaleza es una cuestión de opción política. Decir que un mercado se encuentra configurado políticamente es exponer lo obvio, dicho de otra manera, cualquier mercado es, primero, político, y luego, económico. Un mercado libre no existe en el mundo real más allá de los libros de texto de economía estándar o -tal vez, paradójicamente- en la prevaricación de los políticos que niegan su componente político, precisamente, por razones políticas.

Así pues, si los mercados son irreductiblemente políticos, necesitamos plantearnos qué valores deberían guiar su construcción política.

Pero, ¿qué republicanismo?

A menudo se habla de republicanismo como si fuera una suerte de tradición de filosofía y pensamiento político homogénea. Sin embargo, pueden identificarse tres tipos de republicanismos:

– Republicanismo histórico democrático

– Republicanismo histórico oligárquico (o antidemocrático)

– Neorepublicanismo académico (1)

En las tradiciones griega y romana, los nombres de Efialtes, Pericles, Protágoras y Demócrito se vinculan a la corriente democrático-plebeya, mientras que Aristóteles y Cicerón abanderan la versión antidemocrática u oligárquica. Estas variantes también se encuentran en el mundo moderno. La forma democrática aspira a la universalización de la libertad republicana –fiel a su raíz etimológica de “república”,res publica– en la cual el interés público (del latín antiguo poplicus: que pertenece al pueblo) automáticamente implica a todas las personas. El tipo antidemocrático, como siempre ha venido haciendo de una manera o de otra, efectivamente excluye de la vida civil y política a las personas carentes de propiedades, dejando el monopolio del poder en las manos de un sempiterno reducido círculo de propietarios ricos. Cada uno a su manera, Marsilio de Padua, Maquiavelo, John Locke, Rousseau, Kant, Adam Smith, Jefferson, Madison y Marx han sido nombres vinculados al renacimiento del republicanismo moderno.

La tradición republicana demócratica se remonta a Atenas, al 461 a. n. e., con el triunfo de un programa democrático revolucionario abanderado por los pobres libres de la polis. Dicho programa puede resumirse en tres puntos capitales:

1)     Redistribución de la tierra

2)     Supresión de la esclavitud por deudas.

3)     Sufragio universal y también una remuneración suficiente (misthon) para los cargos públicos.

Durante un período de tiempo, esta democracia griega también concedió la libertad de expresión en el ágora a mujeres y a esclavos. Democracia, demokratia, significaba el gobierno del demos, de la gente común.

Por el contrario, la tradición republicana oligárquica y por ende antidemocrática rechazó, por diversas razones, universalizar la propiedad. Tanto las formas democráticas como las antidemocráticas veían la “propiedad” (los medios para la existencia) como un bien necesario para la libertad, con la diferencia de que los antidemócratas excluían a los no-propietarios del derecho a la ciudadanía; mientras que los demócratas defendían que la república debía introducir medidas que aseguraran a todos los ciudadanos una independencia material.

Por último, el tercer tipo de republicanismo es lo que podríamos llamar “neorepublicanismo académico moderno”, representado, inter alia, por Quentin Skinner, J. G. A Pocock y, quizás especialmente, por Philip Pettit. La obra de Pettit ha resultado influyente en tanto que ha sabido dar una mayor difusión a los aspectos básicos del republicanismo. No obstante, tiende a difuminar la relación entre propiedad y libertad republicana, así como entre propiedad y democracia al centrarse, en su lugar, en la ausencia de dominación y en la interferencia arbitraria por parte de otros, ya sean individuos o grupos, incluyendo el Estado. Y es aquí donde yace una diferencia crucial con el republicanismo histórico, para el que el origen de la vulnerabilidad y de la interferencia arbitraria es la ausencia de la independencia material que la propiedad conlleva. Si se pasa por alto la esencial naturaleza material del papel histórico de la propiedad, y la capacidad de dominar de los propietarios, entonces la noción de “dominación” se diluye y, lo más importante, queda despojada de su naturaleza institucional.

El papel de la Renta Básica

Autores republicanos tan dispares como Aristóteles y Robespierre, o Cicerón y Kant compartían, al menos, dos convicciones:

1)     Las personas que no disponen del “derecho a la existencia” garantizada debido a la falta de propiedades no son ciudadanos por derecho propio (sui iuris), sino que viven a merced de los demás. Estas personas no son capaces de cultivar o incluso de ejercer sus virtudes cívicas, ya que tal dependencia a  otro grupo las sujeta a un régimen ajeno (alieni iuris), haciendo de ellas, por lo tanto y a todas luces, “sujetos alienados”.

2)     La libertad republicana puede extenderse a muchos (la democracia plebeya preconizada por los republicanos demócratas) o a unos pocos (la forma plutocrática de los republicanos oligárquicos), pero siempre se basa en la propiedad y en la independencia material que de ella se deriva. Tal libertad no puede sostenerse si la posesión de la propiedad es tan desigual y tan polarizada en su distribución que un puñado de individuos se encuentra en posición de desafiar a la república. Esta élite siempre superará con éxito, de no quebrarse esta situación, cualquier oposición de la ciudadanía, hasta el punto de imponer su propia concepción del bien público.

Está claro que para que un mercado republicano-democrático funcione, el problema de la desigualdad en la distribución de la propiedad debe ser superado. La Renta Básica es una medida que puede superar este problema. Como pago garantizado, incondicional y regular a todo ciudadano –lo ideal sería por encima del umbral de la pobreza- la Renta Básica podría así convertirse en el cimiento de una política económica que buscara garantizar la existencia material de la población entera. La renta básica es una medida política con muchas derivaciones no tan solo políticassino sociales, culturales y éticas. Llegados aquí, nos centraremos en dos puntos: (a) el poder de negociación de la clase obrera, y (b) la desmercantilización del trabajo.

En las economías capitalistas, las personas que no poseen o bien tierras o bien medios de producción se ven obligadas a vender su fuerza de trabajo en el mercado laboral, bien al propietario de la tierra o bien al de los mencionados medios de producción, también conocido como “empleador”. Esta situación se ha descrito como la mercantilización de la fuerza de trabajo. Puede ocurrir que algunos trabajadores tengan sus medios de subsistencia cubiertos más allá del mercado, gracias a uno u otro mecanismo de prestación social. En ese caso, su fuerza de trabajo está desmercantilizada. Deberíamos, por tanto, hablar de diferentes grados de mercantilización (o desmercantilización) de la fuerza de trabajo. La Renta Básica ejercería un efecto sustancial sobre ello, al proveer, como mínimo, de la cantidad que permitiría “la libertad para no ser empleado” (2).

Además, la Renta Básica reforzaría la capacidad de negociación de los trabajadores en el cara a cara con los empresarios (3). Estando su seguridad garantizada por la Renta Básica, ningún trabajador se vería obligado a aceptar un puesto sean cuales fueren sus pésimas condiciones. Si los trabajadores descontentos de hoy día negocian en situaciones límite, lo hacen a sabiendas de que los propietarios pueden reemplazarlos por máquinas o por otros trabajadores en paro de los que llenan las filas del ejército de reserva industrial. Comienzan las negociaciones sabiendo de antemano que su subsistencia depende directamente y casi exclusivamente del salario pagado por los individuos que se sientan al otro lado de la mesa. Las relaciones laborales en el marco del capitalismo son extremadamente asimétricas, y más aún en el marco de la presente crisis económica. La protección ofrecida por el pago regular de la Renta Básica pondría a muchos trabajadores en la situación de poder rechazar puestos indeseables de forma convincente y eficaz. Representaría, en el caso de huelga, una especie de caja de resistencia incondicional e inagotable. La balanza de poder resultante permitiría a los trabajadores considerar comprometerse con formas alternativas de trabajo que les permitieran aspirar a niveles más altos de satisfacción personal.

En una república democrática alternativa, el poder debe descansar en el pueblo. Forma parte del interés público (republicano) garantizar  y proteger los mecanismos institucionales que buscan afianzar una sociedad equilibrada en que la democracia sea disfrutada por todos y cada uno. La Renta Básica es uno de esos mecanismos. Cada vez más movimientos sociales y partidos políticos están comprendiendo que una Renta Básica ayudaría a combatir algunos de los efectos sociales más perniciosos de la crisis así como a estimular la economía desde la base. Ahora, en el segundo aniversario del 15-M, que en el 2011 llevó a cientos de miles de personas a las calles de varias ciudades catalanas y españolas, las manifestaciones se suceden y ya se han destacado seis reivindicaciones ciudadanas. Una de ellas es la Renta Básica. Con vistas al futuro, el compromiso con una renta básica podría consiguientemente convertirse en un importante componente de la configuración política –republicana- de los mercados que garantizaría los medios de existencia de toda la población.

(Este artículo fue publicado en la serie Democratic Wealth de Open Democracy,www.opendemocracy.net)

Notas:
(1) Antoni Domènech y Daniel Raventós, “Property and Republican Freedom: An Institutional Approach to Basic Income”, en Basic Income Studies, vol. 2, núm. 2, enero 2008. Versión online en:http://www.degruyter.com/view/j/bis.2008.2.2/bis.2008.2.2.1090/bis.2008.2.2.1090.xml. En castellano:http://www.nodo50.org/redrentabasica/descargas/Toni-Dani.pdf.
Ver también Daniel Raventós, Basic Income: The Material Conditions of Freedom, (London, Pluto Press, 2007) capítulo 3. Versión castellana: Las condiciones materiales de la libertad (Barcelona, El Viejo Topo, 2007).

(2) Carol Pateman, “Democratizing Citizenship: Some Advantages of a Basic Income”, en B. Ackerman, A. Alstott y P. Van Parijs (eds.), Redesigning Distribution (London-New York, Verso, 2006).

(3) Erik Olin Wright, “Basic Income as a Socialist Project”, en Basic Income Studies, núm. 1, 2006.