Golpe en Egipto (1): la vía islamista al neoliberalismo fracasa y los militares actúan para impedir una escalada en las protestas / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2013/07/03

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En un análisis de urgencia, lo ocurrido en Egipto el miércoles 3 de julio de 2013 podríamos resumirlo de la siguiente forma: se ha producido un golpe de estado militar que ha destituido al presidente islamista Morsi, disuelto el Parlamento elegido y suspendido la constitución; el nuevo presidente pasará a ser provisionalmente el Presidente del Tribunal Constitucional; la tropa confraternizó en las calles con los manifestantes laicos —opuestos a la islamización del estado egipcio—, mientras un cierto estupor recorrió las filas de los Hermanos Musulmanes que también se estaban manifestando para dar apoyo a su presidente. Estos son los hechos, pero la cuestión es su significado. ¿Cómo interpretar todo esto?

1º la corrupta república de Hosni Mubarak se alejó profundamente del modelo nasserista —que era nacionalista en el sentido de afirmar su soberanía nacional ante las antiguas potencias coloniales o las imperialistas contemporáneas, con una vocación panárabe y republicana y con un contenido social—  acabando por derivar hacia la supeditación exterior a EE.UU, la contemporización con Israel y a la adopción de profundas transfomaciones neoliberales, con privatizaciones de servicios y empresas públicas, un nepotismo brutal,  recortes de salarios y derechos laborales que dieron origen a una miseria creciente entre los trabajadores más sencillos y a la proletización de la clase media egipcia más débil. El malestar social se llevaba incubando en Egipto desde hacía tiempo, con las esperanzas de promoción social anuladas por la mezcla de corrupción estructural, decadencia y neoliberalismo; en ese contexto, las primaveras árabes contaron con potenciadores «externos» que favorecieron el uso de redes sociales, palabras y  conceptos que desconectaran las rebeldías jóvenes de las formas de lucha tradicionales de la izquierda y los sindicatos. Ya que la rebeldía a las reformas y el desgobierno no se podía evitar, el reto era llevarlas a ninguna parte, y una vez allí, el poder real favorecería un golpe de efecto que les hiciera creer en una victoria y un cambio. Así se hizo. Las manifestaciones masivas y la reorganización en ellas de los diferentes grupos de oposición incluidos los sindicatos y la izquierda egipcia alertaron al bloque de poder dominante y a sus apoyos exteriores. Mubarak y su corrupta familia se convirtieron súbitamente en disfuncionales para el mantenimiento del programa neoliberal y el propio ejército egipcio, muy penetrado por los norteamericanos, le dejó caer, haciendo así un guiño —falso—, a las masas.

2º Caído Mubarak, impunes los crímenes cometidos bajo su corrupto mandato, con su persona y familiares convertidos en chivos expiatorios de la situación de miseria y paro crecientes causados por el trinomio dependencia exterior/ corrupción / neoliberalismo, los militares dieron los pasos hacia una salida política que permitiera mantener lo fundamental dando la apariencia de un cambio externo. La solución pasó por sacar de la ilegalidad a los Hermanos Musulmanes. Los HH.MM llevaba tiempo siendo tolerados desde la entrada en escena de Arabia Saudita que financiaba las redes sociales islamistas que ofrecían socorro y auxilio social al tiempo que extendían el integrísmo religioso en las capas más humildes de la sociedad egipcia y se abrían paso en los sectores desclasados de la clase media en caída libre.

Los HH.MM compaginaban a la perfección integrísimo religioso y político con una sorprendente tolerancia al neoliberalismo económico. Su programa de gobierno se basó en un odio feroz a los laicos y nacionalistas, a la izquierda y a los sindicatos. Con su partido potenciado indirectamente por la entrada saudita en escena para competir desde abajo por controlar un renacer integrista, los HH.MM ahora en gobierno, no tuvieron reparo alguno en seguir destruyendo el estado egipcio, las empresas públicas, la legislación laboral, las organizaciones de izquierda y todo lo que pudiera frenar la neoliberalización impuesta por el amigo americano y lo más corrupto de la elite financiera y económica egipcia; el lobby militar participa de esa agenda corrupta neoliberal y una parte de sus mandos formaba parte también de la esfera de influencia islamista.  La división de la izquierda, los sindicatos y los laicos impidió la formación de un frente de resistencia antineoliberal que reconstruyera la República Árabe Unida; los Hermanos Musulmanes, con sus apoyos en el Egipto rural y en las masas más sencillas y dependientes de sus bien financiadas redes sociales de ayuda  islámicas, con el apoyo o neutralidad expectante de la cúpula militar —que se reservaba el papel de árbitro por encima del sistema— , y vistos como «funcionales» por su apoyo al neoliberalismo por los norteamericanos, lograron ganar las elecciones post-Mubarak.

3º El nuevo gobierno islamista mostró desde el principio que sus planes últimos pasaban por una islamización de la sociedad egipcia y el fin de la convivencia y la tolerancia, pero los choques, los errores, la rigidez del nuevo gobierno y de Morsi, nuevo presidente, han sido continuos. Al tiempo que proseguían las agresiones a los trabajadores y al carácter tolerante de la sociedad egipcia, Morsi quiso transformar por completo la estructura del estado egipcio e islamizar a sus elites, dar de lado a los más laicos y cultos, liquidar todo el sector público y sustituirlo por empresas privadas o por redes religiosas integristas. Las tensiones con Israel han tenido un carácter más teatral que otra cosa, compensadas por la creciente utilización de Egipto por todo el conglomerado islamista, los sauditas, las redes wahabitas, o por el Consejo de Cooperación del Golfo  para desestabilizar Libia (con éxito) o Túnez (con éxito también), una combinación que pese a sus contradicciones internas (los salafistas son enemigos del régimen saudí igualmente) es letal. La tentación del ejemplo turco, con un Erdogan con un gobierno islámico en una república láica y plenamente abierto al neoliberalismo añadió complejidad al escenario, unida a las contradicciones que implicaba la tensión con Israel subyacente en el planteamiento de los HH.MM y que  no era admisible para EE.UU.

4º Finalmente las protestas volvieron a las calles, aunque esta vez sin el apoyo de los servicios norteamericanos ni de sus redes de influencia social; el rechazo de la sociedad egipcia, donde existe un rechazo cultural al integrismo religioso, donde el factor económico y laboral es el gran olvidado pero no por ello el menos influyente, ha cristalizado en nuevas protestas masivas de la izquierda, los sindicatos y las clases medias asustadas. Frente a ellos, en un clima creciente de enfrentamiento civil, los Hermanos Musulmanes. La combinación de lucha de clases con el rechazo al islamismo integrista ha alarmado al ejército y a los sectores occidentales interesados en un Egipto de rodillas, sumiso, lobotomizado por la religión, con su izquierda aniquilada o impotente  y con toda su economía entregada al saqueo privado.

5º El golpe del 3 de julio tiene por tanto una lectura muy clara. La rigidez islamista de Morsi, versión islamista de los tecnocracias del Opus Dei en España, le ha llevado a arruinar el experimento islamo-neoliberal que propiciaron los militares egipcios y los norteamericanos ante la mirada saudita. La respuesta social laica y de clase ha asustado mucho y ha aconsejado un cambio. Pero la contradicción principal sigue. No se va a parar. Y no es el islamismo, sino los planes para destruir la República de Egipto y entregar el país y a sus gentes al saqueo privado y de las grandes corporaciones. Creyeron poder hacerlo anestesiando al país con la barbarie religiosa como elemento mitigador del hambre o la miseria. El integrismo ha chocado con la sociedad egipcia, y los sectores corruptos, militares y neoliberales no parecen tener una solución sencilla al cómo cambiar lo que sea para que todo siga igual. A analizar también, se hace preciso, la linea de choque entre los Hermanos Musulmanes con las pretensiones sauditas de monopolizar la «línea islámica integrista», enfrentada de fondo a ellos.

En Egipto, como en todas partes, la división de las fuerzas populares y de izquierda es lo único que está impidiendo una derrota del neoliberalismo o, al menos, que la batalla se libre como debe librarse.