La marcha del Tíbet hacia la modernización / Consejo de estado de la RP China

Posted on 2014/01/20

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Fuente: La marcha del Tíbet hacia la modernización / Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular China / Noviembre de 2001


La modernización constituye un importante tema para todos los países y regiones del mundo en los tiempos modernos.Desde mediados del siglo XIX, cuando China fue invadida por las potencias occidentales, las diversas etnias del país, incluida la tibetana, siempre han tenido por tarea primordial salir de la pobreza y el atraso, liberarse del destino de ser víctima de la humillación extranjera, así como establecer un Estado moderno, independiente, unificado, poderoso, próspero, democrático y culturalmente desarrollado. Tras la fundación de la República Popular China, especialmente tras el comienzo de la reforma y la apertura, la modernización de China ha prosperado con cada día que pasa, alcanzando éxitos reconocidos por todo el mundo. China camina con pasos vigorosos hacia un mayor grado de apertura y prosperidad. Con la liberación pacífica como el punto de partida de su desarrollo, el Tíbet anuló, en la reforma democrática, la servidumbre feudal y aplicó la autonomía étnica regional, materializando así un gran salto histórico en su sistema social; en la construcción socialista, la reforma y la apertura, hizo realidad un desarrollo acelerado de la modernización y logró avanzar al mismo ritmo que todo el país, contemplando halagüeñas perspectivas.

Este año se cumple el 50 aniversario de la liberación pacífica del Tíbet. Con el fin de acelerar el desarrollo sano de la modernización tibetana, disipar los malentendidos existentes en la comunidad internacional respecto al “problema del Tíbet” e incrementar la comprensión multilateral de la historia y la actualidad del Tíbet, sería provechoso echar una mirada retrospectiva al proceso de modernización que el Tíbet ha protagonizado desde su liberación pacífica, dar a conocer los éxitos alcanzados por las diversas etnias en el Tíbet en su afán por alcanzar la modernización con la ayuda del Gobierno Central y del pueblo del resto del país, así como exponer la ley de desarrollo de la modernización tibetana.

1. El proceso de desarrollo a saltos de la sociedad tibetana

En la edad moderna, el logro de la modernización es el problema elemental para el desarrollo de la sociedad tibetana. El sistema de la servidumbre feudal, que sostuvo durante varios siglos en el Tíbet un dominio único del poder político y el poder religioso, en los tiempos modernos se convirtió en un sistema social extremadamente corrupto y decadente, contrario a la tendencia mundial progresiva, un sistema que estrangulaba el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad tibetana y obstaculizaba seriamente el progreso social, hundiendo al Tíbet en una pobreza, atraso, aislamiento y encogimiento extremos, y llevándolo al borde del colapso general.

«Sistema social atrasado y explotación económica extraordinariamente cruel».

El sistema de la servidumbre feudal del viejo Tíbet era aún más oscuro y atrasado que la Edad Media en Europa. Los tres tipos de señores propietarios, — los gobernantes locales, aristócratas y monjes de alta categoría de los monasterios, — que representaban apenas un 5 por ciento de la población tibetana, ocupaban todas las tierras cultivadas, los pastizales, los bosques, las montañas y los ríos, así como la mayoría de los ganados del Tíbet. Mientras tanto, los siervos y los esclavos, que eran el 95 por ciento de la población tibetana, no contaban con tierras cultivadas ni con otros medios de producción, no tenían libertad personal y se veían obligados a subordinarse a los señores propietarios para ganarse la vida, trabajando en sus latifundios o sirviéndoles como esclavos familiares generación tras generación. Eran víctimas de la triple explotación, que les imponían servicios obligatorios, impuestos y arriendos y préstamos con usura, y vivían al borde de la muerte. Según estadísticas incompletas, sólo el Kasha, gobierno local del viejo Tíbet, recaudaba más de 200 tipos de servicios obligatorios e impuestos. Los servicios obligatorios que los siervos prestaban al Kasha y a los latifundistas, ocupaban más del 50 por ciento de su trabajo anual y en algunos casos, dicho porcentaje se elevaba al 70 u 80 por ciento. Más del 60 por ciento de los campesinos y los pastores se encontraban agobiados por pesadas deudas de usura.

Jerarquía estricta y bárbara opresión política. El Código de Trece Artículos y el Código de Dieciséis Artículos que regían en el viejo Tíbet, clasificaban a las personas en nueve categorías de tres clases políticas y sociales, y en forma legal consagraban y defendían la desigualdad personal en la posición social y política. Estos códigos establecían en términos inequívocos lo siguiente: La vida de las personas superiores de la primera categoría equivalía al peso de su cadáver en oro. Por otra parte, la vida de las personas inferiores de la última categoría no valía más que una soga de paja. Los propietarios de los siervos disponían de estos últimos como bienes privados y podían venderlos, transferirlos, obsequiarlos, empeñarlos e intercambiarlos cuando les viniera en gana. Además, decidían sobre su vida, muerte y casamiento. Si los siervos que se iban a casar no pertenecían a un mismo propietario, debían pagar por redimirse. Los hijos de los siervos estaban condenados a ser siervos. Sus propietarios podían imponerles cualquier tipo de castigo ultrajante, aplicándoles salvajes castigos, como cortarles las manos, los pies, las orejas y la lengua, extraerles los tendones, arrojarlos a los ríos o abismos.

Integración de los poderes político y religioso y un pesado yugo religioso. En la estructura política y social del viejo Tíbet, caracterizada por la integración de los poderes político y religioso, la religión y los monasterios se consideraban el “origen de todas las corrientes”, hasta llegar a ser la única ideología imperante y un cuerpo político y económico independiente. Disponían de enorme poderío, numerosos privilegios políticos y económicos, y controlaban la vida espiritual y cultural. Los monjes de alta categoría de los monasterios eran principalmente los que dominaban la vida política de la región, y a la vez, figuraban entre los mayores propietarios de siervos. El Dalai Lama, como uno de los líderes de la escuela Gelug del budismo tibetano, desempeñaba el cargo de jefe del gobierno local del Tíbet, de manera que era la personificación de los poderes político y religioso. En el antiguo gobierno local tibetano existían dos tipos de funcionarios, bonzos y laicos, de los cuales los primeros eran superiores a los últimos. Según estadísticas de 1959, de los 3.300.000 ke (medida tibetana de superficie: 15 ke equivalen a una hectárea) de tierra cultivada, los monasterios y los monjes de alta categoría disponían del 36,8 por ciento, o sea, 1.214.400 ke; los nobles y los funcionarios bonzos y laicos, que componían los gobiernos, poseían el 24 por ciento y el 38,9 por ciento respectivamente. El monasterio Drepung tenía 185 latifundios, 20.000 siervos, 300 pastizales y 16.000 pastores. Conforme con las investigaciones realizadas en los años 50 del siglo XX, en el Tíbet había unos 2.700 monasterios, y 120.000 monjes, que representaban el 12 por ciento de la población tibetana. Cerca de una cuarta parte de los pobladores varones se dedicaban a los ritos budistas (tomaban el hábito). En 1952, entre los 37.000 habitantes de Lhasa, había 16.000 monjes. El gran número de monasterios y monjes y la alta frecuencia de las actividades religiosas, que implicaban un enorme consumo de recursos humanos y la mayor parte de los insumos materiales, llegaron a ser un pesado fardo que obstaculizaba el desarrollo de las fuerzas productivas. Tal como afirmó el tibetanólogo norteamericano Melvyn C. Goldstein, la religión y el grupo de monasterios eran un “oneroso yugo para el progreso social del Tíbet” y “fuerzas ultraconservadoras”; “debido a la integración de todos los miembros de la etnia al credo y a la detentación por parte de los líderes religiosos de los poderes político y religioso, el Tíbet perdió su facultad de adaptarse a los cambios que se imponían constantemente en el mundo”.

Bajo nivel de desarrollo y precaria vida del pueblo. La cruel opresión y explotación del sistema de la servidumbre feudal, especial- mente el incesante consumo de recursos humanos y materiales y la esclavitud espiritual ejercida por la religión y los monasterios bajo el sistema social de integración de los poderes político y religioso, frenaron el entusiasmo de los trabajadores por la producción, sofocaron la vitalidad social y retuvieron al Tíbet en un estado de estancamiento durante largo tiempo. Hasta mediados del siglo XX, el Tíbet se encontraba todavía extremadamente aislado y atrasado y casi no tenía industria ni comercio modernos, ni tampoco ciencia, tecnología, educación ni salud pública como se les conoce en el mundo moderno. En la producción agrícola se aplicaban modos primitivos y la producción ganadera dependía del pastoreo natural. Los productos agrícolas y ganaderos tenían escasas variedades y degeneraban. Los instrumentos de trabajo no mejoraban. La producción cerealera era solamente de 4 a 10 veces la cantidad de las semillas sembradas. El nivel de producción y desarrollo social era sumamente bajo. Los siervos llevaban una vida pésima, sufriendo hambre y frío, que dejaron numerosos muertos. En ciudades como Lhasa, Sigaze, Qamdo y Nagqu, pululaban los mendigos, entre ellos ancianos, mujeres y niños.

La invasión imperialista agravó las penalidades del pueblo tibetano y también las contradicciones sociales, dificultando el desarrollo continuo de la sociedad tibetana ya de por sí ruinosa. A partir de mediados del siglo XIX, China se convirtió en una sociedad semicolonial y semifeudal. Al igual que los otros lugares del país, el Tíbet fue víctima de la agresión de las potencias occidentales. Los imperialistas ingleses lo invadieron, y allí quemaron, asesinaron y saquearon sin medida. Consiguieron diferentes privilegios, recurriendo entre otras cosas a una serie de tratados desiguales que lograron imponer. Saquearon despiadadamente los recursos naturales, inundaron el mercado tibetano con sus mercancías y ejercieron un control y explotación colonial. Los ingleses prepararon y captaron fieles agentes entre los altos cargos del Tíbet con el complot de separar al Tíbet de China. La opresión y la explotación, tanto internas como extranjeras, empeoraron abruptamente la vida de los siervos, quienes, con el fin de librarse del yugo, opusieron resistencia continua, presentando reclamaciones, escapándose, no pagando los impuestos, negándose a prestar los servicios obligatorios y hasta levantándose en rebeliones armadas. La sociedad tibetana se hallaba acosada por una crisis, y “el sistema social de integración de los poderes político y religioso entró en un período de decadencia como una lámpara en extinción”. Ngapoi Ngawang Jigme, quien se desempeñó como Kaloon del gobierno local del viejo Tíbet, señaló en varias ocasiones en los años 40 del siglo XX: “Si el Tíbet sigue por el actual camino, en un corto tiempo todos los siervos morirán, los nobles serán incapaces de subsistir y la sociedad entera se arruinará.” De este modo se convirtió en una necesidad histórica imperiosa para el desarrollo de la sociedad tibetana, como anhelo vehemente de todo el pueblo tibetano, librarse de la invasión imperialista y terminar con el yugo del sistema de la servidumbre feudal.

La fundación de la República Popular China en 1949 trajo esperanzas al pueblo tibetano, que vivía en un abismo de sufrimientos. Respondiendo a la ley del desarrollo histórico y partiendo de los intereses de las amplias masas populares tibetanas, el Gobierno Popular Central promovió activamente la liberación pacífica del Tíbet, con lo cual cambió profundamente el destino de la región tibetana, fomentando la reforma democrática, aplicando la autonomía étnica regional, desplegando a gran escala la modernización y llevando a cabo la reforma y la apertura. Todo esto ha impulsado enérgicamente el desarrollo de la sociedad tibetana.

La liberación pacífica abrió las puertas del Tíbet a la modernización. El 23 de mayo de 1951, el Gobierno Popular Central y el gobierno local tibetano de aquel entonces concluyeron el Acuerdo sobre la Liberación Pacífica del Tíbet, conocido también como el Acuerdo de Diecisiete Artículos, que plasmó la liberación pacífica del Tíbet y abrió una página completamente nueva para el desarrollo social del Tíbet.

La liberación pacífica del Tíbet forma parte de la revolución democrática nacional de China. Con ella, se liberó al Tíbet de la agresión y el control político y económico de las fuerzas imperialistas, se terminó con la discriminación y la opresión étnicas de los tibetanos ejercidas por la vieja China, se salvaguardó la soberanía estatal, la unificación nacional y la integridad territorial de China, se hizo realidad la unidad entre las diversas etnias del país y la unidad interna de la misma etnia tibetana, proporcionando una condición básica para que el Tíbet y el resto del país progresaran y se desarrollaran a la par. Después de la liberación pacífica, los efectivos del Ejército Popular de Liberación de China y los trabajadores que entraron en el Tíbet ejecutaron firmemente el Acuerdo de Diecisiete Artículos y las políticas concernientes del Gobierno Central, prestaron ayuda activa en la construcción de las carreteras Xikang-Tíbet y Qinghai-Tíbet, el aeropuerto Damxung y muchas obras hidráulicas, así como de fábricas modernas, bancos, casas comerciales, oficinas de correos, granjas, establecimientos docentes, etc., adoptaron una serie de medidas eficaces para ayudar a los campesinos y pastores a desarrollar la producción, desplegaron auxilios sociales, lucharon contra las calamidades, y previnieron y trataron gratuitamente las enfermedades de las masas. Todo esto impulsó el desarrollo económico, social y cultural del Tíbet, y generó una nueva atmósfera de sociedad moderna, civilizada y progresista. Estos cambios ejercieron una influencia transcendental entre las distintas capas sociales del Tíbet, rompieron el prolongado aislamiento y estancamiento en que se había encontrado la sociedad tibetana, iniciaron su proceso histórico hacia la sociedad moderna, y abrieron nuevas y amplias perspectivas para su posterior desarrollo.

La reforma democrática desbrozó el camino para la marcha del Tíbet hacia la modernización. En 1951, año de la liberación pacífica del Tíbet, al reafirmar la necesidad de reformar el sistema social del Tíbet, el Acuerdo de Diecisiete Artículos adoptó una actitud prudente que partía de las peculiaridades históricas y reales de la región, estipulando que “El gobierno local del Tíbet debe encargarse de llevar adelante su propia reforma. Cuando el pueblo pida la aplicación de una reforma, hay que resolver el problema mediante consultas con los dirigentes tibetanos.” Empero, ciertos integrantes de la capa dominante superior del Tíbet de entonces se oponían de raíz a la reforma, y gritaban “no reformar durante largo tiempo, ni nunca jamás”, con el intento de mantener para siempre la servidumbre feudal. Hacían oídos sordos al creciente clamor popular en pro de la reforma democrática, mientras en confabulación con fuerzas antichinas extranjeras, el 10 de marzo de 1959 instigaron a una rebelión armada, que pereseguía la “independencia del Tíbet” y la separación del Tíbet de la patria. Con el fin de salvaguardar la unidad del país y los intereses fundamentales del pueblo tibetano, el Gobierno Popular Central tomó medidas categóricas y junto con el pueblo tibetano sofocó resueltamente la rebelión armada y procedió a la reforma democrática del sistema social del Tíbet.

La reforma democrática anuló el sistema de propiedad feudal sobre las tierras que detentaban los propietarios de siervos, y las relaciones de subordinación de estos últimos y los esclavos con respecto a sus propietarios, derogó los códigos del viejo Tíbet y los inhumanos castigos penales, suprimió el sistema de integración de los poderes político y religioso y los privilegios feudales de los monasterios. Gracias a ello, el millón de siervos y esclavos se emanciparon en los ámbitos político, económico y espiritual, y se convirtieron en dueños de sus tierras y de otros medios de producción, consiguieron la libertad personal y la libertad de creencia religiosa, materializando así sus derechos como personas. Se liberaron en gran medida las fuerzas productivas y se allanó el camino de desarrollo del Tíbet hacia la modernización. Según las estadísticas, en la reforma democrática se distribuyeron entre los siervos y los esclavos más de 2,8 millones de ke de tierra. En 1960, año en que se completó de manera inicial la reforma democrática, la producción cerealera del Tíbet subió 12,6 por ciento con respecto al año anterior, y 17,7 con relación a 1958, año anterior a la reforma democrática. Los ganados aumentaron 9,9 por ciento en comparación con 1959.

La autonomía étnica regional garantiza como régimen la modernización tibetana. Después de la reforma democrática, al igual que el pueblo del resto del país, la población tibetana disfruta de todos los derechos políticos estipulados en la Constitución y las leyes. Desde 1961, empezaron a ponerse en práctica las elecciones generales en la región del Tíbet. Los siervos y los esclavos de antaño gozaron por primera vez del derecho democrático de ser dueños de su destino. Tomaron parte activa en las elecciones, y eligieron los órganos de poder y los gobiernos de los distintos niveles de la región autónoma. Una gran cantidad de siervos y esclavos emancipados asumieron cargos dirigentes de los distintos niveles de la Región Autónoma. En septiembre de 1965, se convocó la primera asamblea popular del Tíbet y se proclamó oficialmente la fundación de la región autónoma y el gobierno popular del Tíbet. Gracias a la fundación de la región autónoma y la aplicación de la autonomía étnica regional, el régimen ha garantizado la aplicación en la región de la política de igualdad, unidad, ayuda mutua y prosperidad conjunta entre las diversas etnias del país, además de los derechos del pueblo tibetano a participar sobre la base de igualdad en la administración de los asuntos estatales y en la administración autónoma de los asuntos de su propia región y etnias. De esta manera, el Tíbet ha logrado una sólida garantía para desarrollarse junto con el resto del país, partiendo de sus propias peculiaridades y contando con el apoyo y ayuda especial del Estado.

La reforma y la apertura han constituido un poderoso motor impulsor para la modernización tibetana. En los años 80 del siglo XX, al igual que en todo el país, en el Tíbet se despertó un gran fervor por la reforma, la apertura y la modernización. A fin de fomentar el desarrollo del Tíbet, el Gobierno Central elaboró una serie de medidas políticas de especial preferencia para su desarrollo económico, entre las cuales figuraban la de que “cada familia campesina usufructúa sus tierras, con administración autónoma y sin cambios durante largo tiempo”, y que “los ganados pertenecen a los pastores como su propiedad privada, quienes se encargan de su crianza con administración autónoma, sin cambios durante largo tiempo.” Estas medidas políticas promovieron la reforma de la estructura económica y la apertura del Tíbet hacia el exterior. Desde 1984, en el Tíbet culminaron 43 proyectos con inversión estatal y ayuda de 9 provincias y municipios del país. Gracias a las políticas de reforma y apertura y al apoyo estatal, se han prosperado y desarrollado la industria, la agricultura, la ganadería y el sector terciario, que comprende el comercio, la restauración y el turismo, y se ha elevado el nivel industrial en su conjunto y el nivel de comercialización de las actividades económicas, llevando el desarrollo económico y social del Tíbet a una nueva etapa.

La preocupación especial del Gobierno Central y el apoyo de todo el país han permitido la aceleración de la modernización tibetana. En 1994, el Gobierno Central celebró la tercera conferencia de trabajo sobre el Tíbet, en la cual se definió la orientación del trabajo en el nuevo período en el Tíbet, consistente en concentrarse en la construcción económica, empeñarse con firmeza en el desarrollo económico y la estabilidad social, garantizar el veloz crecimiento de la economía tibetana, el progreso general y la seguridad permanente de la sociedad, así como la constante elevación del nivel de vida del pueblo. En esta conferencia se tomó la importante resolución de que el Gobierno Central vela por el desarrollo del Tíbet y todo el país le presta apoyo. A este tenor se elaboró una serie de políticas y medidas preferenciales para acelerar su desarrollo, y por ello se ha formado una nueva configuración para apoyar en todos los terrenos la modernización tibetana, en la cual, el Estado invierte directamente en los proyectos de construcción, el Gobierno Central le concede subsidios financieros, y todo el país le ofrece su apoyo correspondiente. Desde 1994, el Gobierno Central ha invertido un total de 4.860 millones de yuanes directamente en la construcción de 62 proyectos; 15 municipios y provincias y los ministerios y comisiones estatales construyeron 716 proyectos de forma altruista, con una inversión total de 3.160 millones de yuanes. Desde los distintos lugares del país se enviaron sucesivamente unos 1.900 cuadros y profesionales para ayudar al Tíbet. Todo esto mejoró las condiciones de producción y de vida de la región autónoma e impulsó su desarrollo económico y social. Mientras tanto, el Tíbet promovió de manera general la reforma del sistema económico y del sistema científico y tecnológico, reajustó la estructura económica y el mecanismo administrativo empresarial, instauró y perfeccionó el sistema de la seguridad social, amplió la envergadura de la apertura, atrayendo y estimulando activamente la participación de los fondos sociales tanto nacionales como extranjeros en su construcción económica. La economía de variadas propiedades progresó mucho y se fortaleció la vitalidad interna del desarrollo del Tíbet. En junio del año 2001, el Gobierno Central celebró la cuarta conferencia de trabajo sobre el Tíbet, en la cual se programó un grandioso plan para materializar en todos los aspectos la modernización tibetana en el nuevo siglo, y se decidió recurrir a políticas y medidas aún más eficaces para incrementar el apoyo a la modernización tibetana.

Gracias a la preocupación especial del Gobierno Central, el apoyo de los diversos lugares del país y el esfuerzo de las distintas etnias del pueblo tibetano, la economía tibetana ha avanzado a ritmo acelerado, el nivel de vida del pueblo se ha elevado notablemente y la modernización tibetana se ha desarrollado con un vigor sin precedentes. Según las estadísticas, de 1994 a 2000, el producto interior bruto (PIB) de la Región Autónoma del Tíbet creció 1,3 veces, con un incremento anual del 12,4 por ciento, lo que terminó con la situación en la que el incremento regional era inferior al promedio nacional; el ingreso disponible de los habitantes urbanos, y el de los campesinos y pastores aumentó 62,9 y 93.6 por ciento, respectivamente; la población necesitada disminuyó de 480.000 personas a comienzos de la década de los 90 del siglo XX a 70.000 personas.

En síntesis, la historia de los 50 años que siguieron a la liberación pacífica del Tíbet ha sido una marcha de las tinieblas a la luz, del atraso al progreso, de la pobreza a una vida confortable, del aislamiento a la apertura, una historia en la cual el Tíbet se encamina de forma constante hacia la modernización junto a la gran familia de la patria.

2. Éxitos logrados en la modernización tibetana

Durante los últimos 50 años, bajo la dirección del Gobierno Central y con el apoyo del pueblo del resto del país, la población tibetana de distintas etnias, gracias a sus incansables esfuerzos, ha avanzado sin cesar por el camino hacia la modernización y ha conseguido brillantes éxitos, que han atraído la atención de todo el mundo.

La economía ha progresado a pasos agigantados. Durante los últimos 50 años, el sistema económico y la estructura económica conocieron enormes cambios y el volumen global de la economía ha experimentado gigantescos saltos hacia adelante, diciendo adiós definitivamente a la aislada economía natural latifundista, y marchando hacia la economía de mercado moderna. En 2000, el PIB de la región autónoma llegó a ser de 11.746 millones de yuanes, duplicando el de 1995, y cuadruplicando el de 1990, o sea, más de 30 veces que el nivel de antes de la liberación pacífica. La estructura económica ha venido racionalizándose. En el PIB, el porcentaje del sector primario bajó del 99 por ciento de hace cincuenta años al 30,9 por ciento, y el porcentaje de los sectores secundario y terciario ascendió hasta el 23,2 y 45,9 por ciento, respectivamente.

La industria moderna creció de la nada, y poco a poco se ha convertido en un importante pilar para fomentar el acelerado desarrollo económico de la Región Autónoma del Tíbet. Hasta hoy, se han instituido más de 20 ramas industriales, tales como la industria energética, ligera, textil, de maquinaria, silvicultora, minera, de materiales de la construcción, química, farmacéutica, de imprenta y alimentaria. Dentro del sistema industrial moderno con peculiaridades locales del Tíbet, han destacado una serie de productos prestigiosos de fama nacional, tales como la cerveza Lhasa, los medicamentos Qizheng y las motocicletas Zhufeng. En el año 2000, el sector secundario tibetano ya contaba con 482 empresas de nivel cantonal para arriba y registró un valor añadido de 2.721 millones de yuanes.

Las industrias básicas, como la energética y el transporte, están en vigoroso ascenso. La industria eléctrica se ha desarrollado con rapidez, formando un sistema de generación eléctrica complementaria entre las energía hidráulica, eólica y solar, con la primera como principal.

Hasta el año 2000, en la región autónoma se habían construido 401 centrales eléctricas de diversa índole, con una capacidad instalada de 356.200 kilovatios, que generaban anualmente 661 millones de kilovatios/hora. Se presenta una diferencia abismal frente a la situación de antes de la liberación pacífica, situación en que había una sola pequeña estación eléctrica de 125 kilovatios, que servía únicamente a los pocos nobles de la capa superior y funcionaba de modo intermitente. Se ha formado una red tridimensional de transporte, en la cual las carreteras juegan el principal papel, y las líneas aéreas y los conductos se desarrollan armoniosamente, con lo cual se pone punto final a la historia de inexistencia de carreteras en el viejo Tíbet. En la actualidad, se ha construido una red de carreteras con Lhasa como centro y las carreteras Qinghai-Tibet, Sichuan-Tíbet, Xinjiang-Tíbet, Yunnan-Tíbet y China-Nepal como vertebrales. Esta red incluye 15 carreteras troncales y 375 carreteras secundarias, y se extiende por todas partes del Tíbet. Las carreteras tibetanas, que tienen un kilometraje total de 22.500 kilómetros, llegan a todas sus capitales distritales y al 80 por cientos de sus cantones. La región autónoma del Tíbet cuenta con dos aeropuertos de aviación civil, el de Gonggar en Lhasa y el de Bamda en Qamdo, que mantienen vuelos nacionales e internacionales de Lhasa a Beijing, Chengdu, Xi’an, Xining, Shanghai, Diqing (provincia de Yunnan), Kunming, Hong Kong y Kathmandu (Nepal). Se ha construido el oleoducto más alto sobre el nivel del mar del mundo, de 1.080 kilómetros de largo, entre Golmud y Lhasa, a través del cual se transporta más del 80 por ciento del combustible líquido necesitado en el Tíbet. En junio del 2001, se inició la construcción de la línea ferroviaria Lhasa-Golmud, y en un futuro no muy lejano el Tíbet pondrá fin a su falta histórica de líneas ferroviarias.

El sector terciario ha llegado a ser la mayor rama industrial del Tíbet. Se han expandido velozmente el comercio moderno, el turismo, los correos y telecomunicaciones, la restauración, los servicios culturales y recreativos, la tecnología informática, y otras industrias desconocidas en el viejo Tíbet. Las telecomunicaciones han registrado un gran desarrollo y han configurado una red de telecomunicaciones, red que tiene a Lhasa como centro y cubre toda la región por medio de cables de fibras ópticas, transmisión satélite e integración de diferentes formas de enlace, como la conmutación de control programado, vía satélite y telecomunicaciones digitales y móviles. En el año 2000, los correos y telecomunicaciones del Tíbet generaron 384 millones de yuanes, con un ingreso de 123 millones de yuanes, cifras que son 179 y 1.086 veces más que las de 1978, respectivamente. Durante más de 20 años, se incrementaron anualmente en un promedio de 26,6 y 24,3 por ciento. A finales del 2000, la región tenía una capacidad instalada de 170.200 líneas de teléfonos fijos y 111.100 usuarios y una capacidad instalada de 123.000 teléfonos móviles y 72.300 usuarios; funcionaban 9 estaciones de Internet con 4.513 usuarios. En el año 2000, el sector terciario logró un valor añadido de 5.393 millones de yuanes, ocupando el primer puesto en el PIB del Tíbet.

El modo de producción de la agricultura y de la ganadería experimentó una transformación radical. La productividad y el rendimiento de la producción se han elevado en gran medida. A partir de la liberación pacífica, el Estado invirtió enormes fondos en las instalaciones básicas de las tierras cultivadas y las obras hidráulicas, y desarrolló numerosos proyectos fundamentales para la agricultura y la ganadería, entre los cuales se destaca la explotación general del valle central de los “tres ríos” (el Yarlungzangbo, el Lhasa y el Nyangqu), mejorando en gran medida las condiciones de la producción agrícola y ganadera del Tíbet. Los campesinos y pastores tibetanos dejaron de cultivar las tierras y criar los ganados a merced de la naturaleza, y se ha generalizado el uso de la ciencia y tecnología agrícolas y ganaderas, tales como abono científico de fertilizantes, la crianza científica para obtener mejores semillas y variedades de ganado, la prevención y tratamiento científicos de las plagas de enfermedades y insectos dañinos, la crianza científica de ganados, así como el reajuste del ganado.

Se ha elevado mucho el nivel de mecanización y la productividad de la agricultura. La producción agrícola y ganadera ha iniciado su modernización. En el año 2000, el sector primario del Tíbet obtuvo un valor agregado de 3.632 millones de yuanes, la producción cerealera fue de 962.200 toneladas, y los ganados en corral fueron 22.660.000 cabezas. Esto permite al Tíbet autoabastecerse de cereales y aceites, y allí la posesión per cápita de carne y leche es superior al promedio nacional.

El nivel de urbanización mejora constantemente. El viejo Tíbet se hallaba en un estado de economía natural, y carecía de la fuerza motriz para el desarrollo urbano. Las ciudades y poblados eran escasos y pequeños. Lhasa, la ciudad más poblada, tenía apenas unos 30.000 habitantes, y otros lugares, cuyas poblaciones eran relativamente grandes, no eran sino unas grandes aldeas con varios miles de habitantes, y no podían considerarse como ciudades. Incluso en la misma Lhasa faltaba un sistema completo de administración urbana, apenas había instalaciones públicas y las funciones urbanas eran sumamente pobres. Hoy en día, la envergadura de Lhasa se extiende incesantemente al mismo ritmo que el desarrollo industrial. En el año 2000, en la Región Autónoma se administran 2 municipios, 72 distritos y barrios urbanos y 112 poblados, con una población urbana total de 491.100 habitantes, y una superficie urbana de 147 kilómetros cuadrados. La función urbana de las ciudades y poblados se ha venido perfeccionando constantemente. Las calles, el suministro de agua, la seguridad pública y los servicios comunitarios han llegado a ser un sistema completo, y a satisfacer en lo fundamental las necesidades de la vida de los pobladores y las del desarrollo económico de las ciudades. Se está modernizando la administración urbana y la protección ambiental. El área verde pública urbana per cápita es de 10,27 metros cuadrados, y la tasa de cobertura de la reforestación es de 24,4 por ciento. En cuanto al índice del medio ambiente urbano, el Tíbet se encuentra en el primer puesto del país. En el Tíbet se han conformado ya conjuntos de ciudades y poblados con Lhasa como centro, y se está configurando una estructura económica en la cual las ciudades y poblados desempeñan el papel vertebral, impulsando el crecimiento económico de los alrededores, y se desarrollan conjuntamente las zonas urbanas y rurales.

La apertura al exterior surtió evidentes efectos. Gracias a la reforma y apertura, el comercio interior y exterior y el turismo han conseguido un desarrollo nunca antes visto, se han reforzado sus relaciones y cooperación con el interior del país y con el mundo. El sistema regional de mercado del Tíbet ya ha tomado cuerpo inicial, y se está nivelando gradualmente con los otros sistemas de mercado nacionales e internacionales. Numerosos campesinos y pastores salen de las zonas rurales, se integran a la marea de la economía mercantil y empiezan a administrar sus negocios. Mercancías procedentes de todo el país y de distintos lugares del mundo afluyen continuamente al Tíbet, enriqueciendo los mercados urbanos y rurales y la vida de los tibetanos. Numerosos productos de prestigio y de calidad y productos manufactureros especiales de la etnia tibetana entran en los mercados nacional e internacional. El desarrollo vigoroso del comercio impulsa enérgicamente la industria de procesamiento de productos agrícolas y ganaderos, y la producción agrícola y ganadera está marchando hacia la comercialización. El Estado ha elaborado una serie de políticas preferenciales para estimular y atraer empresas nacionales e internacionales para que inviertan y administren empresas en la Región Autónoma y que la región extienda en gran medida su intercambio y cooperación económicos con el exterior. En los últimos 5 años, el Tíbet obtuvo una inversión extranjera contratada de 125 millones de dólares. En el año 2000, el monto global de la importación y la exportación de la región fue de 130 millones de dólares, con 113 millones provenientes de la exportación.

Como “Techo del Mundo”, la Región Autónoma del Tíbet atrae, por sus paisajes naturales, monumentos culturales, así como costumbres y hábitos peculiares, a gran número de turistas nacionales y extranjeros. El viaje al Tíbet ha pasado a ser una ruta turística sumamente atractiva. En el año 2000, la región atendió a 598.300 turistas nacionales y extranjeros, entre los cuales 148.900 vinieron de ultramar, y consiguió un ingreso directo del turismo de 780 millones de yuanes y un ingreso indirecto de 2.980 millones de yuanes, sumas que representaron el 6,6 y 25,38 por ciento del PIB de la región, respectivamente.

El medio ambiente y la economía se desarrollan armoniosamente. El medio ecológico del Tíbet es bastante débil. La explotación de la región autónoma a gran escala significa inevitable- mente una alta presión sobre la protección del medio ambiente. Después de aplicar la política de reforma y apertura, tanto el Gobierno Central como el gobierno local del Tíbet perseveran siempre en la estrategia de desarrollo sostenible, planifican y ejecutan paralelamente la protección ambiental y la construcción económica, y aseguran una plena protección del medio ecológico en los estudios de la factibilidad, el diseño y la construcción, así como en la operación de cada proyecto, con el fin de contribuir al desarrollo armonioso del medio ambiente y de la economía. El Tíbet elaboró y puso en práctica “Los Reglamentos de Protección del Medio Ambiente”, “Los Reglamentos de Administración de los Recursos Geológicos y Minerales”, y medidas de ejecución y reglas detalladas relacionadas con las leyes del Estado, tales como la “Ley de Administración de la Tierra”, la “Ley del Agua”, la “Ley de Conservación del Suelo y Agua”, la “Ley de la Pradera”, y la “Ley de Protección de la Fauna Salvaje”. Estos documentos legales han formado todo un sistema administrativo y supervisor eficaz para proteger el medio ambiente y prevenir la contaminación. Y así la mayoría de selvas, ríos, lagos, praderas, humedales, glaciares, montañas nevadas, animales salvajes y plantas silvestres permanecen en una protección relativamente buena, mientras el agua y el aire conservan una calidad aceptable. En el Tíbet se han establecido de forma sucesiva 18 reservas naturales de nivel nacional y provincial, entre ellas la de Qiangtang, la montaña Qomolangma y la Gran Garganta del río Yarlungzangbo, y su superficie total representa la mitad de todas las reservas nacionales. Estas reservas naturales tibetanas desempeñan un importante papel en la protección y mejoramiento del vulnerable medio ecológico de la meseta. En loa últimos años, el Tíbet ha invertido más de 50 millones de yuanes para tratar el aire y aguas residuales de la cervecería de Lhasa, la central eléctrica de Yangbajing, la talabartería de Lhasa, el Hospital del Pueblo de la Región Autónoma, la planta de cemento de Lhasa, etc., mejorando efectivamente el ambiente de las ciudades y la calidad de las aguas de sus cercanías. Desde 1991, el Tíbet ha hecho una inversión acumulativa de 900 millones de yuanes en proyectos de explotación de la zona de los “tres ríos (el Yarlungzangbo, el Lhasa y el Nianchu)”. Estos proyectos han desempeñado un activo papel en la prevención de la pérdida de agua, la erosión del suelo y la desertización, con la construcción de obras hidráulicas, el mejoramiento de las praderas, la transformación de las tierras cultivadas de bajo rendimiento y la plantación de árboles en grandes extensiones de tierra. Como resultado, se han obtenido efectos favorables en la sociedad, economía y protección medioambiental. Las evaluaciones del medio ambiente muestran que la ecología tibetana aún permanece fundamentalmente en un estado primario y posee el mejor estado medioambiental del país. Tras iniciarse la estrategia de desarrollo del oeste del país y llevarse a la práctica el espíritu de la cuarta conferencia de trabajo sobre el Tíbet, celebrada por el Gobierno Central, la región está intensificando la protección del medio ambiente, y planea invertir, hasta mediados de este siglo, 22.700 millones de yuanes en la construcción de 160 importantes proyectos de protección ecológica, para que el medio ecológico del Tíbet esté mejor protegido.

La educación, la ciencia y la tecnología, y la salud pública han mejorado con rapidez. En el viejo Tíbet no existía ninguna escuela, tal como se considera en la actualidad a éstas. Los monasterios monopolizaban la educación. Aproximadamente, sólo el 2 por ciento de los niños en edad escolar podían ir a la escuela. El analfabetismo entre los jóvenes y adultos estaba por encima del 95 por ciento. Hoy en día, la educación se ha generalizado entre la población. La masa popular disfruta del derecho a la educación, y en ella el Estado invirtió grandes fondos. En la Región Autónoma, se ha formado un sistema educativo relativamente completo, que comprende la educación general, la infantil, la de adultos, la profesional y la especial. En el año 2000, en la región había 956 centros docentes de diversos tipos, con 381.100 estudiantes. El ingreso a las escuelas se elevó al 85,8 por ciento entre los niños en edad escolar. El analfabetismo bajó al 32,5 por ciento. Un total de 33.000 personas recibieron educación universitaria, cifra que representa un 12,6 por cada mil tibetanos, porcentaje mayor que el promedio nacional. El Tíbet cuenta con sus propios licenciados y doctores y también tiene un buen número de especialistas y eruditos de renombre nacional.

La ciencia y la tecnología modernas del Tíbet, que nacieron de la nada, se han desarrollado rápidamente. Antes de la liberación pacífica, en la región no había ningún organismo moderno de investigación científica. Incluso las tecnologías aplicadas, como el calendario astronómico estaban cubiertas por un velo de misterio religioso y monopolizadas por los monasterios. Durante los últimos 50 años, el Gobierno Central y el gobierno local tibetano han prestado suma atención a la investigación científica y a la generalización y la aplicación de la ciencia y la tecnología, han establecido 25 institutos de investigación científica con 35.000 científicos y técnicos profesionales. Las ramas de investigación abarcan la historia, la economía, la demografía, el idioma, la religión, la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la ecología, la biología, la medicina y la farmacología tibetanas, el lago salado, la geotermia, la energía solar, etc. Entre estas ramas, la tibetanología, la ecología de meseta y la medicina tibetana se hallan en el nivel avanzado del país, y se han logrado una serie de frutos académicos de repercusión internacional.

El servicio médico y la sanidad han conocido un desarrollo vigoroso. En el viejo Tíbet, los nobles feudales y los monasterios monopolizaban la medicina y la farmacología tibetanas; reinaba una extrema escasez de medicamentos y de servicios médicos. Los pobladores, al caerse enfermos, no tenían con qué pagar la asistencia médica ni ningún lugar para tratar sus enfermedades. Ahora el Tíbet ya ha creado una red de servicios médicos y sanidad pública con una combinación entre la medicina tradicional china, la occidental y la tibetana, red que tiene a Lhasa como centro y se extiende por todas las zonas urbanas y rurales. La medicina tibetana con sus propias peculiaridades ha sido difundida a diversos lugares del país, siendo bien acogida por todo el pueblo chino y, además ha sido dada a conocer al mundo. En el año 2000, funcionaban 1.237 establecimientos de servicios médicos en la región, con 6.348 camas de hospital y 8.948 profesionales. El porcentaje de camas de hospital y de técnicos profesionales por cada mil personas supera el promedio nacional. En la actualidad la asistencia médica cooperativa cubre el 80 por ciento del Tíbet, y la vacunación planificada de los niños llega al 97 por ciento. Se han producido cambios radicales en la situación de escasez de medicamentos y de servicios médicos y se ha elevado en gran medida el nivel de la salud popular. Se ha reducido hasta 8 por cada mil la incidencia de la viruela, el cólera, las enfermedades venéreas, el tifus, la escarlatina, el tétanos y otras enfermedades contagiosas y endémicas, que atacaban con frecuencia a los habitantes del viejo Tíbet. Incluso se han extinguido algunas de las enfermedades mencionadas. La tasa de mortalidad de las parturientas y embarazadas ha descendido del 50 por mil de 1959 a alrededor del 7 por cada mil. La tasa de mortalidad de los recién nacidos ha bajado de 430 por mil a 6,61 por mil. La expectativa de vida media se ha prolongado de los 35,5 años de la década del 50 del siglo XX a los 67 años de hoy. El crecimiento demográfico era sumamente lento en el viejo Tíbet. En más de 200 años transcurridos antes de la década del 50, la población tibetana oscilaba siempre alrededor de un millón de habitantes (según el censo demográfico realizado por el gobierno de la dinastía Qing entre 1734 y 1736, había en el Tíbet 941.200 personas; y en 1953 el gobierno local del Tíbet encabezado por el Dalai Lama declaró al gobierno central que había en el Tíbet un millón de habitantes. Esto demuestra que en 200 años la población tibetana sólo se incrementó en 58.000 personas). En cambio, en los más de 40 años después de la reforma democrática, la población tibetana llegó a ser de 2.598.300 personas, un incremento de 1,6 veces.

La cultura física tibetana ha progresado notablemente. En la Región Autónoma se han construido un número de instalaciones deportivas acordes con los estándares y normas internacionales, al tiempo que se han descubierto, estandarizado y popularizado una serie de deportes típicos de la región. Varios deportes tradicionales del Tíbet se han generalizado como eventos de competición deportiva nacional en el país. Numerosos sobresalientes deportistas tibetanos han ganado excelentes resultados en los distintos eventos y torneos deportivos nacionales. El alpinismo tibetano se halla siempre en el primer puesto del país. En 1999, el Tíbet y Beijing, capital de la República Popular, celebraron juntos el VI Encuentro Deportivo Nacional de las Minorías Étnicas, ayudando como resultado a elevar aún más el nivel deportivo del Tíbet.

Se promociona, protege y desarrolla la excelente cultura tradicional. El Estado ha destinado grandes fondos y una gran cantidad de oro y plata a la reparación, protección y mantenimiento de las importantes reliquias históricas del Tíbet. El Palacio Potala y el monasterio de Jokhang fueron catalogados como patrimonios culturales de la humanidad por la UNESCO. Con la ayuda especial del Estado, se ha consumado la revisión de Tripitaka (Gangyur y Tengyur) en tibetano. Esta obra literaria, de la secta Bon y conocida como la “Enciclopedia de la sociedad antigua del Tíbet” se ha ordenado y se ha editado integralmente. Sobre El Rey Gesar, que tenía más de 200 tomos, circulaba oralmente entre el pueblo y se conoce como la “Epopeya de Homero del Este”, con el enérgico apoyo del Estado y un esfuerzo de varias décadas, se han recopilado más de 300 tomos en manuscritos y xilografías, y se han editado más de 70 tomos en tibetano, más de 20 tomos en el idioma han y ciertos tomos en inglés, japonés y francés. Las canciones populares, las danzas folklóricas, las óperas locales y otras formas artísticas se han innovado y desarrollado, logrando nuevas y mejores formas de expresión, y han sido puestos en escenarios importantes. Con una inversión del Estado se ha construido el Museo del Tíbet, la Biblioteca del Tíbet, salas de exposición, cines y otras instalaciones culturales y recreativas, dotadas de equipos avanzados y funciones completas, con los cuales el Tíbet terminó su falta histórica de instalaciones culturales. En el año 2000, en la Región Autónoma había más de 400 salas y centros artísticos y culturales, y 25 conjuntos artísticos profesionales de distintos tipos. Entre ellos, el Conjunto de Cantos y Danzas de la Región Autónoma, el Conjunto de la Ópera Tibetana y el Teatro Tibetano son los más importantes. Además de estos conjuntos profesionales, desarrollan actividades artísticas y culturales más de 160 compañías no profesionales y 17 compañías itinerantes de espectáculos artísticos de nivel distrital, satisfaciendo las necesidades culturales de las amplias masas populares.

Se respetan y heredan las peculiaridades y tradiciones de la etnia tibetana. Según la ley, la Región Autónoma tiene el derecho a decidir los asuntos regionales ateniéndose a las características políticas, económicas y culturales, a elaborar leyes y reglamentos concernientes y a aplicar de manera flexible o dejar de aplicar, previa autorización, las resoluciones de los órganos superiores del Estado. Desde 1965, la Asamblea Popular de la Región Autónoma y su comité permanente ha elaborado y promulgado más de 160 leyes y reglamentos regionales, que atañen a la construcción del Poder, el desarrollo económico, la educación y cultura, el idioma y la escritura, la protección de las reliquias históricas, la fauna salvaje y los recursos naturales, garantizando efectivamente los intereses particulares de la población tibetana. Por ejemplo, además de las fiestas nacionales, los órganos de poder y de administración tibetanos incluyeron en las vacaciones de la Región Autónoma varias fiestas tradicionales de la etnia tibetana, tales como el “Año Nuevo del Calendario Tibetano” y la “fiesta de Shooton”. Teniendo en cuenta los factores naturales y geográficos especiales del Tíbet, la Región Autónoma estipuló un horario laboral de 35 horas semanales, 5 horas menos que el estipulado por la ley nacional.

La libertad de creencia religiosa, las costumbres y los hábitos del pueblo tibetano son respetados y protegidos. Según las estadísticas, a partir de los años 80 del siglo pasado, el Estado asignó al Tíbet más de 300 millones de yuanes y una gran cantidad de oro, plata y otros materiales para restaurar, proteger y mantener los monasterios. El Estado dedicó más de 55 millones de yuanes a la reparación del Palacio Potala, que duró más de 5 años y fue la reparación más costosa y grandiosa durante varios siglos de existencia del Palacio. En la actualidad, en el Tíbet hay 1.787 monasterios o lugares de culto religioso, y más de 46.000 monjes o monjas internos. Se celebran normalmente las importantes fiestas y actividades religiosas. Todos los años, más de un millón de creyentes peregrinan a Lhasa para venerar al Buda y quemar inciensos. Los tibetanos conservan todavía sus modos y estilos tradicionales de vestir, la comida y la vivienda. Sobre esta base, han asimilado también muchas costumbres civilizadas y modernas en cuanto al vestir, la comida, la vivienda, los viajes, las bodas, los entierros, etc., enriqueciendo su propia vida.

Se protege efectivamente la libertad del pueblo tibetano de aprender, utilizar y desarrollar el idioma y la escritura de su propia etnia. El gobierno instituyó el Comité Orientador del Idioma Tibetano e instituciones de traducción, que se encargan especialmente de promover el estudio, el uso y el desarrollo del idioma tibetano. El tibetano es la asignatura principal de las escuelas de diferentes tipos y de distintos niveles. En el Tíbet se han redactado y traducido libros de texto y manuales de referencia en tibetano para todos los cursos desde la enseñanza primaria hasta el segundo ciclo de la secundaria. La Universidad del Tíbet ha redactado en tibetano 19 tipos de materiales de enseñanza de letras y humanidades y ha empezado su uso experimental en las clases. Las leyes, los reglamentos, las resoluciones, los documentos oficiales, los anuncios de las asambleas populares y los gobiernos tibetanos, así como los tableros de los organismos y de los lugares públicos están siempre escritos tanto en el idioma tibetano como en el han (chino). En la instrucción de los casos en que participan tibetanos, los tribunales y las fiscalías utilizan el tibetano en sus documentos legales. Todos los periódicos, las estaciones de radio y de televisión trabajan con tibetano y han. La Radio Popular del Tíbet emite diariamente 20,5 horas en tibetano, que ocupan el 50 por ciento de la programación. La Estación de Televisión del Tíbet transmite diariamente 12 horas de programas en tibetano. Desde 1999, el canal en tibetano se transmite oficialmente a través de satélite. Actualmente, en el Tíbet se editan y distribuyen oficialmente 23 periódicos y revistas en tibetano. El Diario del Tíbet ya dispone del sistema computarizado en tibetano para el trabajo editorial. Se han hecho grandes progresos en la estandarización de las técnicas informáticas del idioma tibetano. La codificación del idioma ya figura entre las normas nacionales e internacionales, siendo la primera escritura de las minorías étnicas chinas con normas internacionales.

La calidad de la vida del pueblo ha mejorado considerablemente. El desarrollo económico y social ha elevado notablemente el nivel de vida del pueblo tanto en lo material como en lo cultural. En el año 2000, la población de diversas etnias de la Región Autónoma se libró en lo fundamental de la pobreza para tener lo suficiente para comer y vestirse. Una parte de la masa popular ya lleva una vida modestamente acomodada. Gracias a esas mejoras, la estructura de consumo se ha diversificado. Los refrigeradores, televisores en color, lavadoras, motocicletas, relojes y otros artículos de consumo han entrado en las casas del pueblo. Muchos campesinos y pastores, después de hacer fortuna, construyeron nuevas casas, y algunos de ellos compraron automóviles. En la actualidad, la superficie habitada per cápita del Tíbet se halla en el primer puesto del país. Los medios de difusión como la radio, la televisión, las telecomunicaciones e Internet están al mismo nivel nacional e internacional, y se ven en la vida cotidiana de las masas populares. En el año 2000, la radio y la televisión llegaba al 77,7 y 76,1 por ciento de la población regional. En la mayoría de las zonas de la Región Autónoma, la población puede informarse, a través de la radio y la televisión, de los acontecimientos sucedidos el mismo día en el país y en el mundo. Además, se puede conseguir más informaciones por medio del teléfono, telegramas, fax, Internet y otros medios y comunicarse con distintos lugares del país y del mundo.

La posición política del pueblo se eleva constantemente y se propicia amplia participación popular en la política. Al igual que en todo el país, el pueblo tibetano goza, por ley, del derecho a elegir y a ser elegido, y participa ampliamente en la administración de los asuntos estatales y regionales. Ahora, entre los diputados a la Asamblea Popular Nacional hay 19 representantes de la Región Autónoma del Tíbet, entre los cuales el 80 por ciento son de la etnia tibetana y de otras etnias minoritarias. Entre los diputados a las asambleas populares regional, distritales y cantonales, la etnia tibetana y otras minorías étnicas representan el 82,4, 92,62 y 99 por ciento. Los cargos principales de las asambleas populares, los gobiernos, las conferencias consultivas políticas, así como de las fiscalías y los tribunales a los distintos niveles son desempeñados por ciudadanos de la etnia tibetana. En los departamentos de los órganos estatales centrales hay también tibetanos en los cargos dirigentes. Entre el presidente y los vicepresidentes del comité permanente de la asamblea popular de la Región Autónoma, la etnia tibetana y otras minorías étnicas ocupan el 71,4 por ciento; entre los miembros del comité permanente de la Asamblea Popular, el 80 por ciento; entre el presidente y los vicepresidentes del gobierno popular, el 77,8 por ciento; entre todos los cuadros de la Región Autónoma, el 79,4; y entre los técnicos y profesionales, el 69,36 por ciento.

El Tíbet sigue siendo una región subdesarrollada en el país, porque se halla situado en el “Techo del Mundo”, vive en rigurosas condiciones naturales, como terrenos altos y fríos, y la escasez de oxígeno, y se encuentra limitado por el nivel de desarrollo sumamente bajo y por las condiciones sociales e históricas, que le ha dejado la sociedad atrasada de servidumbre feudal. Su volumen económico global es pequeño; su nivel de desarrollo, bajo; su agricultura, ganadería y medio ecológico, frágiles; sus instalaciones infraestructurales, débiles; su ciencia, tecnología y educación, atrasadas, y le falta capacidad de acumularse y desarrollarse con sus propios medios. El nivel de la modernización tibetana aún dista mucho del de las zonas litorales del sudeste de China. Empero, no hay lugar a dudas de que el desarrollo de los últimos 50 años ha cambiado en gran medida su fisonomía atrasada y pobre de antaño y ha sentado sólidas bases para que el Tíbet materialice a grandes pasos su modernización.

3. La inevitabilidad histórica de la modernización del Tíbet

Cincuenta años constituyen nada más que un instante en la prolongada historia de la humanidad, sin embargo, en ese breve lapso de tiempo se han operado en la tierra antigua y misteriosa del Tíbet cambios titánicos sin parangón en su historia. La región ha dejado atrás la sociedad atrasada, pobre, aislada y estancada del sistema de servidumbre feudal y marcha hacia una sociedad moderna, civilizada y abierta, de democracia popular y en continuo desarrollo y progreso. Ha obtenido en su modernización éxitos reconocidos en todo el mundo. Primero, se ha terminado definitivamente con el monopolio de una minoría de propietarios de siervos del poder político y de los recursos materiales y culturales del Tíbet. El pueblo tibetano se ha convertido en dueño de la sociedad tibetana, en creador y beneficiado de la riqueza material y cultural de la sociedad; y su posición social y su cualidad se han elevando en gran medida. Segundo, se ha roto definitivamente con el aislamiento, estancamiento y atrofia de la sociedad tibetana. La economía social se ha desarrollado impetuosamente y la vida material y cultural del pueblo ha mejorado muchísimo. En la constante reforma y apertura, la modernización tibetana ha conocido un avance sin precedentes y ha progresado en todos los aspectos. Tercero, se han eliminado definitivamente la opresión y la discriminación étnicas y se ha limpiado el fango dejado por la sociedad del viejo Tíbet. Las peculiaridades étnicas y las excelentes culturas tradicionales del Tíbet son respetadas y protegidas en plenitud bajo el sistema de la autonomía regional étnica; se han enriquecido y desarrollado en el proceso de la modernización, asimilando contenidos de la época moderna que reflejan las necesidades de la nueva vida del pueblo y del progreso social, y han denotado mayor esplendor al ser heredadas de manera científica.

La experiencia de media centuria ha demostrado la inevitabilidad histórica de la marcha del Tíbet hacia la modernización y ha revelado la ley objetiva del desarrollo de la modernización tibetana.

La modernización del Tíbet corresponde a la corriente histórica mundial y a la ley del desarrollo de la sociedad humana, y encarna las exigencias inherentes del desarrollo social del Tíbet y los anhelos e intereses fundamentales de su pueblo. En la era moderna, la modernización es el problema común al que se enfrentan todos los países y regiones del mundo y es un proceso histórico en que la sociedad humana ha progresado del subdesarrollo al desarrollo, de la ignorancia a la civilización y el progreso, del desarrollo relativamente independiente en el aislamiento al desarrollo general y acelerado en la apertura, cooperación y competencia. Al principio, la modernización nació junto con el alzamiento y la expansión de los países capitalistas de Occidente. Durante largo tiempo, los frutos de la modernización estaban monopolizados por las potencias occidentales y fueron utilizados en la agresión y dominación colonial de los países del tercer mundo. Al entrar en el siglo XX, con el surgimiento del movimiento de la descolonización, la lucha contra la pobreza y el atraso y la búsqueda de la modernización llegaron a ser la única vía a través de la cual los países del tercer mundo podían alcanzar la independencia estatal completa y la prosperidad nacional. La historia atestigua que la corriente de la modernización es tan impetuosa que quien se adapte a ella prosperará y quien vaya en su contra fracasará. En la era moderna, las fuerzas productivas, el modo de producción y el sistema sociopolítico del Tíbet permanecían todavía en el extremo atraso de la edad media. La invasión y el control imperialistas llevaron a la sociedad tibetana a una decadencia aún más precipitada y al borde del colapso general. Como única salida a esta situación y tema más apremiante, el progreso social del Tíbet exigía acabar con la agresión y el control imperialistas, reformar el sistema sociopolítico y el modo de producción atrasado y hacer realidad la modernización de la sociedad tibetana. Después de la fundación de la República Popular China, a través de la liberación pacífica, la reforma democrática, la construcción socialista, la reforma y la apertura, el Tíbet se ha liberado de la agresión y el control imperialistas, y ha dejado atrás el sistema de servidumbre feudal, que se quedaba muy a la zaga de la época, a la sociedad moderna de democracia popular, ha logrado un desarrollo económico veloz y un progreso social general, y está avanzando gradualmente hacia la modernización. Esto corresponde a la corriente histórica de la modernización mundial y a la ley de desarrollo de la sociedad humana y representa los requisitos del progreso de la sociedad tibetana y el anhelo fundamental de su pueblo.

La modernización tibetana forma parte inseparable de la modernización china y es lo que exigen la prosperidad conjunta de las diversas etnias del pueblo chino y el remozamiento de la nación china. Durante el prolongado proceso histórico, las 56 etnias chinas, incluida la tibetana, han explotado juntas el territorio chino y han formado la gran familia de la nación china, cuyos miembros comparten las mismas alegrías y penas y no pueden separarse uno del otro. Como parte inalienable del territorio chino, el Tíbet siempre comparte la misma suerte que la patria, y se desarrolla junto con ella. El progreso del Tíbet está estrechamente ligado con la patria, y la suerte de ésta siempre influye en el porvenir del Tíbet. En los tiempos contemporáneos, por su débil poderío nacional y por su régimen autócrata feudal corrompido e impotente, China se convirtió en una sociedad semicolonial y semifeudal. Todo el territorio chino, incluido el Tíbet, fue víctima de la agresión y el atropello de las potencias imperialistas y corrió la pésima suerte de ser repartido y dividido. Gracias a la victoria de la revolución democrática nacional de China y la fundación de la República Popular, el Tíbet logró la liberación pacífica, expulsó a las fuerzas imperialistas, emprendió el proceso de la modernización, se deshizo del pesado yugo de la servidumbre feudal después de la reforma democrática, y despejó el camino hacia la modernización. Como el Tíbet fue una región relativamente atrasada, el Gobierno Central y el pueblo de todas las etnias del país siempre han tenido muy presente su desarrollo. Durante los últimos 50 años, el Estado ha prestado especial atención al desarrollo social y económico del Tíbet, le ha concedido políticas preferenciales en cuanto a las finanzas, los impuestos, etc., y le ha dado enorme apoyo financiero, tecnológico y personal. Sucesivamente invirtió en el Tíbet cerca de 50.000 millones de yuanes, transfirió una gran cantidad de materiales a la Región Autónoma, y le mandó numerosos cuadros y técnicos, promoviendo enérgicamente la modernización tibetana. Se puede afirmar que en los últimos 50 años, el progreso y el desarrollo del Tíbet se han logrado bajo la correcta dirección de los grupos dirigentes con Mao Zedong, Deng Xiaoping y Jiang Zemin a la cabeza en diferentes períodos históricos, y están estrechamente ligados a la reunificación y el desarrollo de la patria y al desinteresado apoyo del pueblo de todo el país y son la viva encarnación de las nuevas relaciones étnicas, caracterizadas por la igualdad, la unidad, la ayuda mutua y el desarrollo conjunto entre las distintas etnias de China.

Tal como demuestran los hechos, la modernización tibetana depende de la modernización de la patria, y esta última no se hará realidad sin la primera. Sin la primera, la segunda no será completa ni global. Sin la independencia y la prosperidad de la patria, la sociedad tibetana no podrá renacer ni desarrollarse. Sólo cuando el proceso de la modernización tibetana se integre al de la patria y cuente con el apoyo y la ayuda del pueblo de todo el país, el Tíbet podrá aprovechar con firmeza la oportunidad histórica de desarrollarse rápido, de progresar y prosperar de manera constante. El vigoroso desarrollo de la modernización de la patria es un firme apoyo para la modernización tibetana. La correcta dirección y el enérgico apoyo del Gobierno Central, y la abnegada ayuda del pueblo de todas las etnias del país son eficaz garantía y condiciones necesarias para el acelerado y sano desarrollo de la modernización tibetana.

La modernización tibetana es la gran causa de las diversas etnias de la población tibetana. Se debe tomar el hombre como el objetivo central del trabajo para fomentar el progreso general y desarrollo sostenible de la sociedad. El desarrollo del Tíbet en los últimos 50 años se vincula al proceso de constante emancipación y desarrollo del hombre, al progreso general de la sociedad y al desarrollo armonioso de la modernización y la protección ambiental. En todo momento, las diversas etnias del Tíbet siempre han sido el cuerpo principal y la fuerza motriz esencial para la modernización tibetana, y son ellas las que disfrutan de los éxitos del desarrollo del Tíbet. Gracias a la liberación pacífica y la reforma democrática, el pueblo tibetano de las diversas etnias logró liberarse de la agresión imperialista y de la dominación inhumana de la servidumbre feudal, pasó a ser el dueño del Estado y de la sociedad tibetana, y con un elevado entusiasmo y un poderío ingente, se convirtió en el cuerpo vertebral que impulsa la modernización tibetana. Imbuidos de su responsabilidad como dueños del Estado, los tibetanos se entregan a la gran construcción del nuevo Tíbet y de la nueva vida, luchan unidos, trabajan con un espíritu emprendedor, hacen esfuerzos arduos por una nueva causa, persisten en llevar adelante y de modo simultáneo la construcción económica y el progreso social, y en desarrollar de manera coordinada la economía y la protección ambiental, impulsando de modo acelerado el proceso de la modernización tibetana. La exitosa modernización tibetana en los últimos 50 años ha expuesto ante el mundo los frutos de la lucha de las diversas etnias del pueblo tibetano y refleja su poderosa fuerza. Los hechos han demostrado que la lucha unida de las diversas etnias de la población tibetana es la fuente de fuerza que promueve la modernización tibetana. Sólo poniendo en pleno juego el entusiasmo, la iniciativa y la creatividad del pueblo tibetano y transformando la preocupación del Gobierno Central y el apoyo de todo el país en recursos ventajosos para el desarrollo del Tíbet, se podrá crear un milagro en el proceso de la modernización tibetana. Sólo partiendo de los intereses fundamentales y la demanda del pueblo tibetano e insistiendo en la estrategia de desarrollo sostenible, se desarrollará la modernización de manera acelerada y sana.

Ya que la modernización se desarrolla en una región especial como el Tíbet, hay que tener en cuenta la realidad tibetana y seguir el camino de desarrollo con peculiaridades locales del Tíbet. El Tíbet se sitúa en la meseta Qinghai-Tíbet. Su ambiente geográfico, condiciones naturales, desarrollo histórico, composición étnica, creencia religiosa, tradiciones culturales, costumbres y hábitos presentan notables peculiaridades. El proceso de la modernización tibetana debe atenerse a su realidad objetiva, considerar con plenitud las peculiaridades históricas y reales y favorecer al desarrollo de las fuerzas productivas, al progreso social y al desarrollo y la felicidad del pueblo tibetano. Las malas condiciones naturales, la atrasada base socioeconómica y las complicadas circunstancias del desarrollo histórico del Tíbet en la época moderna han decidido que el Tíbet tenga que centrarse en la modernización, acelerar el desarrollo con el apoyo y ayuda especial del Gobierno Central y de los diversos lugares del país, tratar correctamente las relaciones entre la reforma, el desarrollo y la estabilidad social, hacer un aprovechamiento racional de los recursos naturales y proteger el medio ecológico y conseguir el desarrollo sostenido, general y armonioso de la sociedad y la economía del Tíbet.

Debido a las causas históricas, la mayoría de los tibetanos son creyentes religiosos. La influencia religiosa se percibe en los distintos aspectos de la cultura, el arte, las costumbres y la vida cotidiana. Tratar de manera correcta los problemas étnico y religioso es un importante tema que la modernización tibetana ha debido encarar durante un largo período. El desarrollo tibetano de los últimos 50 años ha puesto de manifiesto que la modernización constituye el interés fundamental del pueblo tibetano y es la clave para materializar la igualdad étnica y el desarrollo conjunto de las diversas etnias. Insistir en la autonomía étnica regional, asegurar de manera efectiva los derechos autónomos del pueblo tibetano, en especial su derecho autónomo a administrar los asuntos regionales según la ley, respetar con plenitud sus tradiciones culturales, sus costumbres y hábitos, sus idiomas y escrituras, y su creencia religiosa son una importante garantía para el desarrollo sano de la modernización tibetana. Se podrá encontrar un camino a la modernización con peculiaridades regionales y étnicas tibetanas, siempre que se tome la construcción económica como centro, se persista en la reforma y apertura, se integre la protección de la libertad de la creencia religiosa con la separación del poder político del religioso, se orienten activamente la religión a adaptarse a la modernización y el progreso social, se combinen el mantenimiento y el desarrollo de las peculiaridades étnicas tibetanas con el vigoroso fomento de la industria, la ciencia, la educación y la cultura modernas, y se promueva la modernización de la industria y la cultura tradicionales tibetanas.

La modernización tibetana se ha desarrollado de manera constante en la prolongada lucha contra la camarilla del Dalai y las fuerzas hostiles internacionales. El problema de la modernización tibetana se ha producido en complicadas circunstancias históricas e inevitablemente se relaciona con luchas internacionales. Durante largo tiempo, entre la camarilla del Dalai y las fuerzas hostiles internacionales, por una parte, y el gobierno y el pueblo chinos, por la otra, se ha sostenido siempre una lucha por escindir a China y combatir la escisión y por obstaculizar la modernización y promoverla. En los tiempos contemporáneos, una minoría de gobernantes políticos y religiosos de alto nivel del Tíbet hicieron todo lo que tenían a su alcance para impedir la modernización tibetana, con el fin de defender los intereses adquiridos de la clase de los propietarios de siervos y la decadente sociedad de la servidumbre feudal. Llegaron al extremo de fraguar actividades destinadas a lograr la “independencia del Tíbet” en contubernio con las fuerzas hostiles internacionales, en una tentativa por poner obstáculos a la liberación pacífica. Después de la liberación pacífica, haciendo caso omiso de la paciente espera del Gobierno Central y la vehemente demanda del pueblo tibetano, la camarilla del Dalai no escatimó esfuerzos para obstaculizar la reforma democrática y la modernización, y con el apoyo de las fuerzas hostiles internacionales, instigó a una rebelión armada para escindir la patria. Fracasada la rebelión, la camarilla escapó al extranjero y se confabuló con las fuerzas antichinas internacionales. Desde entonces, ha atizado con frecuencia condenas a China entre la opinión pública internacional, promovido en gran escala actividades separatistas contra China, denigrado la construcción económica y el progreso social del Tíbet, y hecho todo lo posible para perturbar, impedir y sabotear la modernización de la sociedad tibetana.

La camarilla del Dalai y las fuerzas hostiles internacionales tachan la liberación pacífica del Tíbet de “ocupación del Tíbet por China” la liberación pacífica del Tíbet y la expulsión de las fuerzas imperialistas fuera del Tíbet; llaman los esfuerzos del Gobierno Central por promover la modernización tibetana como “eliminación de las peculiaridades étnicas del Tíbet”; califican el acelerado desarrollo de la economía tibetana de “destrucción del medio ambiente del Tíbet”; acusan la preocupación del Gobierno Central y el apoyo de todo el país a la modernización tibetana de “saqueo de los recursos tibetanos”, de “control intensificado del Tíbet” y de “asimilación por parte de los han”; tildan la abolición del sistema de integración del poder político y del religioso y la derogación de los privilegios laicos de la religión y los monasterios, de “extinción de la religión”; tachan el engrandecimiento de la cultura tradicional en la nueva época y el desarrollo sin precedentes de la ciencia, la educación y la cultura tibetanas, de “extinción de la cultura tibetana”, y cosas por el estilo. En una palabra, la camarilla del Dalai puede fabricar cualquier acusación para calumniar todas las cosas que beneficien la modernización y el progreso social del Tíbet y la felicidad del pueblo tibetano, y las combate a más no poder. Esto pone al descubierto la naturaleza reaccionaria de la camarilla del Dalai como representante de las atrasadas relaciones de producción de servidumbre feudal, de la atrasada cultura religiosa de la integración del poder político con el religioso, y de los intereses de las clases privilegiadas de una minoría de decadentes propietarios de siervos. Por otro lado, esto también revela la oscura psicología de las fuerzas hostiles internacionales de tratar de aprovechar el “problema del Tíbet” para socavar la estabilidad de China, desmembrar el territorio chino y obstaculizar el desarrollo y el robustecimiento de China.

Los hechos son más elocuentes y la justicia siempre triunfa. Se reconoce universalmente que el Tíbet es una parte del territorio chino. El desarrollo y el progreso de la sociedad tibetana son obvios para todos. Los esfuerzos de China por promover la modernización tibetana y combatir las actividades separatistas de la camarilla del Dalai corresponden a las tendencias históricas imperantes y la voluntad popular y se justifican perfectamente. La historia de los 50 años que han seguido a la liberación pacífica demuestra que se imponen las tendencias de la época y que la marcha de la historia es irreversible. La modernización y el progreso del Tíbet son tendencias objetivas y encarnan la voluntad de su pueblo. Todas las mentiras quedarán desmentidas por los hechos objetivos del desarrollo tibetano. Quedan condenados al fracaso todos los intentos de oponerse a estas tendencias históricas, impedir el desarrollo del Tíbet y propiciar su separación de China.

La sociedad humana ha entrado en el nuevo siglo. La paz y el desarrollo son los dos principales temas para el mundo actual. China ha iniciado un nuevo período de desarrollo en el cual intensifica de manera general la construcción de una sociedad acomodada, y acelera la reforma, la apertura y la modernización. Como parte del tercer paso estratégico de la modernización china, la estrategia de desarrollo impetuoso de las regiones occidentales se está poniendo en práctica. La cuarta conferencia de trabajo sobre el Tíbet, convocada por el Gobierno Central, teniendo en cuenta las realidades del desarrollo del país entero y del Tíbet, determinó metas estratégicas, destinadas a que en el nuevo siglo la modernización tibetana pase del desarrollo acelerado al avance a saltos, decidió intensificar el apoyo al desarrollo tibetano. En lo que llevamos del X Plan Quinquenal (2001-2005), el Gobierno Central y los diversos lugares del país van a invertir 32.200 millones de yuanes en 187 proyectos tibetanos, el Gobierno Central va a transferir al Tíbet 37.900 millones de yuanes como subsidio financiero. En esta conferencia se elaboró también una serie de políticas y medidas preferenciales. Todo ello ha proporcionado nuevas condiciones favorables y oportunidades de desarrollo incomparables para la modernización tibetana. Se puede afirmar que gracias a la firme base creada durante los 50 años de desarrollo y al gran apoyo y la ayuda del Gobierno Central y del pueblo de todo el país, el Tíbet, con sus propios esfuerzos arduos, hará realidad el desarrollo a pasos agigantados en el proceso de la modernización y abrazará un porvenir aún más brillante.