Ecos de Ucrania: El fascismo, caballo de Troya / Colectivo Sociología Crítica

Posted on 2014/02/25

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Poca gente en nuestras sociedades “occidentales” conoce el Fascismo. Conocemos los campos de concentración, el genocidio judío (aprovecho para decir que además de judíos, encerraron y asesinaron a homosexuales, comunistas y todo aquel disfuncional a su práctica), lo jamado que estaba Hitler o que en España la guerra civil que empezó Franco con un golpe de Estado, la remataron los fascistas italianos y alemanes.

En general, la idea que tenemos del fascismo es que responde a una actuación desquiciada, propia de alguna forma de enajenación mental asociada siempre a mimetismos con un pasado remoto. Y esto es un enorme problema porque es el motivo de que ni lo reconozcamos, ni calibremos el peligro que tiene.

Se convierte en un caballo de Troya porque queda relegado a hablar de Hitler, a decir lo buenos que fueron los aliados (mentira, a Europa la liberó el ejército soviético) y a repetir como loros cosas que hoy no nos sirven. Al querer asociarlo con los “malos” y no darnos las claves para identificarlo, se abre la puerta a su renacimiento desde abajo cual caballo de Troya a través de la clase trabajadora.

Hay una característica principal del fascismo que la propaganda aliada se esfuerza por esconder desde hace 60 años: a todos esos “personajes” los financia y los protege el capital. La cosa tiene su lógica porque el fascismo aparece sólo cuando el capital tiene problemas (caso de una crisis estructural o casos particulares donde una contra-revolución sucede a la toma del poder político por parte de la izquierda). Es un movimiento de defensa agresiva del capital. No veremos a señores respetables y clasistas como Churchil abanderando empalamientos, pero pagan lo necesario para que se pueda empalar, protegiendo así sus intereses.

Esa es una parte del Fascismo, la de arriba, donde se colocan los negociantes a los que la protección les viene muy bien para desatar su odio. Y, de paso (objetivo principal), poner en práctica su programa en el que, bajo la idea romántica de un pueblo o nación a la que exaltar, ponen bajo el orden del capital todo lo que se mueve. A cambio, el capital les permite excesos como los genocidios, la limpieza étnica, la ilegalización de partidos o la quema de libros. Sin ley.

“Poner bajo el orden del capital” hoy y aquí significa que el día que los recortes en sanidad, la falta de vivienda, los pagos de gas o electricidad, la falta de trabajo e incluso las dificultades para pagar los alimentos se organicen y expresen conjuntamente en una vía para tomar el poder político y cesar semejante expolio, aparecerán los empaladores nazis. Se les protegerá desde el capital y sus acciones quedarán impunes.
Con todo, no serán una vía política hasta que la izquierda empiece a mostrar divisiones. Porque otra de las características de la parte de arriba del fascismo es que van a la presa cuando se la pueden comer. Si no, deben contenerse y el capital que los financia, negociar.

Pero hay otra parte del fascismo de la que nunca jamás se nos habla. Es lo que permite que se convierta en un caballo de Troya porque la mayor parte de la gente lo asociamos con locos agresivos.
Esa segunda parte es la de abajo, está formada por personas como las demás, cansadas de tanta basura, explotadas por los cuatro costados; personas que creen en algo, que han hecho las cosas bien y reciben palos por todas partes. Personas de principios, con lealtad a lo que ellos consideran justo, incluso irreprochables en su práctica diaria. Son las personas sobre las que recaen las consecuencias de crisis varias sin comerlo ni beberlo y que tienen todas las razones del mundo para estar más cabreadas que un mono.

El problema es que este conglomerado de gente, que se está haciendo enorme, no tiene formación política. Y no tiene por qué tenerla. Pero es un problema grande en un contexto de crisis aguda en el que son los medios de comunicación los que nos dictan qué, cómo y cuándo tenemos que pensar.

Bien. La madre del cordero nace cuando todo el fascismo de arriba (vinculado y pagado por el capital) conecta con esta base de población potencialmente fascista (muy cabreada por lo que sufre y sin un pensamiento político estructurado).

¿Cómo se conectan ambos sectores? Mediante un discurso deorden emocional capaz de aglutinar con medias verdades. Simplificando bastante “políticos-hijosde puta-corruptos-chupópteros-culpables de que mi hijo no tenga futuro y de quemi familia pase frío. Habéis acabado con todo lo que durante mi vida trabajé”.

Caso de Hitler: “gabachos sinvergüenzas, queréis al pueblo alemán arrodillado”.

¿Este discurso es mentira? No, es verdad. Pero falta una parte de la verdad: lo que no dicen es que esos políticos corruptos que suscitan tanto odio, son delegados de grandes grupos de interés empresarial para que tomen decisiones acordes a sus intereses.

Lo que se encuentra enfrentado detrás del escenario que una y otra vez nos quieren poner delante, son las rentas del trabajo y las rentas del capital; los intereses de los trabajadores enfrentados a Deutsche Bank, Siemens, Bayer, BBVA, Indra, Iberdrola, Mercadona, Movistar, OHL, Sacyr, Planeta, Prisa, Prosegur, Goldman Sach o JP Morgan.

Es un enfrentamiento que no se ve porque está mediado por sus representantes políticos, y por eso cuela ese discurso emocional que los esconde y ese escenario falso: ¿los ministros de exteriores se mueven cuando un connacional tiene problemas fuera, o cuando los tiene una gran multinacional?.

Lo que nunca dijo Hitler es que de los créditos de reparación alemanes se beneficiaba el capital internacional, no los trabajadores franceses. ¿Cómo lo iba a decir, si habían pagado su campaña y lo abastecían? Pues en igual sentido, lo que nos dirán hoy es que “Alemania acaba con nosotros” (permítanme dudarlo. Otra cosa es que los mismos delegados del capital nos hayan metido en un concierto europeo para mejor exprimirnos). Porque no nos pueden decir, sin que sus patrocinadores tengan un serio problema, que los trabajadores alemanes acabarán por tener iguales dificultades.

Y cuando no tienes una formación política estructurada y estás cabreado como un mono con toda la razón, y encima eres una persona honesta, por supuesto que vas a oir estos discursos emocionales sin pararte a mirar ni quiénes son ni de dónde sale la pasta o por qué no tienen problemas legales.

A lo que iba: cuando esa parte superior del fascismo, bien regada por el capital, conecta mediante un discurso emocional con toda esa población cabreada con razón, pero sin formación y sin intuición de clase, el monstruo está naciendo.

Yo quisiera que entendiésemos el fascismo porque nos va a hacermucha falta: su base y su dirección son dos cosas muy diferentes y es necesario un discurso emocional de medias verdades para conectarlos que en tiempos de crisis aguda funcionará.

El problema es que una vez que eso se pone en marcha no lo frenas. Porque esa base tiene razón y tiene problemas que no ha provocado (sólo que le faltan las partes de razón que le hurtan a propósito y que la llevarían por otros caminos políticos).

Y todo esto lo digo porque el hecho de que la UE reconozca como interlocutor en Ucrania a grupos fascistas, tiene que estar haciéndonos saltar todas las alarmas. Quiere decir que ha llegado un punto en esta crisis en que están dispuestos a usarlos. Y que nadie crea que aquí no va apasar. Si tienen que escoger, va a pasar.

Entender el fascismo permite desactivar el caballo de Troya que lleva dentro porque los fascistas, la base del fascismo, no son monstruos, son gente cabreada que encuentra una canalización política sencilla cuando ya no ve cómo arreglar sus problemas. Entender que esta base es radicalmente diferente de la dirección puede servirnos para explicar a personas cercanas hacia dónde están yendo políticamente. Y sobre todo, sirve para vigilarnos a nosotros mismos y tener un mapa de los lugares a los que llevan determinados cantos de sirena.

Y bueno, su utilidad es limitada porque, precisamente, el peligro y el éxito del fascismo radica en que es emocional y opera sobre la verdad -trozos-, así que una vez que alguien emprende ese camino y está muy afectado por las consecuencias de la crisis, es difícil razonar con perspectiva. Pero no es imposible. Imposible es si no se entiende el fascismo.

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