Le Goff: “Europa no es vieja, es antigua: una buena baza para construir el futuro” / El periodico

Posted on 2014/04/04

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El periodico MARTES, 1 DE ABRIL DEL 2014 – 14.21 H

Jacques Le Goff, nacido en 1924, medievalista mundialmente reconocido, es una de las principales figuras de la Ecole des Annales, que se interesa particularmente por la dimensión humana de la Historia y por la evolución de las sociedades. Sus libros, han alcanzado ya la categoría de clásicos: La civilización del Occidente medieval (1964), El hombre medieval (1995, Alianza), Saint Louis (1996), Diccionario razonado del Occidente medieval (1999, Akal). Ultima obra aparecida: Nació Europa en la Edad Media? (2003, Crítica). Desde su destacado papel de medievalista, Jacques Le Goff aborda el nacimiento de Europa en la Edad Media, subrayando cómo se afirma poco a poco en este espacio geográfico una identidad común de los europeos.

— Se puede hablar de reunificación de Europa a propósito de la ampliación de la Unión?
–Europa jamás ha estado unida. La cristiandad medieval, de la que se podría pensar que fue un primer esbozo de Europa, no puede ser identificada como tal. Por otra parte, los países que se incorporan a la Unión Europea son europeos desde hace mucho tiempo, al menos desde la Edad Media. Su adhesión a la Unión es simplemente el reconocimiento de su cualidad europea.

— En qué época nació Europa?
–Se trata de un término geográfico que fue introducido en la antigüedad por los griegos. Como solía suceder en el pensamiento griego, el término y lo que designa aparecieron a partir de un mito. El nombre de Europa era el de una ninfa raptada por Zeus que acabaría convirtiéndose en su compañera. Europa, antes de ser un continente, fue una mujer. Dicha ninfa, según los griegos, es de origen asiático y más concretamente fenicia, lo que demuestra los vínculos que, desde su origen, unen a Europa con Asia. Europa es la extremidad del continente euroasiático.

— Cuándo se convierte Europa en algo más que un término geográfico?
–Hay que distinguir entre Europa y europeos. Lo más importante, en la perspectiva de la construcción comunitaria, es la emergencia y la utilización del término europeo, porque indica la identidad de un grupo de hombres y mujeres, y no simplemente un espacio. El término aparece en una crónica occidental y cristiana a propósito de las escaramuzas que enfrentaron, cerca de Poitiers, en el siglo VIII, al jefe de los francos, el mayordomo de palacio Charles Martel, a una razia musulmana procedente de España, territorio que acababan de conquistar. El término apareció, pues, en un contexto de enfrentamiento con los musulmanes, lo que no era ni mucho menos la realidad más profunda de la Europa medieval. La palabra europeo se empleaba en la Edad Media con mayor frecuencia de lo que suele decirse, principalmente en la época carolingia, en los siglos IX y X. Pero no se impone verdaderamente hasta el siglo XV, cuando es utilizada llamativamente por el papa Pío II, un sienés cuyo nombre era Enea Silvio Piccolomini y que consagró un pequeño tratado a Europa. Dicho papa estaba movido por un nuevo estado de ánimo, pues pensaba en Europa frente a los turcos, ya que Constantinopla había sido tomada en 1453. Y posteriormente, en la perspectiva de crear un espacio de paz que aparece como un acontecimiento ancestral en relación con lo que sucede en la actualidad, el rey husita de Bohemia, Georges Podiébrad, publicó un proyecto de unión de Europa realmente asombroso: preveía unas instituciones comunes, su funcionamiento, la toma de decisiones por la mayoría de las naciones. En resumen, esbozó una Constitución para Europa. Fue el precursor de Valéry Giscard d’Estaing! Europa se concretaba. El término era empleado sobre todo por la pluma de los clérigos. Pero su empleo más frecuente ya no estaba limitado a un sentido geográfico. Detrás subyacía el sentimiento de cierta identidad entre la gente que poblaba este espacio.

— Esta identidad común de los europeos se ha forjado gracias al cristianismo?
–El cristianismo es más un conjunto de prácticas, creencias y ritos que una ideología. Sin duda alguna, el cristianismo es esencial para la formación de Europa, pero no tanto en forma de ideología o de religión; no hay que olvidar que la palabra religión no aparecerá hasta el siglo XVIII. El sentimiento de comunidad nació del hecho de que las instituciones estaban, en el conjunto de Europa, muy próximas. En particular la red eclesiástica, con sus obispados, sus arzobispados, etcétera, estructuraba Europa, del mundo escandinavo al Mediterráneo. Al frente de esta sociedad había dos hombres. Uno de ellos, el papa, era reconocido por todos los cristianos, pero no hay que exagerar su importancia: en el siglo XIV se produjo un cisma y en algunas ocasiones cohabitaron dos y hasta tres papas… La otra figura era el emperador, aunque jamás consiguiera unificar Europa. El primer fracaso fue el de Carlomagno. Contrariamente a lo que se suele creer, no fue el primer europeo, pues su proyecto no lo era: quería recrear el Imperio romano y constituir un imperio franco. Carlomagno miraba hacia el pasado y quería construir una Europa dominada por una nación, al igual que intentarían hacer más tarde Carlos V, Napoleón y posteriormente Hitler.

–Carlomagno rompió con el Imperio romano organizando su imperio al norte del Mediterráneo: en ese momento se afirmó la Europa geográfica.
–Carlomagno no tenía conciencia de ello. Está claro que puso fin, definitivamente, al Imperio romano haciendo bascular el centro de gravedad político y cultural de la Europa del Mediterráneo, alrededor de la cual se había construido el Imperio romano, hacia la Europa del Norte, donde él mismo se instaló, en Aix la Chapelle. Pero, más que en esta oscilación, su aportación más importante se dio en el dominio cultural. Reunió a su alrededor a un grupo de sabios que, por ejemplo, procedieron a una revisión de la Biblia, instituyeron una forma de escritura que se impuso en todos los talleres de manuscritos, la minúscula carolina, y una forma de pensamiento, una especie de primera escolástica. Pero todo ello quedó a un nivel muy superficial. Hubo que esperar a los siglos XII y XIII para que el movimiento de alfabetización se propagara, en particular en las ciudades. En las escuelas se aceptó a las chicas, y ahí se puede decir que se produjo una
oleada de europeización de mayor importancia.

–Así pues, Europa se construyó al norte del Mediterráneo, pero también al oeste del Imperio bizantino, un imperio percibido como oriental.
–Esta escisión entre Occidente y Oriente es anterior a la construcción de Europa e incluso es una de las condiciones necesarias para su desarrollo.El acontecimiento decisivo fue la decisión de Constantino de instalarse en Constantinopla en el siglo IV. Ésta es una de las fechas de la fundación de Europa.

–¿La identidad europea se forjó ante todo gracias a sus instituciones?
–En la Edad Media se conformó el sentido comunitario de los europeos. A veces se dice que no había un sentimiento de Europa, sino de pertenencia a la cristiandad. Pero la palabra cristiandad sólo data del siglo XI y jamás ha reemplazado a Europa. Había una Europa de hecho que se constituyó poco a poco pero que no tenía nombre antes del siglo XV. En el seno de la cristiandad había dos formas de organización política. Por una parte, la ciudad, que podía limitarse a una urbe y su entorno, o la ciudad-Estado, como en el caso de Italia, e incluso de Alemania. Por otra parte, se produjo la aparición de los reinos, que son la novedad de la política europea. En la Edad Media se constituyeron, con un mismo movimiento, un espacio común europeo y su división en reinos. La unidad y la diversidad que marcan toda la historia de Europa. La oposición entre los estados y Europa que suele argumentarse en la actualidad no se sostiene históricamente. Se trata de dos formaciones no sólo sincrónicas, sino que van a la par. Europa es, desde su nacimiento, una federación de reinos. Los únicos reinos que no llegan a formarse bien son Alemania e Italia. En Alemania, el movimiento es contrarrestado por la presencia del emperador, que reina sobre el Santo Imperio Romano-Germánico, y en Italia, a causa tanto de la presencia del papa como de la importancia de las ciudades-Estado. Habrá que esperar hasta el siglo XIX para que Alemania e Italia se unifiquen. Y así, al unificarse, al convertirse en naciones, en estados, Alemania e Italia posibilitaron la emergencia de Europa. La emergencia de las naciones no se realiza contra Europa.

–Pero estos reinos arrastraron a Europa a guerras sin fin.
–Una de las características curiosas de la historia europea es la combinación entre las guerras intestinas y la búsqueda de la paz. Por ejemplo, una de las grandes actividades del papado en la Edad Media era intentar que reinara la paz entre las naciones cristianas, en particular entre Francia e Inglaterra. El sistema belicoso europeo estaba tanto o más estructurado por las treguas y los tratados que por las batallas. También es tan justo decir que Europa fue durante 16 siglos una región de guerras fratricidas como decir que ha sido un lugar de búsqueda permanente del entendimiento pacífico.

–Durante el mismo periodo, el espacio dominado por el islam no estaba en guerra permanente…
–Esto se debe al hecho de que el islam, como por otra parte la India o China, estaba fascinado por el fenómeno imperial, califal en este caso. El imperio incluía la idea de paz, lo que en la antigüedad se denominaba la pax romana. Europa, por su parte, es alérgica a la idea de imperio. Todos los intentos de constituir uno han fracasado. La realeza, que está vinculada a la idea de nación, nos parece una forma política mucho más fundamental. Ha sido necesario que se produjeran acontecimientos traumáticos para que desaparecieran las monarquías, ya sea en Francia, en Alemania, en Italia o en la España republicana.

–¿Turquía debe incorporarse a Europa?
–No se puede construir Europa sin apoyarse en la geografía y la historia. Sin duda alguna, las fronteras de Europa no son inamovibles. Pero si llevamos Europa hasta Irak, ¿por qué no integrar a Oriente Próximo, África del norte, Europa del Este al menos hasta el Cáucaso? La consideración geográfica deja un margen a los europeos, pero les muestra también lo que sería un absurdo. En cuanto a la historia, ésta permite convertir a Europa en algo más que un espacio de librecambio. Una comunidad cultural que viene de lejos y se ha ido constituyendo lentamente. Europa no es vieja, es antigua. Y la antigüedad bien utilizada es una buena baza para construir el futuro. Evocar la historia para promover una Europa cultural no es volver a la religión. Turquía debe mantenerse al margen de Europa no porque sea musulmana, ya que por otra parte es un país laico, sino porque no es europea. Bosnia, Albania, musulmanas, son europeas y formarán parte de Europa en un futuro más o menos próximo.

–¿Sus argumentos son válidos para Bielorrusia, Ucrania y Rusia?
–Sí y no. Hay algo parecido, pero estos países han formado parte de Europa durante más tiempo. En particular, Rusia ha sido partícipe de lo que se ha dado en llamar el concierto europeo. Creo que se incorporarán a la Unión Europea en una próxima oleada.Hay un ritmo europeo en la historia. Dicho ritmo está marcado por la entrada en oleadas en un mismo conjunto. Pero estas oleadas están muy alejadas las unas de las otras. La primera se remonta a los siglos IV y V, cuando aparecen los reinos anglosajones, Francia y Alemania. Luego la oleada del año 1000: los países eslavos, los países escandinavos y Hungría. Nos encontramos en la víspera remota de una nueva oleada en la que entrará la lejana Europa del Este.

–Así pues, ¿la construcción comunitaria actual no es más que la continuidad histórica de una Europa que se busca desde hace 1.500 años?
–En parte. Los grandes acontecimientos históricos obedecen a una misma lógica que podemos resumir de una manera simple: continuidad y cambio. Es también una condición del éxito. Si no hay continuidad, se fracasa. Si no hay cambio, se muere a fuego lento.

©Libération

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