¿Proceso constituyente republicano o la gran coalición de un gobierno tecnocrático de las elites? / Diario Octubre

Posted on 2014/06/08

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08/06/2014 Diario Octubre

La abdicación de Juan Carlos de Borbón fue una sorpresa mayúscula, de la que solo estaban al tanto el PP, el PSOE, los poderes fácticos y, más que previsiblemente, los mandamases de Washington y Bruselas.

La creciente movilización social contra las políticas neoliberales, los cinco millones de votos perdidos por el bipartidismo hegemónico salido de la transición y el descrédito del sistema parlamentario han confluido de forma determinante para tomar una decisión drástica de renovación de la cúpula simbólica de la jefatura del Estado en España.

Y desde el FMI y otras instancias internacionales de la gobernanza mundial impuesta de manera antidemocrática por las elites se anuncia una mayor intensidad en las reformas emprendidas hasta ahora en la línea de recortar más derechos sociales para la clase trabajadora.

En este escenario de deterioro y crisis institucional, el sistema imperante necesita un impulso para llevar a cabo sus políticas regresivas que contrarreste el poder en auge de la izquierda radical y transformadora y de la voz de la calle en general. De ahí, que haya prisa por coronar la cabeza de Felipe de Borbón, un personaje que permitiría un relanzamiento de las clases dominantes, o al menos sofocaría por un periodo de tiempo el clamor ciudadano.

Sin embargo, cabría suponer que con el advenimiento de Felipe VI el proceso no se cerrara definitivamente. Los datos objetivos seguirán siendo los mismos: paro brutal, pobreza en aumento…

Por tanto, después de la solemne homologación por arriba del nuevo tiempo institucional vendrán otras decisiones para apuntalar el régimen resultante. ¿Cuáles? Están por ver. De momento, permanecen ocultas en la agenda de PP y el PSOE y de las directrices que vengan desde el poder establecido a la sombra de los cauces habituales públicos del sistema.

Que el PP continúe ocupando el poder institucional sería la primera opción. Pero hay dos alternativas diferentes a ésta: convocatoria de elecciones generales y dimisión del Gobierno Rajoy ante el nuevo paradigma regio con proclamación sucesiva de un ejecutivo tecnocrático de hombres y mujeres ilustres sin adscripción política definida que contarían con el aval parlamentario del bipartidismo en táctica retirada a un segundo plano.

Unos comicios generales a corto o medio plazo no parecen una solución viable. En estos momentos, el PSOE vive en mitad de una tormenta de credibilidad colosal, sin dirección y a la baja en sus expectativas electorales. El PP, por el contrario, a pesar de la erosión previsible en sufragios, seguiría aglutinando el voto de la derecha, pero sin la ayuda del PSOE el bipartidismo podría quedarse en minoría aun sumando los escaños de los nacionalismos derechistas de PNV y CiU.

De lo dicho se desprende que unas elecciones generales entrañarían riesgos muy grandes para la estabilidad del binomio PP-PSOE. Además de resistir a la numantina el gobierno de Rajoy, la vía de un ejecutivo de próceres insignes cobra fuerza en el teatro de operaciones políticas actual. Los globos-sonda de la gran coalición van por ahí. Mediante esta alternativa se matarían dos pájaros de un tiro: dar la razón superficialmente a la movilización social entregando a Rajoy y los suyos en bandeja de plata y resituar la situación social y política dejando en manos de líderes blancos sin carnet partidario la gestión de la crisis hasta 2015 o 2016.

Del modo descrito, PP y PSOE ganarían tempo para refundarse y no implicarse directamente en las medidas regresivas que habían de tomarse desde un ejecutivo de carácter técnico y supuestamente neutral o de salvación nacional. En Italia ha funcionado con Monti a las mil maravillas.

La complejidad de lo que se avecina es mayúscula y se juega a varias bandas ya desde hace algún tiempo.

El surgimiento de Podemos no ha sido espontáneo. Hace meses que su imagen o cartel público, Pablo Iglesias, ha cobrado una dimensión espectacular gracias a su aparición machacona y repetitiva en los medios audiovisuales de masas, convirtiéndose en un icono mediático irresistible. Objetivamente, Podemos no ha surgido de la nada.

Que existe un hartazgo generalizado hacia la clase política no explica todo el fenómeno Podemos. Tampoco que se diga de manera arbitraria que ha sabido conectar con el 15M. Iglesias ha sido el líder de la izquierda emergente que más ha aparecido en los medios de comunicación, eclipsando otros puntos de vista de la izquierda transformadora institucional o no. ¿Por qué han apostado por este encumbramiento sospechoso los propietarios de numerosos media tan dispares entre sí desde el punto de vista ideológico?

En el divide y vencerás puede residir una respuesta convincente. El ascenso de Podemos ha segmentado el voto izquierdista y perjudicado notablemente a Izquierda Unida, donde se hubiera concentrado a buen seguro el sufragio antibipartidista y antisistema, no todo, pero sí en mayor grado de lo sucedido en las elecciones europeas.

La postura de Podemos en la cuestión del referéndum sobre monarquía o república resulta altamente sospechosa. Se ha sumado a las reivindicaciones con timidez y cálculo, no adhiriéndose a los manifiestos plurales para no mezclarse con las siglas IU. Para ello, ha argumentado que debe ser la ciudadanía la que lidere las movilizaciones. Destila aroma a pretexto endeble su posición táctica.

Los partidos políticos, aun con sus carencias estructurales y sus tics poco participativos, también son expresión de la ciudadanía responsable, tienen opinión propia y no deben callar y permanecer en silencio hasta que el cuerpo ciudadano se pronuncie sin más. Ese espontaneísmo emocional y virgen no conduce a ninguna parte. Todo proceso necesita de una mínima organización. Por aclamación, la calle no tomará jamás las riendas del poder efectivo.

Otrosí, la horizontalidad que predica Podemos se contradice con la presencia total de su líder en los medios de comunicación, siendo el único portavoz real del movimiento. ¿Dónde ha quedado la horizontalidad y la espontaneidad más allá de las palabras y la imagen omnicomprensiva de Iglesias?

Se desconocen, por el momento, las metas políticas de Podemos ni su componente ideológico. ¿Qué pretenden? ¿Tienen modelo de sociedad? ¿Cuál es su política de alianzas? Su teoría de la casta frente a la ciudadanía o el cualquierismo parece pobre, coyuntural y populista. Si quisiera sumar de verdad en estos instantes políticos, ofrecería su brazo a las reivindicaciones por un referéndum sin contrapartidas previas ni formalidades excesivas ni poses de salón medidas.

No es probable la convocatoria de un referéndum ni la apertura de un proceso constituyente a corto plazo. Actúan en su contra distintos factores. PNV y CiU seguirán jugando un papel decisivo de apoyo al régimen a través de un discurso ambiguo, de derechas en el Congreso de los Diputados e independentista con sordina en sus feudos autóctonos. De esta manera, se mantiene a raya y entretenida a la izquierda política y social.

El entramado de la transición cuenta con el PNV y CiU como freno de las reivindicaciones genuinas de la izquierda catalana y vasca. Desenmascarar este espectro ideológico es vital para liberar de clichés el futuro político de un nuevo modelo republicano de Estado. CiU y PNV son el verdadero PP de Cataluña y Euskadi, la derecha fetén de ambos territorios.

En efecto, la complejidad política actual es elevada. En el terreno del día a día, la Cumbre Social liderada por CC.OO. y UGT tampoco ha cumplido las expectativas originales. En este preciso momento, el desprestigio indiscriminado del sistema nacido en la transición también les está tocando de pleno.

UGT, al igual que el PSOE, se ha posicionado por la Constitución y la Monarquía, aunque bien es verdad que se desconoce el descontento real de sus bases. Por su parte, CC.OO. ha realizado un llamamiento a sus afiliados y afiliadas para que participen a título personal en las reivindicaciones en marcha por el referéndum y un nuevo proceso constituyente. La declaración es formal y muy escrupulosa, no comprometiendo al sindicato como tal en la organización ni impulso de las concentraciones o manifestaciones realizadas o por llegar.

Las siglas CC.OO. serían decisivas en estos críticos momentos históricos para crear una mayoría social pujante y sólida. CC.OO. estuvo como nadie en la lucha contra la dictadura franquista; hoy debería estar igualmente en cabeza por un nuevo proceso constituyente. Podemos también ayudaría a la causa si dejara de lado sus reticencias formales y si dijera claramente y sin tapujos a qué modelo de sociedad aspira.

Las incógnitas CC.OO. y Podemos retienen la movilización ciudadana en un camino o expectativas con el freno de mano puesto. Cuesta mucho romper con el pasado y con inercias radicales de democracia directa teórica ancladas en presupuestos doctrinales irreversibles.

Los acontecimientos venideros pueden dar vuelcos inesperados en función de avatares imprevisibles. El poder establecido, por el momento, está imponiendo su agenda y sus intereses propios: el 19 de junio habrá nuevo rey. ¿Seguirá agitada la calle? ¿Se sumarán CC.OO., Podemos y las bases del PSOE a un nuevo proceso constituyente desde un referéndum vinculante? ¿Ayudarán organizativamente al buen fin de las reivindicaciones o seguirán otorgando “libertad” de elección a sus simpatizantes y afiliados? A CC.OO. y a Podemos se las necesita con urgencia no diseminadas entre la multitud o cerrando las marchas reivindicativas sino ofreciendo sus siglas a la organización plural por una nueva mayoría social y política de raíces inequívocamente republicanas.