El origen de la diáspora ucraniana en España / Nahia Sanzo

Posted on 2014/10/28

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El memorial de la cota  277


Fuente: Slavyan Grad //La reciente irrupción de partidarios de Svoboda en un acto de la Universidad Complutense de Madrid ha puesto de manifiesto la presencia de nacionalistas Ucranianos en España, una presencia que ni es nueva ni es casual. El origen de la presencia de las extrema derecha ucraniana en España tiene su origen en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial y a la derrota de la Alemania Nazi y va a ser importante para a la hora de iniciar la colaboración que los exiliados ucranianos y los servicios secretos de Estados Unidos van a desarrollar a lo largo de la Guerra Fría.

La Iglesia católica, ya activa en labores de propaganda anticomunista en Ucrania, fue clave en la llegada de estos estudiantes a Madrid, apoyada por organizaciones como Obnova, la organización de los estudiantes católicos ucranianos, prohibida en 1939 por la Unión Soviética. Recogiendo la experiencia de trabajo con estudiantes católicos desde 1920, la organización se estabece en Lviv en 1930. El objetivo es agrupar a los estudiantes católicos para formarles en los principios éticos y morales de su religión, en en particular oposicion a las influencias bolcheviques. El Obispo Buchko aparece como el principal patrocinador de la organización. Buchko, que no es solo un referente apostólico para los ucranianos de Europa occidental, sino que se convierte en el enlace entre estos y la Iglesia desde su posición de Obispo auxiliar en el Vaticano desde principios de los años 40.

El 31 de diciembre de 1946, ABC recoge así la llegada a Madrid, procedentes de Barcelona, de una primera remesa de jóvenes ucranianos que iban a integrarse precisamente en la Universidad Complutense, entonces Universidad de Madrid y en la Universidad Politécnica:

ESTUDIANTES UCRANIANOS EN MADRID. VIENEN ACOGIDOS A LA OBRA DE ASISTENCIA UNVERSITARIA

En el expreso de Barcelona llegaron el domingo 18 estudiantes ucranianos que viene a Esapña acogidos a la Obra Católica de Asistencia Universitaria y que han de continuar sus estudios en el colegio madrileño de Santiago Apóstol, de reciente creación. Proceden de Italia, y hace dos días llegaron a Barcelona enviados por una asociación ucraniana que reside en Lovaina, la Obnova, y avalados por monseñor Bucko (sic), obispo de Ucrania, designado por la Santa Sede para la asistencia espiritual de sus compatriotas en el exilio.

En la estación fueron recibidos por los señores Hergueta y Riaza, tesorero y secretario, respectivamente, de la Obra, y les acompañaron desde Barcelona el tesorero de ésta, señor Rexach, y el ucraniano Sr. Karmaren, corresponsal de periódicos ucranianos en América. Acudieron también a recibirles los estudiantes polacos recientemente llegados a Madrid.

Los estudiantes ucranianos se muestran entusiasmados por encontrarse en España. Después de varios años de grandes adversidades y de conocer el terror ruso, pues en los años 1939 y 1941 sufrieron la ocupación soviética, llegan a España procedentes de campos de concentración de Italia, en los que fueron internados al terminar la guerra. En 1944 el pueblo ucraniano empezó su éxodo por varios países de Europa, huyendo del avance comunista. Ellos buscaron refugio en Italia, y ahora Obnova ha logrado sacarlos de dichos campos de concentración y enviarlos a España.”

ABC añadía también, que se esperaba la llegada de otro grupo de estudiantes polacos, “los cuales tienen el propósito de terminar sus estudios en nuestro país, debido a las facilidades concedidas a este respecto por el Gobierno español”.

Pero es años más tarde, a la muerte de Buchko en 1974, cuando uno de los medios de la emigración ucraniana en Estados Unidos, Ukrainian Weekly, aporta una serie de detalles que completa la información aportada por ABC, que oculta o desconoce la naturaleza real de la estancia de ese grupo de ucranianos en el campo de concentración de Rimini. Para resaltar la labor de Buchko en su intento de que los refugiados ucranianos no fueran deportados a la Unión Soviética, Ukrainian Weekly explica: “fue la intercesión del Arzobispo ante el difunto Papa Pio XII la que aseguró que se liberara a la Primera División Galichina, detenida en campos de prisioneros en Italia”. La División Galichina, que había luchado junto con la Alemania Nazi, se rindió a las tropas británicas el 10 de mayo de 1945.

Tal y como estaba previsto, los estudiantes ucranianos se integran en la Universidad Complutense de Madrid, donde continúan sus estudios antes de emigrar a Estados Unidos o Canadá o permanecer en España. Madrid se convierte en uno de los centros de la emigración ucraniana en estos primeros años de la posguerra. Así lo percibe Ukrainian Weekly, que a raíz de una visita a Madrid describe cómo vio la llegada de los estudiantes ucranianos a Madrid.

“Madrid, esta vieja capital de España, se ha convertido en nuevo centro de la vida de la emigración ucraniana en la era de la posguerra. Empezó a sentarse la base en 1946, cuando un grupo de estudiantes refugiados ucranianos se encontraron en la Universidad de Madrid gracias a varias asociaciones Católicas de socorro. Fue Andre Klashka quien abrió el camino para el nuevo proyecto con la firma de un acuerdo con el señor Ruiz Gimenes (sic), ministro de Instrucción Pública, mientras que el cardenal Tisserant y el Obispo Buchko proporcionaron parte sustancias de las donaciones destinadas a las becas para los estudiantes”.

Impresionados por el recibimiento por parte de las autoridades franquistas, Ukrainian Weekly destaca la postura española ante la lucha ucraniana:

“Entre los importantes oficiales españoles que conocimos estaba el señor Martín Artajo, Ministro de Exteriores, el señor Joaquim (sic) Ruiz-Gimenez, ministro de Instrucción Pública. Ambos están extremadamente bien informados sobre Ucrania y saben por qué está luchando Ucrania. No ha habido que explicarles nada, cosa que no ocurre con otros oficiales europeos.

El señor Ruiz Gimenez, que habla bien inglés y que estuvo en Estados Unidos en la conferencia de Pax Romana hace unos años, dijo: “Los españoles no son ricos. Pero hemos estados ayudando a estos estudiantes ucranianos y de otros países porque sabemos lo que han sufrido bajo el comunismo. Ayudamos a estos estudiantes ucranianos como muestra de gratitud por la valiente lucha que toda Ucrania libra contra Moscú”.

La posición política de España, que ya tenía buenas relaciones con Estados Unidos y que por la naturaleza de la dictadura franquista mantenía estrechas relaciones con el Vaticano, era ideal para el desarrollo de los primeros intentos de colaboración con los nacionalistas ucranianos. Como bien observaron los representantes ucranianos en los años 50, no había necesidad de explicar la naturaleza de la lucha ucraniana contra Moscú. España, que había enviado a la División Azul al frente ruso durante la guerra y que culpaba a Moscú, sin base ni argumento alguno, de la guerra civil española, reunía la ideal dosis de anticomunismo, odio a todo lo ruso y aislamiento, lo que daba a Estados Unidos un mayor margen de maniobra a la hora de plantear exigencias. Los nacionalistas ucranianos, Estados Unidos y la España de posguerra compartían entonces el compromiso incondicional con la lucha contra el comunismo y todo lo que representara Moscú. En sus años más duros de posguerra, la España del racionamiento estaba dispuesta a apoyar a esos estudiantes ucranianos sin necesidad de mayor explicación.

Aunque los primeros contactos con exiliados ucranianos se producen en Munich, principal foco de la resistencia ucraniana en el exilio en Europa, en 1946, la inteligencia estadounidense mantiene ciertas reticencias a la hora de colaborar con estos refugiados. Kevin C. Ruffner señala tres problemas principales, entre los que destaca el desconocimiento de los diferentes grupos y facciones entre la diáspora ucraniana. Se recomendaba entonces estudiar la historia y la motivación de cada uno de ellos para evitar la posibilidad de infiltración de agentes soviéticos bajo la tapadera de exiliados ucranianos. Maestros de la intriga política y de la propaganda en el pasado, los servicios secretos estadounidenses suponían que estos agentes no dudarían en usar a Estados Unidos para su propio beneficio. Era necesario investigarlos antes de tomar “pasos decisivos para explotarlos con objetivos de inteligencia”. El historial de guerra de algunos de estos ucranianos anticomunistas tampoco pasó desapercibido a los servicios secretos estadounidenses, que comprendían que la guerra había reavivado viejas rivalidades y odios en Ucrania. Estos ucranianos “odiaban a polacos y Judíos así como a los comunistas soviéticos”.

El régimen franquista proporcionaba a Estados Unidos un escenario ideal para una primera colaboración con esos nacionalistas ucranianos en los que aún no confiaba completamente. En ese marco se iba a lanzar la Operación Belladonna, una de las primeras colaboraciones entre los exiliados ucranianos y los servicios secretos estadounidenses.

El principal objetivo de la Operación Belladonna era impedir que los servicios secretos soviéticos se infiltraran en los círculos de exiliados de la Unión Soviética. Los estudiantes ucrananos, en España patrocinados por las becas conseguidas a través de la Iglesia católica, disponían de una perfecta tapadera. La importancia de la Operación Belladonna radica en que supone la primera de una larga lista de colaboraciones entre los servicios secretos occidentales, Estados Unidos en este caso, y exiliados ucranianos relacionados con las organizaciones nacionalistas ligadas a Stepan Bandera, Yaroslav Stetsko o Mikola Lebed.

Satisfechos con la primera colaboración con los nacionalistas ucranianos, los servicios secretos estadounidenses van a lanzar, desde su base de Munich una operación paralela a la Operación Belladonna, la Operación Trident, de contrainteligencia en Polonia y Ucrania. El objetivo era infiltrar a agentes en Ucrania, cuya misión principal era buscar información sobre “posibles oficiales de policía y otros tipos de oficiales soviéticos que podrían desertar por motivos ideológicos o económicos”. A pesar de las reticencias iniciales, Estados Unidos buscaba ya “determinar que ciudades de Polonia disponen de representantes de la UHVR/UPA y cuáles son sus conexiones en Ucrania; extender esta representación hacia Checoslovaquia y la zona rusa de Berlín para proporcionar un servicio de correos vía Berlín y Praga”.

En aquellos años, los actos de los emigrados ucranianos en España iban a encontrar un espacio en las páginas del ABC. Por ejemplo, en 1951, el medio daría voz a Miguel Hicka, delegado de las juventudes de Ucrania, que en su discurso definiría perfectamente la naturaleza de la presencia de estos exiliados en el país:

“Miguel Hicka habló en castellano fácil y correcto. Expuso con verbo elocuente la situación de Ucrania bajo el yugo zarista, Ucrania en la lucha activa contra el comunismo, Ucrania bajo el signo católico de su lucha, Ucrania en su lucha actual. Terminó diciendo que la misión de los jóvenes emigrados católicos ucranianos era llevar la voz de protesta del pueblo ucraniano contra el comunismo opresor en toda Europa occidental. Añadió: “no hemos huido del comunismo por cobardía, sino que hemos salido de nuestra patria para buscar, bajo la cruz de Cristo, el camino recto para volver después a nuestra patria católica”.

En aquel momento, ABC incide en el aspecto religioso, aunque es el aspecto de propaganda el que se está desarrollando desde España en esos años. Tras una primera operación de inteligencia que busca principalmente evitar la infiltración, la colaboración entre los emigrados ucranianos, el Gobierno de la España franquista y los servicios secretos estadounidenses se va a materializar en la sección ucraniana de Radio Nacional de España, lo que va a convertir a España en el primer poder secular, tras las emisiones de la Iglesia católica, en dirigir emisiones para los ucranianos en su propio idioma y va a ser uno de los precursores de otros proyectos más conocidos de emisiones de radio dirigidas a los países de la Unión Soviética, como las de Radio Free Europe.

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