In memorian. Ladislao Martinez nunca se rindió. Un hombre ejemplar / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2014/12/09

0


ladislao-martinez--478x270


Apenas me atrevo a escribir. Se lo debo, lo sé. Era alguien a quien respetaba mucho, y al que no dudaré de calificar de ejemplo para todos. Mi rabia con el mundo crece con su pérdida, se nos ha ido alguien cuya aportación era imprescindible para algún día cambiar las cosas a mejor, para que fuesen de otra forma. Ladis tenía mucho que decir, mucho que aportar; si hubiese tenido oportunidad, si hubiera dependido de él, algunos temas clave en el devenir social y vital, estructural, habrían transformado la vida de todos. No fue, ya nunca será, con otros tal vez, con él ya no. No vio otros éxitos que el de la idea que se extiende, que el de los jóvenes que aprendieron con él la lógica de ciertos conflictos y de que el mundo se podría construir sobre otra base. Le fue negado el acceso a las palancas reales de cambio y dirección, luchó, eso sí, por alcanzarlas, pero le fue negado. Cuando pienso en los que gobiernan y las acciones que llevan a cabo, en su poder para alterar la vida y reparo luego en la suerte de los que como Ladis entregaron su vida a luchar por mejorar la condición humana con poco más que sus manos y su ejemplo, una tremenda indignación me corroe. Que miserable mundo que se entrega a los corruptos y a los viles y condena a los que se sacrifican por los demás.

Ladis era ecologista. Hacia honor a ese apelativo. Sabía perfectamente que la dirección que seguimos como civilización nos lleva al desastre más absoluto si no cambiamos. Su lucidez era absoluta. No faltaran quienes digan que era posibilista, socialdemócrata o cualquier otro calificativo, pero Ladis era sobre todo lúcido. Sabía lo que nos jugamos, Que luego propusiera acciones cercanas, inmediatas para atajar los males, no significa que olvidase que lo que había de fondo exigiría cirugía y tomar partido en un momento dado. Entre tanto Ladis luchaba como nadie por lo obvio que pocos veían y que además era vital aquí y ahora. Era un verdadero especialista en el sector energético, en la espesa madeja d poderes e intereses de clase y corporativos que vampirizan el sistema social y su sed de energía. Apenas pudo asomarse a la televisión o a la radio, él, que era un gran comunicador, una persona que conectaba con una facilidad extrema, la que nace del que ha hecho de la educación su profesión y de la extensión de la idea su vocación, apenas pudo asomarse a los medios. El poder siempre ha sabido que debe impedir que quienes conocen el nombre de los sueños puedan decirlo en alto.

Ladis, amigo, te conocí creo que fue en 1980, yo estaba en el instituto y tu debías de estar ya en la universidad; fue en un acto federal del movimiento ecologista, claro, creo que en Toledo. Nos fuimos viendo en los años siguientes, Tu nunca abandonaste aquellas coordenadas, coincidimos en actos, cursos, manifestaciones, en alguna mesa compartida, apenas unas pocas veces, pero siempre recordaste al amigo, al compañero, tratabas a todos con respeto, sobre todo a los que aprendimos de tí, a los que te leíamos y te escuchábamos. Sí, pocas veces en estos largos años, pero daba igual porque eras una de esas personas con las que la amistad y el respeto son atemporales, con los que retomas la conversación y la complicidad no importa cuanto tiempo después del último contacto. Ladis sabía lo que nos jugamos y que debíamos ganar en ciertas batallas para que pueda haber un futuro. Le daba igual donde se militase o que siglas, no era nada rígido, sino un militante universal, de esos que saben que la victoria nace del esfuerzo colectivo y el compromiso individual aunados y que hay que contar con la gente decente que está en todas partes y comparte cuestiones básicas en este lado del frente.

Estaba lejos de casa cuando leí la noticia. Tu también habías ido a un Congreso ese fin de semana. Fuiste aunque estabas ya enfermo, pero no quisiste abandonar el puesto. Me quedé helado, estupefacto. Compañero ¡Queda tanto por hacer! Las personas como tu unían de verdad, eran puentes, eran llaves, eran/son imprescindibles. A los tuyos quiero enviarles mi más íntimo sentimiento de cercanía, de calor en este momento tan duro. Lo siento mucho, de verdad. A quienes no le conocisteis, os debo decir que si lo hubieseis hecho habríais sentido que hay esperanza y que radica en nuestra voluntad para transformar el mundo. No os rindáis. Ladis no lo hizo.

Pedro A. García Bilbao

Posted in: Novedades