/ Comunicado Al Servicio de la República 9 marzo 2015

Posted on 2015/03/09

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[Al Servicio de la República, 9 de marzo de 2015]

La derecha en Madrid muestra su verdadera cara una vez más y se presenta haciendo gala de su ideología rapaz y de su desprecio por cualquier elemental sentido de la decencia y la dignidad política. Han puesto como como candidatas a dos personas, Aguirre y Cifuentes, buenos ejemplos de la derecha postfranquista que logró escapar impune en la transición y que merced a sus pactos con el PSOE de Suresnes está diseñando el futuro de miseria y precariedad para la mayoría que salvaguardará sus intereses de privilegiados. Tanto Cifuentes como Aguirre son un perfecto ejemplo del fracaso de la reinserción en la sociedad democrática de las escorias sociales del régimen anterior, y que gracias a la impunidad dominante se están permitiendo dictarnos que es y que no es democracia. Los herederos de los verdugos campan por sus respetos e imponen su vocabulario, sus mensajes y su visión del mundo sin que haya quien se atreva, en el fondo, a plantarles cara.

A.Garzón es incapaz no ya de defender a Marx sino al propio Keynes, ante la jauría pepera cualquier propuesta suya de acción del sector público es contestada con ataques feroces y descalificaciones de la peor especie ante las que demuestra no tener argumentos. Garzón es incapaz de argumentar ante los ataques de la derecha. No se trata ya de la República, que para él es algo lejano de las batallas diarias, sino que no acaba de comprender que la ideología anticomunista y antizquerda de la derecha española debe responderse. Es doloroso ver el extremo de degradación al que se ha llegado. Si el más joven y preparado de los dirigentes de la izquierda que no reniega de serlo, tiembla y calla ante ataques y descalificaciones es que se ha cruzado ya un límite mortal.

Necesitamos un rearme moral e ideológico, político y organizativo. Ser marxista es algo que tiene que ver con reconocer la existencia de la lucha de clases y estar dispuesto a tomar partido en ella en defensa de los trabajadores y de las clases populares que son la mayoría de la población y es por ello el odio que levanta la palabra. De igual forma, la palabra República genera en la derecha española un rechazo visceral, pues saben que representa la ruptura con todo lo que ellos significan, clasismo, insolidaridad, clericalismo; el liberalismo y el anticomunismo deben ser combatidos ideológicamente, se les debe disputar cada palabra, cada idea, cada centímetro de frente sin ceder el terreno. Izquierda Unida se está suicidando, está cosechando años de renuncias y engaños, de desprecios y abandonos y nos está arrastrando a todos en su debacle.

Es preciso reaccionar y desligarse completamente de estos lastres, es hora de recomponer el espacio de la izquierda sobre la base de un discurso claro y firme, sin miedo, defendiendo en público y en privado lo que es necesario, haciendo la pedagogía que haya que hacer. La República y cuanto significa en España ha de ser nuestra bandera, la horrenda realidad de la lucha de clases que no cesa y los ataques y descalificaciones que recibe cualquier valor, principio o propuesta solidaria, democrática y fraterna deben ser contestados inmediatamente. República, Fin de la Impunidad, Ruptura con el régimen postfranquista y con el sistema económico trucado de la Unión Europea son fundamentales y necesarios para lograr vencer en esta lucha, para poder aplicar el programa social básico que se precisa para salir adelante. Todos estos elementos están unidos, van en paquete.

Para vencer se necesita lo primero unir a los nuestros, lo segundo insistir y persuadir a todos los demás que sufren y están desesperados por salir adelante y a día de hoy se arrojan en manos de opciones que, en el fondo de todo, siguen tragando. No hay caminos fáciles. Empecemos por decir la verdad. Sin República no hay futuro. Y República es Ruptura. Si las alternativas políticas no se plantean claramente la ruptura es que son continuistas, y así no se va a ninguna parte.

Se afrontan las próximas elecciones con caos de siglas, con caos de programas, con ambigüedad de programas e identidades difusas y confundidas, frente a nosotros una derecha feroz que sale a por todas y con un discurso corrosivo y letal, que cabalga mejor que Podemos por encima de los temores y prejuicios de la población, al punto de mantener expectativas de millones de votos entre las clases populares y medias pese a a gestión política deprecatoria y rapaz que han realizado.

La ideología dominante es la de la derecha y el liberalismo, con su rechazo a la política, a la izquierda, a los sindicatos, a lo publico, a lo colectivo, a la fraternidad, con su odio a la República, con su miedo al laicismo, con su apología continua de lo individual y del egoísmo, no se cortan al defender esas ideas y en aplicarlas en cada ocasión, jaleados por los medios de comunicación de su propiedad y por una clase media corrompida, de origen trabajador y educada en el tardofranquismo, que se ha envilecido en los años del consumismo fácil, tiene miedo al cambio, a proletarizarse y sólo desea que las cosas puedan volver a ser como antes.

La apuesta de algunos partidos emergentes es disputar por el apoyo de esa masa de votos de forma cínica y calculada, unos mediante el engaño liberal-fascista de Ciutadans, otros arrojando por la borda cualquier lastre de la identidad de la izquierda y sus valores que son vistos como fardos inútiles que se deben ser eliminados para lograr sumar a los descontentos de todas las tendencias en una propuesta ciudadanista vacía, fruto del cálculo y el cinismo. Frente a ellos, los partidos centrales del régimen, PP y PSOE y una Izquierda Unida descolocada, que asiste estupefacta a un «susanazo» global en toda España dado por el propio poder que nunca se atrevió a desafiar y por un electorado desorientado y descontento que es incapaz de seguirla en su laberinto.

Como marco general una monarquía más fuerte que nunca que actúa como tapadera perfecta de este régimen corrupto. La crisis del régimen esta siendo superada, hay nuevos actores dispuestos a asumir el rol de los viejos, el orden reina en las calles. La república sigue en la cuneta, y nadie con capacidad de convocatoria o recursos para hacerla parece estar dispuesto a organizar la resistencia. Las propuestas de referéndum son absurdas, simples placebos para entretener a la masa. ¿No hizo Franco dos referéndum para traer la Monarquía? ¿Qué organizaciones republicanas son estás que son incapaces de pedir en alto en las Cortes la anulación de los referéndum de Sucesión, el procesamiento del Rey por haber sido jefe de estado de la dictadura y que la jefatura del estado sea asumida por las Cortes y se forme un gobierno provisional de la República? Ni se atreven a pensarlo, no ya a decirlo, por el contrario, siguen tragando.

Sin embargo hay miles y miles de personas que no se han rendido, están en todas partes, bajo muchas siglas o incluso bajo ninguna; personas que no es que no tengan miedo, sino que están deseando llamar a las cosas por su nombre; que sufren ante el espectáculo de feria de sus partidos y candidatos, que no perdonaran nunca tantas renuncias, tantos retrasos, tantas excusas. Tantas personas que están deseando ponerse al servicio de la República.

En los procesos electorales inmediatos cada cual luchará donde la marea le haya llevado, pero desde hoy mismo debemos transmitir un mensaje. La victoria pasa por la República, que es la metáfora del triunfo del pueblo y los trabajadores sobre la oligarquía y sin la cual no habrá ruptura alguna. Con este objetivo debemos confluir en una gran alianza de todos aquellos que no han renunciado ni a su identidad ni a sus valores. En Al servicio de la República y en Iniciativa por Madrid estamos en ello.