Lamo de Espinosa, E., «La sociología en España antes de la guerra civil»

Posted on 2015/03/11

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Esta publicación forma parte del artículo de Emilo Lamo Espinosa llamado “La Sociología en España desde 1939″. Se recoge los puntos más importantes del trascurso de esta ciencia social en España, llegando a la actualidad. Se ha divido este documento en tres partes, siendo esta entrada la primera.

I. LA SOCIOLOGÍA ANTES DE LA GUERRA CIVIL

Es sin duda casual, pero puede considerarse significativo, que el mismo año de 1898 en que, junto con la pérdida de los últimos restos del carcomido Imperio español -y el comienzo del Imperio americano- se inaugura el regeneracionismo y comienza la preocupación por la modernización de España, Manuel Sales y Ferré (1843-1910) obtiene plaza como primer catedrático de Sociología de la Universidad española justamente en la Universidad Complutense, entonces Central. Pues, efectivamente -y como señaló Gómez Arboleya en su trabajo ya clásico-, «los avatares de la sociología en España son los de la sociedad moderna» (1), y estos avatares han venido marcados por una dicotomía, no exenta de maniqueísmo, y en todo caso nociva para el desarrollo de una sociología científica. De un lado, para las corrientes más marcadas progresistas o incluso socialistas, la sociología era identificada con la «cuestión social» (2), lo que no dejó de grangearle el recelo del pensamiento conservador. Por otra parte, la preocupación liberalconservadora por el «ser» de España, planteada en un marco intelectual metafísico, obliteró el camino hacia marcos conceptuales más empíricos; de un lado o de otro, los problemas derivados de la articulación de España como una sociedad moderna impidieron el acceso a su conocimiento y la cuestión de «lo social» quedó pospuesta ante las urgencias de la cuestión social o del problema social.

En todo caso es de destacar esa temprana fecha, anterior a la creación de Cátedras de Sociología en casi toda Europa (3). Pero la pronta -y en cierto modo insólita- institucionalización no maduraría sino mucho más tarde y la sociología de antes de la Guerra Civil será, cuando menos exigua. «Desde 1910 -escribían Becker y Barnes- se han escrito muy pocas cosas de importancia fundamental en la sociología española» (4) y poco podría decirse con anterioridad a dicha fecha. No es, pues, sorprendente que el juicio de los expertos (el mismo Gómez de Arboleya o A. de Miguel) sea casi siempre negativo (5).

Un juicio que, sin embargo, debe matizarse, pues si analizamos la primera sociología española en su contexto histórico e intelectual la situación dista de ser tan negativa. Efectivamente, aparte de los teóricos de la sociología -que citaré después- habrá que reconocer que hubo en España una interesante floración de sociólogos del Derecho (con Joaquín Costa a la cabeza) y sobre todo criminólogos (Salillas, Bernaldo de Quirós, Dorado Montero, Gimeno Azcárate) y penólogos (Concepción Arenal), un estupendo inicio de sociología sexual (Quintiliano Saldaña), una interesantísima tradición de antropólogos, etnógrafos y folkloristas (T. de Aranzadi, Luis de Hoyos, Antonio Machado y Alvarez, Miguel de Barandiarán), una magnífica escuela de sociología rural (Díez del Moral, de nuevo Bernaldo de Quirós y Costa, Fernando de los Ríos, más tarde Severino Aznar), aparte las tareas bien conocidas del Instituto de Reformas Sociales en sociología del trabajo y de Severino Aznar -sucesor de Sales en la Cátedra de Sociología- en la aplicación de técnicas de investigación. Todo ello dista de ser poco si bien, lamentablemente, es muy poco o nada conocido incluso por los sociólogos actuales(6).

Por lo que hace al desarrollo teórico destacaré sólo tres nombres y tres obras. El primero, Gumersindo de Azcárate (1840-1917), introductor en España del evolucionismo de Spencer, fundador del Instituto Internacional de Sociología, y cuyo discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas sobre El concepto de la Sociología (1891) (7), puede considerarse como el primer manifiesto de la sociología española. El segundo, Manuel Sales y Ferre (1843-1910), que edita el primer libro de texto, el Tratado de Sociología. Evolución Social y Política (8), y el primer tratado de Sociología General (9), y que se corresponde con un período de euforia optimista del evolucionismo. El tercero, Adolfo G. Posada (1860-1944), buen conocedor y traductor, no sólo de sociólogos europeos (Spencer, Comte, Durkheim, Fouillee, Tarde, Scháffle), sino también norteamericanos (Giddings, Small, Ward), y cuya obra Principios de Sociología, muestra la fase de madurez de la primera sociología krausista española. Una sociología claramente teórica firmemente asentada en el organicismo, pero que sienta las bases del positivismo español y contribuyente a crear un clima claramente favorable a la ciencia experimental.

La crisis del liberalismo español, generada por la Primera Guerra Mundial y la crisis de 1917 pone fin drásticamente a estos balbuceos de la sociología española. Es cierto que, como se ha señalado, ninguna de estas obras hizo avanzar la sociología mundial, pero gracias a ellas, nació y floreció (10). En todo caso, y a falta de una investigación más exhaustiva, creo sigue siendo cierta la afirmación de Francisco Laporta de que «la ecuación que [Gómez Arboleya] aducía [falta de burguesía = falta de sociología] ha sido simplemente repetida, pero no analizada» (11).

La segunda fase de la sociología española tiene por actores a la generación de 1914-18 y singularmente a José Ortega y Gasset (1883-1955) alrededor de quien se constituye la llamada Escuela de Madrid (con nombres como Paulino Garagorri Siches y Gómez Arboleya). Se inspira, no en el positivismo francés o inglés, sino en la metafísica alemana (neokantismo y fenomenología) en la que se habían formado, y le preocupa, no la ciencia (experimental o social) sino el ser y, más aún, la política de España. Se trata, pues, de un pensamiento o ensayismo social (en cierto modo, una filosofía social), enraizada en la cultura y problemática española de la época, y quizá por ello rica, sugerente e imaginativa. Una obra, por lo demás, que continuaría el propio Ortega y sus discípulos tras la Guerra Civil.

Desde luego, resulta difícil negar que con Ortega y Gasset el pensamiento social español alcanza niveles de calidad y vigor argumental y formal equiparables, si no superiores, al pensamiento europeo de la época. Obras como El tema de nuestro tiempo (1923) y En torno a Galileo (1933), en las que elabora una teoría de las generaciones próximas a la de Mannheim, La rebelión de las masas -publicada como artículos en el diario de su propiedad El Sol en 1926-, ya tras la Guerra, Ideas y creencias (1940) o El hombre y la gente (1957), traducidas a numerosos idiomas, no sólo contienen una notable riqueza de análisis originales, sino incluso un aparato conceptual propio especialmente la última, desarrollando una teoría del uso social próxima a Durkheim de gran poder analítico, y que todavía puede ser utilizada con validez en teoría sociológica.

N O T A S
(1) Me refiero a su artículo «Sociología en España», preparado para la obra The Recent Trends in Sociology, editada por J. S. Roucek (Philosophical Library, New York, 1958). La edición inglesa corrigió y modificó el manuscrito, de modo que Gómez Arboleya hizo otra edición, más satisfactoria, del texto en Estudios de Teoría de la Sociedad y del Estado (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1962). La cita es de la p. 48. Aún cuando no es esta la primera reflexión española sobre nuestra sociología, sí es sin duda la más citada y ha constituido el punto de referencia obligado de los estudios de historia de la sociología española o de sociología de la sociología. Probablemente el trabajo más antiguo sobre la sociología española sea el de Adolfo GONZÁLEZ POSADA: «Los estudios sociológicos en España», Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 23 (1899), 222.
(2) En los Principios de Sociología (Daniel JORRO, Madrid, 1908), obra cumbre de la primera sociología krausista española, recuerda su autor, Adolfo G. POSADA, como, durante un mitin obrero en Oviedo, un individuo afirmó que «los trabajadores no esperaban nada de la clase burguesa, sino de su propio esfuerzo y de los adelantos de la sociología». Y Francisco Laporta -de quien tomo esta cita- recuerda que esta identificación se advierte en las mismas publicaciones obreras, especialmente de tipo anarquista; así, por ejemplo, Acracia, Revista Sociológica, o bien La Revista Blanca: Publicación Quincenal de Sociología, Ciencia y Artes. Véase F. LAPORTA y Adolfo POSADA: Política y Sociología en la crisis del liberalismo español (Edicusa, Madrid, 1974, p. 274).
(3) E incluso antes de la Restauración podría hablarse de una etapa pre-sociológica del pensamiento español en la obra de Jaime Balmes, Ramón de la Sagra (saint-simoniano y colaborador de Proudhon) o Ildefonso Cerdá (seguidor de la Le Play).
(4) Howard BECKER y Harry ELMER BARNES: Social Thought from Lore to Science (Dover Publications, New York, 1961, primera edición, 1938, p. 1119). Este libro, un clásico de la historia de la sociología, contiene un interesante capítulo, rara vez citado, sobre la sociología en España, sin duda el primer análisis realizado por no-españoles sobre nuestra sociología.
(5) Por ejemplo, los del mismo Gómez de Arboleya, el de Amando de Miguel o el de Salvador Giner. A. de Miguel apoya su tesis con citas de la época; así, por ejemplo, A. Ossorio y Gallardo, político conservador, decía en 1933: «En la Universidad nadie habla de sociología. Todavía eso no aparece en ninguna asignatura» (El sedimento de la lucha, Madrid, 1933, p. 129; citado por A. DE MIGUEL:Sociología o subversión, op. cit.).
(6) Tiene razón Luis Moreno al denunciar «la práctica ausencia de citas a autores cuya obra es anterior a la Guerra Civil» («La sociología en la España finisecular», en Sociología en España, CSIC, Madrid, 1990, p. 92). Este atender más a la producción extranjera que a la autóctona, incluso cuando esta es valiosa, es propio de culturas colonizadas, como sin duda lo es aún la sociología española. esta debe aún recuperar el pasado para su presente, como ya lo han hecho otras ciencias sociales (pensemos, por ejemplo, en la historia de las ideas).
(7) G. DE AZCARATE: El concepto de la sociología (Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1891).
(8) Librería de Victoriano Suárez, Madrid, 4 vols., 1889-1897.
(9) Librería de Victoriano Suárez, Madrid, 1912.
(10) Véase J. DE MIGUEL y M. G. MOYER: «Sociology in Spain», Current Sociology, 27 (1979), 33. Este trabajo, a pesar de ciertos sesgos en la exposición, continúa siendo la mejor introducción en lengua inglesa a la sociología española. Viene acompañado de una excelente y muy completa bibliografía.
(11) En Adolfó Posada: Política y sociología en la crisis del liberalismo español, op. cit., p. 259.

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