Historias de la guerra: una carta de Ucrania occidental / Dmitry Steshin (Komsomolskaya Pravda)

Posted on 2015/03/17

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Historias de la guerra: una carta de Ucrania occidental / Dmitry Steshin

Algunos hemos dedicado mucho esfuerzo a dar respuesta a quienes buscaban a sus seres queridos desaparecidos en la guerra o en las cunetas de España, donde siguen decenas y decenas de miles de asesinados por el fascismo décadas atrás, en una España donde sigue imperando la impunidad de aquellos crímenes. Es por ello que este artículo que recogemos hoy aquí lo valoramos en gran manera; podemos comprenderlo muy bien. También nosotros hemos ayudado en alguna ocasión a familias de soldados o de civiles desaparecidos sin discriminar a priori su origen por un motivo muy simple: el fascismo trató como ganado sacrificable a los campesinos y trabajadores a los que envío a luchar contra su propio pueblo y en ocasiones, siempre hacia los más humildes, despreció y olvido a muchas de sus propias víctimas. No he olvidado a una familia de un muerto en las ejecuciones en la cárcel de Guadalajara tras los bombardeos de 1936, que se dirigió a nosotros —para nuestra sorpresa— a sabiendas de que éramos republicanos, lo hicieron para pedirnos ayuda e información; ayuda que, por supuesto, le prestamos. En este texto que acaba de salir en el Komsomolskaya Pravda se cuenta igualmente cómo se tiende la mano solidaria a las víctimas del otro lado, cuando es el dolor y la solidaridad la que se impone frente al odio desatado por el fascismo.  Su autor es uno de los periodistas del Komsomolskaya Pravda (KP) que más se ha movido en la guerra del Donbáss; pero Dmitry Steshin, que así se llama es también un voluntario de la memoria. Durante mucho tiempo ha sido voluntario en organizaciones memorialistas rusas dedicadas a recuperar los cuerpos y las noticias de los soldados soviéticos desaparecidos en la Gran Guerra Patria. Lo que fue esa terrible realidad, ha tomado cuerpo de nuevo en el presente en el frente de Ucrania. Pero Dmitry Steshin es un combatiente antifascista y como tal odia la guerra y a los que la crean y se benefician de ella; un antifascista está siempre del lado de las víctimas inocentes. En este artículo nos narra cómo le llegó un día, hace muy poco, una llamada angustiosa de ayuda desde el otro lado del frente. [Sociología crítica]

Artículo Original: Dmitry Steshin en Komsomolskaya Pravda
Fotografías: Aleksandr Kots & Dmitry Steshin. Publicado en Slavyansgrad.es Trad. Nahia Sanzo

“¡Tío, una foto!”

En febrero, los enviados especiales de Komsomolskaya Pravda (KP)  trabajamos en el escenario más terrible del frente de Donbáss, el punto de corte que bloqueaba firmemente la salida del cerco de Debaltsevo para una fuerza nacionalista de hasta 4.000 hombres. El cierre de la bolsa [la «caldera», si se traduce literalmente la expresión rusa, tomada, por otra parte, del concepto militar alemán que sufrieron en carne propia los soviéticos en su día]  se encontraba en la aldea de Logvinovo, junto a la carretera principal. Lo que allí ocurrió es inédito en la historia militar: el Ejército Ucraniano disparó tres misiles Tochka U contra una aldea de 15 casas. Por no mencionar las toneladas de bombas y proyectiles…

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Aquel día en la carretera de Longvinovo KP

Vagabamos por el campo de batalla entre vehículos y cuerpos quemados mientras, en la distancia, continuaba la lucha en el perímetro del cerco. La cámara captó imágenes apocalípticas acompañadas por el constante ruido de fondo de las ametralladoras, los Grads [lanzacohetes montados en camiones pesados] y el sonido metálico de los disparos de los tanques. Los milicianos, que nos habían llevado hasta allí en un cambio de turno, coleccionaban trofeos: chalecos antibalas, kits de primeros auxilios o munición. Junto a la señal azul que marcaba el kilómetro 749 yacían los cuerpos de cuatro soldados ucranianos. Junto a ellos, un Jeep volcado, manzanas derramadas en la nieve y una caja con la inscripción “al gusto de Galicia” [se refiere a la Galitzia, región fronteriza con Polonia]  Un miliciano se agachó junto a uno de los cuerpos, que yacía boca abajo, y tiró de la cadena de su chapa de identificación. La dejó sobre la parte de atrás de su cabeza, con cortes de metralla, y dijo: “¡tío, una foto!”. Y la hice.

Desde las “calderas” del verano en Donbáss [en la campaña del verano pasado, grandes unidades ucranianas fueron embolsadas y destruidas], grababa todas las chapas de identificación de los soldados muertos, nombres escritos en sus máscaras de gas, chalecos antibalas, cascos o mochilas. Lo grabé y pensé: “esta guerra acabará algún día y para los familiares será más fácil encontrar a los suyos. Cuanto antes se encuentre y se entierre a todos, antes llegará la paz”. No me equivocaba.

Una carta de Ucrania occidental.

Una semana más tarde, en Moscú, a las tres de la mañana, cuando ya agarraba la almohada y me disponía a dormir, sonó una alerta en mi ordenador. Un mensaje privado en Facebook. Maldiciendo, me levanté para leerlo mientras se me cerraban los ojos… y de repente, el sueño desapareció sin dejar rastro.

“Me dirijo a usted como último recurso. Lo que ocurre es que, grabó su vídeo “Cenizas de la guerra. La carretera de la muerte” y en ese vídeo vi la chapa de mi marido en la cabeza de una de las víctimas. No puedo creer que sea mi marido. Por ahora, está considerado como desaparecido en combate. Quienes estallaron con él en el coche ya han sido identificados y enterrados. No fue encontrado entre los muertos. Usted es mi única esperanza… ¿Tiene más material de ese lugar?, puede que haya visto algún documento… Mi esperanza es que siga vivo. Este es mi marido: O.M.V., nacido el 20/06/1974. ¡AYÚDEME encontrar a mi marido, al padre de mi hijo! Con esperanza y gratitud, Alice”.

Adjuntaba una fotografía de un chico delgado con pelo rubio corto. En el tranquilo y pacífico Moscú, literalmente me temblaban las manos…

Dmitry Steshin KP:

“¡Alice, hola! El material fue grabado en la aldea de Logvinovo el 15 de febrero de 2015 hacia las tres de la tarde. Durante 25 años he estado involucrado en la localización y entierro digno de aquellos que fallecieron en la Gran Guerra Patriótica, y sé que esto es muy importante para los familiares. Recopilé todos los brutos de vídeo que puedan tener relación con su marido, los subiré y le enviaré el enlace. Por favor, acepte mis condolencias”.

Alice:

“¡Estoy muy agradecida! ¡Él no quería luchar! ¡Pero a nuestro bastardo gobierno (lo siento) no le importan las vidas de la gente! ¡Ni siquiera ayuda a encontrarlos! Estaba en una compañía médica, era conductor. Fueron a recoger a los heridos (en ese jeep) y pisaron una mina…Tres de los chicos ya han sido identificados, los han traído a Ivano-Frankovsk y los han enterrado…pero mi marido está registrado como desaparecido y…nadie sabe nada…o no quieren saber. Ni siquiera hablaba ucraniano, de verdad…pero se lo llevaron…Y esos que gritan: “muerte a los moscovitas”, ¡están calientes y sentados en sus traseros en Kiev!! ¡Para ellos todo esto es culpa de Rusia! Soy ucraniana, pero de habla rusa, ¡así que hace 5 meses me pintaron el coche con la bandera rusa por la noche! ¡Lo que está pasando en Ucrania es mentira, nos matamos unos a otros y de alguna manera Rusia tiene la culpa! ¡Se han vuelto locos! ¡Para ellos es culpa de todo el mundo menos de Ucrania! ¡Ya no lo puedo aguantar!”

Dmitry Steshin KP:

“Ahí están los archivos. Cuando grababa el lugar de la muerte, sabía exactamente dónde estábamos por la señal que marcaba el kilómetro en la carretera. Si puede identificar a su marido, intentaré buscar la manera para que pueda ir allí, al lugar. Y encontrar a alguien que le ayude a recoger a su marido”.

Alice:

¡Dmitry, rezaré por ti! ¡Gracias! Es mi marido.

Algoritmo de la humanidad

No dormí esa noche, no podía. Empecé a mirar todos los ángulos de la historia, lancé una llamada de ayuda. Tengo ochenta mil seguidores en las redes sociales y esperaba que alguno me diera el algoritmo de qué hacer. Los primeros comentarios que recibí provenían de los incansables guerreros de sofá, irreconciliables luchadores de las trincheras acolchadas de ambos bandos. Aporreaban las teclas con furia: “¡moskali, estás mintiendo! ¡Haces pasar terroristas por hombres!”, “El ukropi está muerto, que se vaya al infierno”, “Para qué cavar, que se pudran”… Borré esos mensajes. Explicarles que “los rusos no utilizamos a los muertos para vengarnos” no tenía sentido.

Hacia las ocho de la mañana, empezó a despertar la gente normal de ambos lados del frente.

Los periodistas ucranianos que trabajan en Donbass sugirieron algo sensato:

“Dima, hay que buscar a voluntarios ucranianos que hayan trabajado en la caldera de Debaltsevo. Llevaron a los muertos a la morgue en Dniepropetrovsk y Artyomovsk. La chapa de identificación probablemente se perdió o no se registró correctamente. Te enviaremos sus números de teléfono, dáselos a la viuda”.

El escritor de Lugansk, Gleb Bobrov, que ya en 2006 predijo todo este infierno en su profética novela “La era que nace muerta”, escribió:

“Toma este teléfono. Sergey Shonin, líder de la asociación de veteranos de Afganistán, negociador principal de la RPL (ha intercambiado a varios cientos de prisioneros)

Él mismo, dos horas después.

“Sergey ha llamado a la viuda, le ha explicado algunas cosas y se ha encargado del asunto. Para la tarde tendrá el teléfono de quien entregó los cuerpos de Logvinovo al bando el Gobierno…”

Justo después de esto, recibí un mensaje del otro lado, de Yaroslav Zhilkin, de la organización de voluntarios ucranianos “Memoria del pueblo”:

“Dmitry, me han pedido que me ponga en contacto contigo en relación a un 200…”

Expliqué la situación al detalle y me comprendió perfectamente.

Yaroslav Zhilkin

Todos los que traían de allí (evacuados) fueron enviados a la morgue en Dniepropetrovsk. Seguramente esté allí, aunque no esté identificado. Aquí están los teléfonos. ¡Y gracias!

Entre los vivos y los muertos

Esa tarde volví a escribir a Alice. El padre del fallecido ha donado sangre para el análisis de ADN y pronto viajarán a Dniepropetrovsk para el proceso de identificación. Alice también envió algunos mensajes de agradecimiento. Por alguna razón, se me hizo muy duro y difícil leerlos. Otra vez no podía decidir de qué lado está dios en esta guerra. A juzgar por el curso de la lucha, debe estar del lado de los milicianos, pero ¿qué fruto puede tener una victoria en esta guerra? ¿Me salvarán las oraciones de la viuda de un “enemigo”?

Claramente recordé cómo al principio de la lucha por Debaltsevo, nosotros, enviados especiales de KP, evitamos de milagro acabar en posiciones ucranianas y nos encontramos con un puesto de control desconocido. Sin banderas ni insignias, gente gris que se confundía con el cielo gris. Apuntaron inmediatamente sus armas a nuestro coche. Y entonces llegó esa dolorosa sensación cuando estás entre la vida y la muerte y en esos segundos amas a todo el mundo y todas las cosas. Y qué tremendo alivio, una catarsis completa, cuando nos dimos cuenta de que eran milicianos. Porque de haber sido del otro lado, del ejército del soldado al que ayudé a enterrar…No quiero ni pensar qué habría sido de mí y del otro enviado especial de Komsomolskaya Pravda, Sasha Kots, “terroristas número 75 y 76 de la lista de buscados del SBU”.

Puedo decir una cosa, he encontrado esta “línea de la maldad”: pasa exactamente entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Solo hay que dar un paso atrás, donde no hay ni dolor ni sufrimiento y las personas dejan de ser enemigas, pueden hablar entre ellos y son capaces de llegar a un acuerdo, al menos para no multiplicar la ira y el dolor. Por eso aún tenemos algunas esperanzas de paz.

* El nombre de la viuda, el número de la chapa y algunos de talles han sido deliberadamente alterados por el autor.