La caída de Kolomoisky y las inversiones de George Soros / N. Sanzo

Posted on 2015/04/06

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slavyangrad / El pasado 20 de marzo, Leonid Bershidsky comentaba en Bloomberg la lucha por el poder político y económico entre la nueva elite dominante en Ucrania e Ihor Kolomoisky (Ukraine’s Oligarchs Are at War (Again)). El columnista describía la forma en que Kolomoisky había utilizado para sus propios fines a Oleksandr Lazorko, jefe ejecutivo de Ukrtransnafta, la compañía estatal encargada de gestionar el sistema de oleoductos de Ucrania. Junto a movimientos similares en la compañía pública Ukrnafta, la decisión de sustituir a Lazorko da origen a la ocupación de los locales de la compañía por matones a sueldo del dirigente de Dnipropetrovsk y a la breve batalla posterior que termina con la renuncia de Kolomoisky a su puesto de gobernador.

Lo interesante del artículo de Bershidsky no está tanto en la descripción de los pormenores de la caída de Kolomoisky sino en los comentarios del columnista respecto a quiénes están detrás de esta actuación y por qué. Por un lado, Bershidsky revela la importancia del parlamentario del Bloque de Petro Poroshenko, Mustafa Nayyem, en el movimiento contra el oligarca de la capital del Dnieper. Nayyem le habría transmitido la amenaza política que suponían la independencia y la influencia de Kolomoisky, de las que éste no cesaba de hacer gala. “La elite empezó a tener miedo de él”, confía Nayyem a Bershidky, asumiendo el papel de aparente portavoz de esta nueva elite.

En cuanto a los motivos, el conflicto se vincula en parte a la lucha por el control del negocio del petróleo (y del gas) en Ucrania. Aun así, el objetivo más directo es eliminar los principales obstáculos a la penetración del capital occidental en Ucrania.

Según Nayyem, era preciso hacer frente al reto que planteaba Kolomoisky. La falta de respuesta habría mostrado a los acreedores y aliados de Ucrania que éste es de hecho “el Estado fallido con el que Vladimir Putin ha estado soñando durante muchos años“. En una crónica en el International Business Times de Mari Bastashevski el día 25, Mustafa Nayyem precisa en qué consiste la tarea pendiente de cara a ganar la confianza de sus aliados económicos: “Ahora Petro Poroshenko y el Parlamento deben entender que sólo se han hecho con un serio enemigo que se preocupará por asegurarse de que el gobierno no lo esté reemplazando con cualquiera de los otros [oligarcas]”. “Cualquier intento de reemplazar a Kolomoisky con otro de los oligarcas-favoritos debe ser detenido. El presidente no tiene otra opción que librar una guerra contra todos los demás grupos, aislándolos de los recursos del Estado“.

Al defender esta estrategia, Nayyem engaña a su pueblo. Los acreedores y aliados de Ucrania a los que se refiere no pretenden quitar los recursos económicos a los oligarcas para que el Estado los administre en favor del pueblo. Quieren que, como sucede en Occidente, esos recursos estén a disposición de la verdadera oligarquía que domina nuestro mundo. De lo que se trata es de arrebatar el poder de los oligarcas locales, se llamen Yanukovich, Kolomoisky o Poroshenko, para colocar los recursos de Ucrania al alcance de los mercados, es decir de las grandes corporaciones occidentales.

Un indicador de quienes representan a la elite económica que pretende asentarse en Ucrania es la reunión privada del 23 de enero de 2015 en el Foro de Davos, organizada por la Fundación Viktor Pinchuk, el Grupo East One y la International Renaissance Foundation ucraniana, integrada en la red de fundaciones de la Open Society. Según el programa de la jornada, el debate entre los dirigentes ucranianos e internacionales se centra “en lo que el nuevo liderazgo, la sociedad ucraniana, y los socios internacionales de Ucrania esperan unos de otros para hacer frente a los enormes desafíos a los que se enfrenta Ucrania”. Entre los participantes aparecen, junto a Nayyem y Serhiy Leshchenko, otro de los promotores de la vendetta contra Kolomoisky, personajes destacados del establishment económico favorable al Partido Demócrata como Lawrence Summers y George Soros. Otros personajes de reparto incluyen a Carl Bildt y José Manuel Durao Barroso.

El día 30 de marzo, distintos medios publican el resumen de una entrevista que George Soros concede a Sebastian Borger en el medio austriaco derStandard. En la entrevista, Soros señala que la caída de Kolomoisky “es un paso muy importante en la lucha contra la corrupción”. A continuación, precisa lo que Occidente puede hacer para aumentar el atractivo de Ucrania para los inversores: apostar por “un seguro contra el riesgo político. Según Soros, esto podría “tomar la forma de una financiación ‘mezzanine’ [para la deuda de mayor riesgo]  con tasas de interés europeas, muy cercanas a cero”, apoyada en la movilización de fondos de los países occidentales. Soros dice estar dispuesto a participar en el proyecto inversor, aportando unos mil millones de dólares para actuaciones en el sector agrícola (¿biotecnología?) o en actuaciones de infraestructura. Siempre, eso sí, que se garantice la seguridad de las inversiones porque los inversores no son benefactores.

Soros aclara, por tanto, en qué consiste la estrategia que obstaculizan los oligarcas ucranianos. Se trata de facilitar la penetración de las grandes empresas internacionales en Ucrania a bajo coste y a bajo riesgo. De forma llamativa, ese bajo riesgo incluye hoy, según Soros, la renuncia a un enfrentamiento militar directo e incluso el respeto a los Acuerdos de Minsk.

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