Desarrollo, alta montaña y alta política: el caso de Tibet. Una mirada desde la sociología / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2015/04/21

1


potala


García Bilbao, Pedro Alberto, Desarrollo, alta montaña y alta política: el caso de Tibet. Una mirada desde la sociología, Blog Sociología Crítica, disponible en [URL: http://wp.me/pF2pW-3Pe%5D  // DESCARGAR PDF

Desarrollo, alta montaña y alta política: el caso de Tibet. Una mirada desde la sociología.

Pedro A. García Bilbao. Universidad Rey Juan Carlos

pedro.garcia.bilbao@urjc.es

Abstract

Development, high mountains and high politics: the case of Tibet. A look from sociology.

Pedro A. García Bilbao (sociologist, senior Lecturer Universidad Rey Juan Carlos URJC) Cátedra China

Cuando en Europa se habla de el Tibet, en la mayoría de los casos el acento se pone en cuestiones politicas de tipo geoestratégico sobre tensiones entre grandes potencias; los detalles sobre la situación concreta del territorio y su población se pierden, no son objeto de atención, pero fundamentalmente se puede decir que son desconocidos salvo para una pequeña minoría de especialistas.

Para una mayoria de la población occidental, la palabra Tibet está asociada a una visión mítica, ligada a interpretaciones literarias y de fantasía que muy poco tienen que ver con la realidad histórica y cultural; es una manifestación extrema, una variante en realidad, de lo que Edward Said conceptualizó como «orientalismo»1, que desliga a las personas del mundo real y deja el terreno abonado para la interpretación simplista de la realidad, cuando no de la intoxicacion y la propaganda. Said recoge en esa obra la construcción y origen de la imagen del Oriente árabe y musulmán que existe en el mundo europeo; una imagen construida sobre todo a lo largo del siglo XIX, desde el Romanticismo y profundizada en los años de la expansión colonialista de las potencias europeas. A veces amable, a veces injusta, mezcla elementos de realidad con elementos literarios desligados de la realidad histórica. Si bien el Tibet es un sujeto de contacto más reciente —y desde luego no es frontera cercana de Europa como si lo es el mundo musulmán—, para los europeos, la lejanía y el desconocimiento ayudaron notablemente a la extensión de construcciones románticas e idealizaciones en muchos casos desprovistas de base histórica. Desde los años treinta del siglo XX, el cine y la literatura occidentales sustituyeron el Tibet realmente existente por un Tibet que sólo existía en la cultura europea popular. Sobre esta base cultural, los conflictos de la Guerra Fría en los que el renacer de China como estado soberano era visto con reticencias por los países occidentales, encontraron una base abonada para construir otro mito: el de que Tibet y China son realidades enfrentadas y que supuestamente no tienen nada que ver entre sí, algo completamente falso pues las relaciones entre ambos han sido muy profundas y desde hace muchos siglos. Esta idea necesitaba igualmente inventarse una China que tampoco existía, pues China es la suma de todos sus pueblos, de todas sus etnias y tradiciones, que son muy profundas y variadas. Esta complejidad de China como cultura y como estado no es percibida tampoco siempre en sus justas dimensiones.

La República Popular China  (RP Ch) es un sujeto político estatal —un estado— que logró la independencia plena y con ello las posibilidades de desarrollo autónomo e independiente de todos los territorios ligados histórica y culturalmente al imperio chino tradicional. El imperio Chino, una de los estados más antiguos de la historia de la humanidad, se había visto envuelto en una larga caída hacia la decadencia y la destruccion que le había convertido en una fácil presa para las grandes potencias coloniales. La situación de China a principios del siglo XX, tras el colapso del Imperio y luego de la República del Dr. Sun Yat-Sen era dramática, y muy pocos en Occidente consideraban que pudiera reconstruirse de nuevo como una nación y un estado. La construcción de la República Popular China como resultado de la revolución y de la lucha contra la agresión japonesa cambió esa situación y devolvió a China como pueblo y como estado su plena soberanía y la posibilidad de escoger su futuro. Desligar Tibet de lo que implica de proyecto histórico de transformación social la formación de la RP China es sencillamente un error.

La liberacion de Tibet fue un episodio más en la consolidación de la RP China, como lo fue el establecimiento de la RP en todos los extensos territorios que habían formado parte de la China histórica. No puede olvidarse la enorme pluralidad de pueblos, lenguas y tradiciones locales que habían conformado el universo político-cultural del antiguo Imperio o habían estado ligados a él por relaciones feudatarias o de vasallaje histórico. China era plural y unitaria, eran muchas culturas y una, cuando pasó a convertirse en un estado englobó a muchos pueblos y tradiciones de la misma forma que en el mundo occidental la Roma Imperial fue pronto mucho más que las tribus latinas originales. En el siglo XX, la RP China surgió como un estado, pero no como un estado más, sino que incluía un serio y profundo proyecto de transformación social.

En efecto, la RP China, no solamente restauró un estado unificado capaz de preservar la independencia colectiva y la seguridad frente a los antiguos agresores nipones y occidentales, sino que además llevaba en su propia definición un proyecto de emancipación popular de las viejas ataduras de la servidumbre y la dominación, poco menos que medievales —por un utilizar un concepto europeo de fácil interpretación, si bien no alcanza a explicar las dimensiones de la realidad de la que hablamos—, en las que se hayaban sumidos millones de personas de todas las étnias y pueblos de China. Tibet no era ajeno a esta situación. Particularmente en Tibet había pervivido una forma de poder teocrático y territorial, pues no era una dominacion espiritual sino muy terrenal igualmente, que condenaba a su población a la ignorancia, el subdesarrollo y la ausencia total de perspectivas y posibilidades de futuro. Es perfectamente lícito por tanto hablar de liberación del pueblo tibetano para definir la proclamación de la RP China en Lhasa en 1951, con la entrada del Ejercito Popular de Liberación, del que formaban parte igualmente destacamentos compuestos por los propios tibetanos que participaban del proyecto colectivo que desde 1949 llamamos República Popular China.

La historia política de Tibet y la de la RP se funden así, como se fundieron en todo el territorio continental todos los territorios disgregados historicamente con la decadencia de la Dinastía.

Lo que convierte en singular el caso de Tibet en el marco de la RP China no son solamente  las tradiciones lingúísticas, religiosas o culturales —que son muy diversas y variadas en el conjunto de la RP— sino que por razones militares, políticas y geográficas, la extensión a Tibet del poder popular se retrasó a 1950, en realidad muy poco después del final de la revolución y consiguiente derrota del Guomindang.

Esta diferencia temporal enmarcó la normalización del territorio tibetano en la RP en una fase más avanzada de la Guerra Fría, que implicó librar en el territorio fronterizo tibetano un enfrentamiento político militar encubierto con los EE.UU, que utilizó la resistencia de sectores reaccionarios ligados al antiguo poder feudal lama como un instrumento de su política de contención del comunismo. En torno a 1950 y años posteriores, lo que se produjo fue un episodio de un intento de contención de la RP para evitar su consolidación, más que uno de hipotética liberación nacional tibetano. Si al analizar estos hechos olvidamos el papel histórico de la RP en la liberación de los pueblos de China, la situación de enfrentamiento ideológico entre Grandes Potencias en la guerra fría y la espantosa situación del pueblo tibetano bajo su antiguo sistema de dominación teocrático, será muy difícl que entendamos nada. Nadie niega la existencia de un conflicto, pero es preciso recordar que en el conflicto hay también un conflicto interno de la sociedad tibetana en la que las partes más avanzadas deseaban liberarse de la opresión teocrática de su régimen tradicional basado en la religión y la servidumbre en condiciones de semiesclavitud.

La realidad de la RP China hoy incluye un firme objetivo de llevar el desarrollo y la modernidad a todo su territorio y uno de los retos incluye un desarrollo armónico y equilibrado entre sus distintas regiones. Los desequilibrios territoriales en niveles de desarrollo, infraestructuras, niveles de vida y posibilidades de educación, trabajo y perspectivas de futuro son una amenaza para cualquier estado moderno pues ponen en riesgo su estabilidad y amenazan sus objetivos históricos de lograr para sus poblaciones niveles dignos de vida. En el caso de la región de Tibet haty singularidades muy relevantes que complican enormemente este objetivo de llevar desarrollo armónico, —dentro de si y entre sí, es dentro de Tibet y entre todas las regiones—. Lo que convierte en un empeño complejo el desarrollo de Tibet no es el factor geopolítico, sino las características naturales de la región. La interpretacion occidental mas simplista y reduccionista lleva a falsear completamente la realidad, olvidando la situación sobre el terreno y el hecho de que Tibet es una parte más de pleno derecho de ese gran proyecto colectivo llamado RP China.

¿Qué le hace singular a Tibet en términos de retos al desarrollo?

Pues sin duda alguna sus características geográficas naturales que condicionan de forma decisiva a las poblaciones humanas allí establecidas. No puede olvidarse que estamos hablando de la región con mayor altitud media del planeta ( en torno a los 4900 metros de media) , de una extensa serie de mesetas y páramos a gran altitud rodeadas de las cordilleras más formidables existentes, con pasos de montaña casi en el límite de lo que precisa una vida humana para sobrevivir. Este tipo de medio natural está compuesto por una serie de ecosistemas especialmente delicados; la falta de inversiones y de desarrollo son muy negativas para cualquier comunidad, pero de la misma forma inversiones y desarrollo que no estén adecuados al entorno pueden ser un peligro; es imprescindible el desarrollo en armonía con el entorno natural y humano. Desarrollar el Tíbet, como región y comunidad humana en el marco de una RP China próspera y equilibrada es posible, es un gran reto. Fuera de China no se conocen bien las dimensiones de este desafío. Los europeos comprendemos bien el concepto de Alta Montaña, sabemos que es un desafío para el desarrollo humano y la sostenibilidad regional, pero nuestra experiencia en este campo sencillamente palidece ante las dimensiones y carecterísticas geográficas de Tibet.

La construcción de infraestructuras básicas de transporte, como aeropuertos, ferrocarriles y carreteras es fundamental para lograr el desarrollo de una region y hacerla salir de una economía de subsistencia. Tibet está siendo objeto hoy de una una profunda transformación en este sentido, pero los retos son inmensos. Crece la población urbana, mejoran las comunicaciones y se reactiva la economía —servicios, turismo internacional y nacional, centrales hidroeléctricas — ofreciendo mayores posibilidades de futuro a la población y con ello activando migraciones internas importantes. El cambio social es un hecho en Tibet por razones perfectamente naturales, ligadas al propio desarrollo de la región, e interpretar el cambio social bajo los viejos términos del enfrentamiento geopolítico de la Guerra Fría sería persistir en los errores del pasado. La administración del gobierno de Tibet en el marco constitucional de la RP China necesita hacer frente a nuevos desafios, los objetivos de mejora social, económica e industrial establecidos por Beijing tienen en Tibet igualmente un reto muy especial. Los ecosistemas de alta montaña son frágiles, el cambio climático está incidiendo en los glaciares y en el régimen hídrico de los ríos, el mantenimiento del suelo cultivable, el impacto del turismo, la construcción de infraestructuras de gran alcance, el crecimiento urbano, la contaminación son parte de los problemas nuevos que deben hacer frente los gobiernos y el pueblo de Tibet y China y que en el marco de la RP están siendo abordados con decisión.

En relación a Tibet el primer reto de los europeos es comprender bien la historia de la RP China y su papel en la región. La primera pregunta que se hacen los empresarios españoles que desean trabajar en proyectos en la zona es sobre la estabilidad y seguridad de Tibet. Hay una respuesta clara y sencilla: ¿estabilidad y seguridad en Tibet? la misma de la República Popular China. No es una realidad diferente. Podríamos añadir algo importante a considerar; en el Himalaya, la región inestable y amenazada de graves conflictos internos no es Tibet precisamente, sino Nepal. En lo referente al Tibet realmente existente, lo remarcable es la transformación positiva de la región, en términos de desarrollo humano y de preocupación sincera por lograr un desarrollo equilibrado socialmente. Los principales problemas que afronta Tibet hoy son los derivados del desarrollo económico, la urbanización y las transformaciones del mundo agrario y la cultura tradicional. Y estos problemas no son únicos de la región, sino de todas las regiones que han sufrido estas transformaciones.

Los europeos podemos aportar a China nuestra propia experiencia en el tratamiento de las regiones de Alta Montaña como zonas de atención especial, disponemos de un conocimiento acumulado en el estudio de ecosistemas de este tipo —salvando las distancias— y disponemos de notables experiencias y planes de actuación que intentan armonizar desarrollo y conservación en ese tipo de espacios. La posible relación de la Unión Europea con la región autónoma de Tibet es potencialmente enorme y llena de posibilidades para todos. Se hace preciso fomentar la cooperación universitaria, técnica y científica en los campos del desarrollo, el estudio y el conocimiento para lograr un desarrollo armónico en zonas tan especiales —y sensibles— como Tibet. Todos tenemos mucho que avanzar en este campo; se han logrado éxitos en America Latina, con estudios específicos muy positivos sobre las zonas de alta montaña en los Andes2, con altitudes similares a las existentes en Tibet—, si bien el inmenso esfuerzo de la RP China en el caso de Tibet nos aconseja a los europeos escuchar y aprender para poder aportar a este esfuerzo. El Techo del Mundo, como llamamos los europeos al Himalaya, es, al fin y al cabo, el techo de todos. Los españoles, su gobierno, sus empresas, su universidad, me atrevo a decir, vemos con simpatía este reto de la RP China y queremos expresar nuestros mejores deseos de éxito y nuestra voluntad de contribuir positivamente.

Quisiera dar las gracias a mis alumnos de postgrado en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) procedentes de la RP China y muy concretamente a los de Tibet, que me han ayudado con su perspectiva y diálogo a mejorar mi percepción sobre la problemática actual de la región.

1 Said, Edward, Orientalismo, Ed. Debate, Madrid, 2006.

2Un trabajo imprescindible en este campo, por la precisión en la definición de conceptos, descripción de problemas y retos, estudio de casos y propuesta de soluciones es: CEPAL, Gestión para el desarrollo de cuencas de alta montaña en la zona andina (1989) disponible en [URL: http://hdl.handle.net/11362/2597 ], consultado en febrero de 2015.