La trayectoria académica y las aportaciones científicas de José Manuel Naredo

Posted on 2015/05/19

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10389973_10206959605213686_7077318279480201329_nEl Premio Internacional Geocrítica 2008 se concede a José Manuel Naredo Pérez por su destacada contribución al estudio de los recursos naturales de nuestro planeta y el deterioro de los ecosistemas terrestres y su papel en la creación de una conciencia crítica sobre el deterioro ambiental, todo ello realizado desde el rigor y la máxima exigencia. El premio desea valorar también su talante interdisciplinario, e incluso transdisciplinario, su capacidad para estimular a otros investigadores a la realización de trabajos sobre problemas relevantes del mundo actual, así como su decidido compromiso con los movimientos sociales que buscan alternativas a la actual organización económica del mundo.

José Manuel Naredo Pérez nació en 1942 y realizó estudios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Madrid y en la Escuela de Estadística de Madrid, ingresando en el Cuerpo de Estadísticos Facultativos del Estado. En 1987 presentó su Tesis Doctoral obteniendo el Doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid.

Ha sabido compatibilizar su actividad personal de investigación, plasmada en numerosas publicaciones, con su trabajo en diferentes áreas de estudio de la Administración y de la banca pública . Ha sido jefe del Servicio de Análisis de la Coyuntura del Instituto Nacional de Estadística (encargado de realizar un informe anual sobre La distribución de la renta en España y diferentes estudios macroeconómicos sobre el tema durante la primera mitad de los años 1970) y de otros departamentos de estudio en el Ministerio de Economía y Hacienda. Ha dirigido el área de Estudios y Publicaciones del Banco de Crédito Agrícola, ha sido Director del Programa “Economía y Naturaleza” y Asesor del Programa “Igualdad” de la Fundación Argentaria, cuando este banco pertenecía al sector público. A nivel internacional ha trabajado como sido consultor en la División de Estudios Nacionales de la OCDE (París) y ha sido vocal del Comité español del Programa MAB de la UNESCO.

Desde hace algún tiempo abandonó la función pública y trabaja como investigador y consultor libre. Desde el punto de vista académico es profesor “ad honorem” en el Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y, de la misma manera honorífica, ha estado vinculado al Departamento de Historia e Instituciones II de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid. En 2000 fue galardonado con el Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente.

Ha sido colaborador de gran número de iniciativas editoriales que han tratado de difundir el pensamiento crítico, como Cuadernos de Ruedo Ibérico, Archipiélago, Le Monde Diplomatique. También colaboró en Cuadernos para el Diálogo y en la revista Triunfo, contribuyendo, en su primera época, al trabajo colectivo de crítica económica que se fue publicando bajo el pseudónimo de “Arturo López Muñoz” (en el que participaban Juan Muñoz, Santiago Roldán y otros). Al mismo tiempo ha apoyado desde el consejo asesor o editorial a otras empresas editoriales más académicas, como las desaparecidas revistas Agricultura y Sociedad, Economía y Sociedad y Alfoz (promovidas por el Ministrio de Agricultura y la Comunidad de Madrid, respectivamente), la Revista de Estudios Regionales (editada por la Facultad de Ciencias Económicas de Málaga), la Revista de Estudios Agrosociales y Pesqueros (del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) y la revista Historia Agraria. Revista de Agricultura e Historia Rural (editada por la Sociedad Española de Historia Agraria). Ha sido impulsor de iniciativas editoriales diversas en instituciones como los Cuadernos del Banco de Crédito Agrícola y la colección “Economía y Naturaleza” de la Fundación Argentaria que dio lugar a la más reciente Colección “Economía versus Naturaleza” patrocinada por la Fundación César Manrique. Ha sido socio fundador de la Asociación Hispano-Portuguesa de Economía de los Recursos Naturales y Ambientales, de la que es miembro del Comité Científico, y de la Fundación “Nueva Cultura del Agua”. Ha apoyado siempre iniciativas ecológicas tales como la Asociación de Agricultura Ecológica, de la que es socio de honor, y otras en defensa del medio ambiente y del aprovechamiento sostenible de los recursos.

Los campos fundamentales a los que ha dedicado su investigación y su reflexión son la agricultura, la economía del agua, la energía la ordenación del territorio, los mercados inmobiliarios y los aspectos patrimoniales y financieros , unidos con reflexiones de fondo sobre el pensamiento económico y las relaciones entre economía y ecología . Estas líneas de investigación se han solapado con los estudios, informes y publicaciones realizados para las administraciones y organismos en los que ha trabajado sobre seguimiento y previsión de la coyuntura, la distribución de la renta y la riqueza, la agricultura y la industria agroalimentaria,…o las memorias e informes financieros del Banco de Crédito Agrícola. A lo largo de toda su trayectoria investigadora ha tratado de combinar los análisis estadísticos, la crítica de las fuentes y los estudios de la coyuntura económica, así como de situar los análisis concretos en un marco teórico integrador. A partir del excelente conocimiento que ha tenido de todas esas dimensiones ha podido elevarse a una reflexión de fondo sobre los fundamentos de la ciencia económica en la dimensión macroeconómica, a la vez que ha podido realizar análisis en profundidad sobre el funcionamiento y la evolución de los sistemas agrarios, los sistemas urbano-industriales, los recursos naturales, … y la evolución del sector inmobiliario. Aunque ha carecido de apoyos académicos, políticos o mediáticos, sus investigaciones han tenido una gran difusión, como muestra el hecho de que en Google Académico haya más de 500 referencias a sus trabajos, pese a que muchos de ellos vieron la luz en la era preinformática.

Aunque no ha tenido posiciones académicas universitarias estables, ha encontrado tiempo también para dirigir Tesis doctorales sobre temas relacionados con las líneas de investigación que ha seguido. Entre éstos, los aspectos patrimoniales en la agricultura española (Amalia Cardallage), la gestión del agua subterránea en la cuenca alta del río Guadiana (Gregorio López Sanz) y la evolución del metabolismo de la economía española durante el último medio siglo (Oscar Carpintero). Destacarán posteriormente sus numerosas colaboraciones con Óscar Carpintero, calificado por Joan Martínez Alier como “el principal discípulo de José Manuel Naredo” en su introducción al libro de Carpintero sobre “la bioeconomía de Georgescu-Roegen”(2006).

Desde mediados de los años 1960 se dedicó a las investigaciones sobre cuestiones agrícolas. Su libro La evolución de la agricultura en España. Desarrollo capitalista crisis de las formas de producción tradicionales, publicado en 1971, tuvo una gran difusión, y conoció luego otras ediciones; la cuarta, corregida y ampliada, se publicó en 2004 y extiende el análisis al periodo 1940-2000.

Algunos de los materiales que luego constituyeron ese libro se publicaron inicialmente en la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico, una publicación antifranquista que se editó en Paris entre 1965 y 1979, por iniciativa de José Martínez, director de la editorial Ruedo Ibérico y que fue una referencia política e intelectual importante para los movimientos de oposición al régimen de Franco. Sus trabajos en dicha revista se publicaron bajo los pseudónimos de Juan Naranco, Carlos Herrero, Genaro Campos y, sobre todo, Aulo Casamayor, a la vez que participó activamente en las labores de edición. Más adelante retomó algunos de sus trabajos publicados con este último pseudónimo referentes al capitalismo español y las alternativas que ofrecía la oposición política al franquismo para publicarlos, junto con nuevas reflexiones sobre naturaleza la “transición” y del actual régimen democrático, en 2001 en un libro titulado Por una oposición que se oponga. Asimismo en el entorno de esa revista en París, ciudad donde Naredo pasó algunos años trabajando como consultante en la OCDE , anudó relaciones con el economista Juan Martínez Alier, entonces preocupado por el estudio del latifundio andaluz y que más tarde sería una personalidad destacada en la creación de una nueva rama de la economía, la economía ecológica (de cuya International Society of Ecological Economics es hoy presidente). Con Martínez Alier colaboró en la edición de los Cuadernos de Ruedo Ibérico y se preocuparía de analizar las implicaciones de la crítica de Marx y Engels al Segundo Principio de la Termodinámica, como antecedente del desarrollismo marxista contradictorio con las nuevas perspectivas de la economía de la energía y de la economía ecológica, en un artículo publicado en el Journal of Peasants Studies en 1982.

El interés que en aquellos años tenía Naredo por las cuestiones agrarias se prolongó desde los años sesenta hasta nuestros días y ha dado lugar a una producción muy numerosa, publicada en diferentes medios. Una buena parte de ella a través de la revista Agricultura y Sociedad, en la que es el autor más citado de todos los que han publicado en ella. Sus reflexiones sobre los sistemas agrarios fueron derivando hacia su conexión con los recursos naturales y el territorio. En esta línea se sitúa su artículo, con Óscar Carpintero, “sobre la evolución de los balances energéticos de la agricultura española (1950-2000)”, publicado a finales de 2006 en la Revista de Historia Agraria. O su capítulo introductorio “Metabolismo económico y deterioro territorial: tendencias en curso y posibles remedios” publicado en 2006 en el libro colectivo con reflexiones y experiencias del movimiento agroecológico.

Gran repercusión tuvo también el libro que dirigió con los sociólogos Mario Gaviria y Juan Serna, con el título Extremadura saqueada: recursos naturales y autonomía regional (1987). En esta obra existe una temprana exploración del modelo depredador-presa para ejemplificar la tendencia a ordenar el territorio en núcleos atractores de capitales, poblaciones y recursos y áreas de apropiación y vertido; también se realizó un esfuerzo para cuantificar los flujos netos de materiales y energía, así como de población y capitales, que succionaban las áreas centrales (en el caso de Extremadura, las aglomeraciones urbanas de Madrid y Barcelona)

Otros problemas planteados en los trabajos publicados durante los años setenta y ochenta dirigieron sus reflexiones hacia el crecimiento y el funcionamiento de los sistemas económicos. En relación con todos ellos, sintió la necesidad de profundizar en el conocimiento de las ideas económicas, lo que dio lugar a una obra de gran profundidad sobre la formación del pensamiento económico actual el libro La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, seguida de dos ediciones más: la tercera corregida y ampliada, en 2003 alcanza 572 páginas. Esta obra fue acompañada por una amplia serie de trabajos que le permitieron profundizar en determinados aspectos de ese pensamiento . Por un lado, sobre la evolución de los conceptos y las teorías económicas desde el siglo XVIII a la actualidad, con trabajos como “La economía en evolución: invento y configuración de la economía en los siglos XVIII y XIX y sus consecuencias actuales”, “Configuración y crisis del mito del trabajo” o “El oscurantismo territorial de las especialidades científicas” . Por otro, sobre cuestiones como los límites del crecimiento y la crisis de la planificación, el sistema financiero, y el proceso de globalización.

En los años 1990 el estudio de la estructura económica le llevó a profundizar en el estudio del metabolismo del sistema económico en relación con otros sistemas, lo que enlazó con su creciente atención al problema de los recursos naturales y una renovada preocupación por la energía. En esta dirección fue sin duda importante la colaboración con especialistas de diversas disciplinas, como Antonio Valero, catedrático de Energética (Máquinas y Motores Térmicos) en la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad de Zaragoza, y el ecólogo Fernando Parra. Dicha colaboración se reflejó en la publicación de varios libros de gran interés; ante todo, el editado con Fernando Parra Hacia una ciencia de los recursos naturales (1994), y el que dirigió con Antonio Valero sobre Desarrollo económico y deterioro ecológico (1999); poco después, junto con Fernando Parra editó los libros Economía, ecología y sostenibilidad en la sociedad actual (2000) y Situación diferencial de los recursos naturales españoles (2002), este último con recomendaciones de política ambiental. Se trata de hitos sucesivos en un camino de búsqueda de un marco general integrador del funcionamiento del sistema económico y del sistema terrestre.

Para el estudio de las relaciones entre el desarrollo económico y el deterioro ecológico profundizó nuevamente en el modelo depredador – presa a escala planetaria, centrando la atención en el comercio de los países ricos, lo que le permitió confirmar la condición que tienen de receptores netos de recursos del resto del mundo, ilustrado con mapas de flujos de los principales productos del comercio internacional. También puso de manifiesto que las cuentas de los países ricos se saldan con el intercambio financiero y no con la balanza de mercancías, al actuar estos países como atractores del ahorro de todo el mundo.

Todas estas investigaciones fueron conduciendo a Naredo hacia temas poco planteados o, simplemente, olvidados por economistas y científicos sociales, como el que se refiere a las “Raíces económico-financieras del deterioro ecológico y social”, como reza el título uno de sus últimos libros con ediciones en 2006 y 2007 , así como a lo que ha calificado en otras publicaciones como “la cara oculta del desarrollo”, analizando la interacción entre los sistemas económicos y ecológicos.

Volviendo a los temas agrarios, desde comienzos de la década de 1990, Naredo dirigió su atención tanto hacia las formas tradicionales de restitución de la fertilidad a la tierra en los sistemas agrarios como hacia las transformaciones recientes. Ha mostrado que a partir del XIX todo un conjunto de técnicas agrarias fueron sustituyendo a la naturaleza como fuerza productiva, analizando cómo la industria y la actividad comercial influyeron en la transformación de la agricultura. Las nuevas técnicas agrarias dieron lugar a una progresiva pérdida de eficiencia energética y una acusada vulnerabilidad de gran parte de los sistemas agrarios por la creciente utilización de productos químicos y derivados del petróleo, lo que ha acabado afectando a la calidad final de los alimentos obtenidos.

En el contexto de esas preocupaciones, aprovechó sus contactos con investigadores de la historia agraria sensibles a estos temas, como Ramón Garrabou y Manuel González de Molina, catedráticos de historia económica e historia contemporánea en Barcelona y Granada, respectivamente, para promover investigaciones sobre la fertilización y el agua en los sistemas agrarios desde una perspectiva histórica, en el marco de la Sociedad Española de Historia Agraria (SEHA) A partir de 1994 se organizó una serie de encuentros con historiadores, biólogos, ingenieros agrónomos, economistas y geógrafos para estudiar la fertilidad y el problema del agua. En esta línea destaca la conferencia inaugural que impartió Naredo en el Congreso de la SEHA celebrado en Baeza a comienzos de junio 1995 sobre “Agroecología e historia agraria”. Como resultado de varios encuentros entre técnicos e historiadores, el grupo coordinado por él y por Ramón Garrabou publicó, en 1996 y 1999, sendos libros sobre la fertilización y al agua en los sistemas agrarios editados en la colección “Economía y Naturaleza” . Ese sería el comienzo de una colaboración que ha tenido luego un desarrollo muy valioso, y que ha estimulado avances en la línea investigadora de otros historiadores y economistas barceloneses y de otras áreas. Esos debates dieron lugar a una orientación decidida hacia el estudio del paisaje, que se consideró, como ha escrito Enric Tello “una vía para conocer el funcionamiento de los sistemas agrarios, y la evolución histórica del territorio analizada desde una perspectiva a la vez agro-ecológica y socio-económica”. Entre otras cosas, este desarrollo originó, a modo de manifiesto, el libro colectivo de Pujol, González de Molina, Fernández Prieto, Gallego y Garrabou (2001) titulado El pozo de todos los males, que revisó críticamente los enfoques de la historia agraria sobre “el atraso” de la agricultura española contemporánea, originando amplia polémica. Esta polémica se reflejó en las páginas de la revista Historia Agraria y reclamó incluso un artículo de Naredo: “Reflexiones metodológicas en torno al debate sobre “el pozo” y el atraso de la agricultura española” (2006).

Entre los recursos necesarios para la agricultura, y para la vida en general, Naredo ha prestado especial atención a la economía del agua. Las formas de gestión de ésta en áreas donde es escasa se reflejó en un estudio sobre los Sistemas de producción e incidencia ambiental del cultivo en suelo enarenado y en sustratos (dirigido en colaboración con el profesor de la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de Almería, José López-Gálvez, 1996). Paralelamente el uso del agua en los sistemas agrarios, la gestión hídrica en diversas regiones españolas y en otros países dio lugar a diferentes publicaciones personales (Enfoques económicos y ecológicos en la encrucijada actual de la gestión del agua en España, 1997, La economía del agua en España, 1997) y, sobre todo, a una serie de libros realizados con autores de diferentes especializaciones. Estas publicaciones, al igual que las anteriormente citadas, muestran sus esfuerzos por establecer relaciones transdisciplinarias para resolver los problemas científicos que ha ido abordando, así como su capacidad para animar relaciones personales e institucionales: Las cuentas del agua en España (dirigido en colaboración con el Dr. Ingeniero Agrónomo, Catedrático de Edafología y Climatología de la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, José María Gascó, 1994, La gestión del agua de riego ( dirigido con J. López Gálvez, 1997), La gestión del agua en España y California, (con el físico y economista zaragozano Pedro Arrojo, 1997), El agua en los sistemas agrarios. Una perspectiva histórica (editado con el historiador Ramón Garrabou, 1999). Poco después coordinó el volumen de la revista Archipiélago sobre El agua: un despilfarro interesado (2003), y publicó Ideas y propuestas para una nueva cultura del agua (en colaboración con el ingeniero industrial y urbanista Antonio Estevan, 2004). Su interés por este importante tema se ha mantenido hasta hoy, como muestra su ponencia marco sobre “Costes y cuentas del agua. Propuestas desde un enfoque ecointegrador”, que elaboró para el Seminario Costes y Cuentas del agua en Cataluña en relación con la Directiva Marco del Agua, promovido por la Agencia Catalana del Agua, 18 y 19 de junio 2007 en Barcelona y su participación en el V Congreso Internacional de Ordenación del Territorio, celebrado en Málaga a fines de noviembre de 2007, y donde ha coordinado una sección sobre “agua y el territorio”.

Pero además de tratar las temáticas antes indicadas, José Manuel Naredo ha contribuido a establecer fundamentos de la economía ecológica, a lo que ha dedicado varios trabajos (1994, 1998. 1999). Toda esa línea de reflexión se fue incorporando a su concepción ecosistémica, en la que el problema de la energía adquiere una importancia fundamental. Además de los balances energéticos en la agricultura española antes mencionados, también se ocupó, de manera más general, de la energía en el funcionamiento de los ecosistemas. Su punto de vista es éste: “ la Tierra es un sistema cerrado en materiales, salvo la excepción de los meteoritos, pero recibe diariamente la energía solar. De ahí que el mantenimiento de la vida a largo plazo en la Tierra solo sea posible apoyándolo en la energía solar y en sus derivados renovables, pero no en el mero uso y degradación de los stocks de ciertos materiales contenidos en la Tierra ”.

Se ha esforzado por elaborar y reunir cálculos lo más precisos posible sobre el volumen ligado a la extracción de biomasa y recursos minerales en el conjunto del planeta. De dichos cálculos concluye que: “el metabolismo de la sociedad actual, al movilizar anualmente más de 100.000 millones de toneladas de materiales sólidos, alcanza órdenes de magnitud comparables a los de los grandes ciclos de la biosfera (por ejemplo, el ciclo del carbono en las tierras emergidas alcanza un tonelaje similar), y tiene, por tanto, una incidencia muy significativa a la escala planetaria”. También estima que “la intervención humana sobre la corteza terrestre orientada a la obtención de rocas y minerales supera en importancia a la de cualquier agente geológico y contribuye a situar las extracciones conjuntamente de agua y productos bióticos a una escala sin precedentes, que resulta muy significativa a nivel planetario”. Y concluye “tras haber erigido la noción de producción en centro de la ciencia económica, la civilización industrial está convirtiendo también en no renovables e insostenibles las únicas producciones que habían sido tradicionalmente renovables y sostenibles, a saber: las verdaderas producciones de la agricultura, de las pesquerías y de los bosques”. Realmente, puede afirmarse, como él hace, que “la especie humana se ha erigido en la cúspide de la pirámide de la depredación planetaria”.

A partir del problema de los recursos José Manuel Naredo fue adquiriendo una preocupación creciente por el mantenimiento de la vida a largo plazo en nuestro planeta.

Ha realizado un gran esfuerzo en la búsqueda de un marco teórico integrador, que permita explicar las interrelaciones entra las diversas variables naturales y sociales que analiza, y no ha dudado en transitar caminos a veces arriesgados, como los que le han llevado a explorar el campo de la física y la aplicación de conceptos biológicos (como metabolismo y otros) a las ciencias humanas. La exploración que ha realizado en el campo de la ecología para estudiar modelos de comportamiento en la naturaleza, (por ejemplo los modelos parásito-huésped y el ya citado depredador-presa, así como el estudio de los flujos de energía y materiales) le ha movido a examinar las posibilidades que ofrecen para el estudio de los patrones demográficos de las poblaciones humanas en su relación con los recursos terrestres. Ha encontrado que “la especie humana no sólo destaca como la gran depredadora de la biosfera, sino también de sus propios congéneres, llegando a escindirse profundamente como especie: la polarización social entre países, regiones o barrios es tan extremada que origina patrones demográficos tan diferentes como los que se observan en la naturaleza entre especies distintas”.

Sus análisis han sabido combinar diestramente el conocimiento histórico y el análisis de los conceptos que se difunden y se utilizan de forma acrítica. Se ha interesado una y otra vez por los presupuestos intelectuales que permanecen ocultos en los discursos dominantes. Ha reflexionado, por ejemplo, sobre el origen, el uso y el significado del término “sostenible” (1995), acuñado a partir de los debates sobre “los límites del crecimiento”, especialmente tras la publicación del Primer informe del Club de Roma (1971). Como es sabido, dichos debates hicieron tomar conciencia sobre los problemas que generaba el intenso desarrollo económico de la civilización industrial apoyado en el elevado nivel tecnológico alcanzado, y reconocieron la imposibilidad del crecimiento económico ilimitado a escala planetaria. Todo ello dio lugar a un intenso debate sobre la conservación de los recursos, y a la aparición de nuevos conceptos como “ecodesarrollo”, que fue explícitamente vetado por Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de EEUU. “Desarrollo sostenible” fue la alternativa que se difundió desde la segunda mitad de los años 1980, y en especial a partir del informe sobre Nuestro futuro común (1987) impulsado por las Naciones Unidas y coordinado por Gro Harlem Brundtland. Este concepto se aplicó a aquel desarrollo que permite “satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”, teniendo la virtud de contentar a todo el mundo al establecer un puente virtual entre “conservacionistas” y “desarrollistas”.

En su preocupación por desvelar el origen y las funciones de los conceptos utilizados en los discursos dominantes José Manuel Naredo ha puesto de manifiesto la ambigüedad de ‘desarrollo sostenible’ y ‘sostenibilidad’, que ponen énfasis en la gestión económica de los recursos más que en la salud de los ecosistemas. Ha mostrado la función retórica que tienen esos conceptos y las razones por las que fueron fácilmente aceptados por los economistas. La palabra ‘sostenible’ sería un ejemplo de “la inflación que acusan las ciencias sociales de términos de moda cuya ambigüedad induce a utilizarlos más como conjuros que como conceptos útiles para comprender y solucionar los problemas del mundo real”. Se trata, como también ha señalado, de una retórica que oculta o banaliza los daños ocasionados por el modelo de desarrollo económico sin cambiar nada esencial del mismo.

Naredo ha insistido asimismo en la trascendencia que tienen las “reglas del juego económico”, que utiliza el razonamiento monetario como guía suprema de la gestión: “con lo cual resalta la dimensión creadora de valor y utilidad del proceso económico, pero cierra los ojos al análisis de los deterioros que dicho proceso inflinge en su entorno físico y social”. Según él, “las reglas del juego económico-financiero en vigor refuerzan un orden territorial crecientemente polarizado en núcleos atractores de recursos, capitales y población y áreas de abastecimiento y vertido que, como hemos indicado, se despliegan tanto a escala global como regional y local”.

Por otra parte, estima que “el instrumental mencionado no sólo reduce la toma de información a una única dimensión, la monetaria, sino que registra solamente el coste de extracción y manejo de los recursos naturales, pero no el de reposición, favoreciendo así el creciente deterioro del patrimonio natural, que no se tiene en consideración en el proceso cuantificador”. Finalmente, considera que el sistema financiero es fuente de nuevas desigualdades y, citando al ecólogo Ramón Margaleff, recuerda que “el dinero tiene la propiedad de llevar la desigualdad en las sociedades humanas mucho más lejos de lo que la territorialidad y la jerarquía permiten en las sociedades animales”.

Para Naredo, las raíces económico-financieras de la crisis ambiental son “un tema tabú de nuestros tiempos” (2003). Para él, sin embargo, el juego económico “sigue impulsando la extracción y deterioro de recursos frente a la obtención y uso renovable de los mismos, con el consiguiente deterioro del conjunto. A escala agregada, este modelo de gestión parasitaria nos arrastra hacia estados de mayor entropía planetaria”.

Concluye que “cuando la práctica totalidad del Planeta ha sido ya apropiado, el problema ecológico no estriba tanto en socializar o redistribuir esa propiedad, como en establecer una reglas del juego que faciliten la conservación de patrimonio natural, con independencia de su titularidad, en vez de su acelerada explotación-destrucción practicada hoy tanto por particulares, empresas o administraciones de índole diversa”.

Desde fines de los años 1980 José Manuel Naredo empezó a preocuparse por las ciudades, espacios esenciales en el funcionamiento del ecosistema terrestre y en continuada y rápida expansión desde el siglo XIX. Le interesaron especialmente la creciente ocupación urbana de los suelos de mayor calidad agronómica y el funcionamiento de los flujos de agua, de energía, materiales e información en las áreas urbanas. La medida de dichos flujos y de su incidencia territorial se convirtió en otra línea de investigación, realizando, ante todo, estudios concretos que trataban de medirlos en la Comunidad de Madrid. Esa nueva línea se dejó sentir en el libro Los flujos de agua, energía, materiales e información en la Comunidad de Madrid y sus contrapartidas monetarias (con J. Frías 1988), así como en otros que trataban de describir la “anatomía y fisiología de la conurbación madrileña”. Madrid ha sido en los últimos años objeto de su atención, aunque su objetivo es llegar a conclusiones de carácter más general. Durante varios años ha dedicado trabajos al crecimiento de la ciudad y el medio ambiente, al funcionamiento de las ciudades y su incidencia en el territorio, al metabolismo económico de la conurbación madrileña. La vinculación de sus preocupaciones sobre la sostenibilidad y las que tenía sobre el desarrollo urbano fue rápida. Se reflejó en su texto Sobre la insostenibilidad de las actuales conurbaciones y el modo de paliarla (1996) y en otros estudios dedicados a los instrumentos y estrategias dirigidos a reducir los problemas existentes en los sistemas urbanos, “sistemas abiertos que se nutren de los recursos de fuera y envían los residuos fuera, con la salvedad de que el modelo de la conurbación difusa es mucho más exigente en recursos y residuos por habitante que los anteriores”. El estudio de la evolución del metabolismo urbano madrileño le ha servido para ejemplicar sus tesis de forma significativa.

Naredo defiende que las mejoras que se han obtenido en las condiciones de salubridad y habitabilidad de las ciudades, y que posibilitaron su enorme crecimiento, “se consiguieron generalmente a costa de acentuar la explotación y el deterioro de otros territorios”. Pero cree que este crecimiento “no solo se revela globalmente insostenible, sino que pone también en peligro los logros en salubridad y habitabilidad”. También considera que para enjuiciar la sostenibilidad de las ciudades desde una perspectiva global es preciso tener en cuenta no sólo las actividades que en ellas tienen lugar, sino también aquellas otras de las que dependen aunque se operen e incidan en territorios alejados: “desde esta perspectiva, enjuiciar la sostenibilidad de las ciudades nos conduce por fuerza a enjuiciar la sostenibilidad (o más bien la insostenibilidad) del núcleo principal del comportamiento de la civilización industrial; es decir, incluyendo la propia agricultura y las actividades extractivas e industriales que abastecen a las ciudades y a los procesos que en ellas tienen lugar”. En realidad, estima, “el principal problema reside en que la sostenibilidad local de las ciudades se ha venido apoyando en una creciente insostenibilidad global de los procesos de apropiación y vertido de los que dependen”. A partir de esas posiciones teóricas Naredo ha analizado los instrumentos económicos que pueden ser utilizados para paliar la insostenibilidad de los sistemas urbanos (2003), y ha tratado de hacer operativo el concepto de buenas prácticas para hacer la ciudad sostenible.

Otra línea de investigación de Naredo en relación con la ciudad ha sido la que se refiere al mercado inmobiliario. En los años 90 empezó a preocuparse por los problemas que planteaba el peso creciente del negocio inmobiliario en el desarrollo económico español . Tras diversos artículos sobre el tema en revistas como Economía y Sociedad, Catastro y Alfoz y de amplios capítulos sobre la composición y distribución de la riqueza, publicados distintos volúmenes de la Fundación Argentaria y la Fundación BBV, en 1996 publicó ya un importante libro sobre La burbuja inmobiliario-financiera en la coyuntura económica reciente (1985-1995). En los años siguientes siguió investigando sobre el tema produciendo otro libro notable: Composición y valor del patrimonio inmobiliario en España 1990-1997 (publicado por el Ministerio de Fomento, 2000).

Siempre ha insistido en que todo ese crecimiento tiene unas razones económicas y sociales, que no se trata de procesos inscritos en la naturaleza: “el trepidante crecimiento de la urbanización viene espoleado, más allá de la demografía, por el insaciable afán de lucro de promotores y compradores, animado por un marco institucional que privilegia la adquisición de viviendas como inversión, que ha situado a nuestro país a la cabeza de Europa en porcentaje de viviendas secundarias y desocupadas”. Al extenderse por toda la población el virus de la especulación inmobiliaria, se está construyendo un patrimonio inmobiliario sobredimensionado de escasa calidad y se está originando una burbuja especulativa cuyas dimensiones resultan cada vez más amenazantes” (Naredo, Carpintero y Marcos, 2004).

Últimamente ha abordado, en colaboración con el economista Oscar Carpintero y la estadística Carmen Marcos, cuestiones importantes del papel del negocio inmobiliario en la economía española (Patrimonio inmobiliario y Balance Nacional de la economía Española entre 1984 y 2004) y las características de la burbuja inmobiliario-financiera en la coyuntura económica española, en investigaciones que han visto la luz en las revistas y publicaciones de la Fundación de las Cajas de Ahorro Confederadas, o en las revistas Bolsa de Madrid e Información Comercial Española.

En lo que concierne a la ocupación del suelo por usos urbano-industriales, ha podido constatar mediante fotointerpretación que, en el caso de la provincia de Madrid, “entre 1957 y 1980 se duplicó el requerimiento total de suelo por habitante (excluyendo el suelo de uso agrícola), volviendo a duplicarse entre 1980 y 1999, a la vez que aumentaron espectacularmente las exigencias per capita de energía y materiales. La mayor ocupación de suelo por habitante se debe básicamente al aumento de la segunda residencia y de los usos indirectos (vertederos, actividades extractivas, embalses, viario, suelo en promoción, etc.) que conlleva el fenómeno de la conurbación difusa y de la continua construcción-destrucción de infraestructuras e inmuebles, a la vez que crece la proporción de viviendas y locales desocupados. Así, el presente modelo de urbanización se revela, en Madrid, mucho más consumidor de suelo, energía y materiales que el antiguo”. Naredo ha continuado trabajando sobre la “anatomía” y “fisiología” de la conurbación madrileña habiendo actualizado sus trabajos anteriores sobre la ocupación del suelo y el metabolismo urbanos en investigaciones todavía pendientes de publicación.

Sus cálculos sobre el patrimonio inmobiliario le han permitido afirmar que “más de la mitad del parque de viviendas existentes en 1950 han desaparecido por demolición o ruina en nuestro país, que cuenta con menor porcentaje de viviendas anteriores a 1940 que Alemania, que quedó destruida por la Guerra Mundial, haciendo que el crecimiento económico fuera más destructivo del patrimonio inmobiliario en España de lo que, en proporción, lo fue la Guerra Mundial en Alemania”.

Los problemas de la distribución de la renta en España, tanto a escala social, como territorial le han seguido preocupando durante toda su vida investigadora. El amplio conocimiento de las fuentes estadísticas y el tratamiento riguroso de las mismas le ha permitido publicar trabajos de gran relieve sobre la elaboración de las series históricas sobre la renta. Así en “Crítica y revisión de las series históricas de Renta Nacional de la posguerra”, (1991) mostró la inconsistencia dichas series en el periodo de la posguerra, que podían llevar a subestimar el ingreso nacional posterior. Según Naredo, las cifras oficiales de Renta Nacional están infravaloradas durante la posguerra por haber magnificado la caída de la renta producida por la guerra civil, por el manejo de índices de producción obsoletos y por la ocultación de productos vinculados al “mercado negro” durante la autarquía franquista. Como consecuencia de ello, propuso una revisión de las estimaciones cuyo comportamiento mostraba productividades y elasticidades más razonables.

La composición y distribución de la riqueza de los hogares españoles y los cambios que se han producido en la riqueza personal y familiar, son temas de investigación que enlazan con sus antiguas preocupaciones. Naturalmente esa línea de investigación sobre la renta tenía que reflejarse igualmente en el estudio de los patrimonios inmobiliarios de los hogares españoles y su distribución regional.

José Manuel Naredo ha dedicado asimismo atención a las cuestiones éticas, y en especial a la construcción de lo que califica como “una sociedad civil global”, y a establecer las bases sociopolíticas para el desarrollo de una ética ecológica y solidaria. En la misma línea ha criticado el énfasis en la competitividad (las “patologías competitivas”) frente a las formas de solidaridad y colaboración. Ha estudiado asimismo el problema del paro y ha reflexionado sobre las alternativas, defendido la solidaridad, a la vez que insistía en la importancia de la cooperación libre e igualitaria como remedio frente al desempleo y al trabajo dependiente.

Naredo ha sido muy consciente del significado del territorio y ha insistido en la necesidad de considerarlo para resolver los problemas ambientales. Lo que le ha conducido directamente a los temas de ordenación del territorio, desde hace tiempo (cuenta ya con un texto importante sobre el tema publicado por el Colegio de Arquitectos de Madrid en 1984) . Por esta razón ha seguido atentamente el desarrollo de la geografía, una disciplina que ha valorado repetidamente, aunque no dejara de criticar a los geógrafos el olvido de ciertos temas. Así hizo cuando en 2003 organizó en Lanzarote con el apoyo de la Fundación César Manrique, un seminario sobre La incidencia de la especie humana sobre la faz de la Tierra, 1955-2005, que se situaba explícitamente en la estela de dos congresos que tuvieron una gran repercusión: el que impulsaron Carl Sauer, Clarence Glacken y Lewis Mumford sobre el tema Man’Role in Chainging te Face of the Earth, celebrado en Princeton en 1955, y el que tuvo lugar en 1987 sobre The Earth as Trasnformed by Human Action. Global and Regional Changes over the Past 300 Years, organizado en la Clark University por el geógrafo Bill Turner II, con la colaboración de Robert W. Kates y Gilbert F. White. El seminario de Lanzarote dio lugar a un libro publicado en 2005, la colección “Economía vs Naturaleza”, con el título La incidencia de la especie humana sobre la faz de la Tierra (1955-2005) para conmemorar el 50 aniversario del mencionado Simposio de Princeton.

En la convocatoria del simposio de Lanzarote, Naredo criticaba que a medida que se han ido agravando los problemas ecológico-ambientales, y aumentaban los estudios y los congresos dedicados a ello, se ha ido desplazando el interés desde el territorio hacia el clima. Es el uso de la Tierra y de sus recursos la causa del deterioro ambiental y del cambio climático. Y criticaba a los geógrafos por haber olvidado los análisis sobre la incidencia de la especie humana sobre la faz de la Tierra. Naredo estima que es preciso prestar atención a cuestiones que se trataron en el simposio de 1955, desde los recursos, las características diferenciales del territorio y las estrategias de actuación sobre el mismo, hasta los residuos y las múltiples consecuencias que tienen, una de las cuales es la que se refiere a las alteraciones del clima. Señala la gran paradoja de que mientras en 1955 los geógrafos prestaba gran atención a la fotografía aérea del territorio, el simposio de 1990 no sacó partido de las imágenes de satélite ya disponibles, a la vez que los análisis se parcelaban y no se presentaron trabajos sobre problemas globales ni hubo preocupación por los aspectos políticos y económicos que inciden en la transformación de la Tierra.

Falta todavía, señala Naredo, lo que Mumford ya planteaba en 1955, “una filosofía común del desarrollo humano que revise críticamente todas nuestras formulaciones históricas parciales, incluidas las ideas de sistema político democrático y de sistema económico mercantil sobre las que implícitamente reposa la idea hoy hegemónica de sociedad, con sus metas e instituciones”.

Al concederle el Premio Internacional Geocrítica 2008 el jurado desea destacar su esfuerzo por recuperar esos ideales, su contribución al examen crítico de los efectos de la acción humana sobre el planeta y su animosa búsqueda para establecer las bases de una nueva filosofía y economía del desarrollo humano.

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