Leonard Kleinrock: Los ordenadores son el peor enemigo del pensamiento crítico / ABC

Posted on 2015/06/24

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Fuente: diario ABC. Gracias a Leonard Kleinrock hoy tenemos al alcance de la mano el mayor contenedor de información de todos los tiempos: Internet. En 1969 dio el primer paso con el primitivo proyecto Arpanet, base de lo que hoy es la Red. Dos ordenadores situados a varios kilómetros de distancia quedaron conectados por una red que proporcionaba 50 kilobytes por segundo y con la que se pretendía enviar la palabralogin. Aunque en el primer intento sólo se recibieron las dos letras (I y O), desempeñó un papel importante en el desarrollo de la primera línea de comunicación de datos. Hoy, a sus 81 años, Kleinrock sigue dando clases en la Universidad y se mantiene ávido observador del desarrollo de las nuevas tecnologías, tal y como ha contado a ABC en Madrid, un día antes de recibir el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Tecnologías de la Información.

Pregunta. Formuló la teoría de las colas, con la que se ordena el tráfico de la Red. ¿Cree que corremos el riesgo de que la infraestructura no sea capaz de absorber los datos que se generan?
Respuesta. Gestionar las necesidades de ahora no es ningún problema pese a la alta demanda. Y viene más en camino. El problema es si las operadoras van a desplegar una cantidad suficiente de esa capacidad, porque el problema no es técnico, sino económico, y habrá que ver si se cobrará al cliente para tener acceso a todos estos recursos de manera justa.

P. Defiende entonces la ‘Neutralidad en la Red’…
R. Es un tema muy apasionante. Básicamente, se trata de lograr que las nuevas compañías puedan competir con las organizaciones ya establecidas y, sobre todo, evitar favoritismo que tiene una operadora con una empresa del establishment. Por ejemplo, en una startup que está empezando necesitaría lograr acceso a un ancho de banda al mismo precio que vaya a tener una de las grandes firmas del mercado. Por otro lado, como consumidor no deseo que mi operadora me cobre más por los bits de vídeo que por los bits de audio o los que llevan el correo electrónico. Si las operadoras logran lo que quieren su idea es cobrar por contenidos y no por ancho de banda. Y ese no es su dominio porque si como cliente tengo que pagar por contenido yo voy a llegar a un acuerdo con los proveedores de contenidos, como Google, Netflix o Amazon… Hay que defenderla y tenerla preparada para que puedan surgir nuevas empresas de manera justa y económica.

P. Cuando lograron este hito ¿eran conscientes de lo que estaban creando y lo que acabaría siendo?
R. Cuando era estudiante estaba rodeado de ordenadores. Y, en algún momento, percibí que en el futuro tendrían que comunicarse entre ellos. Fue un desafío de ingeniería fantástico. Eso sí, nunca pensé que en esa red pudieran estar mi madre y mis nietos al mismo tiempo. La idea de las redes sociales nunca se me ocurrió. Yo lo concebía como ordenadores hablando entre sí y de personas a ordenadores, pero nunca como una conexión entre personas.

P. ¿Se sorprende de la dimensión que ha generado la Red?
R. Sorprendido es una manera de decirlo. Estoy agradecido, emocionado, gratificado, complacido, excitado… Tengo la sensación de que seguirá ofreciendo grandes beneficios a la Humanidad porque da voz a todos. Ha cambiado nuestra forma de vivir, de jugar, de tratar con los demás, de trabajar, de enseñar, de divertirse… Es un fenómeno maravilloso que, por supuesto, también tiene su lado oscuro.

P. ¿En qué estado de madurez se encuentra Internet?
R. Internet está en su adolescencia. Aún tiene un comportamiento errático, desobediente, pero, claro, son años de pasárselo bien. Tiene tiempo para madurar. Podrá llegar a madurar y convertirse en un adulto responsable o, por contra, podría transformarse en un ser malvado y criminal. Creo que va a seguir evolucionando en ambas direcciones a la vez. Mi gran preocupación es que ahora hay Estados enteros que se han unido al lado oscuro. No es solamente el spam, la pornografía…, es la maldad profunda. Y lo peor es que no hay manera de predecir hacia dónde va a dirigirse. Esto puede hacer que las organizaciones se desconecten de Internet y empiecen a crear sus propias redes privadas para poder controlar la seguridad y los datos de las personas, podemos llegar a una especie de red fragmentada sin conexión con la red gratuita y para todos.

P. ¿No cree que les faltó tomar alguna medida para evitar ese lado oscuro?
R. Surgió en una cultura de apertura, de confianza, de ética, de compartir conocimiento entre unos pocos individuos. Y había unas reglas tácticas. Al principio hubo un momento en que yo conocía a todos los miembros de Internet. Eran mis amigos, me fiaba de ellos. Si alguien hacía algo mal, nos enterábamos todos y le criticábamos. En ese momento a nadie se le ocurrió la necesidad de integrar un aspecto de seguridad. Por otro lado, nunca se nos ocurrió que esto llegaría a miles de millones de personas.

P. ¿Ahora qué se puede hacer?
R. Como tenemos un sistema heredado de miles de millones de ordenadores es casi imposible crear en la actualidad una tecnología de seguridad como un parche que se superponga sobre lo que ya existe en aras de corregir todo lo anterior. Sin embargo, sí que hay un desarrollo muy interesante que alguno ha pensado en eso, es lo que llaman el cifrado homomórfico, que permite encriptar los archivos y los programas, transmitirlos sin decodificarlos. De esta manera, aunque se roben esos datos nadie va a poder leerlos.

P. ¿Predice una sociedad hiperdependiente de Internet?
R. Internet tiene los mismos problemas sociales, políticos y económicos que cualquier institución importante, ya sea un gobierno totalitario o corporativo. Pero el abuso y la mala conducta social ya estaban antes de Internet. En conjunto es un invento maravilloso. Y las cosas que el mundo podía imaginarse eran impensables antes de la Red. Aunque sí tengo una queja: me parece que los ordenadores son el peor enemigo del pensamiento crítico.

P. ¿Por qué piensa eso?
R. Lo digo porque muchas personas dependen demasiado de, por ejemplo, un motor de búsqueda para buscar conocimiento. Se apoyan en el ordenador para pensar en lugar de adoptar las ideas en su mente y procesarlas para hacerlas suyas. ¿Qué hacemos? recurrimos a las calculadoras, a Google, a la simulación para sustituir la capacidad de pensar en silencio.

P. En torno a la Red se han construido negocios, como Google o Facebook. ¿Le asusta la cantidad de datos personales que mueven?
R. El abuso de los datos es una parte importante de ese lado oscuro, no podemos olvidar que tú [el usuario] cediste de manera voluntaria tus datos la primera vez que pusiste tu nombre completo. Le estás dando a las empresas datos de quién eres, con quién estás, lo que llevas puesto. Mandas tus fotos a todo el mundo… De alguna manera somos lo que hemos permitido que vean de nosotros. El problema es la forma en la que esas empresas abusan de esos datos, pero, hay que aceptarlo, la privacidad ya no existe. Es una causa perdida defender la privacidad en Internet.

P. El lado oscuro del que habla…
R. Es un poder enorme, por un lado, pero es la fórmula perfecta para los ciberdelincuentes y el lado oscuro. Potencialmente, Internet se puede usar de las dos maneras, tanto negativa como positiva, pero imagínate: una persona perteneciente a un país subdesarrollado. Puede tener voz, hablar directamente al mundo. La moneda tiene dos caras.

P. El problema, quizá, es que vamos a más con la llegada de la Internet de las Cosas. ? ¿Va a decantarse la balanza sobre el punto de vista negativo?
R. No creo que se vaya a decantar la balanza porque el lado positivo es mucho mayor que el negativo. Eso sí, hay que tomar precauciones, hay mecanismos para proteger por ejemplo el mundo financiero privado. S usamos una buena higiene en Internet, si no nos ponemos a decir barbaridades, a colgar fotos que no queremos que nos las recuerden dentro de siete años… Tenemos cuidar nuestro Internet como si fuera nuestro cuerpo. Y no abusar de ella dado que requiere de una responsabilidad importante, tanto personal como corporativa.

Autor:   J. M. Sánchez

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