OXI a la Monarquía. Lecciones republicanas españolas de la dignidad griega / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2015/07/06

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Monumento a los heroes de la libertad en A Coruña


OXI a la Monarquía. Lecciones republicanas españolas de la dignidad griega

Pedro A. García Bilbao [6 de julio de 2015] Al servicio de la República

La República Helena vive.

El demós griego (el laós) se ha manifestado mayoritariamente en contra de recortes e imposiciones contra el pueblo. Bastó que le convocasen para que los tiranos temblaran. «Europa» en el dialecto griego más antiguo significa «sonrojada», por el rubor que tiñó las mejillas de una joven doncella que se vio raptada por un Zeus travestido en toro que deseaba poseerla con engaños si era preciso. El día 5 de junio de 2015, el pueblo griego ha dicho no en alto y eludido los engaños, han dado un hermoso ejemplo de dignidad, de lucha y resistencia, a una Europa envilecida y en manos del dinero. Sin una dirección política valiente y decidida a defender la soberanía popular griega esto no habría podido ocurrir. Apoteosis significa hombres que hacen cosas propias de los dioses; aunque luego los mismos dioses les castiguen por su atrevimiento. Lo han hecho, se han atrevido a decir no a autoridades lejanas y poderosas que se creían por encima de los mortales. Es un ejemplo para todos los pueblos de Europa.

En España ha habido temor al contagio, pero España está en una posición distinta y es deudora de una historia reciente que nos ha puesto de rodillas. Y hoy, algunos creen poder ganar o alzar la voz al tiempo que renuncian a alzarse. ¿Cómo es posible? El problema principal en España para poder coordinar el potencial de resistencia que todavía nos queda es, en primer lugar, la naturaleza de las direcciones de partidos y organizaciones de izquierda bien situados, entendiendo por bien sitiados los que tienen proyección pública. Se trata en casi el 100% de los casos de direcciones herederas de las traiciones de la transición, donde el desecho de tienta dejado por el PSOE en innumerables pasos a la casa común de la izquierda, ha permitido que oportunistas crecidos a la sombre de pasillos y despachos que han vivido estos años de parasitar las esperanzas y los símbolos de la izquierda social, se ocupen de seguir impidiendo hacer política. En las filas republicanas y muy particularmente en IU este fenómeno del parasitismo ha sido especialmente grave y con consecuencias funestas.

Las políticas seguidas por impresentables direcciones han podido mantenerse por la existencia de unas bases sociales troqueladas por las circunstancias de estos años sin memoria. La transicon pesa como una losa: es difícil ser crítico sin experiencia política de participación real en procesos de lucha que no hayan sido cortocicuitados desde dentro o sin ser capaces de mantener un discurso crítico y de exigencia a las direcciones; ha dominado la escena una izquierda domesticada, construida al servicio del silencio y la claudicación: todavía hoy, en 2015, hay quienes en posiciones de izquiersa sigue defendiendo la Ley de Amnistía de 1977. Pero ha sido sobre todo la existencia de un desfase brutal entre acción política, activismo ciudadano y las estrategias políticas realmente aplicadas en las instituciones y en la acción parlamentaria y electoral —pues el inmovilismo ante el régimen y el abandono de toda pretensión de ruptura republicana lo impedían— lo que ha llevado a la actual crisis en la izquierda española. Las militancias y las bases sociales de la izquierda se han limitado a confiar e ir apoyando sucesivamente a las direcciones o a personajes que durante algún tiempo lograban encarnar sus esperanzas, para acabar sistemáticamente lejos de cuestionar la monarquía, defender la República y defender en consecuencia cambios sustanciales en la línea estratégica parlamentaria y electoral.

La irrupción del ciudadanismo postmoderno, en cualquiera de sus avatares (no solo Podemos) tras el experimento naranja del 15M puso peor las cosas. La frustración inmensa de la población ante las agresiones liberales y la podredumbre del sistema, acabó enfocada hacia movimientos de nuevo tipo que decretaban el final de la vieja política, los partidos, los sindicatos y las banderas, ilusiones y valores de la izquierda. Se pretendía —y eso era bien visto por el sistema— sustituir a «viejos bárbaros» (que ya habían dejado de serlo) por los «nuevos bárbaros», versión ciudadanista con coleta, capaces de reformularlo todo y liquidar todo resto de memoria histórica de la resistencia popular. En estos momentos asistimos al abandono casi terminal ya del objetivo histórico de la República como símbolo de la necesaria ruptura con el régimen del 78, el de la democracia controlada, basada en la impunidad franquista.

Las candidaturas de Unidad Popular tienen en sí el potencial de reactivar la lucha por la ruptura y la República, pero el proceso de coordinación entre ellas está aceptando en la práctica el liderazgo de los que ya han renunciado a la República. El manifiesto en favor de la Unidad Popular presentado por unos intelectuales desde posiciones cercanas a Alberto Garzón, así lo demuestra: ni una palabra, ni una referencia a la República. Si esto ocurre en las filas de los que se suponen que son de izquierda, de IU, del PCE o desde posiciones independientes de izquierda, que no pasará con el núcleo de líderes de Podemos que desean liquidar el constructo básico de la izquierda.

La Unidad Popular es un objetivo político y un sentimiento para llamar al deseo de ruptura con el actual estado de cosas. La República es el símbolo de esa victoria popular. Sin soberanía popular, sin poner fin a la impunidad franquista, sin un estado comprometido con la supervivencia de todos y con los derechos sociales básicos cualquier cambio será sólo cosmético. No se puede renunciar a la República. No tenemos derecho a hacerlo.

Es imprescindible que la unidad popular deje de ser una palabra para convertirse en un instrumento estratégico de acción política, en una herramienta para la romper este tinglado. Ya sabemos que algunos consideran que la república no es prioritaria, que los frentes dividen, que la izquierda y la derecha está obsoletas; no pretendemos convencer a los parásitos, ni dejar que los oportunistas marquen el camino; eso no es unidad, es seguir sometidos y renunciar a trazar nuestra propia estrategia de lucha.

El régimen actual se basa en la impunidad franquista como demuestra la ley de Amnistía y los referenda que trajeron la monarquía, jueces, empresas, estructura del estado, todo está afectado, de ahí el miedo atroz a que la lucha política se apoye en lo que hemos aprendido de la memoria. Grecia luchó contra el fascismo, sufrió guerra y dictadura, juzgó a sus dictadores, echó a su rey corrupto y cómplice, están orgullosos de su tradición de lucha y resistencia, no han renunciado a nada, ni a su bandera, ni a sus símbolos, ni a sus valores, ni siquiera a soñar cuando todo está más oscuro.

Grecia no es España, está claro, donde los cínicos están dispuestos a renunciar a todo para vencer y desprecian como perdedores a los que todo lo dieron en defensa de la República y de sus ideales de paz y justicia social. Los que sienta que es el momento de luchar por la República, los que no quieran sentarse a esperar que decidan por arriba, los que crean que deben actuar, tenemos la obligación de unirnos.

Somos muchos, somos más, nuestra causa es justa, nada olvidamos y a nadie vamos a dejar atrás.

Uníos a la Alianza Republicana. manifiestorepublicano@gmail.com