Pero ¿Quién es realmente Tsipras? ¿De donde ha salido? / Sociología Critica

Posted on 2015/08/23

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Vamos a investigar un poco este tema. Garzón , por ejemplo, fue cooptado por la dirección de PCE para intentar relanzar IU apoyándose en el 15M, y en ningún momento se le planteó a ninguno de ellos el refundar el PCE o trazar una convocatoria de Frente Popular contra el régimen. Los dirigentes de Podemos, asesores a dedo del ala más derechista de IU PCE en su momento, han apostado por reconfigurar el espacio político español apelando igualmente al 15M, pero decretando el final de la izquierda y despreciando cuanto significa. Ambas «tendencias» defienden las decisiones de Tsipras en Grecia tras su rendición ante la Troika.   ¿Cooptó alguien a Tsipras? ¿Desde dentro o desde fuera? Así que convendría hacerse unas preguntas antes de empezar a analizar más en profundidad. Y no solo sobre Tsipras, claro.

El Partido de la Izquierda Europea (PIE) del que ha sido cabeza visible Tsipras y del que ha contado con todo su apoyo institucional y propagandístico en su marcha hacia el gobierno ¿existe todavía? ¿ha dicho algo? Recordemos cómo en Madrid, en 2013, el siempre bien «orientado» Cayo Lara expreso su deseo de comenzar a construir la tumba de la Troika con la alianza de las fuerzas de izquierda europeas en torno a la en ascenso figura de Tsipras y SYRIZA. (Ver artículo). ¿Ha dicho algo el PIE durante la crisis sobre la conveniencia de salir del Euro si llegaba a ser necesario, o sobre plantarse ante la Troika si las cosas se ponían duras? Lo curioso del asunto es que tampoco lo plantearon como una posibilidad necesaria si se abrían procesos de enfrentamiento entre un gobierno que no aceptara chantajes y el poder europeo central.  Eso sí: «El congreso aprobó sin mayor complicación algunas propuestas comunes en materia fiscal como el impuesto europeo sobre las grandes fortunas para financiar el plan de recuperación económica, la famosa tasa Tobin sobre las transacciones financieras, la lucha contra el dumping fiscal y la prohibición de ayudas públicas a empresas que despidan trabajadores» (La Europa del Trabajo, Congreso, Madrid 2013. Temblando debió de quedar Merkel ante amenazas como estas, desprovistas de estrategias de respuesta serias.

Por cierto, recuerdan los contactos con Rusia y los Brics? La posible ayuda a Grecia tenía una condición necesaria, tal vez no suficiente, pero sí necesaria: la ruptura de Grecia con el Euro y la nacionalización de los Bancos griegos, de no hacerse eso cualquier ayuda a Grecia sería una inyección de dinero liquido a los bancos alemanes y el FMI, algo que ni Putin ni los BRICS estaban dispuestos siquiera a considerar. En materia de defensa  y de política exterior, Tsipras estrechó en su mandato lazos con la OTAN y con Israel. Y ha expulsado del partido a su viceministro de Defensa por pertenecer al ala más radical, escogido allí quizás, como equilibrio interno ante el Ministro, perteneciente a ANEL una formación de la derecha nacionalista y pro-OTAN.

Sigamos

¿Y Tsipras, de donde ha salido? Hay una extensa reseña biográfica y política en el CIDOB, imprescindible para orientarse en fechas y tendencias. Pero visto lo visto, si la pregunta es ¿Cuando supo Tsipras que no se enfrentaría a la Troika hasta las últimas consecuencias? La respuesta es una: desde el momento en que no ordenó planes de contingencia a su para una salida del Euro a su equipo. Es decir, desde el principio. ¿Alguien más lo sabía, en Berlín, en Washington? Si esto fue así, Varufakis estuvo vendido desde el principio, él y todos los griegos, vendidos a sus verdugos financieros.

En 2013 visitó EE.UU. (Véase por ejemplo. Mr. Tsipras come to Washington una valoración en Brookings Institutions 25/01/2013, y el video de su intervención en esa institución en Ver Video) La Vanguardia nos lo recordó al poco de ganar las elecciones de enero, cuando Obama se mostró cercano y apoyó la posición griega en su conflicto con Alemania.

En el artículo, Syriza y el amigo americano ( 02/02/2015) se ofrecen algunos datos que pueden ayudar. Andy Robinson concluye el artículo de la siguiente forma:

«Quizás no sea ajeno al apoyo de Obama a sus propuestas económicas el giro de 180 dado por Tsipras al sumarse a la condena europea a la intervención de Rusia en Ucrania. Syriza ya abandonó hace dos años su oposición a la pertenencia de Grecia a la OTAN. El lunes Tsipras dijo en Chipre que Grecia no pedirá dinero a Rusia en caso de una crisis de financiación.
Tsipras ya se dio cuenta de la oportunidad de estrechar relaciones con Washington cuando visitó EE.UU. en el 2013. “Quería convencer a los representantes del Departamento de Estado de que Syriza no era una panda de ideólogos empeñados en quemar iglesias, sino que buscaban una salida justa e inteligente de la crisis griega”, explica Roane Carey, uno de los directores de la revista The Nation, que se reunió con Tsipras. “Dijo que le habían causado muy buena impresión las mentes abiertas en el gobierno de EE.UU.

Desde que Tsipras, al día del referéndum cesó a su ministro Varufakis y acto seguido pasó a aceptar las condiciones que le imponía la Troika, han ido publicándose diversos artículos intentando analizar las causas, el alcance y los porqués. En «Syriza y la democracia», David Torres (Público, 24 de agosto, 2015), expone con claridad inusitada lo que algunos ilustres políticos y supuestos líderes de opinión no se han atrevido a decir. Se pregunta David Torres: «Se mire por donde se mire, no hay ninguna manera de comprender a este hombre que ha mareado la perdiz durante siete meses, ha convocado un referéndum y después ha aceptado la humillación por ración doble. ¿Ingenuidad? Seamos serios: un político que peca de ingenuo es tan inverosímil y tan inútil como un cirujano que se marea al ver brotar la sangre. Lo mínimo que puede uno preguntarle a Tsipras es si sabía a qué diablos estaba jugando.»

Torres afirma que lo que está sucediendo al final en Grecia es un escarmiento público para todos aquellos que atrevan siquiera a pensar que es posible otra política. ¿Y quien está siendo el instrumento de ese correctivo: la SYRIZA de Tsipras. Y señala: «Porque lo que está haciendo Syriza en Grecia es el trabajo sucio: cualquier otra formación que se hubiera atrevido siquiera a proponer el supositorio de medidas y sacrificios que oculta la aprobación de los últimos dos rescates habría provocado que Atenas ardiera por los cuatro costados. Pero Syriza, al estilo de Podemos, es la espita en la olla a presión, el mecanismo democrático por el cual la furia callejera se transforma en vapor, proclamas en las redes sociales y artículos inofensivos como éste.»

Modesto Emilio Guerrero, desde Venezuela ( «Entre Tsipras y Chávez me quedo con Chávez», Rebelión, 24 de agosto) hace otro juicio crítico sin caer en intentos de justificar los actos de Tsipras, señalando sin más la brutal diferencia entre lo que fueron las intenciones proclamadas y los hechos finales:

«Alexis Tsypras y sus compañeros de Syriza en el Gabinete, no supieron ni fueron capaces de convertir a Grecia en una alternativa anti neoliberal de proyección internacional, teniendo las condiciones propicias para hacerlo. Les bastaba con renunciar a la deuda odiosa, corrupta e ilegítima y asumir las consecuencias que imponen una decisión revolucionaria como esa. No estarían ni solos ni debilitados. Bastaba que se apoyaran en el pueblo movilizado que los votó y en los movimientos internacionales, para minimizar los costos del enfrentamiento. No hay golpe que valga contra esa resistencia. Para ello hay hacer al revés que Tsipras. En vez de confiar en los enemigos, blindarse con los amigos.»

Esta diferencia entre lo que se afirma y lo que se hace es la clave para valorar la actuación política de un político.

A los políticos se les mide por la relación dinámica entre lo que dicen y lo que hacen y sus resultados en la vida social. Alexis Tsipras no pasó esa prueba. De poco le valió el cariño manifestado al jefe de la “revolución bolivariana” expresado en el retrato colocado en la pared de su despacho en Atenas. Como Hugo Chávez, el premier griego despertó un montón de esperanzas en mucha gente de su país, en miles de militantes de izquierda, en intelectuales nuevos y desgastados, excepto en los tributarios del marxismo como fe encerrados en sectas de onanismo sin destino.

Y añade: «Pero Alexis Tsipras decidió negarse a si mismo. No era necesario pedirle que fuera “bolchevique”, bastaba que fuera lo que era, pero sin negarse en eso. Al revés de Hugo Chávez, prefirió hacer lo contrario: capituló a la troika, traicionó el mandato popular. Se enterró solito. Este final polìticamente ridículo se volvió inexorable desde el mismo momento en que él hizo lo contrario de lo que dijo, burló el Referéndum y se recostó en los poderes imperiales que alguna vez dijo que quería enfrentar.

Conviene releer  también este otro artículo:

¿Quién teme a Alexis Tsipras, líder de Syriza y probable ganador de las elecciones en Grecia? No se le teme en la Comisión, en Bruselas. Ni en Fráncfort, sede del BCE. Ni siquiera en Berlín, a pesar de las informaciones que han provocado temblores ante una posible quita unilateral de la deuda que abocaría a Grecia a salir del euro. Y no se le teme porque Tsipras lleva meses reuniéndose en Bruselas, en Fráncfort y en Berlín, dejando claro que no va a tomar medidas revolucionarias: Grecia va a renegociar la ayuda europea, porque eso es exactamente lo que toca, y así conseguirá suavizar algo el ajuste; y, salvo sorpresa mayúscula, no va a acometer ninguna quita unilateral de deuda, y por supuesto no va a salir del euro, entre otras cosas porque los griegos no quieren eso ni en pintura.

Tsipras tiene las de ganar el 25-E y se sentará a negociar en Europa con toda normalidad los flecos finales que quedan del segundo programa y una tercera ayuda, un rescate blando con condiciones menos severas. Su programa está próximo al de la socialdemocracia de toda la vida, con pizcas de heterodoxia porque Grecia necesita como el agua un alivio de la deuda. ¿Es eso radical? La mayoría de los economistas de todo el espectro ideológico (incluidos los alemanes) plantean una reestructuración negociada. Hasta el FMI lo hace. Y eso Tsipras lo tiene en su mano: es improbable una quita sustancial para evitar sacudidas en los mercados, pero sí va a haber medidas paliativas; lo más fácil es alargar los plazos de devolución y reducir los intereses. Grecia se lo ha ganado con creces. En noviembre de 2012, el Eurogrupo acordó darle algo de eso una vez presentara superávit primario en sus cuentas públicas. Ya lo tiene. Bruselas podía haberle dado ese caramelo a Samarás, pero prefiere dejarlo para el próximo primer ministro, como parte de la solución de compromiso que llegará, seguro, para Atenas.

¿Por qué entonces tanto jaleo? Porque Grecia es una especie de laboratorio. En lo económico, se le ha impuesto un ajuste desconocido en tiempos de paz, que ahora se suavizará. En lo político, algún otro país parece haberse tomado las elecciones griegas como unas primarias (y eso puede provocar el efecto contrario al que busca: lo normal será ver a Tsipras en las cumbres europeas, con Merkel). Hay varios errores de bulto alrededor de Grecia. Uno: dar como probable una salida del euro. Los costes serían tan altos, para Grecia y para Europa (“un Lehman al cuadrado”, dice el historiador Barry Eichengreen), que nadie va a tensar tanto esa cuerda. Y dos: ver en Tsipras un loco peligroso. Son conocidas sus simpatías por Chávez y su querencia por las frases redondas (“han salvado a los bancos y han destruido a la sociedad: pura barbarie”; “la amenaza para Europa no es Syriza: es Merkel”); son menos conocidas sus visitas a Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde se le considera un tipo razonable.

En política lo que no es posible es falso: a partir del 25-E se verán los motivos —o no— de la siembra de miedo de los últimos días.

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