Elecciones catalanas: Después del 27S ¿Qué? Desafíos para la Unidad Popular / Aitor Juan y Ricar Juan

Posted on 2015/09/28

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La crisis económica arrecia agudizando las terribles secuelas sociales que sufrimos las clases populares y la agenda política catalana sigue profundamente marcada por el debate “soberanista”. Esto no es casual ni fruto del despertar espontaneo de la conciencia nacional del pueblo. PP, PSOE, C’s y CiU, arrastrando a ERC, han cargado las tintas del chovinismo para enfrentar a las clases populares e impedir que los dejara fuera de juego la Unidad Popular, que comenzó a vislumbrarse en las plazas españolas desde el 15M de 2011 y más claramente el 22 de marzo del año pasado. Las últimas elecciones municipales muestran que la necesidad de cambio es intensa en los pueblos de España y, como siempre en estas ocasiones, se plantean dos opciones: otra reforma para que nada cambie de lo construido en el 78 heredero de la dictadura franquista o ruptura de este régimen mediante un proceso popular constituyente, republicano e internacionalista.

¿Es posible una Unidad Popular catalana basada en un programa que incluya los derechos sociales y nacionales que necesita el pueblo de Catalunya? ¿Puede vincularse esta Unidad Popular catalana al anhelo de cambio que se está produciendo en España?

La estrategia del régimen

Decía el reaccionario y corrupto expresident de la Generalitat Jordi Pujol –o al menos la frase es atribuida a él-, “quan hi hagi problemes, embolica’t amb la bandera”. Cuando haya problemas, envuélvete/enrédate con la bandera. El principal objetivo de la estrategia del régimen consiste en ganar tiempo suficiente para convertir el recorte y privatización de derechos en hechos consumados, mientras el pueblo está atento a “cosas más importantes”.

El discurso es simple al analizar sus extremos. Los partidos de la burguesía catalana esconden sus políticas de privatizaciones y recortes con el lema convergente y racista de “Madrid nos roba para subvencionar a la España subsidiada”, canalizando el descontento por la crisis hacia la ilusión independentista que convertiría a Catalunya en una suerte de “Holanda del Mediterráneo” con “derechos europeos”. Desde el españolismo cafre, no toca hablar de derechos sociales pues está en peligro la “sacrosanta” unidad de España, porque hay que acabar con el separatismo, y para ello no dudan en lanzar bravatas sobre tanques e intervenciones militares y así que no decaiga el espíritu patrio para servir hirviendo el plato de estas elecciones catalanas, en una dinámica de recalentar en clave chovinista las elecciones generales de diciembre.

Un ejemplo de la realimentación discursiva de estas derechas idénticas a ambos lados del Ebro lo encontramos este último 11 de septiembre. La movilización Vía lliure que abarrotó la avenida Meridiana de Barcelona ha sido utilizada descaradamente como acto de precampaña de la nueva marca electoral de la burguesía catalanista Junts pel Sí –o Convergència Republicana de Catalunya-. En compensación, la Junta Electoral Central exige que TV3 conceda varias horas de retransmisión a los partidos “unionistas”. En palabras de Carme Forcadell, expresidenta de la Assemblea Nacional Catalana convocante de la Vía Lliure -hoy en la lista de Artur Mas-, “O estás con el sí, o estás con el PP y con Rajoy”. No hay término medio. Con nosotros o contra nosotros. La España de Rajoy o la Catalunya de Mas.

Esta dinámica de enfrentamiento de España contra Catalunya y viceversa, ha conseguido que una parte importante de la población catalana sea presa del falso debate entre el miedo o la ilusión que genera la independencia, permitiendo a estos partidos limitar el castigo por el desgaste de patrocinar el guion criminal de la Troika. En un ciclo electoral en el que debería distinguirse la supresión de amplios derechos sociales a base de recortes salvajes del presupuesto público con el objetivo de mantener intactas las tasas de beneficio de las empresas del IBEX35, la banca y grandes trasnacionales, los recortadores de uno y otro lado se defienden enredándose con las banderas. La banca gana… y la Troika aplaude a los aplicados alumnos que hacen sus deberes.

No puede saberse hasta qué punto influirá ésta división social por la etnia en la fuerza de la Unidad Popular que ya está en marcha en Catalunya y las consecuencias que pueda tener en la moral de la que está en construcción en España, además del daño que pueda producir en la conciencia colectiva de una cultura históricamente inclusiva como la catalana.

¿Independencia en la UE?

La única posibilidad para hacer realidad la independencia de Catalunya es que la CUP gane una mayoría absoluta de más del 66% de los escaños del Parlament, con el pueblo detrás dispuesto a defender hasta con las armas su soberanía frente a EEUU, la UE y la OTAN, cosa harto improbable. La otra lista independentista, presentada por Convergència Republicana de Catalunya para lograr la mayoría que dé la soberanía a la Catalunya triunfante y que así vuelva a ser rica y plena, en su esplendor de espigas doradas y cadenas segadas tiene un problema: la emperatriz Angela Merkel ha dicho recientemente que la integridad de los Estados de la UE no se toca. Tanto Convergència como ERC representan intereses arraigados en el proyecto de la UE. De hecho, los partidos del bando españolista –PP, PSOE y C’s- también representan intereses arraigados en el proyecto de la UE. El fracaso del proyecto del reformismo europeísta de Syriza en Grecia es muestra suficiente para afirmar rotundamente que hablar hoy de soberanía de los pueblos dentro de la UE no pasa de chiste de mal gusto.

La refundación convergente y la crisis del bipartidismo

La crisis ha acentuado las contradicciones y esta resquebrajando los consensos del régimen borbónico tanto en el terreno social como en el territorial. Las movilizaciones sociales y las victorias en importantes ciudades de candidaturas de Unidad Popular en las elecciones municipales han sacado a la luz los anhelos de cambio social de las clases populares y las movilizaciones independentistas en Catalunya han puesto en cuestión el actual modelo territorial.

Las victorias populares en las municipales no solo han puesto nerviosa a la oligarquía española, también a la burguesía catalana. La candidatura de Junts Pel Sí es un intento de refundar y mantener a flote el proyecto convergente en crisis. Necesitan tapar sus corruptelas, políticas de recortes y represión, y adaptarse a la nueva realidad catalana, española y europea. Es también una respuesta a la victoria de las fuerzas populares que ha llevado a Ada Colau a la alcaldía de Barcelona y a la creciente fuerza electoral e institucional de la izquierda catalana, tanto de lo que representa CSQEP como de las CUP. No es casual que sea el ex eurodiputado de ICV Raúl Romeva el cabeza de lista por Barcelona.

El régimen del 78 está debilitado pero no muerto. La burguesía catalana tiene más aspiraciones como tener una mejor posición en la UE y no depender de España para implementar sus planes políticos y económicos. La oligarquía española quiere mantener sus privilegios en momentos de crisis. Unos y otros saben que la UE ha dejado claro que no apoyará aventuras que pongan en peligro a la unión y al euro, así que, salvo sorpresa, una declaración unilateral de independencia en Catalunya no sería reconocida por ningún estado miembro y nadie en Junts Pel Sí se plantea salir de la UE, llevando al proceso a un callejón sin salida. La pregunta está servida ¿Es entonces una toma de posiciones para una futura negociación entre España y Catalunya auspiciada por la UE?

Otra de las claves son las elecciones generales de diciembre. Todo parece indicar que el parlamento español quedará más fragmentado y sin mayorías absolutas, así que para gobernar serán necesarios pactos. También saben que la dialéctica de enfrentamiento Catalunya vs España beneficiará las posiciones de las derechas centralistas (PP, PSOE, C’s, etc.) y periféricas (CDC, PNV, etc) y que eso puede debilitar a las izquierdas y los procesos populares. Habrá que ver si Junts Pel Sí tendrá continuidad como proyecto en las elecciones generales. ¿Dependerá del resultado del 27S?

El origen del conflicto fue la financiación pública y la gestión de la Generalitat. Nada indica que la burguesía catalana se haya vuelto antiimperialista y quiera arriesgarse a un conflicto con la UE. El enfrentamiento político actual parece más una gigantesca cortina de humo para ocultar la pelea por la gestión del dinero público catalán en forma de un Estatuto similar al concierto vasco. Por eso la única opción seria de quien se sienta independentista es la CUP, por ser la única fuerza política que ha dicho claramente que el pueblo catalán no podrá ejercer su soberanía sin salir de la UE. Aviso a navegantes, el pueblo español tampoco.

El “giro a la izquierda” y “soberanista” de Artur Mas

En medio de esta crisis galopante no bastan las banderas y la gran burguesía catalana, consciente de la creciente influencia social de la izquierda, ha sido especialmente hábil a la hora de travestirse de progresista siendo profundamente reaccionaria (basta recordar cómo solo hace 4 años CiU gobernaba con el apoyo del PP), ha visto claro que había que dar un toque social a su nuevo engendro político para aferrarse al Govern y mantener el control del proceso. Por ello han tirado la casa por la ventana para dar una imagen progresista a su proyecto en cuatro fases.

Primero: enredar a la izquierda en su tesis sobre el “expolio fiscal”, su reivindicación del “pacto fiscal” y meterla a participar activamente en las movilizaciones independentistas de las últimas cuatro Diadas (11 de septiembre), con el pretexto de apoyar el “derecho a decidir”.

Segundo: Convergència rompe su coalición histórica con la derechista Unió porque ha encontrado en ERC a un nuevo socio de “izquierda” con el que continuar el modelo bipartito que tan bien les ha funcionado para hacer la puta i la Ramoneta.

Tercero: votando en el Parlament a favor de la ILP por la emergencia habitacional y contra la pobreza energética dos meses antes de las elecciones. Después del 27S podrán decir que toca continuar recortando, que Europa manda y que la ILP no se puede llevar a cabo.

Cuarto: como guinda del pastel, presentan una lista “ciudadana”, “transversal” y “ni de izquierda ni de derecha” ad hoc, que cierra el círculo de absorción de distintas organizaciones políticas y sociales bajo el mando de Artur Mas. En Junts pel Sí se incluyen las varias escisiones que tuvieron ERC, PSC y Unió, además del PSAN, Els Verds-Alternativa Verda y Estat Català, los movimientos Òmnium Cultural, Assemblea Nacional Catalana i Súmate y algunas starlettes de la cultura catalana como músicos de pop-rock, actores, escritores, profesores, sindicalistas de la UGT y demás, entre los que cabe destacar a la exPSUC Muriel Casals, el autor del himno antifranquista “L’Estaca” Lluís Llach que ha afirmado recientemente que pese a ser “medio de la CUP” es más rentable presentándose con Junts pel Sí -¡Ay, los posibilistas!- o el entrenador de fútbol “de izquierda” Pep Guardiola. Semejante arsenal les está permitiendo pasar de puntillas sobre la represión, los recortes o la corrupción crónica de los gobiernos de CiU, por ejemplo, saliéndose de rositas ante la opinión pública por la entrada de las fuerzas de seguridad en los locales de Convergència acusando a “Madrid” de atacar a “Catalunya”.

Y por su lado el PSC recupera el lema “vota socialista” presentando a un candidato gay que da aire progre y moderno, Ciutadans afirma que con el dinero con el que se financia al separatismo va a dar un montón de ayudas sociales, el PP pone al racista Albiol al frente y la bandera catalana al lado de la española en sus carteles, se pelean por las banderas patrias en el ayuntamiento de Barcelona el día de la Mercé, y Artur Mas habla de “elecciones plebiscitarias” para no tener que mojarse en el futuro con un referéndum vinculante que podría convertirlo en otro cadáver político al estilo Ibarretxe. Y nada es lo que parece. Sólo es otro ciclo del circo electoral burgués, aunque en esta ocasión en su máxima expresión de mentiras, tergiversaciones y manipulación que permitan a los partidos del régimen consolidar el proyecto neoliberal de una sociedad sin derechos sociales… ni nacionales.

Derecho de autodeterminación sí, pero ¿cuál?

Ya en el siglo XIX Carlos Marx hablaba del “cretinismo parlamentario”, refiriéndose a quienes creen que el capitalismo puede transformarse desde las propias instituciones burguesas sin crear otras que permitan un poder popular. Del mismo modo existen los posibilistas, aquella gente que inocentemente -o no- se deja llevar por algo que parece lo que no es. Uno de los elementos fundamentales en política es conseguir alianzas amplias mientras se divide a los rivales -o enemigos- y los estrategas de la burguesía catalana han dado con la fórmula: el “dret a decidir“. Obviando a PP y C´s -y parte del PSC-, en Catalunya todo el mundo defiende el derecho a decidir pero, ¿en qué consiste? Este supuesto derecho a decidir depende de la interpretación que cada cual quiera darle. Para la izquierda independentista es un referéndum sí o no a separarse de España, para parte de la izquierda federalista es un proceso constituyente a una república catalana que transforme España entera, para los sociatas es un lema que queda muy bien y para Convergència Republicana de Catalunya -i Unió– es la manera de no hablar explícitamente de un derecho de autodeterminación que exige, para ser realmente democrático, que sean escuchadas todas las voces de esa sociedad que pretende autodeterminarse.

¿Confusión en la izquierda catalana?

La izquierda catalana tiene parte de responsabilidad en la enorme confusión política que vivimos en Catalunya. La verdad es que lo tenía muy fácil, sólo había que desempolvar dos consignas del discurso histórico del PSUC que definen una forma de entender el derecho de autodeterminación de forma amplia e inclusiva:

-Para el derecho de los individuos “es catalán todo el que vive y trabaja en Catalunya.”

-Para el colectivo la reivindicación de un Estado español republicano y federal que reconozca -al estilo soviético- el derecho de autodeterminación para Catalunya, Euskadi y Galicia.

Lamentablemente, la mayor parte de la izquierda heredera del PSUC, tras enterrar las siglas y renegar de las ideas comunistas, de entregarse al reformismo y el eurocentrismo, entró en la carrera electoralista perdiendo la perspectiva de clase. Después de décadas de institucionalización de ICV-EUiA, el debate sobre la cuestión nacional fue aparcado por incómodo, pues se habían asumido muchos planteamientos del nacionalismo burgués y los equilibrios internos no podían tolerar un enfrentamiento con sectores que ya tenían un pie y medio en el independentismo, en un momento en que era posible “echar a la derecha”. ¡Ay, el posibilismo! Y van… La época del tripartit PSC/ERC/ICV-EUiA y el enfrentamiento de algunos movimientos sociales con las políticas del Govern de Progrés, fue la puntilla para que parte de la militancia más activa en los mismos –especialmente de EUiA-, acabara encontrando la alternativa en las emergentes CUP, abiertamente independentistas pero muy atractivas por su base de desarrollo municipalista, programa anticapitalista, estructura asamblearia y notoria presencia de su militancia en la movilización social, aunque escasa en la esfera sindical.

La izquierda independentista también ha acabado cayendo en el posibilismo por la vía del “dret a decidir”. Su histórico lema “independència i socialisme” ha pasado a “independència… i després ja veurem“, razón por la que se han dado “abrazos” y complicidades con sectores políticos de la burguesía convergente, ante las ilusiones del independentismo de izquierdas sobre el papel “democrático” de CDC, y el miedo de los convergentes por la posibilidad que la movilización popular se vaya de madre y propicie el cambio por sí sola. La izquierda independentista debería reflexionar sobre quien son sus verdaderos aliados. No puede ser que se escandalicen con la candidatura Catalunya Si Que Es Pot porque esté ICV, y no con que el otanista Romeva sea el cabeza de lista de Junts Pel Sí, o que se olvide que ERC también participó en los gobiernos d’ Entesa i de progrés.

El problema de la confusión en la izquierda y la ilusión popular por encontrar la solución a los problemas sociales con la independencia, es que la mayoría de la gente que participó en las manifestaciones independentistas también lo hizo desde el posibilismo y el posibilismo acabará cuando aparezcan las razones que devuelven el posibilismo a la realidad. La burguesía catalana controla los tiempos del proceso, es maestra en esas lides y cuenta con que tras el 27S tendrá cuatro años para poder deshinchar el globo y todos los medios del régimen para hacerlo con el menor daño posible.

La aparición en escena del partido Podemos y su proyecto político difuso no ha hecho sino agravar las contradicciones internas de una izquierda débil y sin discurso propio. Como muestra, un botón. La campaña electoral de la candidatura unitaria Catalunya Sí Que Es Pot es dirigida desde Madrid por el equipo de Pablo Iglesias que, tras apelar al voto étnico en un mitin en Rubí, demuestra no tener ni -puta- idea de las necesidades ni de los sentimientos del pueblo catalán.

En definitiva, la izquierda catalana heredera del PSUC ha olvidado sus raíces y como consecuencia ha caído en el posibilismo, un día al “es mejor el dret a decidir que nada” y otro día al galimatías podemista, arrastrado por las modas mediáticas, las encuestas electorales o las movilizaciones atizadas por la burguesía, en lugar de confiar en su mejor activo: sus propias bases que actúan activa y constantemente en los movimientos sociales.

¿Es posible la Unidad Popular en Catalunya?

Hay demasiados interrogantes sin respuesta en las posiciones políticas de las organizaciones de la izquierda. Para no caer en un ciclo de desmovilización y frustración popular, no acentuar la polarización étnica o identitaria y reaccionaria, hay que impulsar los movimientos populares y las luchas obreras en las calles catalanas: sindicales y laborales, por la sanidad y la educación pública, por el derecho a la vivienda, contra la pobreza energética, contra el patriarcado y, también, por el reconocimiento de los derechos nacionales de Catalunya.

No pretende este artículo quitar importancia al frente electoral, es evidente que cuanto mayor sea el espacio parlamentario de la izquierda, siempre desde una propuesta programática firme y consecuente, mayor será su influencia y necesario para que la alternativa comience a visibilizarse pero, después del 27S vendrá el 28S. A pesar de todas las contradicciones internas de la izquierda, el único camino para salir de la crisis en un sentido progresista sigue siendo la Unidad Popular desde una perspectiva de clase, democrática e internacionalista.

Las izquierdas independentistas vasca y gallega parecen estar ya en esa vía, de cara a apoyar un cambio en España. Probablemente la unidad electoral actual –con sus más y sus menos- no será el camino definitivo, pero si comienza a definir el espacio de confluencia que evidenciaron las marchas de la dignidad del 22M.

La experiencia griega nos enseña que la izquierda debe romper claramente con el ilusionismo reformista, definir claramente un programa democrático, republicano y rupturista con la UE, el euro, la OTAN y por el impago de la deuda, que atraiga y organice a los sectores obreros y populares, que combine la firmeza en los principios y la flexibilidad en la táctica, no tendrá capacidad de ser alternativa real al capitalismo. Sólo un movimiento popular fuerte y poderoso puede obligar a tomar partido por el pueblo a quienes, representándonos en las instituciones, sufrirán las presiones de la Troika. Por ello hay que dar el protagonismo a la calle.

Tras el 27S, la militancia de izquierda, las gentes que hoy apoyan las candidaturas Catalunya Sí Que Es Pot y las CUP, debe reencontrarse en los movimientos sociales con la ardua tarea de reconstruir, recomponer y reforzar los espacios de lucha social y política. Ni todo el independentismo es de izquierdas, ni todos los que se sienten españoles son de derechas. Hay que desenmascarar tanto a los que quieren seguir igual como a los que quieren cambiar de amo y luchar por liberarse de los amos. Vienen tiempos difíciles y nos espera a todos un largo y duro combate contra la burguesía por recuperar o hacer realidad los derechos para una sociedad realmente democrática y socialista, pero esto no es nuevo. Es fundamental estrechar los lazos de solidaridad entre la clase obrera y los pueblos del resto del Estado frente a la oligarquía vasalla de la Troika, tanto española como catalana.

La Unidad Popular es otro paso de un camino arraigado en la Huelga de la Canadiense, la UHP de los revolucionarios asturianos, la lucha por la república, el antifranquismo y contra el gran engaño que representó la transición del ’78. La lucha sigue, compañeras y la pregunta pertinente ahora probablemente sea ¿porqué no buscamos lo que nos une, en lugar de acentuar nuestras diferencias? ¿Para cuándo el debate del programa necesario para que la Unidad Popular responda a nuestras propuestas sobre la UE, el euro, la deuda, la OTAN o la soberanía de todos los pueblos de España?

El renacimiento del PSUC

En esta larga campaña electoral ha renacido públicamente la experiencia del PSUC. Es curioso que gran parte del arco parlamentario, desde CDC, las CUP y podemos hasta ICV-EUiA, reivindiquen de uno u otro modo el legado del PSUC, aunque, del mismo modo que sucede con el “dret a decidir”, depende de la interpretación que le dé cada cual.

La tónica general es esconder que el PSUC era un partido comunista difuminándolo en una suerte de partido democrático antifascista. Eso que se lo digan a los obreros que lucharon clandestinamente contra la dictadura soportando detenciones, despidos, torturas y asesinatos, a los huelguistas de SEAT, Cornellà, Terrassa o Sabadell. ¿Quién dio más por la libertad de Catalunya si no la clase obrera catalana? ¿Dónde estaba entonces gran parte de la burguesía catalana?

Si el PSUC tuvo el respaldo popular fue por los miles de héroes anónimos que defendieron por igual su carácter de clase y nacional, luchaba por el socialismo y la autodeterminación, organizaba y concienciaba a la clase obrera, defendiendo la cultura y la lengua catalanas con su visión integradora y clasista. Por eso fue tan grande el PSUC, porque era un partido comunista.

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