Lo de Carrillo y Podemos en breve / Un análisis Al Servicio de la República

Posted on 2015/10/08

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[Al Servicio de la República] [8 de octubre de 2015] ¿Hay paralelismos entre el carrillismo y Podemos? Lo que pasa es que pocos se acuerdan ya de lo que se oculta con ese nombre.

Carrillo, quien para muchos es un perfecto desconocido y este tipo de adjetivos un enigma —son muchos los jóvenes que no saben lo que significan—, fue el secretario general del PCE durante muchos años, al punto de que casi todo el periodo de la dictadura franquista ocupó ese puesto. Con el partido en la clandestinidad, los militantes perseguidos y muchas veces encarcelado, torturados y asesinados, la dirección que estaba en el exilo se convirtió en una especie de mito.

Carrillo supo bien pronto que la URSS no deseaba cambios en la relación de fuerzas con los occidentales, pues se alteraría el equilibrio de la guerra fría y eso podría ocasionar una guerra. Carrillo escogió un camino, no explicar a la militancia que la URSS aceptaba la dominación USA en España y con ello al franquismo.

Según Carrillo, el PCE, ante esa tesitura solamente podía aspirar a llegar a algún tipo de pacto con los franquistas o quienes les sucedieran a la muerte del dictador, renunciando no ya a la revolución, sino incluso a la República. Para facilitar esa línea, Carrillo hizo cuanto estuvo en su mano para liquidar —incluso físicamente— a todos los partidarios de resistir a la dictadora y vencerla, como por ejemplo a los cuadros de la guerrilla, fue relegando a toda la generación de militantes de la era de la República y de la guerra y desde el 56 procuró la entrada de nuevos cuadros procedentes de las juventudes obreras católicas o hijos de familias del régimen, todo ello con una política, la llamada de Reconciliación Nacional, que tendía la mano a los sectores del régimen partidarios de un cambio y anunciaba estar dispuestos a renunciar a todo para lograr acuerdos con ellos. El precio fue condenar al olvido a los resistentes, a su militancia, y si era preciso, olvidar la república.

Llegado 1977, muerto Franco, Carrillo lo aceptó todo incluida la LEGALIDAD del franquismo, aceptó ser legalizado por el régimen y renunció a la bandera republicana y a la propia república, En 1982 perdió numerosos votos y diputados y se vio obligado a dimitir. Sus partidarios más jóvenes se quedaron en el PCE y fundaron Izquierda Unida, convencidos del fin del ciclo de los partidos comunistas y siguiendo los consejos de la URSS que estaba ya con Gorbachov. Debemos destacar aquí que la URSS perestroika, alarmada por una «prematura» disolución del PCE y temerosa de que España se desestabilizara —la democracia española era frágil según explicó Ignacio Gallego— promovió un partido más cercano a la línea de Gorbachov y que sería el PCPE. Los intentos de disolver el PCE tras la caída de la URSS fueron derrotados internamente por una base militante que se sentía muy identificada con su ideal y algunos sectores de la dirección que aún procediendo del carrillismo no se sentían «seguros» en el nuevo escenario y temerosos de dar un salto en el vacío se opusieron a la disolución y se replegaron hacia una IU que tenía en aquellos años notable presencia electoral.

No obstante esta situación, en la que Anguita jugó un papel clave, el PCE y la dirección de IU mantuvieron lo esencial del carrillismo en sus pactos con el régimen del 78, es decir no denunciar su falta de legitimidad, aceptar de hecho la monarquía, excluir la lucha republicana de sus objetivos y estrategias políticas electorales e institucionales y no combatir a las facciones de la derecha inmersas en la propia IU que torpedeaban sistemáticamente cualquier acción de izquierda; a cambio de estas renuncias, IU PCE administró durante dos décadas el voto de resistencia de izquierda de la población sin ser hostigados por el régimen. El deterioro de la situación social, la decadencia del Rey, el cambio de ciclo histórico en toda Europa con la contrarrevolución conservadora que se ha dado en llamar «crisis», cambiaron el escenario drásticamente desde 2008. El proyecto de IU se agotaba y buena parte del descontento quedaba fuera de sus cauces. Y en cualquier caso, pese a renuncias y traiciones, la existencia de franjas del electorado con voto ideológico de izquierda era y es percibido como algo peligroso por el sistema. Es por ello que se comenzó a intentar aplicar en el sur de Europa (Grecia, España, con fracasos en Portugal, Francia e Italia), procesos análogos a las revoluciones naranja del Este y a las primaveras árabes. El 15M respondió a esa lógica. El resultado fue el descoloque ideológico de IU, que se vio desbordada por una multitud que respondía en las plazas a un llamado que cabalgaba sobre los miedos y frustraciones de jóvenes y precarios y crecía sobre la rotura del sueño del bienestar y prometía cambios sin política, sin lucha y sin compromiso, negaba utilidad al pasado, despreciaba a partidos y sindicatos.

En España el proyecto naranja local tuvo éxito, buscaba destruir la izquierda y encaminar el descontento a ninguna parte. ¿Por qué? Por las particularidades españolas: un estado basado en la desmemoria, el silencio y la impunidad, una izquierda lastrada por su herencia de traiciones y renuncias en la Transición y, además, por los procesos propios de una sociedad post-industrial en los que las masas de origen proletario que habían accedido a la condición de clase media, eran incapaces de reconocerse como trabajadores asalariados y buscaban que todo volviera a ser como antes.

El podemismo ha sido una reacción de oportunidad ante esta situación, protagonizada por antiguos miembros del staff de apoyo a la dirección de IU —que inspiró además sus políticas más derechistas— y que, desde el conocimiento teórico de las técnicas de comunicación política y de psicología social decidieron emanciparse de la vieja maquinaria y aprovechar el apoyo mediático que una fracción del régimen del 78 y la oligarquía financiera estaba dispuesto a brindarles para ayudar a romper el viejo esquema de partidos. En la nueva situación, el proceso de Transforma España —por emplear el evocador nombre del proyecto oligárquico de EVERIS— no precisa ya de «partidos» que evoquen ideologías o el pasado, se está en una nueva fase. Podemos es un instrumento claro del poder, por mucho que su presencia en el mapa electoral sea interpretada como un cambio «revolucionario».

Carrillo ha sido la gran excusa con la que la monarquía y el régimen actual buscan callar a los que denuncian su falta de legitimidad. Cuando alguien dice que lo de ahora es el post-franquismo y que debemos recuperar la República, o cuando se exige el fin de la impunidad, la derecha estalla a gritos ¡Carrillo tragó, Carrillo tragó! Pues nada, nosotros no tragamos.

Podemos también renuncia a la República, busca romper el hilo rojo de la memoria y desprecia profundamente los valores y la tradición de la izquierda. Carrillo usó la tradición de disciplina y sacrificio para llevarles a todos a la derrota y la renuncia de sus ideales como partido, despreciando a los militantes individuales y sumiendo en el silencio su memoria, siendo pieza fundamental en la impunidad franquista en la que se ha basado el régimen del 78. Empleó la palabra democracia para ocultar la palabra república, Podemos la emplea de la misma forma y añade además, «proceso constituyente». Carrillo traicionó, Podemos desprecia y liquida definitivamente. ¿Qué predominó en Carrillo o ahora en Podemos, el cinismo o el anticomunismo? En Podemos ambos elementos están a partes iguales. Izquierda Unida debería abandonar estas dos influencias, pero parece difícil.

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