Oda al kaiku / Roberto Moso

Posted on 2015/10/09

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kaiku¡Pobre kaiku arrinconado! ¡Cuán ingratas las gentes que un día te vestimos y ahora te olvidamos! Ayer te vi pasar, sorprendente y fugaz por las tripas del metro de Madrid, vestías a un hombre de coleta rubia, de esas que suelen llevar para compensar alopecias. Recordé de pronto que hacía mucho, mucho que no te veía. Y el caso es que tu sobrio diseño y tu gozosa textura solían formar parte del paisaje de mi ya remota infancia. Qué decir de los años de la transición. Te pusiste entonces tan de moda que hasta el diseño se diversificó: kaikus de cuadros rojos y negros, sin cuadros, con escudo, con pegatas… Los había incluso que elaboraban teorías sobre la ideología correspondiente a cada tipo de kaiku.

Noble chaqueta vasca, aquello ¿fue tu canto de cisne?, ¿tu muerte de éxito? Tanto reivindicar rasgos autóctonos y tú, una opción estética claramente vernácula, que para lucirte no hay que alcanzar ningún perfil lingüístico, resulta que caes en desuso. Tú que figuras en amarillentas postales de tiempos remotos no casas, al parecer, con Guggenheims ni Kursaales, ni combinas para nada con internet o el Centro Tecnológico de Zamudio.

Ni el más nacionalista parece atreverse hoy a portar una prenda que tiende a identificarse con cierto paletismo. Ahí está la tela escocesa ocupando nuestras faldas y bufandas, la chaqueta tirolesa vistiendo con desfachatez a nuestros políticos más patriotas, las marcas de rabiosa moda skate imponiendo su ley en Ibilaldis y Kilometroaks y los pubs irlandeses multiplicándose hasta hacerme dudar de que haya tantos en Irlanda. Ya sólo te llevan grupos tipo Los Cinco Bilbaínos y encima en modelos de colorines -no me jodas-.

Noble lekeitiarra, recio mendigoizale, autóctono kaiku: ¿es que no hay diseñador que os rescate, ni ONG que os reivindique? ¿Ni siquiera un cuerpo funcionarial al que imponeros? ¿He dicho imponeros? Déjate, mejor no doy ideas.

Fuente: blog de Roberto Moso

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