Un acto del PP en el Palacio de Oriente (la recepción a Ban ki Moon) / Iñaki Anasagasti

Posted on 2015/11/11

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Fuente: Blog de Iñaki Anasagasti

Fue este jueves. Le habían traído a Ban Ki Moon a Madrid para condecorarle y copresidir una ceremonia que recordara aquella Conferencia de San Francisco hace setenta años donde nacieron las Naciones Unidas. Y le añadían el recuerdo de que también l se cumplían los sesenta de la entrada de España en tan selecto e ineficaz organismo mundial. Un gap de diez años que a nadie le ha parecido políticamente correcto aludir, ni explicar. Y eso que a diez metros estaba el balcón donde Franco en 1946 fue aclamado cuando se retiraron de España los embajadores aliados.

Y allí estábamos a las 11,30 pues sus Majestades llegaban a las doce con el alto funcionario asiático que es en la actualidad el secretario general de las Naciones Unidas. También estaba de forma corporativa el gobierno en pleno con la vicepresidenta encima de unos tacones infinitos. Delante mío todos los que han sido embajadores en Naciones Unidas con el inefable Chencho Arias y su pajarita multicolor, así como los ministros de Asuntos Exteriores de la Democracia sin Oreja y Moran.

Hacía tiempo no le veía a Piqué y allí estaba sin sus cabezazos a Bush. Y también Pérez Llorca el zorro plateado partidario de la eliminación de las autonomías. Y Trinidad Jiménez pavoneándose como una miss. Y Matutes y hasta Moratinos…Todos eran abrazos, mirar a la cámara, darse codazos en el salón de columnas del Palacio Real donde había abdicado felizmente Juan Carlos el año pasado y donde se había dado entrada a España en la Unión Europea treinta años después de haberse firmado el Tratado de Roma. Pero todo eran sonrisas y oropeles.

Delante mío Imanol Arias y su Merche televisiva, los más solicitados. Todos aquellos camastrones de las primeras filas habían tenido mucho poder y tienen buenas jubilaciones pero la noticia estaba delante mío.”Cuéntame cómo pasó”.

Nos tocaron el himno español a violín y arpa, que es más fino, para dar entrada a todo el séquito de importantes personajes. Y tomó la palabra García Margallo. Parecía un mitin del PP en el Barrio de Salamanca. “Naciones Unidas ha nacido para que España no se rompa” venía a decir. Nada de recordar que allí mismo en 1945, Franco era aclamado por una Plaza de Oriente que no quería que su dictadura entrara en el club de la democracia. Gracias, entre otros al trabajo de Aguirre, Galíndez, Manu Sota e Irala, Franco entró diez años después. “Si vosotros tenéis UNO (United Nations Organization) nosotros tenemos DOS. Era el régimen y la mayoría de los padres de los presentes seguramente estarían abajo saludando y aplaudiendo al general golpista.

E intervino Rajoy. Y lo mismo. La España fuerte y Unida que prevé la ONU es la que nosotros defendemos. Y más aplausos. Todo se resumía a advertir a os catalanes que ni se les ocurra poner en marcha su independencia. Pero lo hacían tan groseramente que provocaba salir al balcón de la Plaza de Oriente y hacerlo en ese momento.

Y el rey, contando batallas sin mojarse en nada. Es el tipo que se gana el sueldo en España más fácilmente. Y encima le aplauden. Y el secretario general haciendo valer un organismo que no es capaz de que se cumpla la resolución de Naciones Unidas sobre el Sahara. Cuarenta años de desierto, pero, eso sí, el acto muy bonito.

Típico acto madrileño de estos días. Propaganda, españolidad, falseamiento y desconocimiento de la historia y tira millas.

Hasta la alcaldesa de Madrid se paró delante mío a saludar a Imanol Arias y a su Merche… Y hasta Pérez Llorca.

Y con un protocolo muy especial. Delante de los parlamentarios, artistas, militares, jefes de policía y de la guardia civil, funcionarios y titiriteros. Y le llaman Monarquía Parlamentaria. En lugar de Protocolo, lo que funciona es el Protoculo.

Fui a saludar al viejo comunista Sartorius y comentarle estas cosas y me dijo que no había reparado en ellas. Si lo había hecho Miguel Ángel Aguilar. “Ya verás lo que escribo mañana”.

Sedó el de Unió quedó en revisar la carta fundacional de la ONU para ver si era verdad eso del énfasis en la unidad de los estados y en la no injerencia. Y al final un Aznar al que no había saludado desde que dejó de ser presidente. “No estés inactivo” me dijo. “No te preocupes, no hay nada mejor que pensar en putadas”, le dije. Se rió y bajé las magníficas escaleras de Palacio, sabiendo que nunca más volveré a subirlas para actos de este tipo.

Y se agradece porque si es para asistir a actos de propaganda del PP y de la Unidad de España al empezar el invierno y meter miedo a los catalanes, que venga el Capitán Trueno y ponga algo de orden en esta vieja tropa.

Solo decir que fui el primero en salir.

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