Sobre cambio social y generaciones

Posted on 2015/12/28

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Comentario a un artículo sobre la percepción de los cambios sociales entre jóvenes nacidos en los 80

Nací en el 1949. Pueblo de casi doscientos habitantes con médico, cura y maestro. El barbero era dentista y practicante, todo a la vez. Economía de subsistencia. Entonces ni podían presentarnos futuro. Se había terminado la guerra hacía diez años y mi padre, triste, perdió.

Íbamos a la escuela del pueblo. Al que era algo despierto el maestro le preparaba para el examen de ingreso al instituto. Lo pasé con diez años. Bajar a la capital por carreteras de tierra, llenas de baches. Dictado (cero faltas de ortografía), división con divisor de dos decimales, problema de aritmética. Todo con plumín de tinta. En la tarde, si superabas el examen, otro oral de todas las materias: lengua, aritmética, geografía, historia, escritura en pizarra de números grandes. Hasta de religión…

Cuarto y reválida. Sexto y reválida. Preuniversitario. Universidad a curso por año, porque si no, se acabó. En verano, a segar y acarrear en galeras las gavillas a la era, a trillar (al principio con el trillo y las mulas, más adelante con trilladoras de madera) cebada, trigo, centeno. De sol a sol. Comer a la sombra de la galera y a la tarde, a aventar el grano, meterlo en el saco y acarrearlo al granero. En invierno, sabañones, chuzos de punta, matanza del cerdo. En fin. Los yogures, en la farmacia y sólo cuando estabas malo y si tenías dinero para comprarlos. Pescado una vez a la semana cuando el pescadero, con su land rover, aparecía los jueves por allí. Carne, cuando se mataba una res. Gallina, la más vieja y porque ya no ponía huevos. Pan migado con leche para cenar y desayunar. Los huevos fritos con manteca de cerdo, porque no había para comprar aceite, Achicoria en vez de café. Y toda la calle para los niños, porque no había coches ni tractores ni nada. No había ni luz eléctrica….. ¿Radio? Dos en casa: una telefunken con tres teclas blancas y una radio de galena, con la que que mi padre, en la cuadra, escuchaba La Pirenaica.

¿Qué vida es más dura para los jóvenes, aquélla o ésta? Por cierto, que estos jóvenes vayan pansando que se impone, cada vez más, la versatilidad. Se terminaron los trabajos que duran toda la vida, los contratos indefinidos (¡ay!, políticos parlanchines), las vacaciones de treinta días, etc.

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