¿Y ahora qué? / GUILLEM MARTÍNEZ

Posted on 2016/01/05

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BARCELONA | 4 DE ENERO DE 2016

Lenin, autor de grandes frases como “todo es ilusión, salvo el poder”, “gobernar es sencillo, puede hacerlo una cocinera” o, mi favorita, “rayos, me estoy quedando calvo”, también es el autor de la frase que da título a este artículo, propuesta por CTXT para que les haga un dibujo en caliente de la situación resultante de que la CUP dijera, hace pocas horas, no a Mas de manera definitiva. Y, sí, es una frase con empaque. Lamentablemente, antes de explicar el qué, es conveniente explicar el ahora. ¿Qué ha pasado? No es tan sencillo explicarlo cuando, desde 2012, no ha pasado nada/ha sucedido un discurso no verificado en la realidad en ningún momento, y donde la propaganda y la presión mediática son tan densas que, en ocasiones, parecen una suerte de realidad.

La CUP, en efecto, ha dicho no a la investidura de Mas. Por los pelos y, al parecer, eludiendo en su última reunión un debate inicial. Pero, ojo, no ha dicho no a un President de Junts pel Sí, candidatura que agrupaba a CDC, ERC e independientes fuertemente dependientes de las dos siglas anteriores, hasta tal punto que aún es el momento que abra la boca de la cara y digan algo. En principio, por tanto, no sería mayor problema jubilar a Mas y poner a un suplente, equipado de serie con la misma cosmovisión que Mas. Es preciso señalar que hay la tira. Mas y su suplente, de haberlo, pertenecen a una generación de líderes post-Transición, cuyo patrimonio no es tanto ideológico o programático, como el dominio de los resortes internos de su partido, y los resortes culturales de su sociedad. Mas, en ese sentido, es Susana Díaz, otro ejemplo de que el deber de un líder local es seguir vivo y en el piso más alto. Pero por lo visto, y sea como sea, es imposible prescindir de Mas. Por dos razones. A saber: A) y B).

Sobre la cosa A). Hay –o, al menos, se ha aludido a ello en varias ocasiones para acallar, con absoluta efectividad, mosqueos internos en el seno de JxS-, un pacto por escrito, entre ERC y CiU, que fija quién debe de ser el candidato a President. En lo que es un indicio de que la cultura política catalana no está muy alejada de la española, nadie ha visto ese documento secreto en su vida. Sobre la cosa B). Mas necesita ser President. Es imprescindible. ¿Es imprescindible para el Procés? No. Es un líder quemado. Es impopular en un amplio target de la sociedad catalana. Pese a los informativos públicos y concertados, en efecto, no es un nombre unido a la intensificación de libertades, algo dramático en un proceso de independencia de un Estado que no sea Beverlly Hills. Carece de crédito alguno en Europa. Por lo que veo en la prensa internacional, es un gobernante más del Sur –no se percibe, por lo que leo, mucha diferencia con Rajoy, o con José María El Tempranillo-, esos gobernadores del Gran Estado de Mississippi cuya honestidad pública y financiera no es muy valorada en el Norte. Parece que tampoco tiene crédito entre sus similares españoles –cabe suponer que por otros motivos, alejados de la ética–, por lo que, a priori, no puede aportar nada en la nueva fase de la cosa catalana.

Nueva fase de la cosa catalana: el 20D quedó claro que la mayoría de la sociedad está por un referéndum, claro y vinculante. Quizás, eso pueda llegar a ser, incluso, la piedra angular de un proceso constituyente en todo el Estado, la garantía de que va en serio, y de que la palabra clave será democracia, y no unidad-nacional, esa cosa de la que, a diferencia de la primera, varias generaciones vamos bien servidos.

Y aquí, inciso: en petit comité, las élites de CiU y ERC reconocen que esa es la actual fase. Es decir, en petit comité se desmarcan –con una profusión única desde 2012– de sus dos campañas electorales anteriores, y de las declaraciones cotidianas, en las que orientan a la afición sobre el hecho de que Catalunya ya es independiente, es una República, y ha culminado su proceso de independencia, salvo un par o tres de firmas en algún documento. O, lo que es lo mismo, desde 2012 son conscientes, abiertamente, de que mienten. La deshonestidad, en fin, es un componente llamativo y efectivo de la política española, por lo que será difícil que un político local deje de utilizarla mientras resulta tan útil y económica. Fin del inciso.

Si Mas está amortizado, ¿por qué es necesario? Es necesario para refundar CDC. Le falta poco. En las negociaciones con CUP, por ejemplo, Mas sólo pedía una legislatura de 18 meses, que en algún momento quedó, incluso, rebajada a 10. En una sociedad paleolítica, el amor acostumbra a durar 2 años, que es el tiempo que necesita una pareja para dejar en el mundo un niño/a que se aguante en pie. Mas, a su vez, necesitaba menos tiempo –no se trataba, en fin, de una historia de amor, sino de mera reproducción– para crear un partido que recogiera el patrimonio conservador de la Lliga y de CDC, dirigido por otro líder, que también se aguantara de pie, y que estuviera plásticamente alejado de sus casos de corrupción –incluso, de los más recientes–, y de sus políticas –incluso, de las actuales–. Importante, tomen nota para el futuro: ese partido conservador, que seguiría con las medidas de austeridad y, a la vez, con la especulación de medidas rupturistas y democráticas, unilaterales y nunca llevadas a término, iba/va a tener aspecto de partido socialdemócrata. La socialdemocracia española es, en fin, una mina.

¿Qué es lo que ha pasado? Si todo sigue su curso previsto –curso previsto: JxS no presenta ningún otro candidato; ERC no se pira de JxS, al permanecer los parlamentarios de CDC fieles a su Presi ausente; elecciones en marzo, en las que CDC se estrella, ERC recoge, sin muchas ideas nuevas y efectivas, la antorcha del independentismo, y En Comú, otra mayoría social y emergente, recoge una antorcha, aún más nítida, de la ruptura, vía derecho a decidir–, CDC implosionará.

En breve vivirá un espectacular 11M, un momento Acebes en el que su discurso, certero y que lo abarcaba todo, dejará de tener relación con la realidad. O, incluso, crédito. Esa implosión puede ser espectacular. Puede afectar, incluso, a la viabilidad del discurso del nacionalismo conservador –cuando eso pasa, es bestia; la última vez que pasó, fue en 1931, y el nacionalismo conservador estuvo en barbecho hasta principios de los 80’s–. Puede afectar, incluso, al futuro del independentismo. El independentismo CDC –y, me temo, el de ERC; ERC, el futuro gran partido nacionalista, tiene, en ese sentido, un problemón: comparte, sin muchas originalidades, el discurso, ya gastado, de Mas–, tiene similitudes mecánicas, aunque pueda sorprender, con el discurso del PP de principios de siglo. Ambas escuelas hacen de conceptos no ideológicos –la democracia, en el caso del PP; Catalunya, en el caso del ulterior independentismo JxS style–, su ideología. Algo espectacular, pero que no suele durar mucho, y que no se puede hacer sin propaganda.

Y CDC es, básicamente, una máquina propagandística, que difícilmente cesará de emitir en breve. Tras el 11M, el complejo armamentístico-periodístico español no sólo no dejó de emitir, sino que no implosionó. Tuvo, incluso y con un par, su largo momento de gloria/titadine. Por lo demás, el staff del periodismo español no se refundó, sino que siguió inamovible y fiel a sí mismo. De hecho, aún nos informa, fiel a si mismo y cada mañana, de una realidad que, desde 2011, parece que tenga serios problemas para oler. Cabe esperar que lo mismo ocurrirá en Catalunya, otra sociedad hispana a la que se le ha negado el derecho a la información, y en la que no habrá ninguna meditación o crítica sobre el fracaso periodístico e informativo que ha supuesto la cobertura del Procés.

Este cambiazo de información por dramatismo irá a más próximamente –una clase política y periodística, en fin, se está jugado la vida–. Se unirá, más, la figura de Mas a Catalunya, y la de otras opciones políticas, incluso independentistas, al españolismo más rancio. Y ello tendrá un influencia inmediata. ERC, por ejemplo, es muy sensible a esa presión mediática, que incluso ha afectado a su individualidad política. Y supongo que influenciará en el futuro inmediato de la CUP, una organización de malos-catalanes, opuesta a los intereses de Catalunya, etc. Supondrá la dimisión de algunos de sus miembros y, tal vez, su ruptura. La presión sobre la CUP, ha sido, en fin, tan descomunal que ha estado a punto de realizar una pirueta espectacular: que un partido que aboga por un frente social o/y popular, haya valorado más tiempo de lo deseable todo lo contrario, un frente nacional.

Quizás, en este proceso que se inició en 2012, un proceso gubernamental gestionado por CDC, lo único que tenga futuro sea eso. Tal vez en Catalunya se ha experimentado con la derecha del futuro. Una derecha ultraliberal, no muy preocupada por derechos y democracia y, a la vez, patriótica, con un discurso horizontal, con léxico radicalmente democrático y de movilización social. Tenemos dos y ambas son frutos del Procés: la futura CDC, y C’s. El resto de partidos de la Transición en Catalunya empiezan a tener más aspecto residual del deseado. ERC puede acabar siendo el heredero, también ético, de CDC y de PSC. Y hay dos nuevas izquierdas, rupturistas y con una agenda democrática y de derechos, una indepe, y otra por el derecho a decidir. Pueden llegar a ser hegemónicas y gobernar una sociedad empobrecida, y unas instituciones sin recursos, intervenidas, y sin posibilidad efectiva de establecer políticas propias y diferentes a la austeridad.

Catalunya, el punto más avanzado de la crisis política, económica y de Régimen española, empieza a ser una metáfora.