El legado perdido de la Institución Libre de Enseñanza / Sergio C. Fanjul

Posted on 2016/02/23

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Por Sergio C. Fanjul / Periodista. En 1876 un grupo de catedráticos universitarios, encabezado por Francisco Giner de los Ríos y en el que se encontraban Gumersindo de Azcárate o Nicolás Salmerón, se apartaron de la Universidad Central de Madrid, en defensa de la libertad de cátedra, y se negaron a aceptar los dogmas religiosos, políticos o morales establecidos. Fue el origen de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), que empezó con el objetivo de formar a los universitarios de forma científica y laica al margen del Estado, pero que acabó ocupándose de la educación desde primaria, pues había que empezar desde la raíz para formar a ciudadanos libres y demócratas, siguiendo la senda del krausismo. La influencia de los institucionistas fue decisiva en los avances sociales de su época y en el advenimiento de la “República de las Letras” (1931-1936).

La aventura regeneracionista de la ILE acabó con la Guerra Civil y el triunfo del franquismo, pero, a partir de la Transición, su regreso vino por la vía oficial con los Gobiernos del PSOE, que volvieron a abrir la Residencia de Estudiantes, gestionada por la Fundación Giner de los Ríos. Pero muchas de las personas que durante la dictadura mantuvieron vivo el espíritu de la ILE, sobre todo descendientes de destacados institucionistas, son muy críticos con estos herederos oficiales, a quienes consideran unos impostores. Los acusan de pervertir la memoria de la ILE y de la Residencia, destruir el patrimonio de estas instituciones, restringir el acceso a los archivos a solo unos pocos privilegiados y, en definitiva, gestionar desde hace treinta años estos organismos de manera poco transparente.

“Pseudoinstitucionistas” en un cortijo

Si hoy en día alguien nombra la Residencia de Estudiantes lo primero que se le viene a uno a la cabeza son los tiempos heroicos de los célebres Federico García Lorca, Salvador Dalí o Luis Buñuel, convertidos en verdaderos mitos. Desde este organismo se han encargado bien de que así sea a través de numerosos eventos y exposiciones, pero algunos se quejan de que la Residencia fue mucho más.

La Residencia fue fundada en 1910 por la Junta para la Ampliación de Estudios (que se ocupaba de promover la investigación y educación científica en España) como un complemento a la educación universitaria, siguiendo las ideas de la ILE, y llegó a ser uno de los centros neurálgicos en los que se desarrolló la llamada Edad de Plata de las ciencias y las letras españolas, época de florecimiento intelectual que podría enmarcarse entre el desastre del 1898 y el comienzo de la Guerra Civil.

El cardiólogo Luis Calandre, que tenía estrecha relación con Santiago Ramón y Cajal, fue médico de la Residencia y de la Junta de Ampliación de Estudios. Hoy, su nieta Cristina Calandre es una de las voces más críticas con la supuesta manipulación de la actual Residencia. “Los verdaderos protagonistas de la Residencia no fueron los poetas y artistas como Lorca y compañía, que tenían apenas dieciocho años, sino los científicos, hombres ya en la treintena que estaban en la cumbre de sus carreras. En la Residencia, por ejemplo, estaban los laboratorios donde se hacían las prácticas de las clases de Ramón y Cajal, pues no había espacio suficiente en la Universidad Central”, explica.

“Yo estudié a mi abuelo”, continúa Calandre, “y detecté en los documentos que había sido delegado de la Junta de Ampliación de Estudios durante la guerra y no aparecía en ningún estudio ni informe del CSIC. Esto llamó mi atención y fui tirando del hilo, descubrí qué paso en la guerra, qué hubo en la Residencia”. Lo que descubrió Cristina Calandre fue la existencia de un hospital de carabineros, de un refugio y de una plaga de malaria en la capital que fue combatida, con éxito, desde este hospital. “Pero esto se silencia, solo se habla de los poetas”, se queja Calandre, “y mientras tanto se ha ocultado patrimonio, como el refugio antiaéreo subterráneo que se cavó en 1937, durante la guerra, y se han talado los chopos centenarios de la colina”.

Desde el final de la guerra la Residencia y todos los edificios de la Colina de los Chopos fueron confiscados y utilizados por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para diferentes fines. Ya bien consolidada la democracia, en 1986, siendo ministro de Cultura Javier Solana, la Residencia de Estudiantes se reconstituyó, pero a juicio de muchas personas que mantienen el espíritu de aquellos maestros, como Cristina Calandre, viene siendo regida desde entonces por “pseudoinstitucionistas”. “No tiene nada que ver con la idea original”, dice: “antes era un lugar donde los buenos estudiantes recibían becas para formarse, ahora tiene un enfoque más elitista, centrado en las exposiciones, conferencias y en albergar a los investigadores que ellos quieren. De la Residencia original dirigida por Jiménez Fraud hemos pasado a una con un patronato formado por grandes multinacionales, entre otras fundaciones, y coronada por la monarquía (Felipe de Borbón preside el patronato), cuando la esencia de la ILE era republicana”.

Respecto a la falta de transparencia y a la dificultad para acceder a los archivos de la Residencia se pronunció el columnista y crítico literario Manuel Rodríguez Rivero en el suplemento Babelia de El País del 31 de julio de 2010, en el fragmento que se reproduce a continuación. “Además de los actos programados [para la fiesta veraniega anual], sería bueno que la conmemoración sirviera para modificar inercias y facilitar el acceso de los investigadores a los archivos de la Residencia. El nihil obstat para las solicitudes de investigar en sus fondos se hace a menudo esperar demasiado o, lo que es más grave, depende de criterios arbitrarios, lo que podría hacer pensar a los afectados que los responsables de la institución actúan como propietarios de un cortijo (tú puedes venir a cazar, tú no puedes venir a cazar). Desde hace años -que yo recuerde, desde la puesta en marcha del archivo virtual de la Edad de Plata, financiado por la Fundación Botín a finales del milenio anterior- no se hace público un catálogo actualizado (el anterior lo guardo como oro en paño) de los archivos adquiridos o depositados, ni se ha incrementado el número de documentos digitalizados al alcance del público. Y eso que se han incorporado muchos legados (originales y copias): desde los de Juan Marichal y Solita Salinas a los de Alejandro Sawa (muy goloso), Rodolfo Halffter o Bosch Gimpera. Ya sé que, tradicionalmente, las críticas a la gestión de la Resi no son bien recibidas por sus directivos. Pero, a pesar de todo, ofrezco gratis et amore un lema para (el resto) del centenario: Residencia, transparencia”.

“La Residencia ha ido recopilando documentos de todo lo relacionado con el primer tercio del siglo XX, la Edad de Plata, incluidas cosas de mi abuelo”, explica Pilar Altamira, nieta del jurista e historiador Rafael Altamira, “pero después de tener todo y hacernos emocionarnos a muchos que entregamos nuestro archivo, no se cumplió nada de lo prometido. Se iban a hacer publicaciones, congresos, epistolarios, etc., pero luego no se ha hecho nada. Lo tienen allí solo para que accedan sus amistades y luzca en sus publicaciones”.

Como señala en la citada columna Rodríguez Rivero, la Residencia (y otros organismos afines) lleva gobernada sin pausa desde hace casi treinta años por el mismo grupo de personas, entre los que destacan José García Velasco o Alicia Gómez Navarro, “un equipo directivo que, con una u otra cara (la anterior sigue disponiendo de habitación reservada y mando en plaza), se perpetúa contra viento y marea desde 1986”.

El Tribunal de Cuentas detecta irregularidades

Respecto a la gestión de la Residencia también se ha pronunciado el Tribunal de Cuentas, de lo que dio cuenta el diario La Razón el 2 de abril de este año. El Tribunal encontró irregularidades en la adjudicación de algunos de los contratos más importantes a la Fundación Giner de los Ríos, en concreto nueve contratos por valor de 806.267 euros entre 2005 y 2009. Explica el periódico que, según el informe del Tribunal, “la Giner es una fundación privada de cuyo patronato formaban parte la directora de la Residencia, el director honorario y la directora de I+D de la Residencia con la que ésta colaboraba frecuentemente. Pero, además, añade que en los citados contratos ‘la adjudicación fue directa, sin la concurrencia de otros candidatos, siendo los criterios empleados la continuidad de los trabajos a realizar y la especialización de la empresa en el ámbito de la realización de trabajos editoriales’”.

La Fundación Giner de los Ríos, que supuestamente sigue la tradición de la ILE y publica actualmente su boletín, también es objeto de muchas críticas por la destrucción del recinto original de la Institución, en el madrileño paseo del General Martínez Campos 14, aunque la Fundación lo llama “rehabilitación y ampliación de su sede”, comenzada en 2008. “La Fundación, con García Velasco como secretario, una persona muy hábil para sacar dinero y pactar con unos y con otros, pensó en hacer aquí un vivero de fundaciones, con varias fundaciones amigas y salas de exposiciones, etc.”, explica Teresa Jiménez-Landi, otra descendiente de un ilustre institucionista y autora del libro Dos pabellones emblemáticos de la Institución Libre de Enseñanza. Según observa Teresa, durante las obras se han destruido parte de los jardines con patios escolares históricos, la acacia centenaria que habían mantenido los institucionalistas y dos pabellones escolares históricos del arquitecto Bernardo Giner de los Ríos, “aunque no han podido tocar la fachada de la casa de Giner de los Ríos, por la protección ministerial, pero la han reformado entera por dentro, modificando los techos y los suelos”, explica. “No se entiende cómo la Fundación Giner de los Ríos, cuya misión es proteger el legado de la Institución Libre de Enseñanza, ha llegado a destruirlo. Hoy, si te asomas a la obras, solo se ve un bosque de columnas”.

Teresa Jiménez-Landi fue durante veintidós años documentalista de la ILE y fue despedida precisamente por criticar esas obras (ver ATLÁNTICA XXII número 1).

Esta revista ha tratado en numerosas ocasiones de contactar con la Residencia de Estudiantes y conocer su versión de los hechos que se relatan en este reportaje, sin ningún éxito. Sus responsables de comunicación se limitan a no dar “ningún crédito” a las opiniones críticas.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 27, JULIO DE 2013.