Manifiesto por una universidad democrática / Manuel Sacristán Luzón

Posted on 2016/05/22

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Vide: Nota de edición por Salvador López Arnal al final del texto. SLA dice en ella: «(…) Les propongo un experimento mental, de los que gustaban a Einstein (y a los einsteinianos Fernández Buey y Sacristán): supongamos que desconocemos el contexto de confección-discusión del manifiesto y su fecha de elaboración, ¿qué fecha conjeturarían tras la lectura?, ¿cuál sería el escenario más razonable, el entorno más probable, teniendo en cuenta las reivindicaciones».

Manifiesto por una universidad democrática / Manuel Sacristán Luzón

Los que firmamos este manifiesto, estudiantes, profesores, graduados universitarios, profesionales de la ciencia, la técnica, la literatura y las artes, junto con otras personas interesadas por la Universidad, nos dirigimos a la opinión pública para informarla acerca del estado de la enseñanza superior en España, proponerle una perspectiva de renovación de la misma y pedirle que tome como propia una tarea cuyo cumplimiento importa a todo el país: conseguir una Universidad capaz de dominar los problemas técnicos y sociales de la época, una Universidad democrática.

I. Las causas del atraso universitario español.

1. Espa ña presenta en todos los aspectos de su vida universitaria un considerable atraso si se la compara con otros países de su área geográfica e histórica o con lo que ella misma había sido en un pasado no remoto. Pues la Universidad española ha sufrido en algunos aspectos durante los últimos decenios una involución. Algunas causas de este retroceso rebasan el ámbito universitario: se trata, ante todo, de la degradación de la vida cultural española como consecuencia de la emigración científica, artística, literaria y universitaria causada por la guerra civil y por la supresión de las libertades políticas y civiles, mantenida hasta nuestros días. El mismo atraso de la Universidad y la sociedad españolas refuerza, por otra parte, esa tendencia emigratoria, tal como ocurre con la población obrera y campesina, y hoy la emigración universitaria es sobre todo sensible en ramas científicas de gran importancia para la cultura moderna, como la física teórica, la investigación básica matemática, las ciencias biológicas, la lingüística, etc.

También de fuera de la Universidad le llegó a ésta -igual que al resto de la enseñanza y de la producción intelectual- la imposición de modelos culturales arcaicos incompatibles con la libertad de la cultura, como la Ordenación de la enseñanza media en 1938 y de la enseñanza universitaria en 1943.

Otras causas de nuestro atraso universitario deben buscarse en la exacerbación durante estos años de defectos antiguos de la vida académica, o en la perduración de rasgos de ésta que, justificables en su época de origen, carecen hoy de adecuación a la realidad. Tal es, por ejemplo, el burocratismo centralista de la política universitaria en general, y , en particular, del sistema de provisión de cátedras, el cual, mientras impide la formación de escuelas científicas y culturales, no cumple con la función de evitar la tendenciosidad. Por el contrario, las oposiciones a cátedras universitarias se han convertido durante este período en un instrumento de censura intelectual ejercida por la administración misma o a través de la estrategia del dominio de los tribunales de oposición por grupos dominantes políticamente en el Estado [1]. También se encuentra entre estas causas de origen antiguo la precariedad del profesorado no-numerario [2] y el predominio de formas de enseñanza que hoy ya no pueden ser sino subsidiarias, como la lección de cátedra ineficazmente impartida a centenares de alumnos a la vez [3].

Por último, hay un tercer grupo de causas de nuestro atraso universitario que son especialmente lamentables: la destrucción inflexible de los pocos conatos de renovación que produjo la Universidad española en las primeras décadas del siglo, ejemplificadas señaladamente por la Universidad Autónoma de Barcelona y por algunas iniciativas de la Universidad de Madrid que, por aquellos mismos años, dejaron la huella en la historia de la cultura española. Nada semejante ha podido renacer tras la fachada de algunas instituciones burocráticas que intentan en vano continuar por aquel camino sin el espíritu de libertad que lo abrió.

2. La acumulación de todos esos males hace inviable la Universidad española. Los propios causantes de su crisis se encuentran hoy entre la necesidad de superar la contradicción abierta entre esa Universidad, anacrónica a causa de su inicial inspiración política, y el desarrollo de las fuerzas económicas en al sociedad española como en todo el mundo.

3. Ha sido la resuelta actitud de los estudiantes y los profesores más conscientes la que ha obligado a la actual Administración a intentar salir del inmovilismo y de la ausencia de concepciones positivas que la han caracterizado durante tantos años. Las acciones de los estudiantes españoles, especialmente a partir de los acontecimientos de 1956 en Madrid [4] y de 1957 en Barcelona, son el punto de arranque para una renovación de la vida universitaria española. Es necesario tenerlo presente para entender que sólo el esfuerzo sin reservas, resueltamente orientado a luchar contra las causas de la actual situación, puede abrir camino a soluciones verdaderas.

II. La actual política universitaria de la Administración

1. La universidad española se encuentra hoy en una encrucijada, ante dos posibles caminos que emprender para dar respuesta a la incitación que, en su atraso, recibe de la vida real de la sociedad.

Uno es el camino que señalan las recientes disposiciones administrativas: este camino quiere llevar a una institución de puro rendimiento técnico, indigna del nombre de Universidad, al perder todo horizonte cultural, moral, ideal y político [5]. Se trata de una institución en la cual el profesorado en general y la autoridad académica en particular –pues las dignidades académicas, consumándose el proceso ya en curso, quedarían definitivamente rebajadas a la categoría de autoridades-, en vez de componer con los estudiantes una Universidad, se convierten en represores de éstos, para evitar que cuaje en la Universidad la semilla de vida social que cada promoción de estudiantes trae consigo a las aulas. Las medidas actualmente aplicadas a la Universidad tienden a hacer de ella una mera fábrica de especialistas que posibiliten mecánicamente el funcionamiento de la economía y la satisfacción de las necesidades técnico-educativas y administrativas que aquélla suscita. Ya hoy se intenta extirpar de la U niversidad todo lo que, por el esfuerzo de estudiantes y profesores, le queda aún de formación abierta y desinteresada: se intenta arrebatar a los organismos estudiantiles sus funciones culturales, para convertirlos en meras agencias de negociación de horarios, regulaciones de examen y otras cuestiones técnicas; se expulsa de la Universidad cuando se puede, se persigue y calumnia, en todo caso, a los profesores que no se resignan a esa burocrática condición de ilibertad [6]. Y se completa el envilecimiento a quienes acepten ese estado de cosas y esa perspectiva. Mas a dichas mejoras tiene derecho desde hace muchos años el profesorado universitario, cuyo trabajo se paga irrisoriamente o no se paga en absoluto.

2. Subyace a la vía tecnocrática impuesta a la Universidad el principio de que es posible dirigir una sociedad moderna, o en vías de serlo, mediante un dispositivo de gestión técnica dominado desde arriba sin la intervención del pueblo gobernado. Ese principio orienta el intento de conseguir que el progreso técnico –aceptada, al cabo de decenios de anquilosado tradicionalismo, su inevitabilidad- no vaya acompañado por el correspondiente progreso social. Ese plan debe concluir con un fracaso, porque las fuerzas que mueven el progreso técnico son, en última instancia, fuerzas sociales y sólo pueden ser duraderamente activas si cuentan con las formas de organización social que les corresponden [7]. En esta consideración se basa otra perspectiva, el camino por el cual la Universidad española puede superar su crisis.

III. La perspectiva democrática de la Universidad

1. Este segundo camino es el de la Reforma Democrática [8] de la Universidad, y constituye, en el ámbito académico, la única posibilidad de que el progreso técnico sea también progreso social, así como, a la larga, la única posibilidad del progreso técnico mismo.

Ninguna reforma universitaria puede realizarse con eficacia duradera si no intervienen decisivamente en su elaboración los más directamente afectados por ella, los estamentos universitarios, y quienes tienen que aportar medios para realizarla, o sea, la sociedad en general. Ni los universitarios españoles ni la sociedad española han podido intervenir adecuadamente en la elaboración de las reformas decididas por la administración actual, ya por el simple hecho de que no existe en nuestro país ninguna representación de los ciudadanos.

En esa circunstancia, se pone de manifiesto la vinculación de los problemas universitarios con los de la sociedad en general. El movimiento universitario democrático no puede proponerse abarcar íntegramente estos últimos. Pero puede señalar cuáles son en su propio terreno los cambios necesarios para que la Universidad pueda contribuir a la solución de aquellos problemas sociales.

2. Es ante todo necesario un cambio en la concepción de la enseñanza superior. Ésta debe dejar de ser un privilegio reservado a las clases económicamente altas y sobre el cual se funda además un segundo privilegio: el de reservar a sus miembros, único sector de la población que consigue normalmente títulos académicos, importantes funciones de gestión social [9].

La necesidad de este cambio no obedece sólo a motivos de justicia, los cuales son evidentes. Ocurre además que en una sociedad moderna aumenta constantemente el número de funciones para el desempeño de las cuales es necesaria una alta calificación cultural de numerosos individuos.

Esta necesidad no podrá satisfacerse con la actual concepción de la universidad de España.

Las primeras medidas que deben tomarse para promover este cambio son: un gran aumento del número de plazas de la enseñanza superior y la destrucción de las barreras clasistas, manifestadas ya en la enseñanza media [10], que funcionan hoy como irracionales criterios de selección de la juventud española.

3. Junto con la concepción de la enseñanza universitaria debe cambiar su contenido y la organización del mismo. La Universidad tiene que abandonar la estimación de las materias por su dignidad tradicional, y pasar a valorarlas por su validez para dominar intelectualmente la realidad. Al mismo tiempo debe admitir una amplia variedad de los diversos centros de enseñanza superior ya en cuanto a su organización.

En esa necesaria variedad hay que respetar el pluralismo cultural y lingüístico del país [11]. La sociedad española es multinacional [12]. La Universidad española tiene que dejar de ser, como es hoy, un instrumento de opresión de varias culturas nacionales. Éstas deben contar con las universidades como centros de consolidación y despliegue de su peculiaridad.

En este punto se incluye también el problema de las relaciones entre la investigación y la enseñanza. La Universidad no puede desempeñar hoy su papel si no interviene con gran peso en la programación y la ejecución de una política coherente de investigación pura y aplicada.

4. El frecuente cambio en el ejercicio de las funciones sociales técnicas, empezando por el trabajo del obrero industrial, es un rasgo típico del presente. También lo es la especialización de los conocimientos. Ambos juntos forman una paradoja que va a determinar los problemas de la enseñanza en un futuro no lejano. La única respuesta adecuada a ese problema reside en conseguir una formación intelectual muy amplia de los jóvenes [13]. El cambio aquí necesario consiste en romper con la tradición de una Universidad limitada a facilitar títulos de especialización.

En este punto se hace muy visible el carácter nocivo, agravador de problemas, que tiene el modelo de institución burocrática subyacente a las actuales intervenciones de la Administración en la Universidad. La Administración está precisamente tendiendo a fraccionar la Universidad en comportamientos profesionales, dividiendo a los estudiantes y enfrentándolos a los profesores. La comunicación más intensa posible entre los diversos sectores de la Universidad es, sin embargo, la base para que se desarrolle una mentalidad ágil capaz de hacer frente a las exigencias de la realidad moderna [14].

La convivencia universitaria no debe concebirse como una simple coincidencia determinada por la necesidad de obtener títulos de especialista: el universitario, estudiante o profesor, no debe verse obligado a dejar parte de su humanidad fuera de las Facultades [15]. Por eso también, no sólo por las razones antes dichas, todas las implicaciones culturales, sociales, ideales y políticas del saber y de la educación son tan universitarias como los temarios de examen.

5. A la finalidad de una vida universitaria así concebida, adecuada a las necesidades hoy reales y al respeto al individuo, pueden servir procedimientos didácticos como los cursos para estudiantes de todas las facultades, los institutos interdisciplinarios, etc. Pero, teniendo en cuenta las circunstancias actuales, el camino empieza por la supresión de la censura [16] que pesa sobre las actividades culturales de los estudiantes: conferencias, círculos de estudio, seminarios espontáneos (no incluidos en los programas de ninguna asignatura), sesiones y actividades artísticas, publicaciones y, en general, reuniones de trato libre y democrático. En el curso de los últimos años los estudiantes españoles han conseguido crear numerosos formas de auténtica vida universitaria que hoy están en peligro [17], pero que deben considerarse como una prometedora base de partida para llegar a una Universidad satisfactoria desde el punto de vista de la formación multilateral de los universitarios.

IV. La libertad universitaria.

1. La reforma democrática de la Universidad no impone necesariamente una solución única al problema de las relaciones entre esta institución y el Estado, pues no es obligado admitir que el único ente público propietario de universidades haya de ser el Estado. Estas son cuestiones técnicas jurídicas, cuyas diversas soluciones pueden ser todas o varias compatibles con una Universidad democrática. Única exigencia de ésta es que ningún centro universitario sea domino de un grupo político, religioso o ideológico en general [18]. Los centros culturales de esta naturaleza pueden ser convenientes para una vida intelectual diversificada y rica, pero no pueden considerarse instituciones directamente al servicio de la sociedad, como debe ser la Universidad: esos centros sirven directamente al centro que los posee o domina, y sólo a través de él pueden servir a la sociedad.

El problema de la libertad universitaria no se plantea esencialmente en torno al tema de la enseñanza privada o de grupo [19]. Plantearlo así es a menudo un expediente para ocultar su verdadero contenido. Este consta de las siguientes reivindicaciones:

2. a) Carácter democrático y representativo de los órganos académicos.

Todas las dignidades académicas y todos los órganos de gobierno de la Universidad deben ser elegidos por el profesorado y los estudiantes. La composición del electorado puede variar en casa caso. Para cargos responsables de la ejecución de la política universitaria, como es, señaladamente, el de rector, ha de contarse con un amplio cuerpo electoral basado en el principio de representación igual de los distintos estamentos universitarios. Sólo así puede terminarse definitivamente con la actual situación antinatural de unos rectores que rigen contra los estudiantes y gran parte del profesorado.

Ningún cargo universitario debe ser cubierto por tiempo indeterminado. La Administración no debe tener facultad alguna de veto sobre los elegidos.

Los órganos colectivos de gestión, como las Juntas de Facultad y el Claustro General, deben disponer de facultades decisorias. Ante estos organismos deben ser responsables los dignatarios por ellos elegidos. La participación estudiantil en esos órganos debe establecerse siempre sobre la base de la igualdad de representación con los demás estamentos universitarios [20].

b) Libertad de enseñanza.

Durante los últimos decenios la libertad de enseñanza ha sido coartada en la Universidad española por tres procedimientos: la implantación coactiva de una ideología oficial, el dominio de los tribunales de oposición a cátedras por el poder político, y las medidas disciplinarias. El primero de estos tres procedimientos ha ido perdiendo eficacia. Los otros dos siguen siendo, en cambio, sustancialmente tan implacables como en los tiempos de la postguerra.

Por tanto, la reforma democrática de la Universidad exige la liquidación de estos instrumentos de opresión de la libertad de enseñanza. La desaparición de la ideología estatal y la supresión de los Estados disciplinarios tiránicos pueden conseguirse por meras disposiciones legales, pues ni la una ni los otros tienen arraigo en los medios universitarios. En cuanto al obstáculo puesto a la libertad de enseñanza por el actual sistema de provisión de cátedras vitalicias parece que en este sentido urge eliminar la posibilidad de discriminación política e ideológica en el acceso a la docencia. Entre las varias medidas eficaces que para ello pueden arbitrarse a título provisional se encuentran la descentralización de las oposiciones, hoy a cargo de tribunales fácilmente manipulables, y el recurso para entender de las mismas a figuras destacadas de la vida científica y cultural actualmente ausentes de la Universidad.

c) Libertad de investigación.

A causa de la caducidad de la ideología oficial, la investigación es hoy frecuentemente libre en la práctica de la Universidad española. Sin embargo, la forma democrática de la Universidad exige la implantación explícita de esa libertad y la eliminación de las barreras que se oponen a ella, especialmente a través de la concesión de fondos y becas para la investigación. Los choques, siempre posibles, entre el ejercicio de la libertad de investigación y las necesidades de programar ésta deben obviarse o paliarse a través de la participación de la Universidad en la elaboración de la política científica (teórica y aplicada) nacional [21].

d) Libertad de expresión.

Las libertades de enseñanza e investigación son sólo una parte de la libertad intelectual de la Universidad. Ésta incluye además la libertad de palabra en el recinto académico y la libertad de la Prensa Universitaria, estudiantil o no, así como la libertad en el uso de cualquier otro medio de comunicación, y de las actividades culturales en general del profesorado y los estudiantes.

e) Libertad de asociación.

La libertad de asociación es la única garantía del ejercicio de las demás libertades e implica la de reunión. La larga lucha de los estudiantes por conseguirla, y los esfuerzos de sectores del profesorado en el mismo sentido, tienen que culminar en su completa implantación. A falta de ella, cualquier otra libertad que se consiga quedará sin consolidar, a merced de las intervenciones autoritarias de la administración.

V. Hacia una Universidad Democrática.

Gracias al continuado esfuerzo de los estudiantes, la Universidad española se encuentra hoy en una etapa de transición que contiene gérmenes de la futura institución democrática. En esta fase transitoria, el movimiento universitario democrático se propone como finalidad principal la consolidación institucional de los organismos estudiantiles representativos, su ulterior desarrollo y la integración de los demás estamentos universitarios en la tarea de promover una Universidad Democrática.

Medidas prácticas a tomar con este fin son:

a) Crear y consolidar donde ya existen organismos universitarios democráticos, e impedir que se les despoje de las funciones y las prerrogativas que les competen por su auténtica representatividad.

b) Constituir comisiones mixtas de profesores y estudiantes para la elaboración detallada de la Reforma Democrática de la Universidad.

c) Celebrar el Congreso Nacional de Estudiantes a que aspiran éstos desde hace años.

d) Programar un Congreso Nacional Universitario, con representantes auténticos de todos los estamentos de la Universidad.

Los principios contenidos en este manifiesto no constituyen más que la aspiración inicial de una Reforma Democrática de la Universidad. No son en sí mismos soluciones técnicas a problemas técnicos. Pero la auténtica resolución de éstos en el marco de la vida social adecuada para hombres contemporáneos no puede prescindir de esta aspiración mínima [22]. Con ella la Universidad española debe evitar su conversión definitiva en un aparato oprimido que oprime a su vez las conciencias y emprender el camino que le permita llevar a ser el más alto reflejo de un pueblo tan plural como es el nuestro. La Universidad debe tomar en sus manos la causa de la libertad de la cultura [23] e insertarla en el amplio horizonte de la lucha por la libertad en la sociedad española.

Notas SLA

1) La oposición de Sacristán a la cátedra de lógica de la Universidad de Valencia de 1962, celebrada en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, es un ejemplo destacado. La presencia del OPUS DEI fue más que alargada. Sobre este punto, véase Salvador López Arnal, Siete historias lógicas y un cuento breve (en prensa).

2) La figura recuerda el falso profesor-asociado actual. Las condiciones laborales son acaso peores en este segundo caso, al igual que sus expectativas de mejora.

3) No era frecuente una opinión así a mediados de los años sesenta en España.

4) Uno de sus amigos, lógico y filósofo como él, Miguel Sánchez-Mazas, el hermano de Rafael Sánchez Ferlosio, tuvo que exiliarse a raíz de estos acontecimientos.

5) Su oposición a una Universidad tecnocrática, sumisa y funcional al sistema capitalista, culturalmente demediada y despreocupada, es radical y muy presente a lo largo del Manifiesto.

6) Entre otros ejemplos, el de José María Valverde, que Sacristán nunca olvidó. Como tampoco en los casos de tres amigos suyos: José Luis López Aranguren, Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván.

7) Un argumento, claro si bien no muy usual, a favor de la sociedad socialista.

8) A lo largo de la exposición, Sacristán usa un concepto fuerte de democracia, en absoluto equivalente a “capitalismo desigual y parlamentario”.

9) Así era la situación de las universidades españolas en los años 60. Los hijos de la clase obrera estaban aún muy lejos, en general, de poder acceder al mundo universitario.

10) Los jóvenes de clases populares que finalizaban la enseñanza media, un porcentaje en absoluto elevado, solían incorporarse de inmediato al “mercado laboral”. Las más que apremiantes necesidades económicas familiares eran la causa central en la mayor parte de las ocasiones.

11) Es obvia la posición de Sacristán respecto a las lenguas y culturas oprimidas y perseguidas por el fascismo español, no por España, ni por Madrid y muchos menos por los españoles. De hecho, en alguna ocasión marginal (y como reacción ante el nacionalismo catalán realmente existente ya en los años setenta y ochenta), Sacristán se consideró y definió como ciudadano español.

12) La tesis que algunas fuerzas políticas actuales mantienen y defienden, en ocasiones desde posiciones federalistas no secesionistas.

13) Justo lo contrario de lo que ahora se pretende, especialmente en la enseñanza de ciclos formativos.

14) Su propuesta de Instituto de Filosofía interdisciplinar está también relacionada con esta consideración.

15) “No debe verse obligado a dejar parte de su humanidad fuera de las Facultades”, uno de los pasos más comentados (y con más emoción) por Francisco Fernández Buey.

16) Además, de su expulsión, Sacristán fue censurado en varias ocasiones en la Universidad barcelonesa mediante la prohibición de conferencias. Una de ellas, en una Semana por la Paz, en los años sesenta.

17) El reconocimiento de las conquistas del movimiento estudiantil es obvio. El papel de Sacristán, y de otros profesores, no fue menos importante en estos avances sociales y culturales.

18) Es obvia su oposición a la privatización de la Universidad, por motivos ideológicos directos o sin ellos.

19) Sobre este punto, véase “Libertad y privaticidad”, Intervenciones políticas, de cit, pp. 153-157.

20) El punto sigue siendo importante en el actual movimiento universitario estudiantil.

21) Esta sería una de las preocupaciones centrales del último Sacristán.

22) Mínima, no máxima, vale la pena insistir. Véase, “La Universidad y la división del trabajo” op cit.

23) Cultura que Sacristán nunca entendió en términos exclusivamente académicos. Escribió sobre ello en Jove Guàrdia , el órgano de las Juventudes Comunistas, y en sus notas a la biografía de Gerónimo (reeditadas recientemente por El Viejo Topo). El gran e inolvidable profesor de Metodología de las Ciencias Sociales fue, como se recuerda, profesor de alfabetización en la escuela de adultos de Can Serra (L’Hospitalet de Llobregat), una escuela dirigida por Jaume Botey. Fue a mediados de los años setenta y, además de Sacristán y Botey, contó con la participación de Neus Porta, Rafael Grasa, Francisco Fernández Buey y otros compañeros. Sobre ello, véase Xavier Juncosa, «Integral Sacristán» (Barcelona, El Viejo Topo, 2016).

Nota de edición  (Salvador López Arnal)

El siguiente texto es el manifiesto leído en la Asamblea fundacional del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB) durante la “Capuchinada”, el 9 de marzo de 1966. Este año se ha recordado su quincuagésimo aniversario. Salvo error por mi parte, el escrito no circulaba en la red en versión castellana. Sí, en cambio, en una traducción catalana cuya autoría no puedo asegurar, aunque muy probablemente fuera aportación de uno de sus discípulos, el malogrado profesor y catedrático de filosofía Pere de la Fuente. [Ver la referencia]

El “Manifiesto por una Universidad Democrática” se publicó por vez primera en Realidad, núm. 10, junio de 1966, la revista de formación política-filosófica del PCE, y fue incluido por el propio Sacristán en el tercer volumen de sus “Panfletos y materiales”. No puedo asegurar si también fue incorporado en un número extraordinario de la revista Materiales dedicado al movimiento universitario antifranquista.

Texto escrito por el autor de El orden y el tiempo teniendo muy en cuenta, como no podía ser de otra forma, la opinión del estudiantado barcelonés organizado, no es un manifiesto que tenga como única finalidad la reforma de la universidad barcelonesa o catalana. El marco general, del que se es partícipe y se analiza en un lenguaje medido y muy cuidado, es la situación de la Universidad y la sociedad españolas y las acciones, anhelos y conquistas de los movimientos de protesta y resistencia del estudiantado español en su conjunto (con las diversidades del caso, por supuesto, y con conocimiento directo y profundo de la vida política de la organización barcelonesa). Sus límites son apuntados con claridad por el propio Sacristán: “Los principales contenidos en este manifiesto no constituyen más que la aspiración inicial de una Reforma Democrática de la Universidad”. Aspiración inicial, insisto, si bien hoy, cinco décadas después como decíamos, algunas de las vindicaciones defendidas nos puedan parecer radicalmente democráticas y transformadoras. ¡Qué mas quisiéramos!

Sobre el SDEUB y sus circunstancias, cabe recordar dos entrevistas con dos de los participantes en aquel acto de fundación sindical, transformado en encierro por la presión policial al mando del temible y terrible Creix: José Luis Martín Ramos ( “Por una universidad democrática”. El Viejo Topo , n.º 338, marzo de 2016, pp. 36-43 ) y Albert Corominas ( “ El SDEUB fue una escuela de democracia para miles de estudiantes, de él surgieron muchos dirigentes del movimiento de los Profesores no Numerarios” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=209794) P apeles de relaciones ecosociales y cambio global ha anunciado la publicación de otra conversación en torno al SDEUB con el profesor de la UPF y la UAB (y miembro destacado me imprescindible del CEMS) Jordi Mir Garcia, en su número 134, verano de 2016. Todos estos materiales, junto con este escrito y otros documentos anexos, serán recogidos en un libro electrónico de próxima edición.

Puede completarse el estudio de este manifiesto con la lectura de “La Universidad y la división del trabajo” y “Entrevista con Escuela 75 ”, en M. Sacristán, Intervenciones políticas , Barcelona, Icaria, 1985, pp. 98-152 y 261-275. Resulta imprescindible igualmente el último libro publicado en vida de Francisco Fernández Buey, otro de los protagonistas de aquellas luchas: Por una universidad democrática , Barcelona, El Viejo Topo, 2009 (obsérvese la coincidencia del título del libro y del manifiesto).

Las notas finales son mías. El escrito está fechado en marzo de 1966. Les propongo un experimento mental, de los que gustaban a Einstein (y a los einsteinianos Fernández Buey y Sacristán): supongamos que desconocemos el contexto de confección-discusión del manifiesto y su fecha de elaboración, ¿qué fecha conjeturarían tras la lectura?, ¿cuál sería el escenario más razonable, el entorno más probable, teniendo en cuenta las reivindicaciones esgrimidas?

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