Series de Televisión: Lo que Poldark me evoca; una historia de la primera revolución industrial en España / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2016/11/12

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Pazo del Marques de Sargadelos


Véase también: La canción de Demelza Poldark. Nueva versión de la famosa serie

Una novela sobre la figura del Marqués de Sargadelos: Alfredo Conde, Azul cobalto: historia posible del marqués de Sargadelos, EDHASA, 2001.

Viendo la serie nueva de Poldark, una joya, rememoré lo que siempre me evocó: lo que pudieron ser aquellos años del XVIII en los que en pugnaba por salir en la Galicia y Asturias esa esperanza de luz en la oscuridad que llamamos Iustración. Una Ilustración que en España no fue apenas tal, pues sus pocos hijos declarados nunca lograron despuntar, fueron prisioneros de los reyes y esclavos de la iglesia a la que muy pocos osaron desafiar. Olviden todas esas fábulas sobre Carlos III, alcaldes reales, próceres honrados y dignos, todo ha de ser ponderado en sus justos términos; Juan Ignacio Ferreras, en su España contra la Modernidad, nos ofreció una muy justa valoración del periodo.

La serie Poldark, basada en una obra literaria que reconstruye magistralmente su época, nos ofrece una ventana a la sociedad y la vida del capitán Ros Poldark, un caballero segundón en el Cornualles del último tercio del XVIII, quien tras su participación en la Guerra de Independencia norteamericana, regresa para encontrarse con que su enamorada se ha casado con otro, sus tierras y propiedades están en el abandono y nada tiene salvo una vieja mina a la que ha de poner en servicio si quiere reconstruir su posición. Poldark nos permite conocer las tensiones de aquella sociedad en la que un capitalismo ya más que incipiente está aliado con la aristocracia, se teme la revolución francesa y el miedo y la tensión con las clases populares están de telón de fondo. Es un ejemplo de ficción dramática y televisiva de la que sentirse realmente orgulloso por el respeto al detalle, a la belleza formal, a la recreación de paisajes y figuras y a la imagen del país; es decir, algo imposible de lograr en una serie española habida cuenta de la ignorancia y desprecio por la historia del que hacen gala productores y ejecutivos de televisión.

Si Poldark nos habla de una Gran Bretaña en la que la revolución industrial avanza imparable, una historia en la España del periodo debiera mostrar los problemas locales, pero en aquella época si hubo quienes se atrevieron a afrontarlos. La realidad supera a la ficción.

Y es que en la España del XVIII, y en los paisajes de Galicia y Asturias hubo un ilustrado que sí se atrevió, que se atrevió a todo, que recorrió los caminos de Europa y se formó, llevado de su ideas y su ambición de libertad fue capaz de imaginar un mundo distinto, una riqueza distinta, comerció y ganó dinero, abrió caminos con Inglaterra, Rusia, Francia y Holanda, imaginó y construyó una fabrica en la costa de Lugo para hacer cerámicas y vajillas, instaló uno de los primeros altos hornos, formó trabajadores, construyó casas y escuelas y les pagó salarios por su trabajo en una tierra que no había conocido más que servidumbre e ignorancia, transformó la vida de la comarca más de lo que se había hecho allí o en todo el país en siglos. Recibió a cambio el odio profundo de la Iglesia y los aristócratas, le vieron como una abominación que amenazaba su forma de vida tradicional basada en la vieja explotación tradicional, buscando enfrentarle con una parte del pueblo.

El día maldito llegó cuando la entrada de Bonaparte.Se sumó a la Junta de Defensa del país, pero hubo de aceptar la presencia militar francesa cuando entraron, fue patriota sin duda, pero el odio le alcanzaba porque estaba mucho más cerca de lo que traían de Modernidad aquellos franceses. Retirado el ejército francés, la reacción cargó contra él. Su casa fue asaltada, sus propiedades saqueadas, una turba embrutecida por curas y supersticiones le arrastró por las calles y le dieron muerte con crueldad. La Iglesia celebró su muerte y su nombre fue borrado de la historia. En España, nos dijeron siempre, no hubo nunca esperanza ni modernidad, y gran parte de las figuras que nos ponen de ejemplo son las que aceptaron ser juguetes de coronas y sotanas; no es cierto, lo que pasa es que la cobardía ha sido la única que ha sobrevivido para contar su historia.

Fue un precursor de la Revolución Industrial y de cuanto de transformación pudo suponer para España, pero más allá de si fue o no uno de los primeros industriales y empresarios, lo que puso de manifiesto su figura y su suerte es el peso monstruoso de la reacción en la historia española. Se llamaba Antonio Raimundo Ibáñez, nació en 1749, se le recuerda por el título que la monarquía le dió en premio por sus hermosos servicios de mesa y vajillas, el de Marques de Sargadelos. Goya le hizo un retrato que se conserva en Estados Unidos. Un gran republicano y patriota gallego, Isaac Díaz Pardo, rescató su proyecto y le hizo justicia.

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