Una izquierda SinPermiso. Intervención en la presentación del Nº 1 de SP en Buenos Aires / Antoni Domènech

Posted on 2017/02/14

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Intervención de Antoni Domènech en la presentación de sinpermiso semestral (en papel) en el Hotel Bauen de Buenos Aires, el pasado 18 de septiembre de 2006, junto a Florence Gauthier, María Julia Bertomeu, Carlos Abel Suárez y Oscar González.

Muchas gracias, estimados amigos, por vuestra asistencia a este acto de presentación del primer número de SinPermiso semestral. Gracias también a los responsables de este gran y viejo Hotel Bauen por habernos permitido convocaros precisamente aquí, lugar simbólico donde los haya de la capacidad de los trabajadores argentinos para recuperar y gestionar y hacer viables por su cuenta empresas arruinadas y hechas inviables por la incuria de los antiguos propietarios.

Me cumple aquí, como editor general, decir algunas palabras sobre el quién, el por qué y el cómo del proyecto SinPermiso, es decir, sobre quiénes lo echamos a andar, con qué propósitos y en medio de qué circunstancias.

Para describir un elemento previa y comúnmente compartido por quienes decidimos iniciar el proyecto, no se me ocurre nada mejor que citar unas palabras recientes de Tariq Ali –por cierto, un miembro del Consejo Editorial de SP— con las que creo muchos, si no todos, nos sentiríamos identificados:

“En mi caso, en los ochenta dejé de ser políticamente activo en sentido literal e hice un montón de trabajo cinematográfico, documentales, cine, teatro, escribí obras, guiones, produje un montón de cosas, y escribí mucha ficción – y ese viraje creo que fue bastante beneficioso, en el sentido de que me aislé de las tendencias políticas dominantes en ese momento que eran triunfalistas y festivas, todo había terminado y no había nada que hacer. Sencillamente me mantuve a distancia de todo eso. De modo que cuando me reactivé tras el 11S llegué intacto, no me había afectado ninguna de esas corrientes anticomunistas, antipolíticas y pro-capitalistas que barrían el mundo.”

Algo parecido nos ocurrió a muchos de nosotros en esa nueva “era de la codicia” que fueron los 90. Por distintas circunstancias: los peninsulares, porque acabábamos de ser derrotados en el proceso de transición por el que unas elites restauracionistas habían logrado imponer y consolidar un sistema político muy distinto de aquél por el que habíamos luchado largos años como antifranquistas; los argentinos, por la profunda derrota moral y político-cultural exerimentada por la izquierda en la década ominosa del menemismo; los mexicanos, por consecuencia de una derrota aún más tangible: el golpe de Estado técnico con que le fue escamoteado a la izquierda el triunfo electoral del Ingeniero Cárdenas en las elecciones de 1988, abriendo paso a la no menos ominosa era salinista. Por todas esas circunstancias, digo, también muchos de nosotros nos retiramos al estudio, y nos desvinculamos de la acción política directa. Y lo mismo que Tariq Ali, al regresar a la intervención político-cultural activa, llegamos “intactos”. (Lo que no significa, obvio es decirlo, que otros que siguieron en la brega durante esos años de disolución y dispersión de la izquierda no salieran igualmente intactos, y con mas mérito que los que nos alejamos de la primera línea.)

Además de esa circunstancia biográfica común objetiva pero quién sabe si más o menos azarienta que valía la pena mencionar, concurren en nosotros un conjunto de coincidencias de experiencia y de voluntad subjetivas, si así quiere decirse, sin las cuales nunca nos habríamos resuelto a echar a andar un proyecto como SinPermiso. El grueso de las cuales las descubrimos, para grata sorpresa de todos, en una reunión, va ahora para dos años, en casa de Adolfo Gilly en México.

Espero que varios de los aquí presentes –María Julia Bertomeu, Florence Gauthier, Carlos Abel Suárez— que participaron en aquella reunión mexicana no me desmentirán ahora, si digo que entre los puntos más destacados de las constatadas convergencias se hallaban estos cuatro:

Cuatro de los puntos de convergencia de los que salió la idea de SinPermiso

1 Un diagnóstico muy parecido sobre el significado de la llamada “globalización”. Sin negar lo que de radicalmente nuevo hay en ese fenómeno, todos tendíamos a verlo también por su otro lado, menos nuevo, digamos: como un proceso de remundialización del capitalismo, de contrarreforma capitalista; como un proceso –comenzado políticamente en el primer lustro de los 70— de revisión radical del capitalismo conscientemente desmundializado y socialmente reformado que se impuso al acabar la II Guerra Mundial; no sólo, pero también, como una reviviscencia del capitalismo prerreformado, hipermundializado y belicista de la belle époque colonialista anterior a la I Guerra Mundial, ese capitalismo con libertad total de movimientos de capitales, con mercados financieros totalmente internacionalizados y con preeminencia hegemónica de los aventureros, especuladores y “rentistas”, a los que, como es harto sabido, trató por todos los medios Keynes de aplicar la “eutanasia” sin éxito en los años 30, y con relativo éxito después de 1946.

La reforma del capitalismo a escala planetaria acontecida después de la II Guerra Mundial, muy lejos desde luego de las aspiraciones de los demócratas socialistas, sí significó al menos, en el contexto del antifascismo militarmente triunfante de entonces, la derrota de una determinada derecha social y política que había gobernado el mundo en el primer tercio del siglo XX, llevándolo al borde de la catástrofe. Y me permitiréis que os de una muestra –en forma de cita— de cómo era esa derecha. Una muestra que os sorprenderá por dos razones: primero por venir de quien viene (el superministro de economía de Hitler, que había sido ya presidente del Banco Central alemán en los años veinte: Hjialmar Schacht); y luego, por lo actual de la misma: ya veréis que lo que a continuación se reproduce (un paso de sus Memorias, publicadas en 1953, a modo de autodefensa –había sido condenado en primera instancia en los juicios de Nuremberg—) suena de lo más moderno y actual, a derecha avanzadísima de nuestros días:

“La idea hedonista-populista del Estado de Bienestar dirigido por funcionarios es una demasía, que lleva derechamente al comunismo, pero que no tiene la menor cosa en común con la libertad autorresponsable del hombre individual. Cuando los primeros ingleses llegaron a América, no encontraron allí apartamentos ni jardines, no encontraron calles y desagües, no encontraron hospitales y estadios deportivos. Tuvieron que construírselos. Ellos y sus descendientes, partiendo de un estado salvaje, hicieron el país más poderoso de la tierra, sin preocuparse de antemano por agencias de asistencia social, autoridades sanitarias, etc. El Estado no está para hacer felices a los ciudadanos; eso lo tienen que lograr los ciudadanos mismos. El Estado está para proteger a sus ciudadanos. Los regalos y los actos de beneficencia son pésimos educadores; en la dificultad y la necesidad se templan los hombres.”

Tal es la juicio crítico que hace el superministro de economía de Hitler sobre el incipiente Estado de bienestar alemán de los años cincuenta: ¿no os suena mucho? Esa es la derecha fascista o protofascista que fue derrotada en 1945; y ésa es la derecha –¡gran novedad!— que ha vuelto en las últimas décadas con el viento de empopada de la globalización neoliberal para imponer un capitalismo contrarreformado política, conscientemente remundializado a su conveniencia.

2 Un segundo punto de convergencia afecta sobre todo a los europeos, y muy particularmente –ya me disculparás Florence, que sé que compartes punto por punto todo lo que voy a decir ahora— a nosotros los peninsulares y a los amigos alemanes e italianos de SinPermiso: es decir, a quienes hemos padecido la dominación de formas clásicas de fascismo, y a quienes –dicho sea de pasada— nos molesta sobremanera el uso arbitrario, ahistórico y casi ya sólo como insulto –sin núcleo analítico-descriptivo— que se hace ahora de la palabra “fascismo”. El fascismo europeo fue no sólo una muy particular e históricamente condicionada forma de dominación política despótica, sino también todo un ambiente espiritual y cultural. Quisiera mencionar muy expresamente a Joaquín Miras y a Daniel Raventós, que no están aquí –pero que estuvieron el pasado jueves en la mesa de la presentación de SinPermiso en Barcelona—, así como a Jordi Mundó, uno de los más diligentes, si no el que más, a la hora de poner por obra la idea de SP, y con quienes comparto desde hace mucho tiempo esta preocupación: en el núcleo intelectual del fascismo europeo estuvo la apología del relativismo filosófico; intelectualmente, el fascismo fue el triunfo de la arbitrariedad, el todo vale, el me ne frega mussoliniano, el cínico desprecio de los valores éticos y epistemológicos de la Ilustración y de la herencia política democrático-plebeya de la Revolución Francesa.

Os tengo reservada una sorpresa, si, a riesgo de cargaros pedantemente, me permitís leeros una larga cita “filosófica” del Mussolini de 1923 (poco después de la marcha triunfal de los “camisas negras” sobre Roma). Y veréis que no es menos actual ni menos “moderna” que la cita anterior del ministro de economía de Hitler. Ni menos instructiva:

“En Alemania, el relativismo es una construcción teórica extraordinariamente audaz y destructiva (quizá sea la venganza filosófica de Alemania que anuncia la venganza militar [sic]).En Italia el relativismo no es sino un hecho. El fascismo es un movimiento superrelativista porque nunca ha intentado revestir su complicada y vigorosa actitud mental con un programa concreto, sino que ha triunfado siguiendo los dictados de su intuición individual siempre cambiante. Todo lo que he dicho y hecho en estos últimos años es relativismo por intuición. Si el relativismo significa el fin de la fe en la ciencia, la decadencia de ese mito, la ‘ciencia’, concebido como el descubrimiento de la verdad absoluta, puedo alabarme de haber aplicado el relativismo al análisis del socialismo. Si el relativismo significa desprecio por las categorías fijas y por los hombres que aseguran poseer una verdad objetiva externa…, entonces no hay nada más relativista que las actitudes y la actividad fascistas… Nosotros los fascistas hemos manifestado siempre una indiferencia absoluta por todas las teorías… Nosotros los fascistas hemos tenido el valor de hacer a un lado todas las teorías políticas tradicionales, y somos aristócratas y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, proletarios y antiproletarios, pacifistas y antipacifistas. Basta con tener una mira fija: la nación. Lo demás es evidente… El relativista moderno deduce que todo el mundo tiene libertad para crearse su ideología y para intentar ponerla en práctica con toda la energía posible, y lo deduce del hecho de que todas las ideologías tienen el mismo valor, que todas las ideologías son simples ficciones.”

Yo he hecho la prueba con estudiantes de humanidades: dejad en blanco la palabras “fascismo”, “fascistas” y quizá la de “nación”, y parece un texto de alguno de esos filosofastros postmodernos que, no sólo, pero sobre todo en Francia y EEUU (que, dicho sea de paso, nunca conocieron el fascismo en sus formas clásicas), pasan hoy como el último grito de la izquierda académica prêt à penser.

Dejadme deciros sin complejos que la crisis y el desprestigio filosóficos de la racionalidad, de la serenidad, de la claridad, de la voluntad de conocer y saber y distinguir, y el paralelo triunfo de la arbitrariedad, de la noche en que todos los gatos son pardos, de las jergas intencionadamente obscuras constituyen para nosotros otro índice del regreso de un tipo de derecha que fue derrotada en el mundo de 1945.

Me permitiréis todavía un ejemplo para zanjar rápidamente esta cuestión. Uno de esos filosofastros apologetas del totum liquet, del todo vale supuestamente de izquierda y antisistema, Steve Fuller, acaba de comparecer para testificar voluntariamente en un tribunal de Dover, Pensilvania, a favor de los padres cristianos fundamentalistas partidarios de que se enseñe en las escuelas la pseudodoctrina neocreacionista del Diseño Inteligente –avalada por Bush, y ahora también, según parece, por el papa de Roma— en pie de igualdad con la teoría de la evolución de estirpe darwiniana: el todo vale, ahora como en la Europa de los años veinte y treinta, sólo beneficia a la derecha más extrema.

SinPermiso –ya lo habréis adivinado— está firmemente comprometida con los valores de la claridad –la cortesía del filósofo—, de la razón, de la voluntad desinteresada de conocer, de respeto de los hechos objetivos y de cultivo de la consciencia histórica, y considera esa actitud filosófica de base, no sólo buena en sí misma, sino herramienta imprescindible e irrenunciable en la defensa de la cultura democrática del antifascismo, hoy seriamente amenazada. SinPermiso milita consciente y decididamente contra esa pseudoizquierda académica majadera, compuesta de lo que Marx llamó en su día halbwissende literatti (literatos que saben las cosas a medias), y que, acaso sin saberlo, reproduce en nuestros días –y exporta fuera de Europa— la confusión, la obscuridad y el relativismo que fueron el caldo de cultivo espiritual en que creció el fascismo europeo en los años veinte y treinta del siglo pasado. Por eso en este primer número de SP en papel nos hemos esforzado especialmente en marcar esa línea: está la entrevista a Jacques Bouveresse, el gran filósofo francés, de reputación internacional, que desde hace años ha plantado valientemente cara –arrostrando todas las consecuencias que conlleva el aislamiento académico en su propio país— al triunfo de la arbitrariedad y la impostura que ha traído consigo en la vida académica francesa la lamentable cultura filosófica estructuralista y postestructuralista. Por eso también hemos publicado el artículo del filósofo norteamericano Daniel Dennett, un brillante desenmascarador filosófico tanto del relativismo postmoderno pretendidamente de izquierda como del relativismo fundamentalista del obscurantista Diseño Inteligente promovido por Bush. Y por eso también hemos publicado en este primer número el ensayito bibliográfico de María Julia Bertomeu sobre la obra de Terry Eagleton, el inteligente crítico cultural británico desencantado políticamente con –y ahora acerbo crítico filosófico de— la “Théorie”, o el artículo de Noam Chomsky, el gran adalid de la izquierda racionalista y universalista de nuestros días, sobre la universalidad de los derechos humanos, o la nota de Daniel Raventós sobre la promoción obscurantista del Diseño Inteligente.

3 Todavía una tercera serie de convergencias entre los iniciadores del proyecto SinPermiso. A pesar de proceder de tradiciones socialistas bastante distintas, nos sorprendió coincidir en una revisión autocrítica muy parecida de la historia del socialismo y de sus fracasos y éxitos en el siglo XX. Incluido, por supuesto, el papel central que los valores republicano-democráticos han jugado en las mejores tradiciones socialistas del XIX y del XX, y la crítica a lo que Florence Gauthier, María Julia Bertomeu y yo mismo venimos llamando desde hace tiempo el “marxismo de derecha”, una visión común al grueso de las socialdemocracias y de las distintas variantes del bolchevismo: a la necia idea, esto es, de que la Revolución Francesa fue un episodio de rebelión burguesa, y no, precisamente, la gran revolución popular democrático-plebeya en la que cristalizaron los valores centrales y más universalizables de la izquierda contemporánea.

De ahí deriva, me parece, el interés, común a todos, en la recuperación de la vieja y genial idea de Rosa Luxemburgo sobre el papel destructor, expoliador y desposesor del capitalismo –señaladamente, del capitalismo colonialista y neocolonialista—, así como una acentuación, en la que ha insistido sobre todo en los últimos años nuestro compañero Elmar Altvater –miembro del Consejo Editorial de SinPermiso— del lado destructor, más que del lado creativo del capitalismo como cultura económico-social. Autores en esa línea, que nos interesa de modo muy destacado a todos, o a casi todos, los miembros de SinPermiso, han venido siendo ya repetidamente publicados en el semanario electrónico de SinPermiso (www.sinpermiso.info): el siempre profundo, estupendo Mike Davis –asimismo miembro del Consejo Editorial de SinPermiso—, o el gran geógrafo marxista David Harvey, y otros herederos de la gran tradición del socialismo no incautamente “progresista” de un Walter Benjamin o de la misma Rosa Luxemburgo. Adolfo Gilly es quien más insistentemente ha hecho hincapié entre nosotros en la importancia del carácter destructor de modos de existencia tradicional (de “mundos de vida”, según prefiere decir él) del capitalismo remundializado de nuestros días y en sus consecuencias políticas y espirituales, como podréis ver en el artículo suyo –cofirmado con dos compañeras del colectivo de SinPermiso en México— que aparece en el número 1 de la revista semestral.

4 Y por acabar en algún sitio esta recopilación improvisada de felices coincidencias entre gentes de trayectorias biográficas distintas, nacionalidades distintas y generaciones distintas, se puede decir: nos une un cierto desprecio por lo que Adolfo Gilly ha llamado alguna vez la “política-política-política”. Todos nosotros –y especialmente los veteranos— estamos cansados del consignismo, el tacticismo de coyuntura y la visión meramente institucional de la política, y al revés, estamos interesados en la reflexión seria, analítica, veraz, no en el ademán protréptico, ni menos en los llamados de urgencia y en el maniobrar del día. (Eso lo habréis podido constatar incluso en el semanario electrónico, que por definición ha de ser más “actual”. No digamos en el SinPermiso semestral en papel, que busca reflexiones de fondo y relativamente intemporales.) A todos nosotros nos importa al menos tanto como la política institucional, la política de la vida cotidiana y su impacto en las clases subalternas. Todos somos hijos de la derrota –de varias y dolorosas derrotas—, y queremos ayudar a encontrar el camino para salir de ella sólo en la medida en que modestamente podemos: contribuyendo –ya se verá con qué provecho— a transitar el humilde, pero imprescindible, trecho de ese camino que hay que recorrer con la cabeza.

Eso explica, sin duda, también el vivo interés que varios redactores y amigos cercanos de SinPermiso sienten por elaboraciones normativas analíticamente, capaces de hacer pensar de una forma articulada en futuros alternativos, y muy señaladamente por la idea de un ingreso ciudadano universal, como le llamáis en la Argentina, o de renta básica incondicional: en eso están María Julia Bertomeu (asesora científica de la revista internacional Basic Income Journal), Daniel Raventós (presidente de la sección española del Basic Income Earth Network, BIEN) y Carlos Abel Suárez (miembro de la sección argentina del BIEN), los tres redactores de SinPermiso), y David Casassas (actual secretario general del BIEN), Philippe van Parijs (uno de los destacados fundadores del BIEN) y Rubén Lo Vuolo (presidente de la sección argentina del BIEN), los tres miembros del Consejo Editorial de SinPermiso. También nuestros amigos parisinos, Florence Gauthier y Hugo Moreno (miembros del Consejo Editorial de SinPermiso), se han interesado seriamente por la propuesta, que dicho sea de pasada –y es importante decirlo aquí, en la Argentina, en donde alguna vez se han oído bromas escurriles sobre el asunto— podría significar un correctivo serio, entre otras, a la cansina insistencia de cierta izquierda neonacionalista en políticas sociales y económicas exclusivamente fundadas en un productivismo a ultranza del que, cualesquiera que sean sus otros méritos, lo menos que cabe decir es que es de todo punto anacrónico en la era del peak oil. Me permitiréis, pues, que termine este punto recomendando vivamente la reflexión que en el primer número de la revista semestral que hoy presentamos publica sobre “La renta básica como programa socialista” el fino sociólogo marxista norteamericano Erik Olin Wright (asimismo miembro del Consejo Editorial de SinPermiso).

Invitación a colaborar

Con lo poco que va dicho, me parece que queda claro que SinPermiso nació como un proyecto con voluntad de línea política y crítico-cultural bastante definida. Que no quiera ser cajón de sastre, no quiere empero decir que no se proponga una tarea ecuménica entre la izquierda: quien se haya asomado alguna vez al semanario electrónico –que tiene ya un año largo de existencia— lo habrá podido comprobar: hay un amaplio abanico que va desde el liberalismo de izquierda serio (Amartya Sen, Martha Nussbaum, Joseph Stiglitz, Philippe van Parijs) hasta el marxismo o el socialismo libertario laicos (Hugo Blanco, Mike Davis, Tariq Ali, Emir Sader, Rossana Rossanda, Luciano Canfora, Noam Chomsky, David Harvey, Michel Albert, Marco Revelli, José Luis Fiori), pasando por la socialdemocracia crítica (Oskar Lafontaine, Javier Diez Canseco) y el catolicismo comprometido con la izquierda, “laico” también, si se permite aquí una broma inocente (Frei Beto es no sólo un colaborador habitual del semanario, sino un miembro del Consejo Editorial de SinPermiso). Así pues, en resolución, SinPermiso está abierto en general al pensamiento laico, enemigo por igual de la obscuridad de las jergas sectarias, académicas o no, y de la infertilidad de las escolásticas dogmáticas. (Se me permitirá recordar aquí que el maestro de muchos de nosotros, Manuel Sacristán, dijo una vez, comentando un gran libro de su amigo el historiador marxista Edward P. Thompson, Miseria de la teoría –un libro que debería ser de obligada (re)lectura para cualquiera que se interese hoy en la regeneración del pensamiento de la izquierda—, que el marxismo estructuralista francés era escolasticismo sin la única virtud del mismo, a saber, la claridad.)

Eso, en general.

Pero muy en particular, SinPermiso está abierto a quienes piensan, con Rosa, con Mariátegui y con Gramsci, que la verdad es “revolucionaria”, lo que era su forma, quizá no tan anticuada, de decir que honrar la verdad está por encima de todo.

Abierto a quienes piensan, con Brecht, que cuando la verdad está demasiado amenazada como para defenderse, debe pasar a la ofensiva

Abierto a quienes piensan, con Benjamin, que ni siquiera nuestros muertos están a salvo de la victoria del enemigo

Abierto a quienes piensan, con Cervantes, que la historia es la madre de la verdad

Abierto a quienes piensan, con Machado, que ni el pasado ha muerto ni está el mañana –ni el ayer— escrito

Y abierto, por acabar en algún sitio, a quienes piensan, con Brecht –tiene derecho a doble cita, ahora es que el 50 aniversario de su muerte—, que la filosofía no debe tratar de persuadir a nadie, sino sólo mostrar y dar qué pensar.

A todos quienes así piensan, que son muchos –como en este año de existencia en la red hemos tenido ocasión de comprobar con cartas, donaciones, colaboraciones literarias, sugerencias y traducciones enviadas gratis et amore : ¡muchas gracias!—, a todos, digo, convocamos fraternalmente a colaborar en la forma que consideréis oportuna con SinPermiso.

Antoni Domènech es el editor general de SINPERMISO

Transcripción y edición para http://www.sinpermiso.info de esta intervención en el acto de presentación en Buenos Aires de SinPermiso semestral: Amaranta Süss y Casiopea Altisench

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