Melenchon en campaña / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2017/04/13

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Mitin de Melenchon en Marseille el 9 de abril. Bastante impresionante. El hombre tiene mucho genio, a veces su peor enemigo es el mismo, pero la naturaleza de su discurso es impresionante. Este es un orador nato, de gran fuerza y belleza, su palabra llega, causa embeleso, deja mudos a sus oyentes, explica, es pedagógico, transmite esperanza, no elude los temores, las dudas, pero nos dice que solo nuestra unidad podrá vencer los peligros. Este no habla de gatitos y gilipolleces. ¿Quieres saber cómo se habla en clave republicana clásica, poniendo la identidad de la República al lado del pueblo? Pues escuchad a Melenchon. Defiende refundar la República, comprometerla con los derechos sociales, replantearse seriamente la cuestión europea, actualmente una trampa neoliberal, hasta donde haga falta, salir de la OTAN, asegurar la sanidad y la educación pública, acabar con la exclusión social, desea una República que permita un futuro en común, fraterno, solidario, en libertad y valiente. Darle sentido de nuevo a la palabra república.

Melenchon propone que de ser elegido convocaría una asamblea constituyente que redactara una nueva constitución que diera paso a la Sexta República, la del pueblo. Si se me vota sabed que echaremos a todos y cambiaremos realmente las cosas, lo que incluye que si se tiene que marchar lo hará el mismo, lógico por otra parte pues un presidente de la 5ª no podría serlo de la 6ª sin una nueva elección. Sobre qué hacer socialmente, Melenchon parte de la existencia de una enorme masa creciente de excluidos, pobres y precarios en la sociedad francesa; debemos redistribuir la riqueza que generamos que es mucha, y plantearnos seriamente reestructurar el proceso productivo en una dirección que permita sostenibilidad ecológica pues el modelo actual aboca a la catástrofe. Francia tiene, afirma, el conocimiento y las personas capaces de hacer frente a este desafío. Sobre la Unión Europea es muy claro. El modelo actual neoliberal, con su jaula de Tratados al servicio de lobbies y del capital, está destruyendo la sociedad francesa, eso debe acabar y propone directamente abandonar los Tratados Europeos. Respecto de las amenazas a la paz y las guerras, recuerda que en la actualidad los conflictos locales son muchos y la tensión internacional grande y la amenaza de guerra sigue ahí: propone reforzar el papel de la ONU seriamente y abandonar esa maquina de guerra al servicio de los norteamericanos que es la OTAN. Expone su rechazo al libre comercio de la globalización, a los tratados TTiP, y propone un proteccionismo solidario, tacha el libre comercio actual de amenaza ecológica y social y de insostenible, aboga por acuerdos solidarios con otros países y proteger un modo racional de producir y consumir, como por ejemplo favorecer que las zonas de producción agrícola estén lo más cerca posible de los lugares de consumo. Dice con claridad que hay que poner límites: ¿porqué se consiente que productos construidos con mano de obra esclava infantil se vendan libremente? Esto se debe combatir. Los productos deslocalizados, construidos, montados, distribuidos a lo largo de todo el mundo que se apoyan en el dumping y en la precariedad son además de insostenibles, injustos y se deben limitar. Esta línea de debate es ya un golpe directo a la globalización neoliberal y nadie la plantea sino él. Respecto de la energía, el objetivo debe ser el 100% de renovables, abandonando lo nuclear. Fundamentalmente Melenchon propone poner todos los recursos de la República al servicio del pueblo en un futuro común para todos.

No deja de ser curioso que en Francia la izquierda se reagrupe bajo la bandera «política» de la república y su candidato sea alguien que pretende refundarla; digo curioso en comparación con España. En Francia se rescata y se explicita el mensaje originario republicano y se sitúa como candidato a quien lo encarna. En España, la «izquierda» elude la república en sus mensajes electorales, en su política diaria, en su práctica parlamentaria, en sus alianzas, la limita a atrezzo y a guiños internos, no forma parte de su estrategia porque decir República en España es antisistémico y a tanto no llegan algunos. Cierto que Melenchon no es antisistémico, claro que no, pero su presidencia y su programa no son deseados por el poder, su triunfo electoral representaría la primera victoria de la izquierda en una batalla decisiva desde 1945.

Si Melenchon llega a la segunda vuelta —lo que es posible si bien difícil— ante Le Pen,vamos a asistir a un curioso espectáculo. Entre Melenchon y Le pen no habría »unión sagrada» entre los «demócratas», casi seguro que buena parte de la derecha se quedaría en casa o votaría fascista. Para muchos es un escenario de pesadilla. Si hubiera tal enfrentamiento cualquier cosa podría pasar. Si Melenchon ganase habría un terremoto político de enorme intensidad; Hamon, el ex-JUSO, del Partido Socialista, está en la nada, la credibilidad de su partido tiende a cero, se hunde y sus votantes con auto-imagen de izquierda van a Melenchon; Valls fuera de juego; Fillon, de la derecha republicana, aparte de ser un reaccionario en muchos temas, está tocado por sus abusos y nepotismos; Macron, el candidato sistémico neoliberal, que va por libre, ex-alto ejecutivo de la Banca, el hombre del capital, de la patronal, del poder, el que va a «podar» el árbol de la República de su parte social y adaptar a Francia a las necesidades del mercado protegido por los poderes no electos, es el favorito de la prensa de los grandes grupos empresariales; un Macron presidente prolongaría la dualización de la sociedad francesa en unas minorías con privilegios, y una masa incesante de precarios y excluidos, prolongaría la agonía de la República y su decadencia, y en última instancia pondría las bases sociales del fascismo futuro . El sistema apuesta por una gran final entre la extrema derecha y el neoliberal. La pesadilla habitual, pero esta vez más descarnada. Quien se presente ante Le Pen recibirá mucho voto transversal y podría ganar, de ahí que la primera batalla de Francia sea quien queda el primero entre los que no son Le Pen.

Melenchon no es perfecto ni mucho menos. Su posición es equivoca en algunas cosas (Israel, Siria, Libia), pero en casi todo es intragable para el poder. De llegar a la segunda vuelta, se vería con claridad que el sistema, en caso de duda, apuesta por el fascismo y tratarían de hundirle.

Francia tiene problemas sociales serios. No es broma. La erosión de la República, inducida por los giros liberales, ha roto su máquina de integración social. Hay malestar, precarizacion, tensiones no resueltas y de difícil solución. Le Pen cabalga sobre los miedos de buena parte de las clases medias y trabajadoras, los pone a su favor, propóne una huida hacia adelante, es un fascismo sin lugar a dudas. Todos los demás, excepto Melenchon, proponen nuevas dosis de la receta que ha causado los males y alimenta a Le Pen. Solo Melenchon representa un cambio y una esperanza. La Sexta República, la república del pueblo.

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