Un último día en un aula / Pedro A. García Bilbao

Posted on 2017/05/11

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Acabo de terminar el último examen. He tenido este cuatrimestre cuatro grupos distintos. Me toca ahora corregir, notas, tal vez tutorías de revisión, quizá alguno vuelva para que le tutele su trabajo fin de carrera en uno o dos años. tal vez haya alguien que suspenda y siga, el hecho es que hoy es el último día de este grupo. No volverá. No volverán a estar como grupo conmigo.

Recuerdo cada caso, las intervenciones, las actitudes, su forma de reaccionar, como alumnos individuales, chicas y chicos, como grupo; cada persona es un mundo, y juntos son algo especial. Cada grupo es diferente. Este lo componían alumnos de doble grado —dos carreras–, Periodismo y Economía, Histoira, Ciencia Política. Les he impartido Estructura Social Contemporánea. Acaba de salir el último alumno por la puerta y estoy solo en el aula, miro los bancos vacíos. No sé, es algo extraño. He procurado compartir con ellos lo que he aprendido, enseñarles en la medida de mis conocimientos a ser críticos, pero sobre todo a formarse, a leer y escribir académicamente, a investigar, a afrontar lo desconocido y a pensar científicamente. He procurado mostrar el sentido de la maravilla que hay en las cosas que nos rodean y como la ciencia nos ayuda a comprender el mundo, porque yo sí creo en la ciencia, no como un absoluto, sino como una manera de mirar la realidad para abrirnos paso entre tanta oscuridad; la fragil llama que nos ayuda a encontrarnos.

Les he dado a todos las gracias cuando han ido entregando sus exámenes y sus memorias personales, han sido un buen grupo; hay entre ellos unas muchachas serias y bien preparadas, con ilusión por conocer, hay unos muchachos serios y responsables, hay también a quienes les cuesta moverse en un mundo de libros e ideas porque están entrando ahora por primera vez en serio en esto; se nota mucho si los padres leen, si en sus casas hay libros, si a su alrededor hay quienes les hayan enseñado a amar el conocimiento o no lo hay, y esto no tiene que ver con tener título o no, sino con valores; la cuestión de clase social es un factor clave, unida a los valores.

No estoy aquí para formar engranajes de una máquina o esclavos para un mundo laboral inhumano, tampoco para disfrazar la realidad con palabras falsas, al contrario, estamos para ayudar a esclarecer la realidad y ayudar a la formación integral de las personas y dentro del ámbito disciplinar determinado, profesionales bien preparados que sean capaces de pensar, aprender y compartir lo aprendido.

Me han hecho sentir con fuerza la responsabilidad de mi trabajo, no es fácil alimentar esa curiosidad y disciplinarla —porque la curiosidad sin método y sin rigor se pierde por sí misma— pero lo he intentado, obligándome a superar mis propias flaquezas, preocupaciones y dudas; no siempre lo logro, a veces desfallezco y debo hacer un esfuerzo por reponerme. Es por ello que agradezco tanto el interés, la curiosidad esa de la que hablaba y el buen trato que nos debemos mutuamente todos. Se ha cerrado la puerta y al quedarme solo he guardado en una bolsa los materiales y me he quedado pensativo aquí sentado. Conozco los peligros que hay ahí fuera y que gravitan sobre la enseñanza pública. Ojalá salgan adelante, sean felices, tengan sus vidas plenas y dignas, tengan trabajo y se sientan y sean útiles. Lo siento así en lo más profundo.

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