Enrique Moradiellos: «Las cartas de Negrín a Roosevelt y Stalin desmienten que fuera un iluso». Reseña: «Textos y discursos políticos» de Juan Negrín

Posted on 2017/07/23

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El responsable de la reciente edición de Textos y discursos políticos de Juan Negrín, el historiador Enrique Moradiellos revisa, a la luz de estos documentos, la actuación del estadista durante el conflicto civil que enfrentó a la II República con el ejército sublevado. Moradiellos no niega que la estrategia de Negrín fracasara, pero afirma que entiende por qué lo hizo y señala que en aquel momento no había otra alternativa. “Solo cabía otra política, la entrega, y dudosamente hubiera ahorrado hipotecas de sangre”, apunta

ALEJANDRO ZABALETA | A CORUÑA

–¿Con qué perfiles emerge el Juan Negrín que habla en estos Textos y discursos políticos?
–La recopilación ofrece una imagen bastante cabal de lo que fue el personaje político. Son textos que van desde su entrada en la política en el año 29 hasta 1956, año de su muerte. No fue particularmente dado a escribir, fue mucho más lacónico en sus expresiones. No tan prolífico como Azaña, que llevaba un diario, ni como Prieto, que era periodista. Pero los suyos no son textos baladíes. Dan una clara idea de que es el gran estadista de la Guerra Civil; si la época de la II República se asocia a la figura de Azaña como referente del proyecto de reforma democrática de los años 30, Negrín es el hombre de la Guerra Civil.

–Se lee el desmoronamiento de alguien que en 1937 aseguraba que la victoria era segura, y acaba, año y medio después, implorando ayuda a Roosevelt en un tono sombrío.
–Hay una evolución muy clara entre el primer Negrín de la esperanza de la victoria y el de la resignación de la derrota, una diferencia entre los primeros discursos, que alientan la esperanza, y las cartas que les escribe a Stalin y Roosevelt pidiendo que hagan algo. Él cree que es posible superar el desafío de la Guerra a favor de la República hasta prácticamente la derrota final en la batalla del Ebro. A partir de ahí, Negrín trata no ya de resistir hasta que estalle una guerra europea a la cual poder sumarse, sino para conservar una posición mínima de fuerza disuasoria, que arranque al enemigo condiciones de capitulación. Un armisticio, de facto si no de iure, que permita que los que quieran puedan marchar de forma organizada y sin ser excesivamente hostigados por operaciones militares. Eso más o menos se logra en la evacuación de Cataluña. Negrín consiguió que Francia abriera la frontera al paso de medio millón de civiles, lo que significó para muchos de ellos salvar la vida. Pero la evacuación del centro fue tan difícil que no fue posible. Intentó articular una retirada protegida por el Ejército, con barcos mercantes protegidos por la flota republicana que llevaran a entre 10.000 y 20.000 personas al exilio.

–Entonces, era muy consciente de la situación y de lo que suponía la política de resistencia, no como lo han querido pintar su enemigos.
–Pero la República se encontraba en condiciones de deterioro de la moral de combate, con una sucesión de catástrofes militares imparable desde hacía más de un año, de absoluta eliminación de esperanza de intervención extranjera y de desagregación de la coalición política que la había sostenido. Todo eso se cae y el estado republicano desaparece. Franco gana la guerra porque el enemigo se le disuelve. Pero si hay que resignarse ante la derrota, como mínimo hay que salvar el honor, y creo que lo logró. Las cartas a Stalin y Roosevelt son clarividentes y desmienten la idea que lanzaron su adversarios políticos republicanos de que era un iluso. No lo era, pero sabía que hay cosas que no se deben decir en público.

–En un discurso que da en México en 1945 culpa de la derrota a la falta de moral y, sin especificar nombres, llama líderes de pacotilla a algunos correligionarios.
–Considera que hay un cúmulo de factores que precipitaron la derrota, pero da un valor cada vez más importante al factor de dirección política y a la moral de combate, aunque salva a los militares. ¿En quién está pensando? En Azaña, en Martínez Barrio, en Prieto… Hubo muchos protagonistas políticos e instituciones que no estuvieron a la altura de las circunstancias. El Partido Socialista se divide, se pulveriza, cuando era un pilar del negrinismo. Negrín creyó que con otras personas no hubiera pasado lo que pasó al final.

–Pero a la luz de los hechos su estrategia fue un fracaso
–Yo no niego que la estrategia de Negrín fracasara, pero trato de entender por qué se hizo y qué lógica había. ¿Había otra alternativa? Parece que no. Si hubiera existido, ¿por qué no la utilizaron sus enemigos a partir de la crisis de marzo del 38? Sólo cabía otra política, la entrega, y muy dudosamente hubiera ahorrado hipotecas de sangre.

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