Un triángulo siniestro / Miguel Puig

Posted on 2017/08/23

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Fuente: La Vanguardia /

La medida más radical contra el terrorismo es acelerar la descarbonización de la economía

Los ataques terroristas de la semana pasada justifican que dediquemos atención a la relación entre el petróleo, la globalización y el terrorismo.

Aunque en este caso los autores materiales procedían de Marruecos, es indudable que el foco del terrorismo islámico está en Oriente Medio, una región desestabilizada permanentemente debido a su riqueza petrolífera, y cuyo control se disputan Irán y Arabia Saudí, patrones, respectivamente, de las comunidades musulmanas chií y suní.

En cuanto a Irán, su democracia fue destruida por la acción combinada de la CIA y los servicios secretos británicos (1953) para evitar que se materializara la decisión de nacionalizar los activos de la actual BP.

En cuanto a Arabia Saudí, es sólo gracias a los ingresos del petróleo que su régimen totalitario es capaz de comprar la legitimidad a quien (como en la Europa medieval) la puede proporcionar: el clero. Este ha utilizado 10.000 millones de dólares para imponer la versión más radical del islam en el mundo suní, por lo que el wahabismo, que era tradicionalmente marginal, ha crecido exponencialmente desde principios de los setenta.

Para buena parte de los terroristas islámicos (empezando por Bin Laden), Occidente es culpable porque interfiere en la región para controlar su petróleo, por lo que (y esto ha sido estudiado estadísticamente) un buen número de los autores de ataques terroristas los justificaban de esta manera.

Aún más, la guerra de Siria no es sólo una manifestación más de la guerra Irán-Arabia Saudí financiada con petróleo; es también una consecuencia del cambio climático producto del consumo del petróleo: una sequía prolongada desestabilizó el delicado equilibrio de una minoría chií controlando una mayoría suní.

La globalización es también clave para entender el terrorismo. En primer lugar, porque la diáspora musulmana facilita la financiación del terrorismo a través de las transferencias del zakat, el impuesto religioso que todo musulmán debe pagar y que, en el extranjero, gestionan a menudo los imanes; en segundo lugar, porque el establecimiento de mezquitas y oratorios en la diáspora sólo es posible gracias a las donaciones árabes, las cuales imponen que los imanes sean wahabíes; en tercer lugar, porque el principal medio de captación de terroristas son las redes sociales. Finalmente, porque la globalización alienta el terrorismo: una decena de muertos en la Rambla de Barcelona tienen un impacto inmediato y global.

En definitiva, mientras aplaudimos la eficacia de nuestra policía, y mientras nos escandalizamos por haber tolerado durante tantos años que el Barça haya exhibido el logo de Qatar y que la familia real haya exhibido su amistad con la saudí; mientras hacemos todo esto, no podemos sino concluir que la medida más radical que podemos llevar a cabo para combatir el terrorismo es acelerar la descarbonización de nuestra economía.

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