La mutación del terror salafista / Pedro Baños

Posted on 2017/08/24

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El terrorismo islamista se ha convertido, por desgracia, en tema de sobremesa en los países europeos. Pero mientras estos ataques están consiguiendo el objetivo de incrementar el odio y los comportamientos xenófobos dentro de nuestras sociedades, no vendría mal volver a plantearse ciertas cuestiones de base: por qué se llevan a cabo y quién mueve los hilos de este entramado de violencia transcontinental.

IS y el ‘califato’ relevan a Al Qaeda

Las revueltas árabes de 2011 marcaron un antes y un después en el último siglo, pues sirvieron de germen para el autodenominado Estado Islámico, conocido como Daesh o IS. Lo que empezó como un movimiento local en Túnez, se extendió a Siria e Irak, donde antiguos miembros del ejército y los servicios de inteligencia de Sadam Husein aprovecharon la confusión de la situación para autoproclamar un nuevo pseudo Estado. La creación de este «califato» es un hito dentro del terrorismo salafista-yihadista que ni siquiera encuentra precedente en su antecesor, Al Qaeda.

En este contexto, más de 60 países se aliaron para detener el avance de Daesh y, con Estados Unidos a la cabeza, emprendieron severas medidas militares contra los territorios ocupados. Este momento fue decisivo para desencadenar la ira de Daesh contra Occidente. La relación entre los hechos es clara: a medida que países como Reino Unido y Francia bombardeaban los territorios ocupados por el IS y utilizaban sus fuerzas de operaciones especiales en esos escenarios, se producían los primeros ataques terroristas contra países europeos.

Para las primeras acciones en Europa, el IS empleaba a combatientes procedentes de Siria e Irak, al menos para la organización y dirección de las células terroristas. Sin embargo, al intensificarse la seguridad en las fronteras, tanto entre Siria y Turquía como en toda la Unión Europea, Daesh se vio obligado a cambiar su estrategia, e intentó movilizar a musulmanes residentes en los propios países europeos o incluso con nacionalidad europea. Este ha sido el caso de los autores de los atentados de Barcelona y Cambrils.

Los nuevos perfiles de los terroristas

El perfil de los terroristas suele coincidir con personas que se sienten frustradas, que se ven sin salidas o marginadas, en ocasiones pequeños delincuentes. Gente joven que está buscando su camino y es, por tanto, muy influenciable y manipulable. La falta de identidad suele ser uno de los principales motivos. Son inmigrantes de segunda o tercera generación que no saben a dónde pertenecen, que no se identifican con la sociedad que les cobija y les sostiene, pero a los que tampoco les queda ningún vínculo con sus países de origen. El terrorismo les da nuevas esperanzas, les engrandece, les convierte en héroes y, en definitiva, les motiva para seguir viviendo hasta que llegue la hora de morir por una causa que consideran superior.

A pesar de la obvia relación entre el salafismo-yihadismo y el islam, se da la paradoja de que en algunos casos los terroristas no son practicantes religiosos, sino adeptos relativamente nuevos y, por tanto, mucho más fáciles de radicalizar y fanatizar. A menudo, los atacantes no están motivados por los verdaderos propósitos del IS, que a veces incluso desconocen, sino por un deseo de glorificación y reconocimiento individual, cuando no por mero inconformismo.

En países como Francia o Reino Unido, el IS intenta debilitar las bases democráticas de la sociedad y conseguir que la población presione a los dirigentes para detener las acciones militares contra el territorio ocupado. Pero más allá del deseo de venganza, ¿qué pretende el Daesh? ¿Y por qué atacar a un país como España que no juega ningún papel relevante en los escenarios bélicos de Siria e Irak?

Este grupo terrorista considera que nuestras sociedades han entrado en un bucle de decadencia y depravación, mientras que ellos se consideran los defensores de unos valores puros e inamovibles. El terrorismo que estamos sufriendo tiene una base salafista. El salafismo proviene de la palabra «salaf» que significa «ancestro» o «predecesor», y eso es exactamente lo que el IS quiere, recobrar los momentos de gloria del islam y las creencias puras de sus antecesores. Y lo pretende conseguir a través del yihadismo, que hace referencia a la guerra santa y a la determinación de combatir a todos aquellos que no coincidan con sus pensamientos, incluyendo a todos los musulmanes que no quieran adherirse a esta visión rigorista y extrema de la religión.

El origen marroquí de los que atentaron en Barcelona y Cambrils

Dentro de este marco, España es un objetivo simbólico de primera magnitud, ya que todavía representa los siglos de mayor esplendor del islam. Al Andalus simboliza la pureza del islam que ellos defienden. Un islam sin contaminar por los «infieles» cristianos, y en el que ellos ostentaban el poder y la sabiduría. El ansia por recuperar los territorios de Ceuta y Melilla cuadra a la perfección en este deseo de volver a sus tiempos de gloria. Esto explicaría en parte por qué los terroristas abatidos en Cataluña eran marroquíes, o de origen marroquí, y no procedentes de Oriente Medio, como en casos anteriores. La cercanía geográfica permite a estos chicos, muy jóvenes, identificarse fácilmente con las exigencias del IS.

Más de la mitad del medio millón de musulmanes que residen en Cataluña son marroquíes, junto a unas 30.000 personas de origen marroquí nacionalizadas como españolas. Además, la mitad de los centros de culto salafista de España están en Cataluña, por lo que captar a miembros de esta comunidad se vuelve fundamental para el IS y crea un caldo de cultivo idóneo para que puedan extender sus tentáculos.
Es esencial no olvidar los términos salafista-yihadista porque en ellos reside la esencia de los terribles actos de violencia que Europa está sufriendo. Entender lo que se oculta tras ellos permite no meter en el saco del terrorismo a los más de mil seiscientos millones de musulmanes, también víctimas de estos actos de fanatismo. Y, sobre todo, debe ayudarnos a no caer en su trampa y no darles el gusto de dejar que nuestros principios democráticos se resquebrajen. Cada mensaje de odio en las redes sociales, es un pequeño triunfo para los terroristas.

Pedro Baños es coronel, analista geopolítico y experto en terrorismo.

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