Discurso a los diputados de Acción Republicana tras las elecciones constituyentes de junio de 1931 / Manuel Azaña

Posted on 2018/08/07

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Manuel Azaña. Los primeros navegantes de la República

(…) Esto es, amigos y correligionarios, lo que nosotros podemos anunciar y ofrecer a la opinión republicana en vísperas de comenzar las Cortes sus labores constituyentes. ¿Qué nos reserva el porvenir? No lo sé. Unos partidos crecerán, otros desaparecerán. ¿Qué importa? Navegaremos con la República española que hemos contribuido a crear.

Nadie puede alabarse de ser el autor de la República española; la ha traído el pueblo; pero dentro del pueblo, Acción Republicana, sus componentes, sus dirigentes, sus afiliados, han dado el ejemplo de disciplina, de abnegación, de sacrificio cada vez que las circunstancias de la revolución lo han exigido, y estoy seguro de que dará en el Gobierno, en el Parlamento y dondequiera que sea, el mismo ejemplo dado hasta ahora en el Gobierno provisional.

Nosotros emprenderemos ahora una navegación difícil; ya nuestra nave republicana ha salido al mar libre; ya tenemos República, ya tenemos libertad política. Quiero decir que ya somos los árbitros y los responsables de nuestra conducta. Ya no podemos echar la culpa al rey de nada de lo que pase en España; ya no podemos echar la culpa a ningún poder extranjero. Tenedlo presente: ya no hay ninguna otra causa que no sea la de nuestro propio arbitrio, nuestro entendimiento y nuestra voluntad.

Ésta es la inmensa responsabilidad que se nos ha venido encima. Miradlo bien, republicanos, que el día de nuestro fracaso no tendremos a mano el fácil recurso de echar la culpa a nuestro vecino.No, si la República española se hunde, nuestra será la culpa. Si no sabemos gobernar, la culpa será nuestra. No hay ya a quién echar el fardo de la responsabilidad. Ved que la libertad trae consigo esta tremenda consecuencia: la de una responsabilidad ineludible, no sólo presente ante nuestros conciudadanos, sino ante la Histórica, que nos pedirá cuentas de lo que hemos hecho de la confianza, de la admirable ingenuidad con que este pueblo español, maltratado por todas las tiranías, ha puesto en nuestras manos la magnifica ofrenda del régimen republicano español, para que nosotros hagamos de él lo que nuestro patriotismo y nuestro entendimiento nos consientan hacer.

¿Es que no nos damos cuenta de esta responsabilidad que cae sobre el partido republicano?

¿No vamos a tener la inspiración de este elevado patriotismo que late en nuestras almas de deponer ante la ofrenda de España, que nos ha dado su libertad, su confianza, que nos aclama en las calles, no vamos a tener, digo, la abnegación de hacer los mayores sacrificios y de deponer las ambiciones y los egoísmos, sacrificando incluso nuestra vida si es preciso para el mantenimiento de la libertad integrada por la República que el pueblo ha traído con sus votos?.

La nave republicana, que no tiene otro tripulante que nuestro amor a España ni otro impulso que este fervor inspirado por la República, donde se cifra la libertad de nuestro país, esta nave ha puesto proa al mar libre.

Gobernemos la República serenamente, firmemente, con mano inquebrantable, resueltos a defender la nación contra cualquier amenaza, contra todas las tempestades, y si surge alguna, que surgirá, probemos la destreza y el vigor de nuestro brazo, la dureza de nuestro ánimo y la implacable severidad que estamos dispuestos a desplegar contra cualquiera que intente levantar la voz, no sólo contra la institución republicana, sino contra la más mínima semeja de sus instituciones, de sus creaciones o progresos.

Lancémosnos a esta navegación, y cuando volvamos a las playas de origen, vencedores o vencidos, nos quedará por lo menos el sabor de haber sido en estos días los portadores de la bandera republicana, de haber sumado nuestro nombre al recuerdo de la instauración de la libertad, de haber sido los primeros navegantes de la República en nuestro país. He dicho.

(Grandes aplausos y prolongadas ovaciones). 

(*) Palabras finales del discurso pronunciado el 17 de julio de 1931 por Manuel Azaña en el banquete ofrecido por Acción Republicana a sus diputados, tras la victoria de los partidos del Gobierno provisional en las elecciones a Cortes Constituyentes.