Yo soy de clase media, ¿y usted? / Juan Carlos Barajas – Sociología divertida

Posted on 2019/02/09

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Yo soy de clase media, ¿y usted?

Este es el tercer artículo que escribo acerca de la estratificación social. En “¡Oiga usted que todavía hay clases!”, se hacía un análisis de la estratificación social a lo largo de la historia. En, “El gran montaje”, se explicaba el proceso de legitimación o cómo las élites consiguen justificar la desigualdad. En el presente artículo se analiza las clases sociales actuales.

Estoy seguro de que si en una encuesta científica se preguntara acerca de la clase social a la que se pertenece, la mayoría se colocaría dentro de la clase media. Estoy convencido de ello por dos razones, en primer lugar, hay grupo de trabajadores, normalmente de cuello blanco y en el sector de servicios, que no quieren aparecer como trabajadores, no entra dentro su visión del mundo considerarse como tales. En segundo término, hay un grupo menor en tamaño, que no quiere aparecer como rico bajo ningún concepto, cuando lo son de sobra, así que prefieren autocalificarse como de clase media alta como mucho. De todas formas hay que decir que asignar a las personas a una determinada clase social es cuestión más complicada de lo que parece.

La clase es la forma de estratificación social en la que se dividen las sociedades modernas, que surgió de la revolución industrial sustituyendo al antiguo régimen estamental. Si la sociedad se divide en clases, en una escala en la que cada una tiene más poder y dinero que la inmediata inferior, parece fácil describir qué clases son y quiénes pertenecen a cada clase. Pues no. Hay toda una controversia para ponerse de acuerdo en el número de clases, tipos de clases y dimensiones en las que medir la desigualdad entre ellas. No se arregla todo con clase alta, media y baja, y todo el mundo apuntándose a la clase media.

Para Carlos Marx, la dimensión de la desigualdad social es la propiedad de los medios de producción. Por lo tanto, habría dos clases sociales, los capitalistas o burgueses propietarios dichos medios y el proletariado cuya única “propiedad” es el trabajo.  Evidentemente, según esta visión, existe un claro conflicto de intereses entre ambas clases, dicho conflicto toma la forma de una continua lucha de clases que, por cierto según esta visión, es el motor de los cambios sociales a lo largo de la historia.

Uno reconoce aspectos reales en esta visión de la sociedad y ahora más que en los años anteriores cuando parecía que íbamos a vivir protegidos por el Estado de Bienestar, con el neoliberalismo campando a sus anchas, uno tiene la tentación de coger el Manifiesto Comunista e irse a la barricada. Controlemos pues nuestra indignación, somos científicos sociales y debemos hacer una sociología libre de valores. Hay que reconocer que la visión marxista de la estratificación es limitada, solo estudia una dimensión: la propiedad de los medios de producción, o su traducción al dinero, el capital. Y la sociedad es claramente más compleja que eso.

Max Weber realizó un análisis basado en tres dimensiones y, por tanto, más completo que el análisis marxiano. Las dimensiones weberianas son clase, estatus y poder. La clase hace referencia al poder económico, la renta o ingresos; el estatus al honor o al prestigio social y a los privilegios que derivan de dicho estatus y, el poder, al poder político. De manera que la posición de una persona en las clases sociales dependerá del cálculo de su posición dentro de cada una de las tres dimensiones, obteniendo lo que más tarde se ha llamado la posición socioeconómica de dicha persona. Dicho de modo más claro, un líder sindical probablemente no tenga unos ingresos elevados pero si disfruta de una posición elevada en la dimensión de poder y su posición socioeconómica será más alta que la de cualquier persona que obtenga sus mismos ingresos.

Los investigadores posteriores han tomado el análisis multidimensional de Weber añadiendo o modificando dimensiones como el nivel educativo, si el trabajo es  manual/intelectual, la cualificación ocupacional y otros. De manera que se adaptan a las distintas sociedades y distintos tiempos históricos, pero en la raíz, es la misma metodología que inventó Weber.

Pero eso no es todo, hay más problemas, nos faltan los detalles de la metodología a aplicar. Hace unas décadas se utilizaba, como patrón de medida de la posición económica de los miembros de una familia, al cabeza de dicha familia. Hoy en día está caduco este sistema ya que la mujer se ha incorporado al mundo del trabajo y es muy común la estructura familiar en la que los dos cónyuges trabajan. ¿Y cuando uno de los cónyuges tiene una posición socioeconómica muy superior al otro?. En estos casos, ¿tenemos en cuenta a las personas por separado o al núcleo familiar?. El método habitual es considerar a la familia al completo, de tal forma que si son tres los miembros de la familia que trabajan, si viven juntos, la posición socioeconómica es común. De hecho los hijos que están a cargo de sus padres comparten la posición socioeconómica de sus progenitores hasta que se independizan.

Y, como último paso, nos queda diseñar la estructura de clases a la que asignar a las personas según su posición socioeconómica. Para una sociedad moderna industrializada y, si me apuran, postindustrializada, y después de haber comparado varias clasificaciones, una buena sería: clase alta, clase corporativa, clase media-alta, clase media, clase media-baja, clase trabajadora y subclase.

En los países industrializados las clases altas constituyen entre 5 y el 10% de la población e incluyen un sector muy pequeño de súper ricos, en torno al 0,2 % de la población[i]. La componen la clase alta y la clase corporativa.

La pertenencia a la clase alta es casi siempre el resultado del origen o del nacimiento. Son los grandes propietarios, familias que poseen un enorme patrimonio normalmente heredado, de ahí que a veces se use el término dinero viejo. En el caso español, el prototipo de esta clase sería la familia de la Duquesa de Alba.

La clase corporativa, grupo tan privilegiado como lo pueda ser el anterior, son por lo general los grandes empresarios, altos ejecutivos de las empresas o grandes financieros. La principal característica que les diferencia de los anteriores es que dependen de sus ingresos y no de un patrimonio heredado.

Existiría un grupo menor formado por artistas y deportistas famosos con elevados ingresos y que habría que colocar dentro de las clases altas.

Las clases medias históricamente han estado constituidas por los grupos sociales intermedios entre los ricos y los pobres, personas que se ocupaban del comercio, la industria manufacturera y las profesiones liberales. Curiosamente Marx predijo su desaparición y Weber su crecimiento. A pesar del castigo al que son sometidas durante los períodos de crisis como el actual,  se han ido convirtiendo en un grupo amplio en las sociedades europeas, entre el 35 y 40% de la población.

La clase media alta es la más privilegiada dentro de las clases medias. Sus ingresos son notablemente superiores a la media del conjunto de la población. En muchos casos son propietarios, aparte de su vivienda habitual, de una segunda residencia, tienen más de un automóvil y una cartera de inversiones[ii]. Forman parte de esta clase, los profesionales liberales, cuadros directivos y predirectivos de la Administración Pública y las empresas. Suelen tener formación universitaria y sus hijos suelen recibir el mismo tipo de educación, de hecho no heredan sus puestos pero si que suele darse una alta tasa de reproducción social[iii].

La clase media-media está formada por profesionales que tienen amplia autonomía en su trabajos, seguridad en sus puestos y ejercen y detentan cierta autoridad. Suelen tener formación universitaria. Son los cuadros intermedios de la Administración pública y las empresas, pequeños comerciantes y pequeños propietarios. Suelen tener casa y vehículo propio.

Los miembros de la clase media-baja suelen tener trabajos de menor prestigio. Son empleados o trabajadores de cuello blanco, o trabajadores cualificados de cuello azul. Sus rentas suelen estar en torno a la media nacional, lo que les proporciona una calidad de vida relativamente modesta. Suelen acumular a lo largo de su vida algún patrimonio que España usualmente es la vivienda. La formación educativa en la mayoría de los casos suele ser el bachiller, o la formación profesional.

La clase trabajadora solía tener conciencia de clase, fuertes sentimientos de identidad enraizados en comunidades asociadas a una industria determinada como los metalúrgicos,  los mineros,  los obreros textiles, los de artes gráficas – que fueron los fundadores del movimiento obrero en nuestro país-. Con los cambios sociales habidos en los últimos años como son la reducción de las explotaciones mineras, la reconversión industrial y el incremento del sector de los servicios, han aparecido nuevas formas de empleo que han llevado al declive de estas viejas comunidades y, con ellas, de esa conciencia de clase de la que hablábamos a favor del individualismo. Es más, como indicaba al principio de este escrito muchos de los miembros de la clase de trabajadora no se autodefinen como miembros  de esta clase.

La clase trabajadora está formada por los trabajadores de cuello blanco y cuello azul no cualificados. Generan unas rentas familiares que por lo general son inferiores a la media nacional. Sus trabajos suelen ser rutinarios y sometidos a una fuerte supervisión por parte de la empresa. En España suelen tener vivienda propia ubicada en distritos o barrios modestos. Las familias de esta clase son muy vulnerables a los ciclos económicos, en épocas de crisis, sobre ellos recaen las mayores tasas de desempleo y empobrecimiento. Su formación es básica, suelen tener los estudios obligatorios.

La subclase[iv] abarca a todas aquellas personas que sobreviven entre el desempleo y el empleo precario. No necesitan de una crisis económica para empobrecerse. En su caso los subsidios o las ayudas sociales que reciben son críticos para la economía familiar. También se incluyen en este sector  los que reciben pensiones bajas, familias desestructuradas – como mujeres divorciadas o viudas con pensiones bajas y con hijos –, o los desempleados de larga duración, en términos generales, los que viven fuera del mercado laboral.

En Europa, el problema de la subclase a menudo va asociado a problemas de inmigración ilegal. Recién llegados, sin papeles y étnicamente diferentes son caldo de cultivo de la marginación, aunque la larga noche de la crisis que vivimos hace que este sector se engrose con personas del propio país.

Y para terminar, dos cuestiones que no puedo dejar de tratar. En primer lugar, desde hace unos treinta años, existe entre los sociólogos  un cierto debate sobre el fin de las clases sociales. Algunos autores argumentan que las sociedades modernas han ido desdibujando la frontera entre las clases hasta el punto de que el concepto “clase social” ha perdido utilidad. Según estos autores, aunque la desigualdad social siga creciendo, la cuestión es si estas desigualdades pueden justificarse mediante el concepto de clase.

Hoy en día, la línea divisoria que separa las clases no es de carácter político sino de estilo de vida o de hábitos de consumo. Más importantes que las diferencias entre trabajadores y propietarios de los medios de producción, son las diferencias entre el que tiene trabajo y el que está en el paro, el que tiene vivienda propia o está en alquiler, el que cobra un sueldazo y el que cobra un salario de miseria. Según Klaus Elder por ejemplo, las clases sociales se han disuelto en el tejido social, en donde ya no existe un conflicto bipolar entre trabajadores y empresarios sino conflictos multipolares como nos muestran los numerosos movimientos sociales surgidos desde la década de los ’60 – ecologismo, feminismos, pacifismos, etc -. Según estos autores, el análisis de las clases sociales se ha complicado hasta tal punto que ya no está claro lo que se está estudiando.

Yo opino que, a pesar de que todos esos cambios sociales son notorios y ciertos, el concepto de clase social sigue siendo útil a pesar de lo difícil que es su manejo desde un punto de vista empírico. Pero es que todavía, que yo sepa, no se ha inventado nada alternativo y, por lo tanto, es un concepto necesario para poder estudiar la estratificación social.

La segunda cuestión que quería tratar es lo que se ha denominado “el declive de la clase media”, es decir, una cierta tendencia hacia el deterioro de la calidad de vida y la seguridad económica entre las clases medias de las sociedades industriales. Creo que esa tendencia es cierta y se podría explicar fundamentalmente por dos razones – que pueden subdividirse en múltiples subrazones -, la primera de ellas es el fenómeno de la globalización de la economía. Gran parte de la industria que hace sólo una generación ofrecía trabajos bien remunerados en los países occidentales se ha trasladado a los países en vías de desarrollo. En su lugar las economías occidentales ofrecen nuevos empleos en diversas ramas del sector servicios que suelen estar peor remunerados y con ello se da un fenómeno de movilidad social descendente de la clase media hacia la clase trabajadora y una depauperación de la clase trabajadora.

Y ya por último – los que sufren con la longitud de mis artículos estarán de enhorabuena – en segundo lugar, como consecuencia también de la globalización y del pensamiento único[v], se está produciendo un  ataque sostenido al Estado del Bienestar que hace mella en las capas menos favorecidas de la sociedad, llevando consigo un empobrecimiento y una mayor desigualdad porque, por poner un ejemplo de actualidad – esta semana ha sido la del medicamentazo -, si tienes que pagar la totalidad de  un medicamento que necesitas eres inevitablemente más pobre. Porque si pierdes terreno en derechos sociales acabas siendo más pobre. Así que, desgraciadamente, me veo inmerso en ese proceso de declive – sobre todo desde la aparición del euro -, porque – para que lo sepan – yo soy de clase media, ¿y usted?.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

 

Hasta qué punto la clase social es importante
Mortalidad infantil Los hijos de las familias de clase trabajadora tienen tres veces más posibilidades de morir en su primer año de vida
Salud La clase trabajadora tiene tres veces más posibilidades de contraer enfermedades graves de larga duración
Esperanza de vida El hijo de un trabajador manual no cualificado tiene una esperanza de vida siete años menor que entre las profesiones liberales
Divorcio La incidencia del divorcio es cuatro veces mayor entre los trabajadores manuales que entre las profesiones liberales
Educación En 1984, sólo un 1%  de los estudiantes universitarios eran hijos de trabajadores manuales no cualificados, al tiempo que el 70% procedía de familias de las clases altas y media alta
Renta Por definición, la clase baja recibe rentas más bajas y tiene mucho menos patrimonio
Seguridad en el empleo Los miembros de la clase trabajadora tienen mucha menos seguridad en el empleo que los profesionales de las clases medias
Desempleo En 1993 las tasas de desempleo para los trabajadores manuales era de un 13% , frente al 5,6 % de los trabajadores no manuales
Vivienda El 90% de los profesionales eran propietarios de su vivienda frente solo el 42% de los trabajadores manuales no cualificados
Los datos son relativos al Reino Unido, fuente: Social Trends 1995; Reid, 1989, cuadro obtenido del libro “Sociología” de Macionis-Plummer

 

Cuadro de clases sociales

Clases Posiciones en los 3 principales tipos de estructuras institucionales
En sentido amplio Clases sociales Ocupación Autoridad burocrática Propiedad medios producción
Altas Alta

(vieja clase alta)

Alta Alta Propietarios
Corporativa Alta Alta Propietarios y no propietarios
Medias Media alta Alta/media Alta No propietarios
Media Media Media No propietarios
Media baja Media/baja Media/baja No propietarios
Bajas Trabajadora Baja Baja No propietarios
Subclase Baja/desempleo ninguna No propietarios
Este cuadro está basado en el H. Kerbo en su libro “Estratificación Social y Desigualdad” pero adaptado a la clasificación que hemos realizado en este artículo. En este cuadro se representa la síntesis de los tres paradigmas principales de la estratificación social. Los funcionalistas y visión de los rangos ocupacionales, los neoweberianos o teóricos no críticos del conflicto que resaltan la autoridad burocrática – este término no se aplica sólo a los organismos públicos – y los marxistas o teóricos críticos o de la clase dominante que resaltan la propiedad de los medios de producción

 

Notas:

[i] Las cifras son orientativas y se han obtenido de Mancionis-Plummer

[ii] Hay que entender que estos comentarios son genéricos, se puede pertenecer a la clase media alta y no tener segunda residencia, por ejemplo.

[iii] Por reproducción social se entiende, dicho de un modo sencillo, la reiteración de las clases sociales, es decir, los hijos repiten la clase social de los padres. Marx fue el inventor de esta idea, decía, “la burguesía se perpetúa en si misma”, para él era un concepto más económico que social. Lo contrario es la movilidad social que representa el paso de una persona de una clase a otra y que, evidentemente, puede ser ascendente o descendente. Hay definiciones más filosóficas de reproducción social que hablan de  reproducción de la totalidad de la vida social pero a los efectos de este artículo me quedo con esta idea de seguir en la misma clase. Yo soy un claro caso de reproducción social, pertenezco a la misma clase social de mis padres, dispongo de más bienes materiales que ellos pero es porque mi clase en la actualidad dispone de más bienes materiales de los que disponía en tiempos de mis padres, pero no ha habido movilidad social.

[iv] El concepto de subclase fue acuñado por el sociólogo norteamericano Charles Murray, pero ha recibido varios nombres a lo largo de la historia de la sociología, Marx hablaba de “proletariado lumpen” o lumpenproletariat, otros han hablado de “clases peligrosas” formadas por indigentes, mendigos y marginados. Marx daba bastante caña a este colectivo, no le parecía que fueran a hacer ningún tipo de revolución, eran casos perdidos.

[v] Evidentemente me estoy refiriendo al dogma neoliberal

Bibliografía:

Sociología, John J. Mancionis y Ken Plummer, Paerson-Prentice Hall, Madrid 2005

Teoría Sociológica Clásica, George Ritzer, McGraw-Hill, Madrid 2001

Estratificación Social y Desigualdad, Harold R. Kerbo, 5ª Edición, McGraw-Hill, Madrid 2003

Conceptos fundamentales de sociología, Roberto Garvía, 2ª Edición

El libro universitario, Alianza Editorial Madrid 2003

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