Reflexión ante la obra ¿Quién quiso la Guerra Civil? de Ángel Viñas / Javier Andres

Posted on 2019/09/01

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Los historiadores averiguan, indagan, escudriñan la historia, lo acontecido en una época sin reservas, sin tapujos. Siempre “escarbando” sobre el terreno y en lo posible consultando todos los archivos primarios que les sean posibles. Básico argumentar con nombres y apellidos. Lugares y fechas…y, sobre todo, sin ocultar nada, o lo que sería peor, con medias verdades. En definitiva, con responsabilidad y profesionalidad. Los historiadores españoles en lo concerniente a la historia del Siglo XX español y, según qué temas, llegan a encontrar informaciones más relevantes en los archivos situados fuera de nuestras fronteras que dentro de ellas por los impedimentos de nuestras autoridades en abrir según que ficheros.

España fue el primer país del mundo en enfrentarse, y sola, contra las potencias nazi-fascistas, y el único donde sobrevivió ya fascistizado . Se nota y pesa, como lo demuestra la literatura barata y manipuladora que hay sobre la guerra (in)civil y que ocupan desgraciadamente lugares visibles de las estanterías de las librerías y de las bibliotecas públicas. Editores que aprovechándose de la ignorancia y, como no, de la equidistancia de las masas, las manipulan y tergiversan en lo acontecido del siglo XX español. Hubo una dictadura criminal que perduró cuarenta años hasta que murió en la cama el criminal, el genocida que se adueñó de un país y que además su régimen no paró de asesinar hasta el “final” de su dictadura. También habría que añadir las víctimas de Estado, la de la transición española (“La transición sangrienta”).

Durante la dictadura franquista hubo una política para ensalzarla y adoctrinar a una población mediante la propaganda y el miedo (“La España del miedo”). Tenemos otros cuarenta y tantos años del régimen que lo sustituyó con políticas de la negación y el olvido llevadas a cabo por los partidos que se alternan (bipartito). Bien por el partido fundado por exministros franquistas, o bien por partidos asentados y acomodados al nuevo régimen político que lo sustituyó da lugar a la ignorancia supina y a la vulnerabilidad de una población que es fácil que sucumba a las falacias de los filos franquistas unos, y de los “equidistantes”, los otros: Esos del cuento de una guerra civil entre hermanos, algo parecido a “duelos de villanos a garrotazos” o entre familias tipo “Capuletos” contra “Montescos” y viceversa. Para ellos no fueron iguales la mayoría de las demás guerras: Fueran estas a nivel local o mundial. Sin embargo, en este país hubo un holocausto por el número de víctimas en relación a su población y por la persecución sistemática por ideología o forma de pensar que se alejase del pensamiento único excluyente de un régimen criminal.

El régimen de la II Republica era democrático. El presidente de la II República era elegido democráticamente. ¿Qué necesidad tenía los conspiradores de hacer una guerra? “¿Si tan mal lo hacía el Gobierno del Frente Popular, no podían haber esperado a las siguientes elecciones generales?” ¿Ha existido en este país un ejército que dejase tanto rastro de sangre y desolación, tantos cuerpos sin vida tirados, a su paso, como en su retaguardia? Acaso no actuaron los autollamados “nacionales” (junto con la CTV italiana) y la aviación extranjera, sembrando el terror a la población civil por tierra, mar y aire, destruyendo sus casas, sus centros de trabajo, sus colegios e iglesias, de las que por cierto tanto se quejaban los “nacionales” por sus medios de propaganda, de las “hordas rojas”. En definitiva, los golpistas, un ejército que no tuvo el apoyo de la mayoría de la población y que necesito del apoyo extranjero y la pasividad de las potencias capitalistas en dejar hacer, o lo que es lo mismo, dejar sola a la Repúbica española (“La soledad de la República”)

Tenemos historiadores e hispanistas reconocidos y contrastados a nivel internacional que tratan el tema de la guerra civil desde el ámbito estrictamente local, o provincial, hasta el campo político histórico en general. Lejos de panfletistas con pluma ligera y un lenguaje fácil, ocultando o desviando el desarrollo y la trayectoria de los actores que conspiraron contra la II República.

Con todo lo que han pasado los republicanos españoles, tanto dentro de nuestras fronteras: asesinatos, humillaciones, violaciones, hambruna, enfermedades, espolio, robo de niños. Sumado a los exiliados que regresaron y que en buena parte terminaron en paredones o en campos de concentración franquistas (“Los campos de concentración de Franco”). Otros que continuaron en Francia y posteriormente ocupada por los alemanes terminaron en campos de concentración nazis ¿A qué viene tanta animadversión a los Republicanos españoles? (“El holocausto español”) ¿Será que tienen miedo que después de tantos años asome la verdad a la opinión pública en general y se den cuenta los españoles de que la guerra civil no fue una guerra entre hermanos, sino que fue una guerra de clases, de una minoría contra una mayoría, iniciada y sustentada por una clase social, la nobleza y tradicionalistas en su lucha por mantener sus privilegios, en su “lucha por la desigualdad”?

A falta del trabajo o desidia en este campo por el mundo académico español, que se basa en editoriales que mantiene, cuarenta y cuatro años después de muerto el mayor asesino de españoles, cierto lenguaje profranquista a la hora de definir a los actores involucrados en la contienda, y que permanece en la actualidad.

Tal vez llegue el día que la Población juzgue lo que aquí ocurrió. Pero para que llegue ese día es necesario un cambio en la política educativa que premie el el conocimiento y el pensamiento.

El último libro de Ángel Viñas, ¿Quién quiso la guerra civil?, es una continuación de las investigaciones llevadas hasta la fecha sobre la conspiración, tanto militar como la civil (alfonsinos y carlistas) y con nuevas aportaciones que Ángel Viñas ha conseguido reunir gracias a su sapiencia y a sus contactos con otros historiadores de prestigio, particulares y archiveros, principalmente. Como reconoce su autor, sin ellos sería muy difícil que llegase a publicar este volumen académico. El libro contiene dieciséis capítulos y una conclusión final, la primera y más extensa, gira sobre las investigaciones llevadas a cabo en todos los archivos (fuentes primarias) que conoce o le ha sido posible acceder. En otros casos por falta de apertura, de desclasificación o incluso de una posible destrucción de archivos, no tuvo la misma suerte. Y la segunda parte, la conclusión final de los intereses que había por parte de los conspiradores para quitarse de en medio a la II República española, al precio que fuera, costase lo que costase, con intervención extranjera incluida para llevar a cabo su cruzada, y que tanto sufrimiento causaron en pérdidas de vidas humanas que alteró los proyectos y vidas de miles y miles de familias.

Hay publicados testimonios excepcionales de testigos que presenciaron la sublevación armada y la tragedia humana que aconteció seguidamente. Testimonios como los de: Antonio Bahamonde (“Un año con Queipo de Llano”), Chaves Nogales (“A sangre y fuego”), Marino Ayerra Redín (Malditos seáis, no me avergoncé del evangelio”), Gumersindo de Estella (“Fusilados en Zaragoza 1936-1939″) … o “biografías” como la del General Antonio Escobar (“La guerra del General Escobar”) escrita por José Luis Olaizola.
¡No se puede ser equidistante ante los poderosos contra los derechos de la mayoría!
“Ningún historiador serio trabaja en círculo cerrado y sobre la marcha debe ser capaz de modificar su argumentación en la medida en que descubre, o llega, una nueva *EPRE” (Ángel Viñas)
*EPRE: Evidencia primaria de época.

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