Salvador Vila y Miguel Unamuno: vidas paralelas / Mercedes del Amo

Posted on 2019/11/09

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La profesora jubilada de la Universidad de Granada, Mercedes del Amo, autora del libro ‘Salvador Vila, el rector fusilado en Víznar’, nos ofrece una extraordinaria semblanza del que fue discípulo predilecto de Unamuno en una nueva entrega del Foro de la Memoria en la que indaga en el vínculo entre los dos intelectuales, quebrado por el asesinato a manos de los golpistas de Vila, que marcó a Unamuno.

Salvador Vila

Tras la Guerra Civil española y los largos años de la dictadura, ya comenzada la transición a la democracia, se abrieron los archivos históricos y los investigadores pudieron así consultar los documentos que les llevaría a conocer esta época difícil de la historia de España. Hasta este momento la propaganda franquista había sustituido la aproximación de los ciudadanos a la rebelión de 1936 y posterior represión que se cebó en todas las clases sociales, pero especialmente en los intelectuales republicanos, cuyas cabezas más visibles o fueron cercenadas o tuvieron que exiliarse para poder sobrevivir.

Fue, por tanto, en la segunda mitad de los años setenta, tras la muerte del dictador, cuando los especialistas comenzaron a estudiar la contienda, pero la relectura histórica no llegó a la calle ni a los medios de comunicación, bien por un acuerdo tácito de las principales fuerzas políticas de mantener aún el silencio, o, quizá, porque las prioridades eran otras. Lo cierto es que fueron entonces reivindicadas aquellas personalidades que habían obtenido reconocimiento internacional incluso antes del luctuoso 18 de julio, pero hasta muy recientemente no ha habido un interés generalizado por las historias de vida de los republicanos de a pie o incluso de los que ostentaban algunos cargos públicos menores en la administración republicana.

Salvador Vila nació en Salamanca el 2 de agosto de 1904. Hijo de abogado, cursó la enseñanza primaria, secundaria y primera etapa universitaria en la misma ciudad y en su universidad realizó simultáneamente las carreras de Filosofía y Letras, en cuya Facultad fue discípulo predilecto de Miguel de Unanumo, y la de Derecho, esta última de forma mucho menos brillante que la primera, quizá sólo por cumplir el deseo paterno

Tal es el caso del rector de la Universidad de Granada, el salmantino y arabista Salvador Vila que nació en Salamanca el 2 de agosto de 1904. Hijo de abogado, cursó la enseñanza primaria, secundaria y primera etapa universitaria en la misma ciudad, y en su universidad realizó simultáneamente las carreras de Filosofía y Letras, en cuya Facultad fue discípulo predilecto de Miguel de Unamuno, y la de Derecho, esta última de forma mucho menos brillante que la primera, quizá sólo por cumplir el deseo paterno. Más tarde se trasladó a la Universidad Central de Madrid (hoy Complutense), donde profundizó en los estudios semíticos. En 1926, en la dictadura del general Primo de Rivera, le ocurrió un hecho que le marcó vitalmente, es decir, su deportación a las Islas Chafarinas siendo aún estudiante, junto con Luis Jiménez de Asúa, Francisco Cossio y Arturo Casanueva, por su defensa de principios democráticos, republicanos y de izquierdas, aunque no se tiene noticias de militancia política concreta en ninguno de los partidos de la época. También le influenció grandemente su estancia en Alemania, becado por la Universidad de Salamanca en la de Berlín durante el curso 1928-29, lugar donde conoció a la que luego fuera su mujer, Gerda Leimdörfer.

Su labor como arabista comenzó en la Universidad Central de Madrid en 1930, donde ejerció tres años como Auxiliar temporal, a la vez que como Adjunto de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid, desde su fundación en 1932. Catedrático de Cultura Árabe e Instituciones Musulmanas en la Universidad de Granada, de la que tomó posesión en diciembre de 1933, fue coetáneo de otro ilustre arabista: Emilio García Gómez. Vila compatibilizó con esta cátedra el puesto de Encargado de Lección de la Escuela de Estudios Árabes de Granada desde enero de 1934 y “cesó en el cargo de catedrático por fallecimiento el 23 de octubre de 1936″, según su Hoja de Servicios en la que consta además: “Nombrado Rector de esta Universidad por Decreto de 20 de abril de 1936 cesó en dicho cargo el 23 de julio de 1936. Falleció el día 23 de julio (y sobre julio y retintado) octubre de 1936″.

Aunque en los documentos de la época no aparezca concretada la causa de su temprano fallecimiento a los 32 años, se sabe que fue fusilado por las tropas franquistas en el mismo lugar que García Lorca, en el mismo año y por idénticos motivos: ser un intelectual republicano.

La deportación de Miguel de Unamuno a la isla de Fuerteventura se convirtió en un exilio de 6 años. Vila no cesó de reivindicar y defender al viejo profesor y tampoco de estar en contacto con él

El contacto de Salvador Vila con Miguel de Unamuno parece anterior a su relación como maestro y discípulo, pues entre ambas familias existían, al parecer, lazos de amistad, aunque quizá el elemento que mejor la definía era la admiración sin límites de Vila hacia su maestro ya desde su época de estudiante universitario. La deportación de Miguel de Unamuno a la isla de Fuerteventura se convirtió en un exilio de 6 años al huir éste a París desde la isla en noviembre del mismo año y más tarde a Hendaya con el fin de estar más cerca de España. No volvería a Salamanca hasta terminada la dictadura, en febrero de 1930, pero su influencia en los estudiantes salmantinos no decayó en estos seis años y siguió tan vigente como el día en que salió de su casa hacia el exilio. Vila no cesó de reivindicar y defender al viejo profesor en todos estos años y tampoco de estar en contacto con él hasta el fin de sus días incluso a riesgo de su seguridad personal.

Fotografía de Miguel de Unamuno que dedica a Salvador Vila “con un abrazo”. Fechada en 1931.

La deportación de Unamuno conllevó además la separación de su cátedra de griego, que volvió a salir a concurso en 1926 ante el malestar de los seguidores de éste. Vila estuvo presente en la provisión de la cátedra y protestó airadamente, hecho que le supuso ser deportado a su vez a las Islas Chafarinas. El 20 de mayo, condonada la pena por la onomástica del rey Alfonso XIII, regresa a Salamanca. Tras la lectura de su tesis doctoral en 1927 le fue concedida una beca por parte de la Universidad de Salamanca para completar su formación en la Universidad de Berlín durante el curso 1928-1929.

Preocupados por el estado de ánimo del maestro, sus seguidores van siempre que pueden a visitarle a Hendaya. Vila aprovecha su regreso a España, al finalizar su estancia en Berlín para pasar unos días con él. En 1930, tras la caída de Primo de Rivera Unamuno regresa en loor de multitud a Salamanca y fueron muchos los admiradores de Unamuno que esperaban su elección como primer Presidente de la Segunda República.

La vida de Salvador Vila en los primeros años treinta discurre con velocidad de vértigo, pues pasa de estudiante a catedrático de la Universidad de Granada, ocupando antes por los siguientes cargos: Catedrático de Literatura Española en el Instituto de Segunda Enseñanza de Baeza por oposición celebrada el 6 de junio de 1930, con toma de posesión de 17 de junio del mismo año (cesó por excedencia voluntaria el 11 de noviembre de 1930); Profesor Auxiliar Temporal de la Facultad de Letras de la Universidad Central, por concurso-oposición, desde el 20 de octubre de 1930 hasta el 15 de diciembre de 1933; Adjunto de Lección en la Escuela de Estudios Árabes de Madrid (de octubre de 1932 a diciembre de 1933); Catedrático de Cultura Árabe e Instituciones Musulmanas en la Universidad de Granada, cargo en el que permanece hasta su muerte tres años más tarde, compatibilizando con esta cátedra el puesto de encargado de Lección de la Escuela de Estudios Árabes de Granada desde enero de 1934.

En Granada su vida estaba aún preñada de promesas: se había casado, tenía un hijo y vivía en un carmen. Vila empezaba a ser reconocido por sus compañeros de profesión, que le encargan que invite a Unanumo a Granada

En Granada su vida estaba aún preñada de promesas: se había casado, tenía un hijo y vivía en un carmen. Empezaba a ser reconocido por sus compañeros de profesión que le encargan que invite a Unamuno a Granada, pero la situación de Unamuno por estas fechas la conocemos por la carta que escribe a su yerno, José María Quiroga Pla, el 20/03/1934 en la que le comenta el deterioro físico de su mujer, Concha, que se halla padeciendo un avanzado cuadro de senilidad, hecho que sume a D. Miguel en un estado de ansiedad que le impide concentrarse en sus clases y conferencias. Incluso la propuesta de investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Grenoble le supone un esfuerzo que le hace comentar: “Y no tengo ni humor ni ‘tiempo espiritual’ para redactarla (la conferencia) en francés y he de ir a una improvisación. Si es que de aquí a entonces no se tercia algo -privado o público- que me de pretexto para diferirlo”. Por esta misma misiva sabemos que tampoco ha aceptado otras conferencias en San Sebastián, Córdoba, Lorca o Madrid. La muerte de su hija Salomé el verano anterior, la cercanía de su jubilación en septiembre de ese mismo año, y la enfermedad de su esposa, le hacen reconocerse “con enorme apetencia de descanso y sin poder descansar (…) Si pudiera declararme en huelga como monumento nacional!”. La investidura como doctor honoris causa en Grenoble tiene que hacerse en su ausencia el 12 de mayo de 1934, pues la muerte de su mujer ocurrió el día 15 de mismo mes.

En septiembre de 1934 se produce la jubilación de Unamuno como profesor, que no como rector por el nombramiento vitalicio concedido por el gobierno de la República, pues ya ha llegado a la edad de setenta años. Se hacen con tal ocasión unos importantes festejos a los asiste, incluso, el presidente de la República; Vila también viaja Salamanca en representación de la Universidad de Granada.

En 1936 cuando, tras su nombramiento como representante de la Facultad de Filosofía y Letras en la Junta de Gobierno de la Universidad, accede al gobierno colegiado de la misma y adquiere una dimensión que le llevaría al Rectorado a la edad de 32 años, emulando a su maestro que también fue nombrado rector por primera vez en la treintena

Salvador Vila va consolidando su posición en la Universidad de Granada: de los años 1934 y 1935 sólo se tienen noticias de su actividad académica: sustituciones en actividades que dejan otros profesores que ascienden a puestos de política universitaria (redactor del Boletín), representaciones de la Facultad en otras universidades (Jubilación de Unamuno), cargos menores (Junta del Albergue Universitario), o lo propio de su función como catedrático (clases, conferencias y tribunales); pero, cuando en el año1936 García Gómez se traslada a la Universidad Central de Madrid, Salvador Vila comienza a tener un protagonismo mayor. Asume parte de las funciones que detentaba éste, tales como la acumulación de  la cátedra de Hebreo,  y la dirección accidental de la Escuela de Estudios Árabes de Granada. Por tanto fue sólo en 1936 cuando, tras su nombramiento como representante de la Facultad de Filosofía y Letras en la Junta de Gobierno de la Universidad, accede al gobierno colegiado de la misma adquiere una dimensión que le llevaría al rectorado a la edad de 32 años, emulando a su maestro que también fue nombrado rector por primera vez en la treintena.

Si las circunstancias políticas fueron difíciles en los años 1934 y 1935, en 1936 la Universidad de Granada fue engullida por el torbellino que barría el país entero; y éste fue el momento en el que el destino quiso que Vila se hiciera cargo de la misma, al quedar acéfala tras la dimisión del rector Marín Ocete y del vicerrector, que ante la agresión a un catedrático republicano por parte de alumnos falangistas de la Facultad de Derecho no habían tomado ninguna medida disciplinaria contra estos, motivo por el cual una parte del Claustro le retiró su apoyo. En la calle las algaradas eran continuas por el fraude electoral de la derecha en las últimas elecciones, los estudiantes se habían declarado en huelga y la Universidad estaba cerrada. Este es el ambiente en el que el 21 de abril de 1936 llegó el telegrama del Ministerio de Instrucción Pública en el que se aceptaba la dimisión del rector Marín Ocete y se aprobaba el nombramiento como rector interino de Salvador Vila Hernández.

Las razones que llevaron al Ministerio de Instrucción Pública a fijarse en un catedrático tan joven, que apenas llevaba dos años en Granada, son una incógnita más. Bien es verdad que otros catedráticos de izquierdas más curtidos (no olvidemos que el Frente Popular acababa de ganar las elecciones en el país), o ya habían sido rectores o tenían acta de diputados, o se dedicaban a la política municipal. Lo cierto es que lo nombraron y que él asumió el cargo con total compromiso y el ardor juvenil que ya había demostrado con anterioridad, tomando inmediatamente las medidas oportunas para normalizar la situación en la Universidad y reabriéndola dos días después de tomar posesión.

El 18 de julio, cuando estalló la rebelión militar del general Franco, Salvador Vila se hallaba en Salamanca de vacaciones, allí se enteró de haber sido destituido por el gobernador civil rebelde, y allí permaneció todo el verano. Los encuentros de los dos rectores destituidos (a Unamuno lo destituyó el gobierno republicano por su apoyo a los sublevación militar y fue repuesto inmediatamente por Franco) en la Plaza Mayor y los paseos por la carretera de Zamora se reanudaron. Vila seguía apoyando al gobierno republicano y Unamuno se alineaba ahora con los sublevados pensando que intentaban salvar la República; las discusiones entre el maestro y el discípulo eran continuas, pero nunca les hicieron desistir de su amistad, incluso cuando otros intelectuales republicanos habían renegado ya del maestro. Estas charlas, la detención y asesinato de otros amigos y la misma detención de Vila a principios de octubre, minutos después de uno de sus paseos, arrancaron bien pronto la venda de los ojos del viejo profesor. Salvador Vila fue detenido y trasladado a Granada junto a su esposa que también fue encarcelada.

Harto de estas tropelías Unamuno se rebela el día 12 de octubre 1936. Todo el mundo conoce su enfrentamiento con el general Millán Astray, pero quizá convenga recordarlo a través del relato resumido de Isidro Zatarain: “Se celebra la inauguración del Curso Académico en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Preside el Rector Unamuno acompañado de Doña Carmen Polo de Franco y del General Millán Astray, héroe fundador de la Legión y multimutilado (le faltan un brazo y un ojo). Asisten generales, oficiales y legionarios. No olvidemos que el cuartel General del Generalísimo se ha establecido en el Palacio Episcopal. Después de un discurso de exaltación patriótico-militarista, alguien lanza el grito legionario de “viva la muerte”. Al Rector le corresponde clausurar el acto. Toma la palabra, y visiblemente exaltado, empieza así su discurso: “Todos los presentes me conocen y saben que soy incapaz de seguir callado. Hay ocasiones en que callar es mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Aquí donde estamos es el templo del intelecto. Vosotros sois los que profanáis sus sagrados recintos: Venceréis porque tenéis la fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer tendríais que persuadir, y para persuadir no tenéis lo que hace falta: la razón y el derecho”. En este momento la guardia pretoriana de fieles legionarios del General hace ademán de desenfundar sus pistolas. Se crea un tenso clima de crispación de impredecible final. Inesperada -y felizmente, hay que decir- Doña Carmen lo resuelve agarrando del brazo al viejo Rector y sacándolo de esta forma, y bajo su protección, del docto recinto”.

¿Cuál fue el peso de la detención del discípulo predilecto unos pocos días antes en esa decisión de vuelta a sus orígenes ideológicos y de denuncia pública del fascismo, a pesar de las consecuencias que esta actitud le ocasionaría necesariamente?

A las causas que barajan los distintos historiadores del asesinato del rector de Granada, hay que añadir otra que hasta ahora había pasado desapercibida, la venganza de Franco contra Unamuno

Las fechas hablan por sí solas: Vila fue conducido a Granada por la Guardia Civil el 7 o el 8 de octubre; el 12, Día de la Hispanidad, ocurren los sucesos del Paraninfo relatados más arriba; el día 22 Unamuno es cesado como rector por una orden firmada personalmente por Franco y el mismo día 22 o el 23 es fusilado Vila, cuya vida había permanecido salvaguardada hasta ahora por el maestro y amigo. A las causas que barajan los distintos historiadores del asesinato del rector de Granada (rencillas universitarias, republicanismo de izquierdas, sospechas infundadas de masonería, fusilamiento de personalidades para debilitar la resistencia republicana, etc), hay que añadir otra que hasta ahora había pasado desapercibida; es decir, la venganza de Franco contra uno de los pocos intelectuales consagrados que se había pasado a sus filas, más por decepción propia de la República que por los méritos del alzamiento militar, y que después había rectificado esta decisión.

La autora del artículo, Mercedes del Amo,junto a Ángel Vila, hijo de Salvador Vila, a laderecha de la fotografía, e Isidro Zatarayn, a la izquierda. 

Sus pensamientos sobre la situación de España durante los dos últimos meses de reclusión no fueron publicados hasta en 1991, cuando su nieto decidió que ya había pasado el lapsus de tiempo necesario desde los luctuosos hechos que hemos narrado para que El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la Guerra Civil españolas pudiera ver la luz.

Por esta publicación sabemos que el 26 de noviembre de 1936 Unamuno se enteró, por fin, de la suerte que había corrido el rector legítimo de la Universidad de Granada y también allí se encuentra manuscrito el mayor exabrupto de toda su prolífica obra, como expresión del dolor que le causó esta noticia.

Esta reacción visceral la explica Luciano González Egido“El día 26 de noviembre le llegó la noticia del fusilamiento, a manos de los falangistas de Salvador Vila Hernández, rector de la Universidad de Granada, su discípulo predilecto. Se confirmaba una vez más el odio a la inteligencia y la inocencia de la sangre vertida por aquel ataque de locura que sufría España. Si alguien podía representar la cultura occidental era aquel hombre, apenas salido de la juventud, con sus treinta años estudiosos y brillantes, incapaz del mal, con su benevolente sonrisa de desarmado. Era otra esperanza que se le convertía en recuerdo. Cuando se lo llevaron preso, en aquella Salamanca de su juventud y de sus estudios universitarios, le aseguraron a su maestro, aquel hombre viejo, que sentía ahora el dolor de su pérdida, que no le ocurriría nada, porque iba en las buenas manos de la Guardia Civil y que era por precaución nada más. Lo recordaba todavía con su incorrecta pronunciación y su timidez conmovedora; lo veía en la Plaza Mayor, acompañado de su mujer, en el pasado mes de julio, cuando se había desencadenado aquella galerna de locura. Y lo veía más joven, en las aulas de Anaya, sobrecargado de responsabilidad intelectual y de curiosa avidez vital y lo seguía viendo entre los libros de su destino universitario y los textos compartidos con él, en su pasión investigadora. Y se resistía a verlo muerto, doblado por los balazos de los fusiles de unos imposibles enemigos. Daba asco ser hombre”.

Abandonado ahora también por sus amigos de la derecha, alejado de la Universidad, expulsado del casino, Unamuno se encerró en su casa bajo la vigilancia atenta de un policía. Luciano González Egido, biógrafo de Unamuno describe así sus últimos días: “sus dos últimos meses de la vida los pasó en la mayor soledad trágica, abandonado y castigado por todos. El día 31 de diciembre, murió, víctima de su obligada inactividad, de una violenta discusión con un falangista y del monóxido de carbono de la combustión incompleta del brasero doméstico”.

Mercedes del Amo. Del libro Salvador Vila, el rector fusilado en Víznar.

Las fotografías incluidas en el artículo han sido cedidas por Mercedes del Amo.

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