La otra cara del turismo: décadas de urbanismo, crisis climática y ciudades sin ciudadanos / Alejandro Tena (Público)

Posted on 2020/01/26

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ALEJANDRO TENA@alxtena

La España del presente es el resultado de un boom de ladrillos y viajes ostentosos que tejieron un modelo de turismo expansivo y poco sostenible que representa cerca del 12% del PIB nacional y recibe 82 millones de personas al año. Un porcentaje económico que se eclipsa, no obstante, por una nube de contaminación. Tanto es así, que el sector turístico es el responsable del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero nacionales, según los datos del Ministerio de Transición Ecológica, además de generar otros impactos sociales y ambientales difíciles de resumir con porcentajes numéricos. 

“A menudo se vende que el turismo es un sector no contaminante y no es así. No sólo es que contamine, sino que tiene repercusiones que van más allá de las emisiones” , explica a Público Belén García, portavoz de Ecologistas en Acción, que hace referencia a la multitud de transformaciones que se han dado en los entornos naturales españoles para construir hoteles, ampliar puertos o generar infraestructuras. Los apartamentos con vistas al mar del Algarrobico, proyecto urbanístico en pleno Parque Natural de la Sierra de Gata, son quizá un ejemplo nítido del paradigma turístico nacional.”El turismo vende mayoritariamente algo que no es suyo y transforma los espacios para sacar un mayor beneficio”

“Es importante entender que el turismo vende mayoritariamente algo que no es suyo y transforma los espacios para sacar un mayor beneficio”, valora Ernest Cañada, coordinador de Alba Sud, organización incluida dentro de la Red SET de Ciudades del Sur de Europa ante la Turistización. “Si no tienes un entorno propicio que rodeé tu hotel, tu discoteca o tu restaurante, tu negocio no va a funcionar”, agrega. Así, bajo esta premisa, se han ido tejiendo entornos urbanos que desde el siglo pasado han ido creciendo de manera expansiva, ganando espacio al mar, a la montaña, a la vida silvestre en todas sus formas. BenidormTorremolinos Marbella son ciudades que ejemplifican el proceso de desarrollo turístico español.

La proliferación de hoteles y apartamentos turísticos en este tipo de espacios no es una realidad que se vincule a una cualidad antropológica de España, sino el resultado de “unos contextos institucionales poco democrático”, expone Cañada, haciendo referencia a la “lógica de la desregulación” que ha imperado en España y que ha dado pie a un desarrollo urbano desmesurado que ya está agravando las consecuencias de la crisis climática. El temporal Gloria o la gota fría de septiembre de 2019 plasman sobre la realidad cómo las construcciones –no solo turísticas– incrementan los efectos negativos de las inundaciones en los entornos.

Este tipo de fenómenos se están volviendo cada vez más frecuentes, sobre todo en el litoral mediterráneo, afectando de manera directa a toda una red urbana que durante las últimas décadas fue erigida para reactivar la economía en pro del turismo. “Hay zonas de España donde el primer kilómetro de costa está urbanizado. Creo que el enfoque turístico ha tenido mucho ver en esto”, advierte Carlos Alfonso, geógrafo del Observatorio de la Sostenibilidad. “Esta fragmentación de los hábitats –agrega el experto– tiene consecuencias muy graves”.”Hay zonas de España donde el primer kilómetro de costa está urbanizado”

Los apartamentos residenciales y la construcción de nuevas redes de carreteras para conectar urbanizaciones vacacionales con los núcleos poblacionales fraccionan los entornos naturales y favorecen las inundaciones, ya que los suelos pierden permeabilidad y favorecen la acumulación de balsas de agua, tal y como ocurrió en el campo de Cartagena, donde los usos urbanísticos del suelo– junto con un sistema agrícola intensivo– favorecieron el colapso biológico del Mar Menor. A todo ello, hay que sumar un factor de “sobreconsumo” que, según Alfonso, genera una gran cantidad de residuos que contribuyen a degradar el territorio. “Pero, ¿qué haces? No puedes impugnar planes de crecimiento urbanístico de hace veinte años. La capacidad de acción está limitada”, sentencia el experto del Observatorio de la Sostenibilidad.

Por mar y aire

El sector de los hoteles, las copas al sol y las excursiones culturales se sustenta, por encima de todo, en un modelo de transporte con una gran huella de carbono, que según denuncian colectivos como Stay Grounded, sale gratis a las compañías aéreas, ya que el sistema permite que el queroseno –el combustible utilizado mayoritariamente por los aviones comerciales– quede exento de impuestos, a diferencia de lo que ocurre con la gasolina o el gasoil que utilizan los vehículos terrestres.

Esta falta de regulación ha permitido que los precios de los billetes de avión hayan descendido de manera notable en los últimos años, cambiando la concepción del turismo por completo. Tanto es así, que el tráfico aéreo europeo ha incrementado un 8% desde 2005 y sus emisiones de CO2 han aumentado hasta un 26%, según los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente y la organización Transport & Environment.España recibe anualmente más de 82 millones de turistas internacionales, de los cuales 67 millones llegan por vía aérea

Según las últimas estadísticas del INE, España recibe anualmente algo más de 82 millones de turistas internacionales, de los cuales 67 millones llegan por vía aérea. Unas cifras que reflejan la dependencia que el sector tiene para con este modelo de transporte, pero que también pone en evidencia la vulnerabilidad del sector ante una regulación europea que incremente el precio de los billetes y haga que las compañías empiecen a pagar por su huella ecológica.

Pero esta no es la única dependencia. La costa mediterránea española se presenta como un lugar atractivo para casi dos millones de turistas que viajan en cruceros y barcos, uno de los medios de transporte más en entredicho por los grupos medioambientalistas, por sus impactos en los océanos y en las ciudades donde atracan. Este agente turístico modifica los puertos, los habilita para el desembarco masivo de turistas que riegan las ciudades de dinero en comida, bebida, compras y cultura. Pese a ello, García se pregunta hasta qué punto compensa el crecimiento económico frente las emisiones de los navíos. “Barcelona es un buen ejemplo. Restringen el tráfico a los coches, que está muy bien, pero permiten que cada día lleguen a sus costas entre 5 y 6 cruceros diarios, que contaminan mucho más que todos los coches sucios de la ciudad”, argumenta la ecologista.

Dos aviones se cruzan en el cielo./ REUTERS
Dos aviones se cruzan en el cielo./ REUTERS

Ciudades llenas de turistas y vacías de ciudadanos

Con Fitur en el mapa, los debates sobre el modelo de turismo que impera en España se reabren y colocan frente a frente, en una suerte de lucha de clases, a los actores sociales que vertebran este sector. Así, la patronal turística, Exceltur, aprovecha la proyección mediática de la feria, para poner en duda los efectos que puede tener en los negocios hoteleros la subida del salario mínimo anunciada por el Gobierno de coalición. “Podría tener consecuencias muy graves para el empleo”, advertían los empresarios a través de su portavoz, Gabriel Escarrer.

De alguna forma, estas palabras simbolizan la paradoja del turismo, “cuyo éxito no se asienta en una buena oferta de empleo, sino en una condena a la precariedad laboral”, valora Cañada. Tanto, que la oferta de trabajo del sector hostelero –muy vinculado al turismo– es, según la encuesta anual salarial del INE, la más precaria de España, con suelos anuales de poco más de 14.000 euros con los que se hace difícil pagar alquileres y facturas en las grandes ciudades del Estado, que, en palabras del geógrafo Ivan Murray, van muriendo; vacías de ciudadanos.

“El turismo coloca a las mujeres a la vanguardia de la precarización”

A ello se añade que “el turismo coloca a las mujeres a la vanguardia de la precarización ya que muchos de los empleos del sector son prolongaciones de las tareas domésticas desvalorizadas y no pagadas”, exponen desde Ecologistas en Acción, señalando las desigualdades sobre las que se sustenta este sector, que a menudo se ve sumergido en jornadas de protesta de las camareras de hotel y autodenominadas Kellys.

Las bajas nóminas del sector, junto con los procesos inmobiliarios de las ciudades que presionan sobre los precios de las viviendas en arrendamiento, desembocan en el desplazamiento de la ciudadanía hacia las periferias, generando centros urbanos ornamentados al gusto del turista. En este fenómeno de burbuja del alquiler, el turismo juega un papel crucial, al abrirse paso gracias a las oportunidades que brinda la economía de plataformas –empresas como Airbnb– y las nuevas tecnologías. “En la medida en que la actividad turística se sale de los espacios tradicionales y se desparrama por toda la ciudad, las consecuencias dramáticas aumentan”, explica Cañada, en referencia a cómo determinados barrios terminan convertidos en entornos sin vecinos y plagados de turistas.

Para Dani Pardo, miembro de l’Assemblea de Barris pel Decreixement Turistic el desplazamiento y la saturación de los entornos urbanos desemboca, finalmente, en un problema de salud pública. “Precarizan la vida de las personas y las someten a tensiones y estrés. Al final, puedas o no pagar el alquiler, quedas desplazado porque tu círculo social se tiene que marchar del barrio y pierdes el arraigo”, comenta, para plantear la dificultad de resistir a este embate: “¿Quién quiere hacer de su vida una guerra?”.

En tiempos en los que la crisis climática revela los riesgos del individualismo y la vida rápida, las vertebras del turismo español son cuestionadas. Así, las organizaciones vecinales y las asociaciones ecologistas, desde una perspectiva ecosocial, reclaman un cambio que ponga a la vida en el centro y frene los procesos de desposesión y desarraigo. “Durante mucho tiempo se ha dicho que España vivía del turismo, pero ha sido alrevés; el turismo ha vivido de España. Es el momento de revertir esta lógica”, zanja Cañada.

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