Discurso de Marco Antonio. Un análisis

Posted on 2020/05/17

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Discurso y Retórica II: Marlon Brando en “Julio César”

Alberto López (2009). Blog Managers – Magazine

Marco Antonio entra en escena y le cuesta hacerse con la atención del excitado pueblo romano; por tres veces tiene que llamarles la atención para pedir la palabra. Marco Antonio habla como un político puro: Amables romanos… amigos compatriotas… durante casi todo su discurso muestra un tono conciliador y de adhesión total tanto a los romanos como a los conspiradores.

Es muy importante para el proceso de la exposición“expositio” en el que se desea persuadir a una audiencia, saber adherirse estrechamente a la misma y adecuar el estilo “elocutio” al público. Marco Antonio trata de convencer al público, sin que al público o los traidores les parezca que Marco Antonio les quiere convencer de algo. En realidad, está agitando al pueblo a la rebelión contra los traidores sin que se den cuenta.  El propio Marco Antonio, está en una situación muy precaria: no ha participado del golpe de estado y quiere enfurecer al pueblo, pero inicialmente no sabe cómo le va a salir la apuesta, y si sale mal, no quiere que los traidores le maten también a él. Para ello, Marco Antonio actúa como si fuera un ciudadano romano más que reflexionara en voz alta, sin que parezca que intentar influir a nadie. Un buen orador sabe que las personas como individuos son inteligentes, pero la multitud es fácilmente manejable.

Marco Antonio empieza con una pausa efectista para que termine de callar la multitud. No viene a glorificar al fallecido Julio César, que era ambicioso no porque lo crea él, sino porque lo dice el honorable Buto. César ha muerto y no niega sus defectos: el mal que hacen los hombres les sobrevive, el bien queda frecuentemente olvidado… si fuera ambicioso era una falta grave, y gravemente ha pagado su falta… dice Marco Antonio. Constantemente hace alusiones a Bruto, aunque con una fina ironía Buto es un hombre honrado… como honrados son todos los demás.

Constantemente evita contradecir a Bruto es un hombre honorable, pero por otro lado desmonta su discurso:  César no era ambicioso; César trajo riqueza a Roma… lloraba cuando los pobres se lamentaban (un poco de demagogia siempre es un recurso muy efectista en la política). Y no sólo eso, sino que por tres veces rehusó la corona de Roma, ¿es eso ambición? -se pegunta Marco Antonio-. Pero de nuevo Bruto es un hombre honrado. No hablo así para desaprobar las palabras de Bruto. Dice que no quiere incitar a la ira sino a la pena ¿qué os impide llorarle?.

De nuevo hace una pausa dramática, más fingida que real, para valorar el efecto de sus palabras en la multitud, ganar tiempo para elaborar su discurso, e inspirar lástima de nuevo -otra herramienta imprescindible en política-. Pese a no hablar claramente, sus palabras y sus gestos están impregnados de una pasión inconfundible, y ningún orador es capaz de ganar a su público si no habla con pasión. El discurso debe vencer a la inteligencia del público, pero más aún a sus emociones, puesto que la multitud -y eso lo olvidan casi todos los oradores- se comporta de manera emocional, no racional.

La convicción del pueblo en la culpabilidad de César ha dado paso a la confusión. Mientras, Marco Antonio sigue exponiendo los hechos de una manera aparentemente distante. Utiliza un recurso escénico para centrar la atención del publico, creando interés por el testamento de César y sólo desvelando una pequeña parte del mismo. Cada vez más va despertando la curiosidad de la audiencia: Cuando conozca el pueblo su testamento… aunque me reservo su lectura -por el bien de todos, parece decir- el pueblo correrá a besar sus heridas. […] no es prudente que sepáis hasta qué extremo os amó. Y continúa encendiendo al pueblo a la vez que le incita a contenerse: y si os dijera que os instituye herederos, ¿qué no habría de acontecer?. La respuesta es evidente, acontecería una revolución.

El pueblo ha pasado de la confusión a la ira en un proceso estudiado por Marco Antonio. Tal vez haya ido demasiado lejos al hablaros de ésto, temo agraviar a los hombres honrados cuyas espadas traspasaron al cuerpo del César. Es complicado incluir tantas contradicciones en una misma frase, se trata de otra atribución muy común en los políticos.

De nuevo dosifica al máximo el efecto mientras revela, primero las vestiduras, y luego el cadáver del César. Poco a poco va girando el sentido de su discurso y se vuelve más explícito al hablar de el malvado casio y el maldito acero de su muy amado Bruto. Palabras como saña, ingratitud, vil traición… Describe la muerte del César casi como la caída de un Dios. Pero de nuevo el dice que no quiere instigar la ira, sino la piedad. Su giro dialéctico ha sido progesivo y muy sutil, casi imperceptible.

Vuelve a la contradicción que ha sido el centro de todo su discurso: pero son sensatos y honorables, y no dudo que os darán razones convincentes. Razones que el propio Marco Antonio ha desmontado una por una sin mancharse su túnica romana. Y miente una vez más al decir: No soy orador como Bruto, yo soy, como todos sabéis, un hombre sencillo que amaba a su amigo […] pero no tengo ni talento, ni elocuencia, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria que enardece a los hombres… Volvemos a la elocutio: un buen político no debe parecerlo, la gente se suele fiar más de la gente cercana al pueblo que de los intelectuales o que ellos perciban como demasiado elitistas (como vimos en las elecciones de Bush vs Kerry). Y volvemos a la adhesión: es imprescindible evitar que el oyente nos confunda con un rival o alguien ajeno, para convencer es necesario adherirse.

Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos conocéis -prosigue Marco Antonio- os muestro las heridas del César y les pido que hablen por mí. No hacen falta más comentarios, al menos para el pueblo de Roma que corre dispuesto a linchar a los traidores.

Para quien quiera conocer el desenlace, la historia concluye con una cruenta guerra civil en Roma, de la que sale victoriosa Marco Antonio.